jueves, 15 de diciembre de 2022

16 de diciembre de 1959, 63 años después…(Un cuento casi de Navidad)

                


16 de diciembre de 1959, 63 años después…(Un cuento casi de Navidad)

 

—Sesenta y tres años ya ¡Copón! Hay que ver cómo pasa el tiempo… ¿Verdad Vicenta?

 

No veo a nadie, pero escucho una voz que me suena familiar. A mi lado mi mujer duerme plácidamente. Todo está tranquilo, sin querer, al incorporarme, despierto a mi gato, que dormía a nuestros pies. Se estira y despereza lentamente, acercándose buscando mis mimos. De repente se para y araña el edredón, alzando las orejas como intentando escuchar algo.

 

—Sí, Fermín, muchos años —tarda en contestar la otra voz aún más conocida y familiar —. A buenas horas íbamos a tener nosotros los gatos en la cama.

 

—¡Ay, mujer, mujer! Porque estaban más a gusto con el perro como almohada al lado de la lumbre.

 

  Intentando despertarme a puñetazos, me froto los ojos, tal y conforme hacía mi madre, miro para todos lados. Simba, mi gato, se acerca más y, viendo que no estoy dispuesto a acariciarlo a esas horas, se tumba a mi lado panza arriba sobre mi pecho, mirando al techo, como yo. La noche está oscura, apenas entra una tenue luz de las lejanas farolas de la ciudad. Unas luces parpadean, posiblemente del alumbrado navideño de mi vecino.

 

—La verdad es que sí. Míralo, Vicenta.  Mira a nuestro guarín. Tiene el pelo blanco, yo nunca llegué a tenerlo blanco… ¡Mecachis la mar serena! Pronto me fui al arbollón como si fuese un gato escapando de la lluvia, pero sin ver llover…

 

—Y sin irnos a la República Argentina. ¿Tú crees que está despierto?

 

—Pues si no está despierto, está más espantado que un borrico detrás de una borrica en celo, porque tiene los ojos más abiertos que un mochuelo en Nochevieja.

 

–Qué cosas tienes Fermín, que es nuestro hijo, por mucho que esté detrás de esa barba de desastrado y esos pelajos impropios de los años que tiene, es nuestro guarín, el último de la fila…

 

Estoy soñando, no cabe duda, aunque mi gato, viendo que no le hago caso, me muerda sin fuerza a través de la ropa de cama. Despierto, si no lo estaba antes. Ahora los veo con claridad, son mis padres, Fermín «Arenas» y Vicenta, «La Ciriaca». Los veo jóvenes, mucho más jóvenes que soy yo ahora. Simba también los ve, tanto que se asusta e intenta guarecerse bajo las sábanas.  De repente, me escucho pronunciando frases inconexas, que no sé si salen de mis labios o simplemente se reproducen en mi mente.

 

—¡Padre! ¡Madre! No se queden ahí, hace frío, está nevando. ¿Saben? En la repisa de la chimenea hay una botella de aguardiente y en la mesa chocolate caliente. Lo hice anoche, está mejor de un día para otro. Si quieren ustedes también hay una fuente de borrachuelos, aguardentados y mantecados, todo casero, aunque este año, dicen que por la guerra, ha subido mucho la harina y el azúcar, el vino y el aguardiente no, pero lo de comer mucho. Padre no se preocupe por echar lumbre. Tenemos calefacción…

 

—¡Vaya tontunas! Los precios han subido no por la guerra, que no hay, sino porque los ladrones que manejan el cotarro se aprovechan de que no llueve, y si no llueve, ellos hacen su agosto. Pero dejémonos de tontunas… Venimos a tu casa a felicitarte el cumpleaños… ¿y no te vas a levantar a darnos un abrazo?  Mira que cuando despiertes no nos vas a pillar aquí —es mi padre — ¡Ahí Paco! Paco Arenas, ¿así que te llaman Paco Arenas? ¡Copón! Ya sabía yo que tú nunca aprenderías a labrar, ¡vaya, vaya!

 

 La voz de mi padre suena risueña y suave con tonos graves, tal y como la recordaba de pequeño, sin apenas abrir la boca, con su eterno cigarrillo en los labios semi apagado y su gorra campesina girada ligeramente hacia el lado izquierdo. Mi madre ríe al escucharlo, en ocasiones moviendo la cabeza de un lado a otro y en otras afirmando, como dándole la razón a mi padre.

 

—Anda, díselo a padre —me anima mi madre, haciendo un gesto a mi padre para que se callase —, que lo he traído para que lo vea con sus propios ojos —me señala —. Ahí tienes tu guarín, más viejo que te hiciste tú, sin apenas haber ido a la escuela y escribiendo libros, aunque con renglones torcidos…y con esa barba cana que parece un vagabundo…

 

—Pues eso —finjo ignorar la alusión a mi barba y contesto como si supiera bien que esa conversación tendría lugar alguna vez —.  Como dice padre y usted, no sé labrar y lo que labro es con renglones torcidos—contesto dando la razón a mis padres.

 

—¡Zarandajas! Tu madre dice que labras, y tu madre nunca miente. ¡Vaya barba! ¿Te quejabas de que yo pinchaba? Vaya modas —dice mi padre intentando aguantar la risa.

 

Me encojo de hombros y me toco la barba. Me rio también y de mis labios salen tonterías, igual que en muchas ocasiones de mis dedos:

 

—Con el timón del arado bien metido en el barzón, pero sin hincar la reja en la tierra, ni sujetar bien la manguera.  Así, que ya ven ustedes, las mulas hacen su labor, pero yo tengo la mente más distraída que un gato en septiembre cazando moscas.

 

 Terminé pronunciado cosas que despierto no habría recordado.

 

—Si es que no me tenía que haber ido tan pronto. Te habría enseñado a labrar —dijo mi padre echándose a reír a carcajadas, ante la mirada, ahora molesta de mi madre.

 

—¿A labrar? —Protestó mi madre con enojo.

 

—Mujer, ¡vaya genio! ¿Cómo crea que piense siquiera eso? Si no me llegó a morir tan pronto, ¿qué se yo? Pero a lo mejor habría ido más a la escuela.

 

—Tampoco lo sé, padre —quise apaciguar el ambiente, aunque el humo del tabaco parecía como si mis padres estuvieran en una nube —. Tampoco lo sé, esa es la verdad.  En España sigue sin llover y eso es muy malo. Son los mismos carcas, las mismas togas, los mismos ladrones, y hasta lo peor que puede tener un país, como decía usted, reyes. Y además dos…

 

—¡Pobre España! —Suspiró mi madre.

 

—¡Pobre España! —Suspiró mi padre.

 

—¡Ay! —Suspiré largamente, encogiéndome de hombros.

 

—Fermín, apaga el «fumaque» que si no este no se va a levantar a darnos un beso ¿Te habrás afeitado? —Preguntó mi madre a mi padre que era casi barbilampiño y se afeitaba una vez a la semana, por lo que su barbilla pinchaba casi seis días a la semana.

 

—Sí, mujer, sí. Ya que veníamos a felicitarlo no iba a venir sin afeitar —contestó mi padre apagando el cigarrillo con los dedos y metiendo la colilla en la petaca.

 

—Ya sabes que siempre se quejaba de que pinchabas, ¿o no te acuerdas de: «padre pinchas»?

 

—Claro que me acuerdo, maldita sea… —alzó la voz mi padre — Paco, no te olvides. Levántate y escribe, ¡copón! Escribe como si tuvieras el arado entre las manos, mirando al frente y sembrando palabras, a ver si de una puñetera vez llueve. Que yo, ya sabes, si tengo que cantar canto, aunque cante mal, pero canto mucho para compensar. Tú, lo mismo, escribe, golpea los gasones y echa palabras al viento, que llover lloverá.

 

—Ya has escuchado a tu padre —también alzó mi madre la voz, extendiendo sus brazos —. Escribe hasta que no te quede una gota de sangre en las venas. Debes ser voz de todo aquello que te conté, que no quede en el olvido. Eres barro, como barro fuimos nosotros, pero no te olvides nunca del barro que estás hecho.

 

Temblando me levanté acercándome con paso inseguro hasta ellos. Los abracé y me abrazaron, los besé y me besaron y noté el aroma de mi infancia campesina, mezcla de hierba húmeda, espliego recién cortado y masa de pan a punto de cocerse.

 

 Abrí los ojos y ya no estaban, me asomé por la ventana y pude ver con los ojos de sesenta y tres años antes, lo que no vi entonces, porque todavía no había nacido: el día amanecía con la nieve cubriendo con su manto los campos, las calles y los tejados de Pinarejo, mientras mi madre le gritaba a mi padre, que ya estaba al lado de la chimenea calentando el agua para recibir al último de sus hijos, el más cabezón y al que, por marcharse rápido, dejó en herencia su apodo, «Arenas»:

 

—Fermín, corre, calienta agua y despierta a la Dolores, a la Felipa, a la Inocenta y llama a tu hermana Eleuteria, que ya está aquí nuestro guarín...

 

Desperté con una extraña sensación, parecía que lo soñado en la noche fue real, todavía permanecía ese aroma a hierba húmeda. Fui al cuarto de baño y al ponerme delante del espejo llegó mi Simba restregándose entre mis piernas. Lo miré y en lugar de maullar, me dijo con voz nítida:

 

—Ni se te ocurra contárselo a nadie, te van a tomar por loco y ya tienes fama de serlo, además de payaso. Tú verás. ¡Ah! Feliz cumpleaños.

 

© Paco Arenas a 16 de diciembre de 2022

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Reseña de «Todo va a mejorar» y homenaje a su autora en el aniversario de su marcha.



Todo va a Mejorar, de Almudena Grandes

Nos dejó, tal día como ayer, con «El corazón helado», o no, hubo quienes con el corazón de piedra sintieron alivio.

La mayoría, amantes de sus letras, somos los clandestinos «Pacientes del doctor García», a ver si Inés nos devuelve la alegría, porque Malena puede tener nombre de tango, pero bailamos como patos mareados.

Otros, los que se quedaron anclados en Roberto y Pedrín, en Ramiro de Maeztu y ni siquiera llegaron a ser «Lectores de Julio Verne», porque en caso de viajar a la luna, se hubieran quedado en ella y ya no bajarían de la misma.

Quienes dimos «Besos en el pan», lloramos su perdida, porque sabemos que «La madre de Frankenstein» fue capaz de matar a su hija Hildergar. Por mucho que Aurora Rodríguez deleitase con melodiosas al piano, era en el interior de un gran manicomio, sin paredes y con frontera con Francia, Andorra, Portugal y Marruecos, y lo peor, en el interior de nuestras mentes. Tristemente, tan siniestra y silenciosa melodía se escuchó durante muchos años, Almudena dio voz al silencio.

Sobre quienes se alegraron de su muerte, aprender a ser sensibles a estas alturas, es tan complicado como el embarazo de Aurora Rodríguez a los 70 años, lo único posible es un tumor triste en el cerebro de esta España triste.

Podemos festejar, si queremos, «Las cuatro bodas de Manolita», pero no «Todo no va a mejorar»; aunque, conspiremos contra los sembradores de odio en un obrador de pastelería. Tristemente, fue un tumor quien acabó con una de las más grandes plumas de la literatura española contemporánea… Nos dejó huérfanos.

Estaremos en una «Huida perpetua», camino a la Utopía necesaria de los ingenuos.

Con los nuevos filósofos españoles de la talla de Vicente Vallés, Pablo Motos o Ana Rosa Quintana, cambiamos hacia «Un mundo feliz», o tal vez a la otra distopía inquietante. Aunque para ello tengamos que resucitar a Orwell para que escriba nuevamente «1984», en ese año, con el permiso de un líder político acultural, que ha datado en tal fecha la escritura de tal obra.

Todo va a mejorar es una distopía de Almudena Grandes, entre merengues y pandemias sucesivas. Distopía hacia la que parecemos encaminarnos gracias a los referentes filosóficos mencionados. Tal vez pronto será realidad, porque hemos renunciado a pensar por nosotros mismos, y eso, tristemente, provoca la muerte de la utopía, que como dijo Galeano, aunque nunca se alcance, al menos sirve para caminar.

«Todo va a mejorar» la última gran obra, de Almudena Grandes, siendo muy buena, no la terminó de escribir ella, y aunque, Luis García Montero sea un grandísimo poeta, la obra ha quedado algo «incompleta», a pesar de todo, merece la pena leerla.

viernes, 25 de noviembre de 2022

El «¡Sí, es sí!» Y el yogur caducado

Viñeta de Ferran Martín


— ¿Te vas a comer ese yogur? Está caducado. Deberías tirarlo a la basura…

— Hay tantas cosas caducadas.

— Te puede sentar mal.

— Si todas las cosas caducadas que nos tragamos nos sentasen mal, ya habríamos explotado.

— Yo no como nada caducado.

— Pero si tragas a borbotones cosas caducadas…

— Me parece que te equivocas. Siempre, miro la fecha de caducidad, incluso las de consumo preferente las rechazo…

— ¿De verdad?

—¡Hombre, claro! Gracias a Dios, me lo puedo permitir… Mira, mira esa, cómo está la moza, madre del amor hermoso, a esa la cogía en un callejón oscuro…

—Pero si puedes ser casi su abuelo.

—Pero va pidiendo guerra, ¿no ves la minifalda que lleva? Luego pasa lo que pasa. Luego viene la Irene Montero y dice que si los jueces son machistas.

—Hay alguno decente…

—¡Quía! Ninguna, lo que yo te diga…

—He dicho alguno… En Logroño, han sido decentes, en Pamplona no fueron decentes…

—¿No estarás hablando de la judicatura?

—Sí, de esos jueces que en lugar de ponerse en el lugar de la víctima, se ponen, o mejor dicho, quisieran ponerse en el puesto del violador…

—Los hombres somos los hombres, tenemos unas necesidades. Yo como todos, no te equivoques, si he podido, pues he dado mandanga, que, si una lleva minifalda y escote enseñando media teta, ya sabe a lo que va… ¿No has visto el anuncio de la Junta de Galicia? No tiene que pasar nada, pero pasa…

—Está claro que los de la Xunta de Galicia, están tan caducados, como los jueces, que son unos machistas, como tú…

—¡Oye, oye! No insultes, que eres mi amigo, pero si te pones como la Irene Montero, te mando a freír espárragos, como que me llamo Alberto Núñez. Porque esa es otra, está de ministra por lo que está...

—¿Quieres decir que Leticia Ortiz está de reina por lo que está?

—¡Hombre! La reina es la reina. No me vas a comparar…¡Viva España! ¡Viva el Rey, el orden y la ley!

—¡Ah, bueno! ¿Qué opinarías si Pedro Sánchez en lugar de convocar elecciones se perpetuase en el poder y le cediese el puesto a su hijo?

—Eso sería antidemocrático. En un país democrático se deben respetar los plazos. A los cuatro años, patada en el culo y a otra cosa mariposa.

—¿Y qué opinarías un general después de un golpe de Estado, un genocidio y una dictadura impusiera al presidente del gobierno y después de robar a manos llenas, impusiera a su hijo?

—Eso sería antidemocrático. Por suerte, España es un país democrático de pleno derecho, gracias a Dios…

—Pues te estás tragando un yogur caducado hace más de ochenta años.

—¡No me jodas!

—Piensa, Franco, Juan Carlos de Borbón y Felipe…

—¡No me toques los huevos!

—Nunca te los tocaría, ni aunque te pusieras en minifalda y con tu pecho lobo al aire.

—Solo faltaba eso. Y te digo que si un «mandarra» me toca los genitales, te juro que se arrepiente para lo que le quede de vida.

—Pero, sin embargo, justificas que si tu hija o tu nieta se pone minifalda, un «mandarra», la pueda violar, por ser hombre y tener sus necesidades…

—A mi hija y mi nieta, ni las nombres, que no es lo mismo.

—Hombre, pero los jueces, si consideran que ese «mandarra» se sentía provocado y que tu nieta, que es de la edad de la muchacha que ha pasado antes, y que también se pone minifalda y lleva escote…

—Es joven, ahora que puede…

—Pues lo dicho antes. Por desgracia, en este país hay mucho yogur caducado, los que piensan como tú, los jueces machistas, que incumplen el mandato y se aferran a su puesto para exonerar a los corruptos que los han nombrado, los políticos, que se autodenominan «constitucionalistas» y utilizan la constitución como papel higiénico para limpiarse el ojete, la monarquía, un ejército que habla de fusilar a 26 millones de españoles  y esos que llevan mitra e impiden que se juzgue los casos de pederastia…Mira si tragamos en España…

—Comete el yogur a ver si revientas.

—Lleva un día caducado. Todo lo que tú tragas sin rechistar y con gusto, lleva ochenta años caducados, como poco.

(Mi apoyo a todas las víctimas del machismo.  A quienes por defender los derechos de las mujeres son linchadas y vilipendiadas por mentes caducadas). Porque, siempre, siempre, siempre…

Solo sí es sí.

Salud para todas y todos quienes luchan por un mundo mejor

©Paco Arenas

domingo, 13 de noviembre de 2022

Lilith y la regla de las mujeres


Dicen que Dios creó a Adán y a Lilith del mismo barro a su imagen semejanza.  Adán no podía soportar la libertad de Lilith y pidió a Dios que la sometiera a su voluntad. Dios, que era un poco machista, o mucho, expulsó a Lilith, la mujer libre, del Paraíso.

Pero Adán era un poco inútil para sus menesteres, y necesitaba una hembra para emparejarse como el resto de los animales cuando a él le diese la real gana.

—No puede ser que un cabrón se empareje con una cabra, un palomo con una paloma, un elefante con…

—¡Para, para! A ti también te proporcioné una hembra y a ella un macho, no lo olvides…

—Pero ya has visto su comportamiento. No estaba dispuesta cuando yo quería. Yo la quiero sumisa, cuando el venado quiere montar a la hembra, no permiso, la monta y si no le apetece, se aguanta. Mira, mi pámpana, siendo el rey de la creación, tengo que cambiármela yo. He observado al león, duerme cuanto le apetece, monta a un harén de leonas y son ellas quienes se encargan de alimentarlo… En una palabra, quiero a una hembra como Dios manda…

Dios le recordó que antes había rechazado a Lilith:

—La creé como a ti del mismo barro a mi imagen y semejanza y me dijiste que la apartase de tu lado y es lo que hice. 

—Pero me emparejaba, eso sí, cuando a ella le apetecía…

 —Si no me equivoco, tú lo que quieres es que te cree una hembra sumisa a tus caprichos.

—Dijiste que yo sería el rey de la creación y Lilith tiene su propio criterio. Yo quiero ser el macho dominante...

 

Dios accedió y sacó de una costilla de Adán a Eva, tal y conforme la quería Adán...

Luego vino la historia oficial del cuento de la serpiente y la manzana que todos conocemos y que muchos se la tragan sin masticar.  Estaban retozando debajo del manzano cuando escucharon un siseo. Era la serpiente, siendo Eva quien primero la vio:

—¡Ay, Dios! ¡Qué bicha tan grande y larga! —Exclamó Eva.

—¿A qué te gusta? —Se ufanó Adán —¿A que ningún hombre te lo ha hecho tan bien?

—¡No! —Replicó Eva, aunque no se refería a lo que le preguntaba Adán, tampoco tenía con quién comparar.

—¡Lo sabía! Soy el mejor amante del Edén… —dijo henchido de orgullo Adán, aunque no llegó a terminar, encogiéndosele el pajarito al instante al escuchar una voz siseante y mirar hacia el lugar de donde llegaba:

—Este es el frito del árbol del conocimiento del bien y del mal, quien lo coma será tan sabio como Dios…

Eva alargó la mano para coger la manzana, quería ser sabia. La acercó a sus labios, dudando.

—Dios nos dijo que no comiésemos de este árbol, que moriríamos.

—Eso es porque no quiere que seáis tan sabio como él, pero yo soy más sabio y astuto que él, precisamente porque como de este fruto…

—No sé, no sé —continuó dudando Eva, levantándose. Se levantó también Adán y de un manotazo le quitó la manzana a Eva.

—Trae acá. Las mujeres no necesitáis ser inteligentes, con obedecer al varón, suficiente.  

Comieron los dos de la manzana, pero sus efectos no llegaron, se comieron más manzanas, porque además estaban muy buenas y pensaron que cuantas más comiesen, más sabios serían. Tras el empacho, se sentaron y no sintieron ganas de seguir retozando.

—Mujer, tráeme más pámpanas, ¿no te das cuenta de que estoy desnudo? Y tú, ¿no te da vergüenza? ¿crees que es de una mujer decente estar desnuda a la vista de todos?

Cuando llegó Dios, no encontraban dónde esconderse, y como Dios era un gran matemático, al instante se percató de que faltaba muchas manzanas al primer golpe de vista. Antes de que abriese la boca, Adán le echó la culpa a Eva:

—La culpa ha sido de Eva. Las mujeres son perversas por naturaleza, Lilith, Eva y todas — dijo Adán, todavía no tenían gato para echarle la culpa. Y si no dijo menos mi santa madre porque no tenía madre conocida, lo cual ya es una aberración en sí misma.

—Me dejé embaucar por esa mala mujer. La muy bruja... —se disculpó Eva, por supuesto, echando la culpa a otra mujer. Adán tenía muy mal genio y temía su ira. Además, Lilith no se podía defender.

Dios y Adán se apartaron a un lugar del paraíso para deliberar sobre qué hacer.

—Hay que juzgarlas y condenarlas por sediciosas y golpistas —Propuso Adán.

—Si no son catalanas…

—¡Ah! Bueno, no había caído en esa cuestión. Entonces…

—¿Qué propones? —Le preguntó Dios

—Pues ser como Dios. También quiero tener hijos a mi imagen y semejanza... Ser rey por la gracia de Dios.

 —Encima de desobedecer mis mandatos, andas un poco subidito. No has respondido a mi pregunta... ¿Quieres que te abra otra vez el costillar?

—¿Acaso estoy loco? Eso duele mucho hasta que cicatriza, soy el rey de la creación...Una y no más, (habría dicho Santo Tomás, pero todavía no había nacido de vientre de mujer, porque da la casualidad de que hasta los marichulos nacen del vientre de mujer, aunque algunos como Carlos V, fuese cagado, los marichulos, también) Que sea la mujer la que ponga su cuerpo, de la costilla o del coño, me da lo mismo, pero que sea la mujer, yo soy el rey…

—¿Y que para con dolor? —Inquirió Dios a la criatura que con más esmero moldeó.

—Pues claro, y así que aprenda a obedecer y que sea esa la regla, y pagué su pecado original...

—Concedido. Eva parirá con dolor y tendrá una regla dolorosa todos los meses, y cuando no la tenga será porque estará preñada...

— Y lo de ser rey de la creación...

—Como eres un poco corto de entendederas, serás más fuerte que ella, para someterla mejor. Te inventaras la religión, para que me tenga miedo y te obedezca siempre. Serás juez y parte, y el encargado de escribir la historia. Cuídate de darles poder, las mujeres son más inteligentes que tú, mira Lilith. Eso sí, mucho cuidado con las hijas de Lilith, que son hijas tuyas también. Dirás y mentirás sobre ellas y les prohibirás que aprendan a leer y a escribir, de lo contrario no podrás controlarlas. Y tendrás que mandarlas a la hoguera para que sientan temor ante ti.

Ya entonces Dios y Adán dejaron de lado la mujer, sin pedirle su opinión. Idearon la forma de «joder» a las mujeres en todos los sentidos. Sobre todo, a las hijas de Eva, porque a las Lilith, les temían los dos.  Y sí, a lo largo de la historia las capturaron y las quemaron vivas acusándolas de brujas. A pesar de ello, muchas sobrevivieron. Pero los adanes se sentían muy atraídos sexualmente por las libres hijas de Lilith, y de nada sirvió que se inventasen dioses y religiones para someterlas. Y con la ayuda del primer dios, la regla como una maldición divina y el parir con dolor, por el pecado de la mujer.

Por suerte, Lilith, sobrevivió a todas las hogueras y no se resignó a ser solo la costilla de Adán. Al igual que Eva pare con dolor, si quiere parir. No lo hará porque le diga alguien con un colgajo, que cual parásito rey, decide lo que debe hacer la mujer con su cuerpo porque él se haya inventado una religión y una moral a su medida para someterla.

Ahora, las hijas de Eva, gracias a las hijas de Lilith, aprendieron a leer y escribir, porque pensar siempre pensaron más que el engreído de Adán. Ahora los adanes tienen miedo al despertar femenino.

 

P.D.

Si Adán pariese o tuviera reglas dolorosas, la ley sobre el dolor de regla estaría desde los tiempos de Tutankamón y el mamón que lo inventó. Y claro, las compresas, tampones y demás, no solo no tendrían el IVA reducido, sino que se dispensarían gratis en farmacias, estancos, supermercados y hasta en el Vaticano.

 

Dedicado a todas las Lilith y mujeres que luchan contra los neandertales y adanes de las cavernas. También a las Eva que se rebelan contra los trogloditas y a los hombres que saben que su camino está al lado de ellas.

 

Nota: para quien no lo sepa Lilith, según la Biblia, fue la primera mujer. Los adaptadores de la Biblia le tenían tanto miedo a aquella primera mujer, más inteligente que Adán y mucho más interesante y libre que Eva y Adán juntos, omitieron su nombre y su leyenda.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Don Quijote y Sancho entre corderos, potajes o gachas de harina de almortas y gorrinos en la Puerta del Sol


 



—Bien se está debajo de la parra, pocas uvas te han dado este año, amigo Sancho, y siendo que me has dado, te diré que este año no me han gustado. Piel dura, casi crujiente, y huesos grandes, con poca chicha alrededor...

—A caballo regalado no se la mira el diente, amigo Alonso, quien da lo que tiene no está obligado a más. Este año lo único que han crecido han sido los sarmientos, que llegan al tejado de la piquera...

—No me había dado cuenta. Tendrás que hacer cabriolas para la poda y buscarte una buena escalera, que la que tienes tiene los peldaños más crujientes que la piel de las uvas que me diste, pero astilladas y esa panza tiene más peso que tu apellido.

—Alonso, Alonso, dejemos mi panza y mi linaje en paz, que no soy yo de muchas cabriolas, y menos después de una buena caldereta de cordero —dijo Sancho mirando la pantalla del ordenador.

—Bien que volabas sobre la manta y a fe mía que las hacías —se mofó don Quijote.

—En la manta no hice cabriolas —respondió Sancho—; en el aire, sí, y aun más de las que yo quisiera. Que no es lo mismo brincar con gusto sobre las sábanas del lecho de Teresa, que te hagan dar saltos con posaderas y panza boleando sobre mantas ajenas para despanzurrarme sobre unas aliagas, que me menos mal que estaba verdes, que de lo contrario como gorrino en San Martín me habría desmochado.

—Amigo Sancho, ya te dije en su momento que saltos y brincos tiene toda historia humana. Al brincar se puede llegar muy alto, y caer muy bajo.

—Y no lo niego yo, pero cada cual debe atenerse a lo que sabe hacer en su casa, y ajustarse a lo que en otras estipulan si vas de visita. Si te dicen: hoy se come cordero, te guste o no, pondrás buena cara y no llevarás una ristra de ajos para hacer caldereta, si quien invita lo prefiere a las brasas o cazuela. Si son lentejas o gachas de harina de almortas, porque en todas las casas hay carne en la sartén, pondrás el mismo buen semblante y comerás, más o menos, a tu gusto o conveniencia sin poner en cuestión si a las lentejas le falta chorizo y espinazo y le sobra acelgas, y si a las gachas les falta cocción.

—¿A dónde quieres ir a parar, amigo Sancho? —preguntó don Quijote —. Mezclas churras con merinas y eso no es de recibo en quien fue gobernador de una ínsula.  

—Pues, eso —se sentó Sancho en una silla, empinó el porrón de vino, continuando tras limpiarse con la bocamanga de la camisa —. Digo que es preciso decir verdades, aunque brinques contra tu voluntad en manta ajena y encuentres gorgojo o gusanos en la harina de almortas. Carne es, pero no se ajusta a la receta. Con esto le digo, admirado caballero don Quijote, que no se puede pretender ser grato a los ojos de todos, ni ser mudo cuando se debe hablar, o ciego cuando se debe ver. Que, si es preciso, se debe decir que los reyes son inútiles para toda labor que requiera esfuerzo y que quien labra la tierra es más importante que quien se lleva el diezmo sin dar un palo al agua. Pero, por favor, ruego que aquí nos atengamos a la temática…

—¿Y me dices a mí que nos atengamos a la temática?  Tú fuiste gobernador cabal, respetuoso con las leyes, y ahora pareces apóstol libertario…

—Yo no entiendo de apostolados, lo que quiero decir que si he de hablar, no me voy a callar, y que si veo que el hijo de don Importancias, sea quien sea, hace algo mal, lo voy a decir, y por la Macarena bendita, mejor fuera que dentro los huesos de un asesino. Aunque beba vino de la bota, sé lo que me digo, que dicen que quien calla otorga, y yo no me callo ni debajo del agua, aunque me cueste los cuartos. Porque no hay derecho a que de estas tierras de Cuenca, no se acuerden ni en Toledo ni en Madrid, que a este paso, en lugar de girasoles y corderos, veremos gorrinos en macrogranjas y molinillos de esos que dañan la vista y no es que yo esté en contra de los molinicos eólicos esos, ni las placas solares, pero que cada cual ponga las gorrinadas en sus casas y los cementerios nucleares donde les quepan, no todo lo malo para nosotros, que si Teruel existe, Cuenca ahora también existe, ¡copón! Y me callo ya, que se me calienta la boca y voy a la cárcel…

—Amigo Sancho, Sigo sin entender has revolcado gachas con lentejas y cordero recental con pascual, ajos y acelgas, reyes con labradores, macarenos con los gorrinos de las macrogranjas, que menudo huelen los purines, molinicos eólicos con vividores…—dudó o más bien cuestionó don Quijote.

 

—Pues bien clarito lo he dicho. Y peor que los purines, apestaba el muerto en la Macarena. Pero eso, ahora está solucionado. Todo lo que no tenga que ver lo que nos importa ahora a criar gorrinos donde mejores alcantarillados tengan, que hasta eso lo tenemos deficiente... Pero mejor me callo, que pronto me llaman libertario, ácrata o una cosa que no sé qué chorra es, juligans  o hooligans   de esos, como ahora todo el mundo habla en inglés...

—Madre del amor hermoso, amigo Sancho, la que lías tu solo. Como sigas hablando así, pronto te propondrán para político, se te entiende menos que a Feijóo y Emepunto Rajoy juntos.

—Pues mejor, si me eligen a mí gobernador de España, ya vería vuestra merced como se arreglaba este desaguisado y le aseguro que las macrogranjas van a estar doónde están los macrocerdos, al lado de los palacios y consejos de administración, ¿sabes el pasto que tendrían los gorrinetes en la Zarzuela o en los Jardines del Moro, o pastando con los ciervos en el Palacio de la Granja, eso por no hablar de la Casa de Campo o El Retiro, o con los Pelayos en el barrio Salamanca, o en la misma Puerta del Sol, en la Casa de Correos, total unos cuantos cerdos más... Se revolcarían los gorrinos en olor a multitudes, apestosas, sí, pero en olor a multitudes. No que nos los quieren colocar aquí...

—Desvarías. ¿Quieres meter a los gorrinos en la Puerta del Sol? 

—Así a esa que dice más barbaridades que yo cuando me emborracho, se le quitarían las gamas de tantas tonterías.

 ¿Acaso quieres ser gobernador de la Ínsula Barataria?

—No, su ayudante cabezón, vuestra merced como presidente y yo como primer ministro, porque ir para nada, mejor nos quedamos a la sombra de la parra.

—Lo dicho, desvarías…

—Pero no callo y digo mi verdad, no como otros que les duele la cerviz de tan bacines que son. Y ya me callo…

—Como dicen en Puerto Rico: ¡Amén!

—Pues eso, ¡Amén!

 

©Paco Arenas

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