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viernes, 3 de febrero de 2023

El ladrón invisible (Un relato de ¿humor?)


Sigo ausente de las redes, pero hoy he querido haceros un regalo y aprovechar para decir que estoy bien. No me pasa nada malo. Al mismo tiempo agradecer que sigáis con mis libros en el candelero a pesar de mi ausencia. Espero que os guste el relato y me perdonéis. Estáis en mi corazón a pesar de la ausencia en las redes.



El ladrón invisible

 

—No puede ser, no puede ser —se lamenta Matilde ante la estantería del arroz del supermercado —¿has visto? A uno treinta el kilo…

 

—Ya lo veo, ¿qué quieres decir? —pregunta Manolo, su marido, que lleva el carro vacío.

 

—¿Pero no te das cuenta? Está a uno treinta, el de la marca blanca, que el de marca…

 

—¿El pasillo de la cerveza? —pregunta Manolo a una empleada del supermercado.

 

—¿Vienes un día conmigo al supermercado y ni me escuchas? Te estoy hablando, te digo que el arroz está a uno treinta el kilo…

 

—Hace falta, pues lo compras y ya está —se encojé él de hombros, haciendo el gesto de ir al pasillo de la bebida.

 

Matilde agarra a su marido del brazo de la parka.

 

—Necesitas un abrigo, pero este año no podrá ser —casi musita —¿me quieres escuchar?

 

—¡Qué pesada! ¿Qué quieres?

 

—Que te están robando la cartera y no te das cuenta… ¡Imbécil! —Termina gritándole, porque Manolo instintivamente se echa mano al bolsillo donde lleva la cartera.

 

—¿Quién, ¿quién, ¿quién…? —No cesa de decir, mirando para todos lados sin ver a nadie cerca.

 

—El dueño de Mercaroba, ¡imbécil! —le vuelve a insultar sin poder evitar una sonrisa amarga.

 

—Te estás pasando —protesta él.

 

—¿Por llamarte imbécil o por decir que Juan Hurtamas,  roba?

 

—Por las dos cosas.

 

—Es un señor que da trabajo a miles de personas.

 

—Y qué te está robando la cartera sin que te des cuenta…

 

—¿A mí? A mí no me roba nadie. ¡Menudo soy yo!

 

—Un imbécil, lo que yo te diga. ¿Tú sabes a cuánto estaba el arroz en el mes de abril del año pasado?

 

—No sé, eso son cosas de mujeres. Yo he venido porque últimamente siempre te olvidas de la cerveza. Supongo que más barato, todo sube, pero el gobierno, según escuché, bajó el IVA de los alimentos el mes pasado… —Manuel calla, porque Matilde se está desternillando de risa.

 

—¿Qué equipo va el primero en la liga? ¿Y el ultimo?  —le pregunta, parece que sin venir a cuento.

 

—El Barcelona el primero y el Elche el segundo…

 

—¿Quién metió los goles en el partido del Barcelona?

 

—¿Qué tiene que ver esto con lo que estamos hablando? Tienes unas tonterías…

 

—Tú dímelo.

 

    —Por el Barcelona Rapinha en el minuto 64 y Lewandowski en el minuto 81, el Betis no marcó ninguno, fue Koundé  en propia meta en el minuto  85 y te digo el Betis…

 

—Lo que te digo, sabes cosas que no te traen beneficio y no sabes lo que costaba el kilo de arroz en el mes de abril del año pasado, ni en el mes de diciembre, ni ahora…

 

—Ahora sí, uno treinta —cortó Manolo ofendido.

 

—Te lo digo, en Mercarroba, estaba a cero sesenta y nueve, en Consumroba a cero sesenta y siete, en Liderroba a cero setenta, en Alirroba a cero sesenta y siete, En Camporroba, lo mismo, en Carroroba a cero setenta y dos. En diciembre, todos, todos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, tenían el kilo a un euro justo…

 

—Pero el gobierno bajo el IVA, como debía haberlo bajado hacía tiempo, ya lo decía Frijoles…

 

—¡Imbécil! —Se echó a reír Matilde.

 

—Una torpeza del gobierno, cayó en la trampa de Frijoles y bajo el IVA, y lo único que consiguió fue que los ladrones robaran más —dijo cuando termino de reír.

 

—Sí bajo el IVA, debería estar a menos de un euro, ¿verdad? —Razonó Manuel dándose importancia.

 

—Sí. Exacto. El día dos de enero, cuando abrieron los supermercados, el arroz estaba a noventa y siete céntimos, el día siete de enero, en todos, pero en todos los supermercados, el mismo arroz que no llegaba a los setenta céntimos en abril, a un euro en diciembre, lo subían a uno treinta, casi el doble. El azúcar, lo mismo, la harina, el pescado, la fruta y la verdura, me entra sudores cuando me paso por las estanterías…, por suerte en las fruterías de barrio está más barato, aunque a veces…

 

—¿La cerveza también?

 

—No lo sé. Ya sabes que últimamente siempre me olvido de comprar…Mejor dicho, no me llega y es porque te están robando la cartera y no te das ni cuenta…

 

—Como se arrime a mí alguien a tocarme la cartera, le arreo un soplamocos que da palamas con las orejas…

 

Los altavoces del supermercado interrumpen el canto de las ofertas para anunciar que don Juan Hurtamás hace entrada en el centro para inaugurar la sección de comida preparada.

 

—Ahí lo tienes. Ahí tienes a quien te está robando la cartera.

 

Manolo camina decidido en dirección al dueño de la cadena de supermercados. Matilde, pone cara de preocupación, pero se siente orgullosa de su marido. Seguro que va a cantar las cuarenta a aquel sinvergüenza ladrón. Los guardaespaldas del magnate lo detienen antes de llegar. Manolo junta las manos, como si estuviera rezando, dice algo que Matilde no llega a oír. Ve como los sicarios del magnate le dejan pasar y este estrecha la mano de Manolo efusivamente, mientras que él le dice:

 

—Don Juan, hombres como usted son los que hace falta en España.

 

Cuando Manolo se vuelve orgulloso de haber estrechado la mano a Juan Hurtamás, se encuentra con el carro vacío donde antes estaba Matilde.

—¡Copón! ¡Qué cara! ¿Dónde vamos a ir a parar?



Dejo el carro y se fue al bar, donde pagó la cerveza aún más cara, pero se la tomó saboreando el momento en el que estrechó la mano de un gran hombre como era don Juan Hurtamás.



P.D. Los personajes que aparecen en el relato son ficción propia de la calenturienta imaginación del autor.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia...O no.



©Paco Arenas, 3 de febrero de 2023

© Lágrimas secas

 

lunes, 30 de julio de 2018

La noticia más importante y el extraterrestre




En mi lejana juventud, no recuerdo en qué novela, leí esta historia ambientada en un país imaginario que bien podría tener semejanzas con la España de finales de los años veinte del pasado siglo, cuando reinaba Alfonso XIII. Recuerdo que fue un regalo de mi tío Auspicio.
 Me vais a perdonar mi buena o mala memoria, puesto que escribo sirviéndome de ella y la suelo tener bastante dispersa, así que puede ser tan inventada como recordada.
Más o menos era así:
En aquellos años del siglo XX un marciano aterrizaba a las afueras de un barrio de la capital de aquel país. Su intención era comprobar el funcionamiento de gobierno en la Tierra, puesto que en Marte tenían por entonces algunas deficiencias.  Si bien es cierto que sabía que no estaba en el país adecuado, las baterías de solares se le habían agotado y precisaban de al menos un día tendidas y puestas al sol para recargarse.
 El marciano en cuestión tenía ciertos poderes, como tomar el aspecto de la primera persona que viera pasar por su lado, eso sí, no podía hacerlo cada vez que quisiera, sino cada veinticuatro horas marcianas. No siendo ese su mayor poder, o al menos el más práctico, podía ver a través de las paredes.
En una de las viviendas vio a un hombre acicalándose delante del espejo con un traje gris, le pareció elegante y tomo su forma, arrepintiéndose casi al instante al ver salir de la cama a una terrícola, que hasta despeinada y con legañas le pareció hermosa. No había vuelta atrás, al día siguiente tomaría forma femenina.
Vestido con su traje gris, muy usado y gastado para su gusto, se encaminó a la parada del taxi más cercana, también tenía esa cualidad de buscar servicios, como la de multiplicar el dinero, innecesario en Marte, pero imprescindible en la Tierra.  Sacó la cartera, y tenía solo dos billetes de peseta, dos reales y cuatro perrasgordas, se percató que eso era muy poco y multiplicó las cantidades, pero claro, de acuerdo a lo que llevaba, fueron veintidós billetes de peseta, un duro y dos reales, pero en veintidós monedas de real, y dos pesetas con veinte céntimos en moneda de perragorda. Llena cartera y bolsillos
—Buen hombre, ¿me llevaría usted al lugar donde mejor vivan de este planeta…
—¿De dónde viene usted? —preguntó el taxista, que al ver como aquel hombre con pinta de dependiente de comercio sacaba la tarjeta y le entregaba diez pesetas, se apresuró a abrirle la puerta del coche sin preguntar; aunque pensando:  —Ni que viniera de Marte ¿De Marte acaso? ¡Copón!
—¿Hay bastante? —preguntó el marciano.
—Co eso lo llevo gasta Pinarejo ida y vuelta. ¿Dónde quiere ir usted?
—A donde mejor vivan en este país.
—Eso está claro. Al Palacio Real, nadie vive mejor que el rey y su familia, que viven a cuerpo de rey, nunca mejor dicho. Pero hoy inauguran el mejor restaurante de la capital, al cual están invitados quienes mejor viven del reino.
Durante el trayecto el taxista le fue dando conversación a tan esplendido dependiente, tan desprendido en el pago.  Muy contento iba el marciano de ver que había contratado al taxista adecuado, que conocía los entresijos del país al dedillo, o al menos eso parecía.   Mucho más contento el taxista, que ya tenía en su bolsillo el sueldo de todo el día sin apenas haber comenzado la carrera.
El taxi se detuvo frente aquel afamado restaurante que terminaban de inaugurar. Ya había comenzado a entrar gente elegante con cara de satisfacción y aspecto de estar muy bien alimentada, con trajes bien planchados y aspecto de ser nuevos, no como el de él que llevaba algún remiendo que otro y los puños y cuellos de la chaqueta desgastados. Mientras que ellas engalanadas con vistosos vestidos y joyas, con máscaras de maquillaje que al marciano le parecieron ridículas. Ellas y ellos hablaban de naderías y de algo que llamaban arte y cultura, un arte desconocido para el marciano, por lo cual preguntó al taxista.
—Eso no es arte ni cultura, es tortura, meten a criaturas en una plaza, miré usted —señalando una plaza de toros, y pensando «habla como uno de Cuenca, pero parece extranjero, está en Babia, hace unas preguntas tan tontas» — y allí primero les clavan banderillas afiladas, cuando tienen al animal agonizante, un torero vestido con un ridículo disfraz de luces, lo tortura hasta matarlo…
—¿Así se divierten? —Preguntó, pero pensó «¿Me he equivocado de siglo? He llegado a la Roma de principios de la era cristiana.
—Mucha gente, ellos en los palcos a la sombra, y a los pobres que les gusta esa salvajada al sol, con eso los distraen y no piensan. ¿A usted no le gustaran los toros…? ¿verdad?
El marciano negó con la cabeza, y el taxista, le explicó cosas referentes a los toros, el circo y el pan, tampoco se adentró mucho en la cuestión, puesto que el marciano por las mesas comenzaron a aparecer manjares que nadie tocaba, como si esperaran a alguien.  Se quedó anonadado y se dispuso a regresar a su planeta dispuesto a informar del magnífico sistema de gobierno que había en la tierra, y más concretamente en aquel Reino, con excepción de esa salvajada a la que llamaban cultura, cuando en realidad era tortura.
Quienes entraban en el restaurante se iban sentando en sillas alrededor de las mesas. El marciano estaba anonadado ante tal despliegue de comida que, como ya he dicho, nadie tocaba a pesar de lo suculentas que eran las viandas.
«Con lo que hay en una mesa a buen seguro de que en mi planeta comerían, más de cien personas, y a buen seguro, que ya habrían comenzado a comer, siendo que están todas las mesas ocupadas menos una.»
  Entonces se fijó en una docena de limpiabotas que con ropa humilde y una maleta de madera entraban en el restaurante y se ponían en cuclillas ante elegantes señores, comenzando a sacar lustre a los zapatos de los futuros comensales a cambio de unas perrillas, que algunos en lugar de dárselas en la mano, las tiraban al suelo entre risas de quienes estaban sentados, incluso algunos, sin que les limpiasen los zapatos tiraban monedas al suelo. No solo perrillas, también algunas croquetas para que, como perros, fueran tras ellas los limpiabotas.  El marciano se enfureció ante lo que estaba pasando, a pesar de ser un ser pacífico. Entonces quiso comprobar si eso le ocurría solo a él y los terrestres sentían igual de indignación, y le dio esa posibilidad ver también a través de las paredes al taxista y así comprobar  su reacción.  

Vieron en los fogones sudorosos cocineros y pinches preparaban la comida soportando los gritos desaforados del dueño del restaurante, mientras que unas mujeres, con las manos comidas por los detergentes, lejías y estropajos, con gesto dolorido, por culpa del dolor de riñones, fregaban los pocos platos que comenzaban a llegar con comida, y sin apenas tocarla iban a la basura directamente. El marciano se extrañó de tal desperdicio, puesto que, según sus noticias en ese país la gente pasaba hambre y necesidades. Mientras que el taxista se relamía:
—Madre del amor de Dios, que gambas, que cigalas, jamoncico del bueno…si mis hijos lo pillaran…
—Dime, buen hombre, quiénes son esa gente que hay dentro, capaz de hacer lo que están haciendo…
—¿Quiénes van a ser? Los que no pegan un palo al agua, las garrapatas —dijo guasón el taxista, mirando como un plato de croquetas era echado a la basura.
—No entiendo lo que quieres decir, ¿no son personas, son garrapatas capaces de adaptar su apariencia a la humana…, ahora lo comprendo —dijo encogiéndose de hombros el marciano que había adoptado bien los gestos y forma humanos.
El taxista lo miro ahora como diciendo:
«Este tío está majara perdido»
Sin embargo, dijo:
—Pues quienes no trabajan. Son personas que tienen la misma función en la sociedad que las garrapatas, vivir como parásitos de los demás.  
—¿Y vuestros gobernantes y dirigentes no dicen nada? ¿Vosotros no protestáis?
—Nuestros dirigentes son también garrapatas — señalando a uno —. Miré, ese es el primer ministro, abogado, notario, diplomático, registrador de la propiedad…
—Tiene mucho mérito, debe ser muy inteligente, habrá tenido que estudiar mucho para conseguir tantos títulos académicos…
—No hombre no, a los que mandan, en las universidades, a cambio de subvenciones y nombramientos, en este país los títulos se los regalan…, mientras que a los hijos de los pobres no nos dejan estudiar o nos ponen unas tasas universitarias que la mayoría no podemos pagar, a no ser que dejemos de comer…
En ese momento llegó en un coche con banderines y escolta, cierto personaje no muy agraciado y con una nariz que de haber sido pescador no habría necesitado caña, que, al entrar, todos los comensales se levantaron y le hicieron la reverencia con baboseo evidente, tanto que el personaje estuvo a punto de resbalar de mojado que estaba el suelo.
—¿Y ese otro al que todos hacen la reverencia?  —preguntó el marciano señalando al individuo en cuestión.
—Ese el parásito mayor del Reino, la garrapata padre, el más ladrón, el más putero y sinvergüenza, quien nunca ha trabajado en su vida, ni él ni ninguno de sus ancestros, quien vive como una garrapata desde antes de nacer...
—Pero debe ser muy inteligente para que todos le rindan pleitesía…
—¡Qué va! A ese el título se lo regalan por haber nacido de un determinado coño, no necesita ningún otro título o saber. Aunque fuese el más torpe del mundo, se elogiaría su sabiduría, si fuese, que lo es el más ladrón del reino, se alabaría su honradez, se le considera el más casto y puro a pesar de que es el más putero, putas que pagamos todos…
—¿Y los tribunales de justicia no actúan, el pueblo no actúa?
—Los tribunales sí, a quien lo critica lo meten en la cárcel, a él, aunque robe, mate, prostituya o deje hijos abandonados en cada esquina, no le pasará nada, su persona jurídicamente es inviolable…
—Pero al menos, si las garrapatas, si quiénes no trabajan viven así… ¿cómo viven quienes trabajan? —preguntó con gran asombro el marciano.
—Espere usted un poco, y lo podrá comprobar.
—Vamos dentro y tomamos algo, yo convido —dijo el marciano, sacando el resto de los billetes.
—Con ese aspecto de dependiente de comercio, y con mi uniforme de faena no nos dejaran entrar —se rio el taxista.
Tal y conforme dijo, así fue, no les dejaron entrar.
 De inmediato, casi a empujones, fueron expulsados los limpiabotas. Curiosamente ninguno se marchó a su casa, sino que espero en las cercanías.  El marciano pudo comprobar, que ahora en masa, algunos platos llenos de sabrosos manjares eran arrojados a la basura. Cuando estuvo el cubo lleno, dos pinches sacaron el cubo de basura a la calle, de inmediato la media docena de limpiabotas se abalanzaron a rebuscar en cubo, casi pegándose entre ellos, que comenzaban a guardar comida en un apartado del maletín de limpiabotas, al tiempo que de vez en cuando no podían evitar llevarse una porción de comida a la boca. 
—Así viven quienes trabajan en este reino…
Al marciano salió corriendo hasta su platillo volante y creo que ya no se le ha vuelto a ver.

Así como ese marciano me he encontrado yo hoy al poner el telediario después de una semana sin ver la tele. Lo último que vi fueron las noticias sobre un tal Juan Carlos de Borbón, con ciertas semejanzas más que evidentes con sus ancestros (quien a los suyos se parece honra merece, dicen en mi tierra).  La noticia principal con la que abrían el noticiario, era que el hijo del heredero del dictador, estaba de vacaciones en Mallorca y que su hija, había pronunciado sus dos primeras palabras.  Como a los quince minutos todavía continuaban con babeante murga los locutores, ante el riesgo de que se me inundase la casa de babas, he apagado el televisor, con la pena de no tener un platillo volante y escapar de este podrido reino que babea sumiso, sin importarle que quien vive lo público esté exento de rendir cuentas ante la justicia, porque así deciden babeantes siervos.

 ©Paco Arenas

©Lágrimas secas

sábado, 24 de febrero de 2018

Entrevista de trabajo(un caso real)

La verdad sale del pozo (1898), Édouard debat-Ponsan


Este relato real como la vida misma, tuvo lugar en un país de nombre Cleptolandia,[1] donde el latrocinio por parte de los gobernantes es generalizado y donde la verdad se oculta tras burdos eufemismos.  Afortunadamente en España estas cosas no suceden, tenemos una ley laboral justa y avanzada, nuestros gobernantes y todas las instituciones del Estado, y las empresas, son un ejemplo de eficacia, honradez y dedicación a los ciudadanos, y, sobre todo, España es una país socialmente avanzado y muy democrático, no hay peligro de que estos abusos se lleven a cabo.


A continuación, el relato:

Mientras corta una cebolla Marta llora, y no es por la cebolla. Una carrera, dos masters y un sinfín de cursos y cursillos para enfrentarse a la desolación.  Le queman las palabras, la vida cotidiana, el a sus veinticuatro años sentir que tanto sacrificio no ha servido de nada. Quisiera huir de este país al que un día quiso o creyó sentirse orgullosa de pertenecer. Le sonaba como algo lejano eso que decían que los gobernantes habían robado por encima de las posibilidades del pueblo, aunque ellos dijesen que había sido el pueblo quien había vivido por encima de sus posibilidades.

Marta, echa la cebolla al aceite, está cabreada consigo misma, unas gotas de aceite caliente la saltan sobre el envés de la mano, cierra los ojos de dolor, y de inmediato pone la mano sobre el frío manar del grifo. No le duelen las quemaduras, no siente el frescor del agua, todavía tiene en mente la última entrevista de trabajo.

Tanto estudiar, tantos trabajos de becaria, ¿para qué? ¿para coger formación? Ahora comprende a su padre cuando le decía que la reforma laboral era una reforma criminal contra la gente honrada.  Estando todavía en la Universidad estuvo de becaria seis meses, trabajando como una más. Contenta, estaba aprendiendo, trabajando ocho, nueve horas y días de diez horas, no por un mísero jornal, gratis, por la comida, que hasta el transporte se tenía que pagar.

Después realizó dos masters, y multitud de cursillos.

Pago por un master, seis meses de becaria, pagar por trabajar…

—Así cojo experiencia.

Así comenzó a caminar por la calle de la frustración, de trabajo en trabajo, tampoco muchos, porque al terminar de trabajar, gratis, otro becario o becaria ocupaba su lugar. En las entrevistas de trabajo pronto decían:

—Estás sobre cualificada, ¿querrás cobrar?  Lo siento, queremos personas con las que podamos firmar convenio con la universidad…

Así una y otra vez. Se había transformado en una viajera ausente de sí misma, camino de un exilio en otros países: Inglaterra, Alemania…, cualquier sitio menos en España, donde la esperanza estaba secuestrada.

Se secó las manos, untó pomada contra las quemaduras.

—Las quemaduras es lo que menos escuecen —murmuro con rabia recordando la última entrevista:

—¿Cuántos años tienes?

—Veinticuatro.

—Pareces más joven. No sé —le dijo el  entrevistador mirándola con descaro.

—Tengo veinticuatro —insistió molesta.

—No, sí ya lo veo, ya lo veo. Eres muy guapa, supongo que tendrás pareja, novio…

—Vengo por el trabajo —cortó al entrevistador.


—Ya, ya. Pero es importante para la empresa saber esas cosas, por si te piensas quedar embarazada y tener hijos…es que, sabes, ya tienes una edad. No sé si te interesa este trabajo…—respondió altanero el entrevistador, dándose cuenta de que aquella muchacha tenía las cosas claras y no iba a entrar en su juego.

—Dígame las condiciones y ya le diré si me interesa o no el trabajo.

—No te interesan, ya te digo que no te interesan. Carrera, dos masters, inglés fluido…experiencia en el sector…

—Es lo que piden ¿no? En la convocatoria decían eso, persona cualificada…

—Sí, sí claro, pero vamos a ver, tienes casi veinticinco años, ¿querrás cobrar más de trescientos euros?

—¿Trescientos?

—Sí. Aquí lo hacemos de la siguiente manera. Seis meses de becaria o becario, a trescientos euros, si no tienes convenio con la Universidad, te podemos ofrecer un master por el que pagarías setecientos euros al mes, tendrías que pagar solo cuatrocientos. Eso sí, a los seis meses, te haríamos un contrato en prácticas de un año, cobrando setecientos euros al mes…

Marta dudo, quiso saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar aquel malnacido.
—Bien. ¿Cuántas horas tendría que trabajar?

—¿Te interesa?

—Dígame más.

—Serían seis horas de jornada laboral, más tres o cuatro horas del master, total trabajarías unas diez horas diarias, solo pagando cuatrocientos euros al mes…

—Y luego, cobraría setecientos euros al mes durante un año. ¿Y después del año?

—Después del año, ya veríamos, si nos interesases cobrarías como una persona normal…
—¿Sí les interesase?  En año y medio podrían comprobar bien si les intereso o no ¿no?

—Debes pensar que no somos una ONG, sino una empresa. Si por el mismo trabajo podemos pagar setecientos no vamos a pagar mil cuatrocientos…sería estúpido por nuestra parte… ¿Te interesa?

Marta dudó si mandarlo a la mierda o no. Se levantó y recordó una frase que alguien escribió:

«Cuando los ladrones gobiernan, ser honrado es un delito»

Salió y miró a dos docenas de chicos y chicas esperando para ser entrevistados.

Al llegar a su casa, mientras preparaba los espaguetis con cebolla y tomate, una política que nunca había dado un palo al agua y que cobraba siete mil euros al mes por jugar al Candy Crash, vaguear y dormir la siesta en el Congreso de los diputados aconsejaba a los jóvenes que ahorrasen dos eurillos al mes para su jubilación…

La cebolla no es lo que le hizo llorar, las quemaduras no fue lo que más le escoció, fue pensar que:
«Cuando los ladrones gobiernan, ser honrado es un delito»

©Paco Arenas
©Lágrimas secas

Pintura La verdad sale del pozo (1898), Édouard debat-Ponsan

lunes, 8 de enero de 2018

No te lo perdonaré jamás, jamás, jamás…



Carmena la ha vuelto a liar,  ante la indignación de  garrapatas y parásitos de dos patas  de diverso pelaje vuelve a llenar con niños en riesgo de exclusión social el palco VIP de la cabalgata .

En un rincón del amplio salón un gran árbol de Navidad, que llega hasta el techo, con adornos de algodón cosidos con hilos dorados de auténtico oro, no en vano, el marido de la marquesa de Garrapata lleva en el Ministerio de Fomento muchos años cobrando comisiones del 3% y más. Un compresor eléctrico y silencioso fabrica muñecos de nieve, que se funden al contacto con las luces de led, para de nuevo volver a caer sobre árbol y regalos de manera constante. Unas lámparas proyectan sobre el salón motivos navideños, plasmando el espíritu navideño por todo el salón, que junto con una decoración exquisita y la calefacción excesivamente alta podemos darnos cuenta que estamos en la casa de personas con posibles, donde el lujo está estudiado hasta el más mínimo detalle, sin dejar nada a la improvisación, no en vano Cayetana, Marquesa de Garrapata, pertenece a la más alta nobleza española, entroncada con los grandes de España y con la mismísima Casa Real.

  De fondo se escuchan villancicos de Raphael, y risas de niños, que están en el cuarto de juegos.   Vemos a Cayetana, Marquesa de  Garrapata vestida con un espléndido vestido de Victorio y Luchino de color rosa pálido con tonos azules cielo, muy elegante con transparencias que dejan ver una también muy elegante ropa interior a juego con el vestido. La marquesa de Garrapata en teoría debería estar impregnada por el ambiente navideño que hay en toda la casa, por lo bien que le va la vida al menos en apariencia, sin embargo  Parece nerviosa, se encuentra revisando unos papeles que hay sobre la mesa; pero no encuentra los que busca.

— ¡Ambrosio! – Grita la señora marquesa llamando a su mayordomo.

Este acude solícito y sumiso, sabe que la señora marquesa tiene muy malas pulgas y qué anda resabiada porque en los últimos meses su marido, el Marqués consorte no le hace el amor todo los que ella necesita, y hay comentarios, incluso ha llegado a hacerse eco la prensa de las vísceras, que anda liado con una guapa modelo .20 años menor que él. Doña Cayetana no quiere creerlo, ella es todavía muy hermosa, aunque es preciso aclarar que ya ha pasado por el quirófano en unas cuantas ocasiones, desde caderas, celulitis, pecho, papada labios, cejas y orejas de soplillo, todo su cuerpo y facciones han sido retocadas, no siempre con alegres resultados, pero el dinero esas menudencias las soluciona de manera rápida y efectiva.  Pero la señora marquesa de Garrapata está espléndida porque ella tiene mucha clase, como corresponde su  alto linaje y buena alimentación.   

—Dígame la señora marquesa…

—¿No se supone que deberías  tener ya listas las credenciales para el palco VIP de la cabalgata de Reyes?

— Sí, señora marquesa,  le dije al señor marques que este año me han contestado del Ayuntamiento que no hay zona vip, ni palco, ni  siquiera sillas.

—¡Por Dios y la Virgen! —Suspirando profundamente, como si se estuviese ahogando en un acto supremo de intentar mantener la calma —Si acabó de pasar por Cibeles y ya están montado los palcos. Hay tres camiones descargando sillas…

 —En el ayuntamiento me han dicho que este año no había invitaciones para el palco VIP. Bueno en realidad, me han dicho que no habrá invitaciones para quienes han estado estos años en el palco VIP…


—¿Cómo? —Grita histérica la marquesa - Esto no me puede estar pasando a mí. ¿Has hablado con la señora marquesa de Mamandurrias? Ella ganó las elecciones…

—Sí, señora. Recordará usted que a pesar de ello fue elegida Manuela Carmena. La señora marquesa de Mamandurrias es la jefa de la oposición...

—Pacto de perdedores… ¿pero has hablado con ella? Algo podrá hacer, mi Cayetanita no puede quedarse sin que le entregue Gaspar el regalo en el palco VIP,  no me perdonaría en la vida. Siempre se han acercado los Reyes magos a repartir los regalos al palco de la gente decente…, desde que nació ha sido así, no se pueden cambiar las tradiciones de la noche a la mañana…

—Este año, según me han dicho en el ayuntamiento el palco vip y las sillas vip serán ocupadas por personas especiales…

—¿Cómo? ¿ Más  especiales que nosotros, la flor y nata de la sociedad madrileña?

—Personas especiales —titubea el mayordomo —especiales... ¿Me entiende usted, señora? Duda el mayordomo – como mi hija Almudena…

—Acabemos, subnormales. —Corta en seco la señora marquesa, suspirando nuevamente, alzando los brazos al cielo. —¡Dios!¡Dios! y que te redios…a los subnormales ahora les llaman…

—Especiales, señora, especiales…, son personas especiales

Subnormales, de toda la vida de Dios ¿Para qué coño quiere estar una subnormal como tu hija en el palco de la gente importante…?

—A mi hija también le hace ilusión señora..., nunca la hemos podido llevar, con la silla de ruedas, nunca la hemos podido llevar porque los palcos y las sillas estaban delante y este año…

— ¿O SEA, QUE VA A ESTAR TU HIJA?

—Sí, creo que sí…

— ¿Y TÚ LO SABÍAS?

—No señora, bueno sí, un poco...

—Sí o no, ¿cómo quedamos?

—Señora, madrugo mucho para llevar a su señor esposo a Azuqueca,después vengo y llevo a la niña  al colegio del Pilar, a continuación la recojo a usted para llevarla al centro de belleza…y por la noche lo mismo… llegó a casa dormido…

—No, no, no y no. No digas nada. Está claro, estamos manteniendo a un vago bolivariano… Sólo hace falta que me digas que has votado a la impresentable despeinada de Carmena…

—No señora, no pude ir a votar, estuve todo el día a su servicio…

—Mejor. A saber, a quién hubieses votado. Los pobres sois unos ignorantes…¡Ah! otra cosa, mi hija tiene que estar en el palco VIP, así que tú verás cómo te las apañas, utiliza tus contactos bolcheviques o bolivarianos…; pero sí o sí,  mi hija tiene que estar en el palco vip, como todos los años…

—No puede ser señora, mi hija es especial, la suya VIP, este año los palcos son para la gente VIS (Very important Specials) y mi hija es una persona muy especial y yo estaré con ella.

—Pues va a ser que no, nos tienes que llevar a la cabalgata…al palco VIP o VIS ¡Dios, que ordinariez!  O te quedas sin trabajo, pasado mañana…

Ambrosio, parece que duda, se ajusta la corbata, nota que le falta el aire, la marquesa de garrapata sonríe segura de su triunfo. El mayordomo echa mano al bolsillo y saca un pañuelo, se seca el sudor, a pesar de ser pleno invierno, el salón y toda la casa tiene la temperatura perfecta controlada de manera domótica en la temperatura ideal de 23 grados.  Ambrosio suda, se limpia el sudor y guarda el pañuelo, saca ahora la cartera, de la misma extrae tres boletos, los mira fijamente, mira a la señora marquesa, que ya está con la mano extendida, se los enseña y los vuelve a introducir en la cartera.   Se quita el delantal y lo dobla muy cuidadosamente. Se acerca a la marquesa que todavía no ha salido de su sorpresa y se lo entrega en mano.

—Tranquila, no es necesario. Me voy yo ahora…, asuntos propios, pasado mañana volveré a trabajar…

—No puedes, me tienes que llevar al gimn..., tengo fitness..., no te pienso despedir hasta pasado mañana…

—Disculpe señora, se me olvidaba — le corta el mayordomo, sacando las llaves del coche del bolsillo —aquí tiene las llaves del Jaguar de la Gürtel, y también estas, son del Testa Rosa, lo suele llevar la amante de su marido.

— ¡QUE! ¿CÓMO TE ATREVES?

—Pues eso, que está usted mal folla y por eso le gusta joder. ¡Buenas tardes! Pasado mañana regreso a trabajar, y con aumento de sueldo, sino del mismo modo que usted ya sabe que su marido folla con otra, se sabrán otras cosas…

—Que no he cogido el coche desde que…

—Desde que se sacó el carné, ya lo sé, y no es que se lo sacase, que se lo dieron porque el director de la autoescuela se lo regalo a cambio de una concesión a su cuñado...y algún favorcillo suyo...ya sabe, pasado mañana quiero aumento de sueldo.

—¡Populista!

Ambrosio se encoge de hombros y sale por la puerta, dejando a la señora marquesa de Garrapata muy alterada. Con su hija y unas amiguitas mirando la escena con los ojos abiertos como platos.

—Impresentables populistas, utilizan a los niños  sub... para ganar votos...

Día 5 por la tarde, día de Reyes. Los palcos que antes eran VIP (Very Important Parasites), han pasado a ser VIS (Very Special People). Y por supuesto son ocupados por niños especiales se sientan en los palcos y sillas vip y primera fila aquellos que de otro modo no podrían asistir a la cabalgata de Reyes, acompañados de sus padres.  A unos metros, entre una inmensa multitud de gentes apelotonadas, junto con la gente que todos los años acude a la cabalgata, podemos ver gente que antes ocupaba los antiguos palcos VIP y las 1800 sillas dispuestas para la llamada hasta entonces gente VIP. Todos apretujados, unos contra otros pugnan por situarse en las primeras filas, han conseguido que al menos la delegación del Gobierno habilite una zona protegida por la policía nacional, para que además de haber perdido el privilegio del palco VIP (Very Important Parasites) no se vean obligados a mezclarse con lo que ellos llaman la gente ordinaria. Pero el espacio es reducido, para lo que están acostumbrados y los codazos, pisotones y empujones se reproducen por doquier, intentando sacar la cabeza entre la multitud.  Se escuchan maldiciones impropias de personas que se consideran a sí mismas de muy buena educación, la flor y nata de la sociedad madrileña, que ha estudiado en los mejores colegios y universidades del mundo, sin embargo los insultos y la bajezas a la hora de posicionarse no son las que se ven frente a ellos, donde se encuentran las capas populares de Madrid, una mezcolanza multiétnica, acostumbrados de toda la vida a esas aglomeraciones, pero ellos no están acostumbrados y se nota. 

La señora marquesa de Garrapata y su hija, que no están acostumbradas a los codazos, pisotones y puñetazos de la gente VIP, están relegadas a los últimos de la fila. Justo cuando va a pasar el rey Gaspar, un hombre sube a una niña a sus hombros, con lo cual evita toda posibilidad de que la señora marquesa y su hija puedan ver a Gaspar y el resto de los Reyes Magos. Por encima del griterío y de los gritos de júbilo de los niños que sí pueden ver a los Reyes Magos, se escucha la voz de pito de la señora marquesa de Garrapata:

—Imbécil, baje a esa cría de los hombros, ¿no ve que no deja ver a mi hija?

El aludido se gira ligeramente, dejando ver sus ojos saltones y su ridículo bigote hitleriano, reconoce a la señora marquesa, siempre la tuvo a su lado en palco VIP. La marquesa palidece…

—Perdón, perdón, señor presidente, perdone usted, a sus pies.

—Mamá, no puedo ver a Gaspar, me prometiste que lo vería. No te lo perdonaré jamás, jamás, jamás…

"Advertencia":

Los hechos y personajes que aparecen son ficticios, cualquier similitud la realidad es pura coincidencia. Sin embargo, aquellos seres humanos, parásitos o garrapatas que se sientan identificados tienen plena libertad de adoptar personalidades y actitudes descritas en este relato."


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