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martes, 31 de octubre de 2017

Viendo a don Juan en blanco y negro,una tradición perdida (Obra completa)



En estos días recuerdo todos los años a mi padre, no porque sea el día de los difuntos, sino por su pasión por el teatro. Al teatro y a la poesía. A pesar de no saber leer ni escribir se aficionó mientras luchaba defendiendo la República. Era tal el empeño del gobierno legítimo por instruir a la tropa, tanto en la enseñanza de la lectura como en el desarrollo intelectual y cultural, que los principales intelectuales, al contrario de lo que ocurre ahora,  se implicaron en ello, ofreciendo obras teatrales diversas y recitales de poesía.
Recordemos la labor de la compañía de Federico García Lorca, “La Barraca”, enmarcada dentro de las Misiones pedagógicas de la República, para potenciar en las zonas rurales la instrucción y la cultura, que sembraron de palabras los lugares más apartados de aquella ilusionada e ilusionante república.  Tras el golpe del militar de los enemigos de la libertad, la legitimidad republicana no tiro la toalla y extendió el manto de la cultura hasta las mismas trincheras, donde al igual que en las misiones pedagógicas, se hacían representaciones teatrales y se ofrecían a la tropa recitales de poesía, con la participación entre otros de Miguel Hernández, Rafael Alberti, Antonio Machado, Gabriel Celaya, León Felipe, Luis Cernuda, entre otros.

Decir que mi padre era capaz de recitar poesías de aquellos poetas del pueblo, a pesar de no saber leer. No solo poesía y refranes manchegos, también pasajes enteros de alguna obra teatral.

Terminada la guerra desaparecieron las Misiones Pedagógicas, así como la potenciación de la cultura en general, para los golpistas la cultura no era un bien a potenciar, sino todo lo contrario.    No es necesario decir que en Pinarejo no existía teatro.  Con el tiempo llegó a existir un cine, el de Manuel Illán, donde de uvas a peras se proyectaba alguna película.

 La llegada de la televisión supuso que en cierto modo, de nuevo regresase el teatro a los pueblos,  “Estudio Uno” fue una gran iniciativa que nos acercó al teatro clásico, obras como “El Burlador De Sevilla”, “Don Gil de las calzas verdes”, “La Vida Es sueño”, hacía que mi padre de nuevo renovase su afición por el teatro, pero su obra favorita sin duda alguna era “Don Juan Tenorio”, de Zorrilla.   Solo existía un pequeño inconveniente y no era que hubiese de verlo en una televisión en blanco y negro, sino que debía verla en el bar.   En aquellos años tan solo las gentes adineradas o los bares disponían de aquel novedoso aparato, que más tarde se llamó la caja tonta, y que ahora, junto con internet, es un sorbe sesos, que deja a la gente atontada e impasible a merced de cualquier gobernante corrupto.
  Nosotros éramos campesinos pobres, por tanto, la elección no podía ser otra que ir al bar, o como decía mi madre, a la taberna, para poder verla.   Aquellos locales, donde solo acudían hombres, se abarrotaban cuando jugaba el Madrid, el Atlético entre ellos o contra el Barcelona, también cuando retransmitían alguna corrida de toros. Tengo muchos recuerdos de tardes de verano en el Bar de "El Vivo" hasta los topes viendo una corrida de toros, eso sí, solo hombres y algún crío, para que cogiese afición…; aunque, yo pronto me pusé en la piel del toro contra esa salvaje afición.

No ocurría lo mismo cuando en la noche del 31 de octubre TVE - que no era la 1ª, sino la única, no existía ni  tan siquiera la UHF, que luego sería la 2ª - emitía la obra de “Don JuanTenorio”, desde el primer momento mi padre junto a otros cuatro o cinco amigos acudía todos los años a ver la obra teatral de Zorrilla al bar de Francisco, “El Torcio”, bar que  al igual que el del “Vivo” se encontraba en la plaza.

El último año de vida de mi padre, se empeñó en que yo le acompañase, ante el disgusto de mi madre que no le parecía muy correcto que un crío de siete años pisase un bar, o una taberna - como decía ella - llena de borrachos y viejos.  Pero mi padre al final se salió con la suya, me abrigaron bien, con bufanda y gorro incluido y nos presentamos en el bar, donde aquella fría noche apenas había diez o doce hombres, que, al comenzar “Estudio Uno”  no llegarían a los diez, para al final quedarnos cinco o seis.  Al comenzar la obra, los pocos que estábamos, hicimos silencio más interesados en ver a Don Juan Tenorio que de beber o “cascar”, nos sentamos todos juntos en la misma mesa, yo medio acurrucado junto a mi padre, de cara al televisor, esperando ver algo extraordinario.  - Debieron pasar muchos años para llegar a apreciarlo - En la mesa una botella de vino, una de gaseosa y un “Cholet” de vainilla, unos "alcahuetes" cacahuetes y aceitunas[1]. Muchos años después he sabido que aquella noche estaba allí otro chiquillo, algo más joven que yo, tampoco podía ser mucho, Nicolás Haro, que también estuvo con su padre).


 De aquel día recuerdo que estaban con mi padre y conmigo a Germán Jiménez “Trequetales, hermano de mi cuñado Isidro,  a Joaquín “El Tuerto”, padre de Herminia y abuelo de Miguel, un gran fisioterapeuta que trabaja en el hospital La Fe de Valencia, a Raimundo un viejo y sabio anarquista con mil sentencias que hacían pensar a quienes le escuchábamos,  a Julián Romero “El Rojo  de Soplaeras”, consuegro de mis padres y padre de mi cuñado Victorio, de Julián “El Motosierra” y de Angelina, Francisco “El Torcio”, dueño del bar, posiblemente, quiero recordar que había otro hombre más, pero no recuerdo quien era[2] (Quien les conociese, en esa mesa estaban representadas todas las tendencias políticas, buenas personas todas. Aquella noche tenían algo en común aparte de la amistad o paisanaje. La afición al teatro, no sé si circunstancial y puntual o porque realmente tenían esa afición.  Teatro que solo podían ver en una pequeña pantalla en blanco y negro.

  Vimos en silencio la obra teatral, de la cual guardo este recuerdo que me marco para siempre, tal vez porque ya nunca pude volver a verla junto con mi padre.  Al año siguiente esa noche la pase en casa de mi hermana Dolores, recuerdo que Joaquín “El Tuerto”, vecino de ella en la calle Las Eras, aquella noche pasamos miedo gracias a él, contó historias fantásticas de terror,  un montón de cuentos e historias que tenían que ver con la noche de las animas, relatos orales que se habían ido transmitiendo de generación en generación y  que desgraciadamente al ser orales en la mayoría de los casos se han perdido para siempre.


Entre quienes estaban aquella noche en el bar de “El Torció”, viendo a Don Juan Tenorio, al menos tres de ellos eran muy buenos narradores, cada uno en su estilo, el mencionado Joaquín ”El Tuerto”, Julián Romero, “El Rojo de Soplaeras”, que fue guardia de asalto con la República,  debido a su carácter extremadamente jovial, contaba las historias siempre dándole una chispa de humor, entre ambos estaba mi padre, en ocasiones, más cercano a “El Rojo”, lo mismo contaba historias o cuentos trágicos a los cuales en muchas ocasiones les daba un toque cómicos.  Poco o casi nada recuerdo de esas historias, mi hermana Felipa sabía muchas de ellas, pronto decía, “como decía padre”.   Algunas de esas historias todavía se podrán recuperar, recuerdo que, aunque contadas de manera diferente por nuestros abuelos y mayores, eran las mismas, en muchas ocasiones surgía: "eso ya lo ha contado fulano o zutano…"

Puede ser un desafío para ese gran investigador que tenemos en el pueblo, José Vicente Navarro, podría salir un estupendo libro con esas historias de las gentes de Pinarejo, historias como la del clavo en la puerta del cementerio que por estas fechas ha escrito de manera magistral mi amigo José Vicente.





[1] Me enteré durante la presentación de mi novela “Los manuscritos de Teresa Panza en Pinarejo”
[2] Ahora ya sé quién era Nicolás, que también había llevado a su hijo Nicolás y que fue el primero en comprar mi novela en toda España. Me ha costado mucho, pero al final gracias a él, he recordado quien su padre, sabía que había un hombre más que no recordaba.


Obras publicadas:





jueves, 8 de junio de 2017

Conversación de dos muchachas en la subida de la calle Los Tintes (Cuenca) el domingo 13 de abril de 1902 (el día que se derrumbó el Giraldo de la catedral (TEATRILLO))


 

Cuando se hundió el Giraldo

(teatrillo)


(teatrillo)

Conversación de dos muchachas en la subida de la calle Los Tintes (Cuenca)

El viejo puente gótico de San Pablo en Cuenca fue la crónica de una muerte anunciada durante muchos años. Durante siglos fue un puente grandioso, que se levantaba más de cincuenta metros sobre el nivel del río Huécar. Parecía imposible de hundirse cual «Titanic» de piedra. En el siglo XVIII hizo frente a un huracán, pero el paso de ese huracán fue implacable para él. Las primeras grietas llegaron a finales del siglo XVIII, en el año 1779, produciéndose los primeros desprendimientos de piedras en 1800. El obispado de Cuenca, dueño y señor del puente y casi de la ciudad, apostó por su reconstrucción en el año 1887. Las obras no fueron lo suficiente efectivas y un año más tarde con el desprendimiento de algunas piedras de la Catedral comenzó a agrietarse el primer arco. Ocho años después fue sentenciado a muerte con 16 barrenos de dinamita el 23 de febrero de 1895.

La construcción del nuevo puente de San Pablo, ahora de hierro con travesaños de madera, terminó apenas ocho años después, inaugurándose en el año 1903, pero antes, el 31 de julio 1902 un nuevo huracán estuvo a punto de tirarlo abajo estando casi terminado. Eso sucedió después de que el domingo 13 de abril [1] de ese mismo año el Giraldo de la catedral se viniera abajo. No es, por tanto, de extrañar, que el nuevo puente despertará tanta desconfianza como el nuevo y que surgieran múltiples leyendas sobre el mismo:

Escenario:

Fuente de la calle de los Tintes (Cuenca)

Personajes: ANGUSTIAS, DOLORES Y MATEO

Angustias y Dolores se encuentran llenando los cántaros de agua de la fuente. Espera su turno Mateo con su burro, el aguador al servicio del obispo. El joven no puede evitar estar prendado de la belleza de Dolores que se haya inclinada sobre el caño llenando. Angustias dice que le duelen los riñones, se encuentra con los brazos en la cintura. Mateo conforme va llenando los cántaros Dolores, los coloca en las aguaderas de la borrica de Angustias.

MATEO (Sonriendo a Dolores) —. Si os parece venís conmigo y así podéis pasar por el puente sin pagar aranceles al obispo y no os pegáis la paliza de subir por la cuesta. Me ayudáis a llenar mis cántaros y así terminamos antes.

El joven es de los pocos que ya tienen permiso para pasar por el nuevo puente de San Pablo, a pesar de no estar terminado y quiere ser cortes con Dolores.

DOLORES (En tono pícaro) —. (Se hace la remolona y se le suben los colores). Pues sí que podríamos, que tenemos los costados machacados y esta está una miaja preñada. Aunque, conociéndote, me temo, que tú pretenderás cobrar otras costas y aranceles, que bien sé que no eres trigo limpio, ¡bribón!

ANGUSTIAS (Un poco taciturna y reticente) —. Bien vendría, pero… ¿No va a ser mucha carga para el pobre animal pasar por el puente cargada con seis cántaros? Las tablas esas no parecen muy de fiar. Además, los guardias denuncian a quien pase por el puente.

MATEO (Alzando las manos en dirección a la catedral) —. ¡Qué va! A vosotras sí, pero yo tengo licencia del obispo para cruzar el nuevo puente si venís conmigo no hay peligro ¿no ves que esta agua es para el obispo? Yo os avaló y conozco a los guardias. Peor es para la borrica subir la cuesta.

DOLORES (Entusiasmada)—. Pues sí. Si no es mucha molestia…

ANGUSTIAS —(Fingiendo enojo) Ni hablar, no me fio de ti, ni del puente, ni de las tablas y a los guardias, mejor ni los miento.

MATEO —(Echándose para atrás con extrañeza) Mujer, que soy de fiar, que tengo los hijos dentro del cuerpo. Nadie puede hablar mal de mí diciendo verdad…

ANGUSTIAS (Negando con la cabeza, claramente contrariada)—Yo no subo por el puente ni aunque me des mil reales ¿acaso estoy loca?

MATEO —(Riendo) —. No hay peligro, pero obligar no voy a obligar a nadie y mil reales, ni siquiera diez, te voy a dar por hacerte un favor. Uno lo hace por bien.

ANGUSTIAS —(Rotunda) ¡Ni hablar!

DOLORES (Suplicante y mirando enamorada a Mateo) Anda mujer, no vamos a dejar solo al mozo, y nos ahorramos la cuesta…

ANGUSTIAS —. (Gritando) No, no y no. Además, hay que dar más vuelta. No seas cansina, que yo no cruzo por el Puente San Pablo ni con una chispa más grande que el Giraldo. Parece mentira que seas mujer casada (ahora susurrándole a Dolores) Te gusta dar que hablar

DOLORES —. Pero mujer, si no pasa nada. No te das cuenta de que antes se cae el Giraldo que el puente de San Pablo…, que además es nuevo y Mateo se va a meter en el seminario, para ser cura...

ANGUSTIAS —Serás tontaca, fíate tú de los seminaristas. Y de lo otro ¿cómo se va a caer el Giraldo que lleva cuatrocientos años dando la hora. Hay que ser simple para pensar una sandez de tal calibre. Ahora ese puente (señalando en dirección al puente con el dedo corazón), es harina de otro costal. Mira el verano pasado lo que pasó. Vamos que casi se viene abajo antes de empezarlo…

MATEO —(Riendo a carcajadas) Mujer de Dios, si es de hierro y sí, aunque sea al oído lo he escuchado, voy para cura. Dedicaré mi vida a Dios y a los demás…

DOLORES (Ignorando a Tomás) —Tontaca tú. ¿Cómo se va a caer el puente, mujer? No ves lo lustroso que está, si está nuevecico, ya han aprendido.

ANGUSTIAS —¿Acaso no se cayó el otro y era de piedra?

MATEO —. No compares. Como dice la Dolores, este es nuevo. Bueno, yo me tengo que ir, que el obispo tiene muy mal genio. De todas maneras, si queréis, como me da tiempo os espero en la plaza y os convido a una zarza después de descargar las cántaras, que vais a llegar con la lengua de fuera…

ANGUSTIAS —Pues a mí me dijeron que Abundio se cayó con su borriquilla desde lo alto y se despanzurró…

DOLORES—. ¡Anda! Que quien has ido a decir. ¿No has encontrado a otro más tonto? Además, con una chispa que llevaba de resolí, que poco más y deja sin existencias a las destilerías de Ortega… (Dolores suplicante). Anda, vamos con Mateo...

MATEO (Terminando de cargar el último cántaro que ha terminado de llenar Dolores, sabiéndose observada) —. Yo me voy. Os espero en la plaza si queréis y si no, eso que me ahorro. El obispo no tiene espera, que después debo llevarle el vino.

DOLORES (Colocando las manos como si estuviera rezando ante Angustias) —. ¡Anda, vamos con Mateo!

ANGUSTIAS —. ¡Ea, que no! Que no me convences cansina. Yo por el puente no paso, y la borrica menos, que está preñada y si ve tal precipicio le da un pasmo y mal pare…

MATEO (Moviendo la cabeza de un lado a otro riendo) —. ¿Va a malparir por eso? Mejor me callo, no digo nada. Solo que hay que tener ganas de pasar el sofoco que vais a pasar vosotras y tu borrica por la cuesta, que cuesta más que un mal parto…

ANGUSTIAS —. Vete a la mismísima mi… (silabea pero no pronuncia)

La borrica es mía y si no malpare se le corta la leche y en lugar de borruchos[2] pare cualquier adefesio…

MATEO —. Lo dicho. Me voy.

ANGUSTIAS — (Musitando) Tanta paz lleves como dejas. Con Dios…

DOLORES —. Me esperas en la plaza, si convidas (le grita) (luego mirando como se aleja Mateo dirigiéndose a Angustias) Tontunas dices…

ANGUSTIAS —¿Tontunas, dices? Tú pasa por el puente, yo no, aunque tenga que dar toda la vuelta al Huécar…, me dan unas angustias…

DOLORES —¿No estarás tú también preñada como la borrica?

ANGUSTIAS —¿Yo? Si no tengo marido…

DOLORES —Pero tienes choto y te confiesas mucho con don Bartolomé, el señor cura del Salvador…

ANGUSTIAS —Eso sí, además noto retortijones en la panza…, unas angustias que me dan. Desde un mes después de que comenzase a confesarme el don Bartolomé…

DOLORES — ¿Angustias, unas angustias? ¿A ti también te confesó en la sacristía?

ANGUSTIAS — ¿Pues claro? ¿Dónde iba a ser? ¿En el confesionario como a las viejas, que por bajo que te confieses se entera hasta el Tato?

DOLORES —¡Ay, Dios santo! Que va a ser que sí. A mí también me confesó para librarme de todo pecado y sacarme los demonios que me había metido mi Mateo. No hago nada más que pensar en él, y eso que soy mujer casada. Pero como doña Constantina me dijo que don Bartolomé te confiesa y se te van todos los demonios del cuerpo...

ANGUSTIAS —. ¿No me digas que teniendo marido te acuestas con el aguador?

DOLORES —. Un poquito sí. Pero solo un poquito. Mi marido me tiene medio abandonada, no sé qué le pasa es muy galán. Pero tú no tienes nadie que te meta los demonios ¿Para qué te confiesas?

ANGUSTIAS — Por los malos pensamientos. Me dijo que para prevenir y calmar los ardores que me entran cada vez que veo a Tomás, y vaya que si me calma…

DOLORES (Pícara) —Pues a ver cómo calmas tú a tu Tomás cuando se entere que lo que no le dejas a él, se lo das en confesión a don Bartolomé en la sacristía, que bien a raya lo tienes… ¡pobrecito mío!

ANGUSTIAS —¿Y tú cómo sabes que lo tengo tan a raya? ¿pobrecito tuyo?

DOLORES —¡Uy, uy! ¡Ea! Mira, que tengo prisa… Me voy por el puente… A ver si pillo a Mateo...

ANGUSTIAS —Mal me huele…, mala pécora ¿Qué pasa entre mi Tomás y tú?

DOLORES —Nada, nada…

ANGUSTIAS —¿Nada, nada? ¡Uff! Como sea lo que me imagino, te caes por el puente sin necesidad de subir…

DOLORES — Te lo juro, que además soy mujer casada...

ANGUSTIAS —. Sí, eres mujer casada, pero bien que le haces el favor a Mateo..., y a mi Tomás…

DOLORES —. Comprende mujer. Mi hombre es un viejo que ya no me hace caso, no como tu novio que sí que...

ANGUSTIAS —. Ya quisiera mi novio tener la gracia que tu marido… ¿tu marido viejo?

DOLORES —(Pensativa) Más de un año que ni me toca. (Enojada) Y ahora ya sé por qué o por quién.

ANGUSTIAS —. ¡Uy, uy! A mi Tomás me da que también lo miras..., mala pécora, que puta que eres ¿por qué me rehúyes la mirada?

DOLORES —. ¿Me la sostienes tú si te digo con quién me engaña mi marido?

ANGUSTIAS (Enojada) —. Por algo será, ¿no? ¿Y tú con mi Tomás? Como sea lo que me imagino…

DOLORES (También enojada) —. Que se caiga el Giraldo si es verdad lo que te imaginas…

ANGUSTIAS —. Si ha de ser por tu decencia, se caerá. Yo nunca traicionaría a una amiga, nunca me acostaría con el marido de una amiga, por mucho dinero que me pagase para el ajuar. No como otras que se acuestan de balde con novios ajenos y aguadores del obispo. Yo soy decente, y sí puedo decir que se caiga el Giraldo, si alguna vez me he acostado con tu marido…

De repente un enorme estruendo resonó en toda la ciudad de Cuenca y en varias leguas a la redonda, el Giraldo después de cuatrocientos años de historia se derrumbaba aquel domingo 13 de abril de 1902, pillando bajo sus escombros a 19 personas.

DOLORES —. (De rodillas Asustada) Perdóname señor por mis pecados.

ANGUSTIAS —. (De rodillas con la frente en el suelo) Dios mío, ni me has dejado terminar la frase, quería decir: «Yo soy decente, y sí puedo decir que se caiga el Giraldo si alguna vez me he acostado con tu marido, más de cinco veces a la semana, que será viejo, pero tiene una lengua…»

 

©Paco Arenas



[1] Fecha casi emblemática de hundimiento, diez años después en 2010, el 14 de abril, se hundió el Titanic y 29 años más tarde la monarquía en España.

[2] Cría del burro.

Cuando la catedral de Cuenca tenía Giraldo




domingo, 14 de mayo de 2017

El Gato de piedra (Teatrillo) Mi primera obra de teatro


Personajes principales:

Político corrupto.
Asesor personal del Político.

Personajes secundarios y no menos importantes:

El gato
las ranas
la charca

Lugar donde sucede: Un país indeterminado del sur de Europa.

Argumento: En el amplio jardín del Palacio presidencial pasean nerviosos el político corrupto y su asesor, el primero debe enfrentarse ante el juez como inicialmente testigo, los casos de corrupción le rodean por todos lados, y todo el mundo tiene el convencimiento que es el jefe de la banda. Dado su cargo, y por el miedo al juicio mediático, su partido ha solicitado que la comparecencia ante el juez sea a través del plasma, y si es posible en diferido y previo montaje, ya que el político en cuestión tiene un tic en el ojo izquierdo que guiña cada vez que miente.

POLÍTICO CORRUPTO—(solemne) Lo haré, estoy decidido, diré la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; pero, solo ante la presencia de mi gato...

ASESOR PERSONAL—(formal) Señor presidente, en teoría tiene que decir la verdad ante el juez. Por ley, al ir en calidad de testigo, está obligado a decir la verdad...

POLÍTICO CORRUPTO—(tono sarcástico) Diré la verdad ante mi gato, solo ante la presencia de mi gato…, sin abogado ni zarandajas, solo ante mi gato.

ASESOR PERSONAL—(ríe babeando) Se ha levantado usted bromista hoy, llamarme gato. Por supuesto que, con la presencia de su abogado, su gato no puede estar en la sala…

POLÍTICO CORRUPTO—(casi gritando) Ni yo tampoco… ¿Estamos locos o qué?

ASESOR PERSONAL—(sumiso) Perdone, perdone…

POLÍTICO CORRUPTO— (escandalizado) ¿Quién habla de sala? No pienso ir a ninguna sala. He dicho, y repito: diré la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; pero, solo ante la presencia de mi gato..., bueno, tal vez me he expresado mal. En realidad, quería decir: diré la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, ante la sola y única presencia de mi gato...

ASESOR PERSONAL—(ríe el asesor babeante) Ignoraba que usted tuviese un gato.

POLÍTICO CORRUPTO—Espere y verá mi gato.

Se introducen entre una pequeña arboleda que desemboca en una rosaleda esplendida con un estanque lleno de nenúfares, sobre los cuales varias ranas y renacuajos saltan y croan sin cesar. Preside el estanque o charca la charca de un gato de bronce con botas, sombrero y bastón de mando. El político corrupto señala al gato, el asesor se tapa la nariz.

POLÍTICO CORRUPTO—(sarcástico) La charca de Esperanza y mi gato. Al este gato puedes decirle la verdad, él entenderá y no se lo dirá a nadie, las ranas tampoco, están todas en la charca.

ASESOR PERSONAL—(echándose para atrás) Vamos de aquí, que hago huele a podrido en Dinamarca. Esto es más serio de lo que parece.

POLÍTICO CORRUPTO—(serio) Por supuesto, todo el mundo sabe la verdad, me puedo negar a ir a declarar, no pasará nada, los votantes me absolverán, son masoquistas o idiotas, les gusta que les roben…

ASESOR PERSONAL—(cavilando, intentado hacer una broma él) También puede ir el Papa Francisco por usted.

POLÍTICO CORRUPTO—(serio) ¡Uff! buena idea. Dile al secretario que me ponga con el Vaticano.

ASESOR PERSONAL—(tirándose para atrás) No le interesa...

POLÍTICO CORRUPTO—(¿Por qué? ¡Carallo!

ASESOR PERSONAL— Diría la verdad...

POLÍTICO CORRUPTO—(sarcástico) ¡Carallo! no había pensado en ello, ya no se puede confiar ni en el Papa...

ASESOR PERSONAL—(serio) Hablemos ya en serio. Como testigo está obligado a decir la verdad, usted ya ha mentido en sede parlamentaria, puede mentir ante el juez, no pasará nada, ni siquiera perderá votos… ¿Por qué declarar, niéguese, ni siquiera plasma…

POLÍTICO CORRUPTO—(ríe) Llevas razón, ni siquiera por plasma, ¡qué carallo! Quien quiera saber mentiras en él, que dicen los manchegos, hablando de manchegos…

ASESOR PERSONAL—(saltando de alegría babeante) ¡Albricias!, que gran genio es usted. Eso, eso, la comparecencia en simulado diferido, le pediremos al fiscal abogado de los corruptos que le pase las preguntas que le hará el juez, las grabaremos, y las emitiremos en simulado diferido a la sala…

POLÍTICO CORRUPTO—(riéndose de oreja a oreja) Asunto solucionado, incluso puedo ponerme el parche en el ojo…

ASESOR PERSONAL—(extrañado) ¿El parche en el ojo?

POLÍTICO CORRUPTO—(bromeando) Claro hombre, para disimular el tic del ojo que guiño cuando miento, alegaremos una ulcera ocular. Sabrán que estoy mintiendo quienes dicen que miento; pero no pasa nada, en este país nunca pasa nada…

ASESOR PERSONAL—(ríe babeante) Está claro, la oposición no dirá nada, Susana lo apoya, Albert también, hasta los separatistas si se les unta, cacarean como gallos en el corral, pero si dice usted, elecciones anticipadas, se cagan las patas abajo…

POLÍTICO CORRUPTO —Pues por eso, la comparecencia en simulado y diferido, con parche en el ojo y como fondo el gato y la charca, los sumisos súbditos de este corrupto reino me votarán igual…elecciones anticipadas y me absolverán ¿de qué preocuparse? Anda vamos a almorzar a unos percebes y unos ibéricos regado con buen vino, pagan los tontos.



P.D. Todos los personajes y situaciones, incluido el gato y las ranas de la charca, son ficticios, fruto de la calenturienta imaginación del autor. No obstante, cualquiera que lo deseé puede sentirse libremente identificado con el argumento, eso responsabilidad de cada cual o del lector que busque equiparar estos personajes ficticios con reales.
(El autor)

domingo, 24 de julio de 2016

A la cárcel me voy por culpa de un ventilador




Es lo que tiene comprar las cosas desmontadas, además con instrucciones deficientes. Con un poco de humor algo parecido me ocurrió cuando fui a la tienda donde había comprado un ventilador que tenía que montar yo, saber cómo, entre otras cosas porque ese ventilador ya había sido montado y encajado una pieza dónde no debía ser encajada. Además perdí el comprobante de compra, en realidad lo guarde también para que no se perdiese, que no hay manera de encontrarlo. En las películas de policías cuando preguntan al sospechoso dónde estuvo tal día y a tal hora de quince días atrás, o quince meses, o quince años, los sospechosos siempre saben dónde estuvieron, con quien y hasta lo que comieron o vestían con todo lujo de detalles, de no ser que seas infanta de España o político corrupto, que en ese caso sufren amnesia como yo y dicen el consabido:

— No lo sé, no lo recuerdo, no me consta, no lo recuerdo.

Si yo tuviese que decir lo que he comí ayer, o qué hice con el comprobante de compra del ventilador comprado hace una semana y de ello dependiera mi libertad, iría a la cárcel con toda seguridad. 

Exagerando un poco, con algo de humor, se me ha ocurrido este absurdo teatrillo, que puede llega a ser muy real:



A la cárcel me voy por culpa de un ventilador (Teatrillo)



Esposa: — ¿Qué hiciste a el domingo entre las siete y las nueve de la tarde?

Marido: —No lo sé…

Esposa: —En casa no estabas.

Marido: —No lo sé, no recuerdo…

Esposa: — ¿Tienes alguna prueba?

Marido: —No, no tengo ni prueba ni idea, ni siquiera comprobante de compra.

Esposa: — ¿Pero estás seguro que fue el domingo?

Marido: —No, fue el sábado, yo los domingos no salgo a comprar.

Esposa: — ¿Entonces dónde estabas el domingo?

Marido: —Ni idea.

Esposa: — ¿Acaso no dijiste: ya que es domingo podríamos cenar en los Cien montaditos?

Marido: —Sí, recuerdo que esas fueron mis palabras el domingo.

Esposa: — ¿Te das cuenta de que fue el domingo cuando compraste el ventilador?

Marido: —No lo sé, no lo recuerdo, no me consta. Solo sé que no compro los domingos…

Esposa: —Ya te pareces a la infanta…

Marido: —No, yo soy honrado y siempre he vivido y vivo de mi trabajo.

Esposa: —Pero sí recuerdas que dijiste: ya que es domingos podríamos cenar en los Cien Montaditos.

Marido: —Sí, además estoy seguro que dije esas mismas palabras.

Esposa: —Por tanto las dijiste el domingo.

Marido: —Así es.

Esposa: — ¿Te das cuenta cabezón? Fue el domingo cuando compraste el ventilador.

Marido: —No, no puede ser, no me lo creo. Eso lo dije el domingo, pero el ventilador lo compramos el sábado a las ocho y media de la tarde.

Esposa: — Ya vamos recordando algo ¿Cómo lo puedes demostrar?

Marido: —De ninguna manera, me preguntaste la hora y te dije que eran las ocho y media.

Esposa: — Sí, es verdad, te pregunté la hora y me dijiste que eran las ocho y media, y yo te dije que nos daba tiempo a ir a la tienda de animales, mientras tú hacía la cola para pagar…

Marido: — ¿Te das cuenta como llevo razón? Eso pasó el sábado…

Esposa: —Mira que eres cabezón. ¿Entonces, por qué dijiste: ya que es domingos podríamos cenar en los Cien Montaditos?

Marido: —Porque eso  lo diría el domingo, digo yo…

Esposa: —¿Salimos el domingo?

Marido: —No lo sé, no me consta, ni idea.

Esposa: —Yo tengo la prueba de tus palabras. ¿Tú tienes el comprobante de que lo que dices es cierto?

Marido: —Si lo tuviese ya nos habrían cambiado el ventilador…


Dos horas después:


Esposa: —Ya sé exactamente cuándo dijiste: ya que es domingos podríamos cenar en los Cien Montaditos. El domingo.

Marido: —Eso ya lo sabía yo. Pero yo el domingo no compré el ventilador.

Esposa: —No, el domingo no compraste el ventilador. Tú nunca compras los domingos, lo compraste el sábado…

Marido: — ¿Entonces por qué dije: ya que es domingos podríamos cenar en los Cien Montaditos.

Esposa: —Porque el domingo fuimos con Carlos y Mariángeles a la playa y dijiste: ya que es domingos podríamos cenar en los Cien Montaditos. Pero ellos no podían quedarse y nos fuimos cada uno a nuestra casa.

Marido: — ¿Entonces caso resuelto? ¿No voy a la cárcel?

Esposa: —Es que tengo que acordarme yo de todo…Si me hubiese dado el comprobante de compra…

Marido: —Llevas razón, cariño. La próxima vez te lo doy… (susurrando para que no lo escuche ella) lo habrías perdido tú.

Estas absurdas conversaciones no se tendrían si los domingos no abriesen los centros comerciales, o sí no guardásemos las cosas para que no se perdiesen...



©Paco Arenas






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