Villar de Cañas 30 de abril de 2050
El día de la boda, suele ser en
la infinidad de los casos un día feliz lleno de anhelos y esperanzas. La boda
es la culminación de muchos sueños y espera. Tal vez ese día, o mejor dicho esa
noche, ya no es la tan nombrada “Luna de
Miel”, porque el ritual ancestral de la desfloración se quedó olvidado en
pleno siglo XX. No obstante, todavía mediados el siglo XXI la boda continúa
siendo una ceremonia emocionante.
La tormenta de la noche era un
anticipo y al mismo tiempo una continuación de lo que estaba por ocurrir.
Amalia se preparaba para el “día más
feliz de su vida”, según decían las mujeres mayores de Villar de Cañas,
aquellas que habían sobrevivido a los últimos escapes radioactivos del 2025,
cuando por fin la presidenta Cospedal logró materializar su anhelado proyecto
del ATC, el cementerio nuclear de Villar de Cañas. Naturalmente la presidenta dirigía
la comunidad autónoma desde muy lejos de Villar de Cañas. El escape de 2025
supuso la ruina agrícola para todas las comarcas colindantes. Eso pasó 25 años
atrás nuevos productos habían sustituido a los tradicionales de La Mancha. Ese día, 30 de abril de 2050 era el día de la
boda de Amalia. No es que para ella significase mucho, no era de esas novias de
antaño que esperaba descubrir los goces del matrimonio en la luna de miel. Llevaba
felizmente cinco años viviendo con su novio, Mario, ingeniero nuclear al igual
que ella. Si se casaban era porque estaba embarazada, un descuido o un error no
deseado, no se hubiesen casado a pesar del embarazo de no ser por lo que pasó. No deseaban tener hijos, más en aquel lugar,
donde cincuenta años antes, las autoridades en un oscuro tejemaneje de
corruptelas y guerras de intereses habían elegido Villar de Cañas como
ubicación del cementerio nuclear, prometiendo riqueza y prosperidad a la zona,
proyecto que estuvo unos años en suspenso, por no cumplir ninguna de las condiciones
necesarias, pero al final el poder del dinero triunfo.
El embarazo lo aceptó más que con
alegría con resignación cristiana, porque ella que no busco ese niño, no
pensaba abortar. No obstante, al final se hizo a la idea, y comenzó los
preparativos para dar la bienvenida a la nueva vida. Con miedos e inquietudes inconfesables, en
Amalia, a sus treinta y tres años había despertado el ansia y el deseo de ser
madre.
Mario, la pareja de Amalia, pensó
que tampoco sería mala idea celebrar la boda. Siempre, recordando esa viaja canción de un
cantante cubano del siglo XX, de Silvio Rodríguez:
Yo no te pido
que me firmes diez papeles grises para amar
solo te pido
que tú quieras las palomas que suelo mirar
Ella le había dicho que no eran necesarios diez
papeles grises para amar; pero ahora esa inesperada visita que esperaba en el
vientre de su amada le hacía desear esos papeles, siempre innecesarios. Afronto
la propuesta con ternura, buscando un momento apropiado después de hacer el
amor. Temía, a pesar de esos cinco años de vida en común, un posible rechazo
por parte de ella.
Aquella noche intentó emplearse a fondo,
preparó una cena romántica, un buen vino, un florero con preciosas rosas, sobre
la cama pétalos multicolores en forma de corazón a modo de “ American beauty”. Mas todo salió mal, la cena se le quemó en el
horno, terminando comiendo jamón y queso, importado, porque en La Mancha desde la
fuga del 2025 no se producía ni jamón, ni queso, ni vino, ni tan siquiera el duro
y sabroso ajo morado de Las Pedroñeras. El
vino y los nervios evitaron la consumación que él habría deseado, tartamudeando,
no obstante, se atrevió a hacerle la proposición, y borracha como él, le dijo
que sí.
Con todo preparado y la idea
hecha, vino un segundo descuido. Un nuevo escape de uno de los compartimentos
estanco, de menores proporciones que el de 2025, y que afectó de lleno a
Amalia, ya con seis meses de embarazo. A
los vómitos, que no había tenido los meses iniciales del embarazo, acompañaron
las convulsiones, los delirios, el estar y no estar, las perdidas dentales, la
prematuras canas en los escasos cabellos que le quedaban, sabía lo que le
estaba pasando, aun así quiso continuar su embarazo y el proyecto de boda.
Los médicos aconsejaron extraer
al niño en el séptimo mes, era la única forma de que tal vez esa vida llegase a
buen puerto. Ella, ya sin voluntad ni
fuerzas aceptó. Contra lo esperado el niño nació sano, al menos eso le dijeron
a ella; pero debía estar un tiempo en una incubadora de Madrid, ella no llegó a
verlo jamás. Amalia estaba muy débil y necesitaba cuidados, aunque a través del
cristal del box le enseñaron un niño que le dijeron que era su hijo.
La boda La boda no quedaba más
remedio que llevarla a cabo en el recientemente inaugurado hospital de Villar
de Cañas, dedicado en su mayor parte a la oncología, por la cantidad de casos
aparecidos en los últimos años. El
hospital se había construido allí, para evitar que saliese información a otras
zonas, por no crear alarma social, dijeron.
Allí estaban todos, esperando en
la sala de actos del hospital, el novio engalanado, los padrinos y los invitados.
Antes de que entrase la novia, alguien dijo.
—Cambiar la cara, debe ser un día
alegre, va a entrar la novia.
Justo antes de que cruzasen sus pies el umbral
de la sala de actos, Amalia dio el último suspiro, no pudo ver los esfuerzos de
los invitados a su boda, por sonreír y mostrar un semblante feliz.
Los sepultureros cuidadosamente quitaron la
lápida provisional de escayola, sacaron un pequeño ataúd blanco inmaculado, sin
tocarlo cuanto apenas, lo abrieron e inclinaron levemente, cayendo su contenido
en el interior del féretro de Amalia.
©Paco Arenas 22 de abril 2012
Ja, ja, Ja, ¡que pasada! Muy tragica la visión de futuro.Pero no te olvides que la mayoría de los habitantes de Villacañas quieren esos depósitos prefieren el deterioro de sus tierras en un futuro a pasar hoy hambre. de todas maneras, no te preocupes paco si nos estamos envenenando con infinidad de cosas. Infórmate a fondo de lo que hacen con las verduras y las frutas: Te asustarías. la cantidad de venenos que les pones de todo tipo. Al trigo, al arroz. Yo tengo mi propio huerto ecológico.Pero tengo que comer otras cosas tambien. y no hay más remdio. Es o el progreso químico, radioactivo. etc o el hambre. Y el mundo ha elegido lo primero. Por cierto, soy Resu Jábega. que no sé como entrar en tu página de otra manera.
ResponderEliminarMuchas gracias Resu, puedes entrar como desees. Siempre se agradece saber quien te hace un comentario.
EliminarEste relato lo publiqué, bajo el seudónimo de Rosa Lía, hace unos años cuando comenzamos a intentar que no se construyese el cementerio nuclear. Ahora está paralizado. El ATC solo beneficia a unos pocos y perjudica a muchos. De los venenos químicos imposible escapar, pero si podemos evitar que en nuestra tierra nos coloquen al go tan peligroso cono un cementerio nuclear, mejor. Un abrazo.
Pués mira, a lo mejor a influido ese comentario, y ha servido para que la gente se conciencie.Enhorabuena.
EliminarJajajajaja. Eramos muchos quienes tratábamos de influir. Fue algo colectivo.
Eliminar