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martes, 7 de noviembre de 2017

Llanto por Laura y Marina


Laura y Marina

En la casa de Laura
 ya no habita la alegría,
se marchó de la mano de Marina
 una tarde clara de verano
de brisa fresca.
Nunca en verano
se helaron tantas risas,
como aquel seis de agosto
en la Ciudad Encantada de Cuenca.
Reían sin temor las dos amigas
al cruzar el puente de San Pablo
rompiendo el silencio del agua
sin pensar que el cuervo negro acecha
con siniestra amenaza la risa fresca
de Laura y Marina.
Se congelaron las cascadas,
se apagaron las estrellas aquella noche,
silbo el viento la rabia,
ante aquella marcha sin despedida,
sin un beso, sin una palabra de consuelo
Para las madres que esperan en la mañana.
Lloran los párpados de la Ciudad Encantada,
Las risueñas cascadas de la Palomera
envolviendo la belleza
lloran de pena,
quebrantan el dulce lecho,
 a la luz de la luna,
 manos cobardes.
¿Cómo cantar el hecho?
Si solo con pensarlo estallan las venas de dolor.
No hay consuelo por la sentencia,
si ya no escucharemos su risa fresca.
Triste aquel seis de agosto
en que se helaron las risas
 en  la Ciudad Encantada de Cuenca.






lunes, 6 de noviembre de 2017

Plumas amordazadas



Quisiera olvidarme
que la palabra se ahoga
tras los barrotes,
siendo viento, lluvia, agua,
la quieren presa,
con grilletes y cadenas,
enjaulada cual jilguero
que tras las rejas
llora sus penas.

Quisiera olvidar todo,
gritar la verdad
sin la mordaza de la ley violadora
de libertades,
sin miedo a sentir
las frías piedras de la prisión
bajo mis pies.
No quiero libertad en simulado, ni en diferido,
Quiero, amigos míos,
Libertad sin más apellidos.

Quisiera olvidarme de todo,
de las blasfemias simuladas
de apariencia diferida.
Escupir a la cara
a quienes se visten de patriotas
envueltos en banderas,
su verdadero nombre:
traidores,
ladrones.

Quisiera olvidar lo vivido,
cerrar los ojos y no ver al pobre
lamer sus heridas,
como un perro
lame la mano del amo
aprisiona su garganta,
que cuando no le sirve
lo cuelga en un árbol.

Quisiera olvidarme de todo,
como si todo lo vivido fuese un sueño,
que al despertar se esfumase
envuelto entre sudadas las sábanas,
después de hacer el amor.
Olvidar la amenaza de los miserables,
que hacen de sus pestilentes calzoncillos,
o bragas,
su bandera,
y desde sus despachos enmoquetados,
nos mandan a la guerra.

Quisiera gritar,
aplastar con mi pie
los infames parásitos
que chupan la sangre del pueblo,
que, en nombre de la libertad, la justicia, la democracia,
nos roban el pan, la libertad, la justicia, la democracia…
Y lo que es peor, amigos míos...
La dignidad.

©Paco Arenas
©Diario de un disidente


jueves, 2 de noviembre de 2017

Silla rota



Triste espera la de un pueblo sentado en una silla rota,
de enea deshilachada,
con los ojos cerrados,
sordo e indiferente ante los gritos
del niño que llora
ante la teta enjuta
de la madre dolorida
que aprieta los dedos
mientras sangran sus pupilas.

Triste espera la de un pueblo sentado en una silla rota,
de enea deshilachada,
que no se tumba en mansa sombra
porque hasta la cama le han robado.
Dormir, dormir,
que las lágrimas de vuestros hijos
os despertaran al llegar el crepúsculo.
Juventud, divino tesoro,
los veis marchar para no volver.
Buscan un futuro
Que les roban ante vuestros ojos.

Triste espera la de un pueblo sentado en una silla rota,
de enea deshilachada,
Tal vez esa silla heredada
de vuestros abuelos,
sea lo único que recuerda aquella furia española
que tanto hacían gala generaciones pretéritas.
Ahora, esa silla rota, que no abandonada,
está ocupada por glúteos complacientes
que temen moverse para no caerse al suelo.
Olvidan, malditos amnésicos,
que terminarán triturados por el rotavator de la codicia.

Triste espera la de un pueblo sentado en una silla rota,
de enea deshilachada,
y aplaude con sumisa devoción
a esos que hasta la dignidad les han robado,
que le animan a defender una bandera,
la misma que utilizan esos ladrones para tapar lo saqueado.
No, no os levantéis,
no vaya a ser que lo único que os queda digno,
la silla rota de vuestros abuelos,
os la roben también
y tengáis que limpiar vuestras lágrimas con un trapo.


lunes, 23 de octubre de 2017

Volverán los oscuros aguiluchos



Volverán los oscuros aguiluchos
en tu balcón sus banderas a colgar,
y otra vez con sus balas los cristales

disparando romperán.
Pero aquellas libertades 
que nos hacían soñar,
esas… ¡no volverán!
Volverán las grises épocas 
por nuestras vidas a escalar, 
y otra vez las heridas se abrirán 
vistiendo las tapias
de rojo rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…

Me declaro disidente ¿y tú?




Me declaro disidente,
el patrioterismo nacionalista me abruma,
tanta sinrazón bajo el sol,
tapando la inmundicia
con una bandera,
al fin y al cabo, un trapo.

Me declaro disidente,
no de la gente,
no de la patria,
sí del ladrón,
del tirano corrupto,
del rey indolente.

Me declaro disidente,
sin coger el camino del exilio,
pagando el tributo al Cesar,
sabiendo de antemano
que una buena tajada
ira a las cuentas del tirano.

Me declaro disidente,
de las garras de los opresores,
de quienes apuntan con sus fusiles
al corazón de las gentes,
de quienes con sus porras
amordazan la sagrada voz de la libertad.

Me declaro disidente,
de los traidores,
de los falsos profetas,
de quienes prometieron derrocar al tirano,
y ahora lo hacen más fuerte,
traicionando a la gente.

Me declaro disidente,
Si amigos, me declaro disidente,
No del pueblo,
No de la gente,
Sí no de este régimen pestilente,
del tirano corrupto
Y del rey indolente.

Me declaro disidente,
y; aunque,
estos versos me lleven preso…
desde el otro lado de los barrotes,
gritaré con todas mis fuerzas
para que escuche la gente:
¡Viva la libertad!
¡Muera el tirano!

Porque yo, amigos míos,
Me declaro disidente.


©Paco Arenas 22 de octubre de 2017

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