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viernes, 16 de septiembre de 2022

¡A desalambrar! - «Plagio» homenaje a Víctor Jara


Decía que cantaba por cantar, no por tener buena voz, cantaba porque la guitarra trabajadora con olor a primavera tenía sentido y razón. Nunca fue su guitarra de ricos, ni cosa que se le parezca, su canto fue para los de los andamios. Su canto cantaba las verdades de la sangre que palpita en las venas, no las lisonjas fugaces, sino el canto de los pescadores en las lonjas y de los mineros en el fondo de la tierra.

La tierra era de quien la trabaja, de Pedro y María, de Juan y José, por eso preguntó a los presentes con su voz de juglar:

Si no se han puesto a pensar que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más. Volvió a preguntar si en la tierra nadie habrá pensado que, si las manos son nuestras, es nuestro lo que nos den.

A desalambrar. A desalambrar, Que la tierra es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro y María de Juan y José, ¿por qué otros se llevan el fruto?

Molestaba con su canto, y muchos no lo querían oír. Les aseguro que no todos eran gringos, que quienes mataron al ruiseñor, siendo traidores a la patria, decían defender su bandera, mercenarios al servicio de los dueños de aquel país, que como todos quienes se consideran dueños, roban y matan a todo aquel que canta la verdad.

Le cortaron los dedos para que no tocara  la guitarra con sentido y razón.  Callaron la voz del poeta un 16 de septiembre de 1973, y en  España, comenzamos a cantar A desalambrar, que la tierra es nuestra, tuya y de aquel, Vientos del pueblo «Quieren ocultar la infamia que legaron desde siglos, pero el color de asesinos no borrarán de su cara. Vientos del pueblo me llaman, vientos del pueblo me llevan, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.»   Así cantará el poeta mientras el alma me suene por los caminos del pueblo desde ahora y para siempre....

 Y mientras corría la sangre por las calles de Santiago, en España a ritmo de Manuela, intentábamos librarnos del sangriento yugo de un dictador criminal.

A desalambrar, a desalambrar, en Chile, Argentina, Paraguay, América entera, y también en España ¿por qué no en este podrido reino que un dictador impuso a un ladrón como heredero…?

A desalambrar, a desalambrar…


Te recordamos Víctor.

Texto realizado partiendo de dos de sus canciones: Manifiesto y a Desalambrar.

 

Paco Arenas 16 de septiembre de 2021

 

domingo, 16 de agosto de 2020

Ondeando la bandera de la Libertad, te esperamos Federico.



El calor abrasaba aquel 16 de agosto, no fue preciso encender la chimenea, no esperaba invitados el poeta mientras escribía nuevos versos frente a un vaso de agua fresca tarareando, un poema aún sin escribir, con la premoción de los que podría ocurrir.

 No llegaron invitados a tomar café, sino unos matones dispuestos a profanar la poesía, a matar al poeta.

«¡Café!». Gritó un asesino, y el aroma no era a café, sino a sangre, a tierra regada con la sangre de los mártires de la libertad, a miedo a la luz del alba y al influjo de la luna sobre las mentes obtusas de los criminales.

Dos días después, sin esperar las primeras luces del alba, los pájaros, los gorriones y los ruiseñores, dejaron de cantar, el agua del río Genil, cesó su discurrir, sobre el lecho dormido teñido de rojo.


Ligero se marchó, sin un beso ni despedida de esos padres a los que fue a ver a su Granada querida.  Lo llamó su madre, como cada mañana:

 ——¡Vamos despierta Federico!, que los trinos de los jilgueros no sonarán igual esta mañana si le faltan tus versos. Sin ti, Federico, nada será igual, ni la poesía, ni el amor, ni tampoco la Libertad. Sin ti, Federico ni el sol saldrá.

 

Y las lágrimas todavía hacen crecer al río que transcurre, siempre, con sabor a sangre y a esperanza, entre el Albayzín y la Alhambra.

 

Ondeando la bandera de la Libertad, te esperamos Federico.

©Paco Arenas, autor de Caricias rotas y de Magdalenas sin azúcar

 

 

 

 

jueves, 16 de abril de 2020

La niña bonita

Cuadro: La aguadora de Von Blaas, (1843-1932)


La niña  bonita


La niña bonita
desde el balcón del confinamiento,
añora pisar la calle,
llenar los cubos en la fuente de la vida,
sabiendo que cada paso que da,
falsas palabras,
con envidia la critican.
No se amilana,
y con paso firme camina,
derramando,
eso sí, con alegría,
el agua necesaria
para que las flores florezcan.
Que nunca la libertad,
la solidaridad,
la fraternidad,
la verdad
o la belleza,
deben estar confinadas,
ni en los balcones,
ventanas
o prisiones.

La niña bonita,
está cansada,
hastiada,
de versos oscuros
que hablan de muertes tristes,
sin una despedida.
Llora con cada uno de los nombres
que a sus oídos llega.
Cierra la ventana a bulos y mentiras,
a deformadores espejos
de apocalípticos charlatanes,
o capitanes a posteriori,
que desde chismosos filtros llegan
para sembrar cizaña.
Ella calla,
no contesta,
camina segura,
vale mucho más que ellos.
Consuela a quienes en silencio
sus lágrimas derraman,
bastante dolor alberga en su pecho
como para hacer caso de esos miserables
que escupen veneno por su boca,
hurgando en la herida,
como si el dolor
de los que quedan,
por los ausentes,
no fuese suficiente.

La niña bonita,
espera un nuevo abril,
una nueva primavera,
que seguro llegará,
aunque este año de dos mil veinte,
abril se traslade a septiembre,
para las rosas florezcan
con aroma a libertad
y justicia social.
Como dijo el poeta:
Podrán cortar todas las flores,
pero no podrán detener la primavera

Paco Arenas 14 de abril de 2020

Eugenio von Blaas nació en Albano, cerca de Roma, y era hijo del también pintor Karl von Blaas, austriaco. Estudió en la Academia de Roma y más tarde en la de Venecia, teniendo allí como maestro a su propio padre.

Su primera obra de cierta relevancia es un retablo para la iglesia de San Valentino en Merano (hoy en la Domus Mercatoruma de Bolzano) realizado en 1863. En los años siguientes trabaja sobre todo en el tema de los paisajes venecianos, representando la vida de pescadores, gondoleros y bellas mujeres.

miércoles, 18 de marzo de 2020

#YoMeQuedoEnCasa, Cuarto día de clausura



Acaricio
sin tocarte siquiera,
con las manos lavadas y el alma desnuda
secándose,
 antes de besarte.
¿Cómo decirte que quisiera abrazarte,
 sin este océano de distancia?
 Poder navegar hasta tus brazos generosos
 y rodear tu cintura sin temor,
ni al virus,
ni a sus maléficas coronas.


Beso
lanzando mi corazón herido al viento,
sin que ni el aire se inmute,
ni mis besos te alcancen,
sin besos de buenas noches,
yo que te bese hasta lo más escondido,
sin miedo a quedarme atrapado en tus labios
o en el fondo de tu sexo.

Hablo
mirando la estela de sol que entra por mi ventana,
presintiendo que, tal vez, sea solo polvo
humedecido por la lluvia de la mañana,
sin pensar que está cerrada
al ruido de la calle y su alegría.

Pienso
navegando entre la bruma de lo incierto,
sin saber, si seré ausencia de tus días,
y también de tus noches,
o si, por el contrario,
me quedan muchas besanas por labrar,
infinitas palabras por escribir
y mucho vino por beber todavía.


Confío,
en el vuelo libre de los pájaros,
no en el canto de los canarios enjaulados,
por mucho que no se mojen con la lluvia
y tengan los comederos llenos de alpiste.
No confío, en los buitres sin plumas,
que basan su riqueza
Solo en los en los Mercados.

Bebo
el agua de la memoria,
para que no se me olvide,
lo mucho que te quiero.
También,
para, si muero,
no me olvide,
ni un instante quién soy
ni de dónde vengo.

Sueño,
Solo,
en un lecho solitario,
en el que me falta tu presencia,
aunque estés al otro lado de la puerta,
o mirándome a los ojos
con tu risa oculta,
tras la celulosa azul de nuestros miedos.

  
¡Aléjate!
Aléjate pronto,
virus con tus aureolas,
que se me revuelven las tripas,
solo con ver el brillo de tu corona,
que nunca fueron buenos los virus,
tampoco las coronas,
¡Aléjate! Y no vuelvas más.


Escucho
los lamentos de los poderosos,
quejándose
de las pérdidas en sus negocios.
No veo
que alguien alce la voz
por el menesteroso,
el cajero del supermercado,
el camionero,
o ese que te lleva tus recados,
con tanto miedo como tú,
hasta la puerta de tu casa.

No escucho,
que, al bribón,
nadie le diga que devuelva lo robado,
y alaben a quien dice falsedad
con la solemne dignidad,
de quien toma por estúpidos
a los que le dan de comer.
Que nada le deben,
y él todo a ellos.

Veo
pleitesía ante el mentiroso,
aduladores de pesebre agradecido,
mercenarios de la palabra pagada,
de la libertad secuestrada.
Maldiciendo a la «Pérfida Albión»,
por dejar con el culo al aire
a los gusanos que,
 ante virus y coronas,
arrastran sus babas por los palacios.

Escupo,
Palabras como flores
cortadas de la boca
 del poeta silenciado,
llorando la ausencia
de las palabras
lo que dejó por escribir,
en la bandera de la libertad,
ansiando ser escuchado
una mañana de abril.
Rompieron el tintero
de las palabras perdidas,
un triste mes de agosto.

Extiendo mi mano generosa
con la ternura de un niño,
que antes del primer orgasmo,
tenía callos en las manos,
y cicatrices en el alma.

Regalo
mis torpes versos,
transformados en abrazos
y besos,
sin buscar la rima,
solo el consuelo,
y gritar mañana,
en la plaza del pueblo,
¡te hemos vencido!
¡SALUD!


©Paco Arenas 18 de marzo de 2020, cuarto día de clausura.

martes, 24 de septiembre de 2019

La memoria en mis dedos




Cada vez que mis dedos,
de campesino viejo,
se arrastran por el teclado,
salen palabras;
que se confunden con antiguas primaveras,
olvidadas.
Caen las letras,
una a una,
como granos de trigo,
tal vez de cebada,
que el arado entierra en los surcos perdidos de mi memoria,
esperando con renovadas ansias
la lluvia
y el fulgor de la luna.
Las nubes, esas ansiadas nubes,
llegan generosas,
al menos eso piensa este sembrador de letras,
al que le faltan tantas palabras por escribir
que no sabe si lo aguantaran sus canas
o, por el contrario,
esas letras,
las que quedaron en sus recuerdos,
perecerán entre las llamas
perdidas de los caminos del olvido,
donde vuelen mis cenizas
entre viñas y olivares
de las tierras de Castilla.
No, no irán esas palabras olvidadas al cielo,
donde dicen que van los poetas,
a los campesinos nos gusta la tierra que pisamos.
Tampoco irán al infierno,
donde van los ricos mercaderes,
reyes,
vividores,
ladrones
y filibusteros de múltiples calañas,
todos con mucho dinero,
o que viven de sudores ajenos.
Los pobres,
los pobres no tenemos
para tan largos viajes.
Por no tener,
no tenemos siquiera vergüenza,
y si bien damos los buenos días,
es porque son de balde.
No respetamos ni al rey,
tampoco a la madre que lo parió,
y nos importa un bledo quién fue el padre que lo engendró,
y es que la vergüenza
se nos fue,
o se lo llevaron,
como todo,
los ladrones,
que, con la patria por bandera,
y la desvergüenza
de los hipócritas como dioses,
se llevan los pobres los sudores,
que caen
por los agujeros de nuestros bolsillos rotos.
Bien sé
que estoy loco,
no tanto como para reconocerlo,
o quizás estoy cuerdo,
lo suficiente como para saber que estoy loco.
No obstante,
las palabras levantan polvo
y lloran lágrimas,
tantas que pueden provocar inundaciones
y en medio de las más escandalosas tormentas
hacer germinan las semillas en los corazones,
calmando la sed
de los sedientos ruiseñores...
Y cuando se acaba el folio,
me quedan tantas palabras por escribir,
que sueño,
que son abejas que gritan
el sagrado nombre de la LIBERTAD.

©Paco Arenas

lunes, 1 de abril de 2019

¡Llueve!

Arco iris sobre Pinarejo


Llueve sobre Castilla, y amanece con las nubes despeinadas agitando sus largos cabellos sobre las flores marchitas y las ramas secas, por fin llueve limpiando los tejados, después de tanto tiempo esperando la lluvia.
Llueve, puede que solo agua, pero es abril, el mes de la libertad, también el mes en el que fue asesinada ¿quién sabe?

Llega la lluvia, la fuente de la vida por fin mana. Llueve sobre tierras abandonadas, olvidadas, deshabitadas de gente, también de risas, y si las hubiera, son risas melladas o tal vez postizas, rostros de miradas tristes, que solo sonríen unos meses de verano, si la risa fresca llega del asfalto a pisar por unos días el barro. Ojos que lloran con lágrimas secas de ver cómo su pueblo se morirá cuando cierren los ojos.

Llueve sobre tierras que a nadie, y al decir nadie, me refiero a legisladores,
que solo se acuerdan de ella cuando llegan las elecciones, para imponer miserable desvergüenza a politicastros ajenos a estas Tierras secas, abandonadas, ignoradas. 
Legisladores que desprecian a cada uno de sus votantes. Tierras vaciadas
que deben elegir como candidatos a gente que no saben el sabor de su pan, la frescura de su agua o la alegría que da su vino.
Llueve, y puede que sea tan solo agua.
Nos gustaría que fuera la lluvia que llevamos esperando más ochenta años
al calor de la lumbre..., llueve sobre la tierra seca.
Llueve y es abril...

©Paco Arenas




sábado, 2 de marzo de 2019

Soledad a ras de suelo


Necesito...
no te asustes,
ni te escondas detrás de la puerta,
tampoco te cambies de acera,
ni te eches mano a la cartera,
ni riegues el pavimento con candente alquitrán
para establecer la frontera
entre lo que yo necesito
y tú no me quieres dar;
aunque me veas llorar,
y por traje lleve harapos,
no necesito tu dinero,
tampoco lo que guardas como tesoro
y no te sirve para nada...
No huyas
ni me salgas por peteneras,
si te digo
que necesito una mirada,
no lastimera,
no quiero darte pena,
ni que te pongas en mi lugar,
sería mucho rogar,
solo quiero que tu mirada
se detenga
en quien te mira desde la acera,
que más que tu moneda
necesita un abrazo.
©Paco Arenas marzo 1987


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Bombas inteligentes


Bombas inteligentes

Dicen nuestros amados gobernantes
con sesudas consideraciones
que a mi juicio se escapan,
¿qué le vamos a hacer?
soy así de torpe,
que son bombas inteligentes,
las que siembran la tierra de cadáveres.
No debe faltarles razones
a quienes defienden el negocio de la muerte,
puesto que esas bombas
siempre matan inocentes palomas
y nunca carroñeros buitres,
mucho menos ambiciosos comisionistas.
En el desierto, esas bombas inteligentes,
solo se riega con la sangre de los inocentes,
nunca seca el agua de las piscinas,
solo las de las fuentes de los sedientos.
No, no es cuestión de mala suerte,
que una bomba te mate,
o que la onda expansiva reviente tus venas,
son bombas tan inteligentes
que nunca caen en los palacios reales,
y sí en las escuelas
o autobuses escolares;
sin embargo, vaya por Dios,
siempre de las mismas gentes,
ni un momento lo olvidemos,
son bombas inteligentes
que conocen bien el camino
que lleva a casa de los desarrapados.
No hay peligro para los traficantes,
Mucho menos para los comisionistas,
tampoco para los sumisos parlamentos
que se rasgan las vestiduras
si hay peligro de pierdan dineros
quienes en paraísos fiscales tienen las cuentas
con ensangrentados caudales.


©Paco Arenas

 Podéis leer los primeros capítulos de MAGDALENAS SIN AZÚCAR

Estoy a vuestra disposición en:
el correo electronico: fmlarenas@hotmail.com

 Podéis leer los primeros capítulos de MAGDALENAS SIN AZÚCAR

Mis otros libros:

Los manuscritos de Teresa Panza

Caricias rotas

Esperando la lluvia-Cuentos al calor de la lumbre




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