Hoy es uno de esos días en que uno quisiera ser capaz tener
la genialidad escribir aquello que vuela
por la cabeza desordenadamente de manera magistral, aquello que se siente, expresarlo
con estilo propio y único, genial. Algo
tan imposible como que luzca ahora el sol a las once de la noche, son los
genios quienes escriben genialidades, los burros que una vez encontraron una
flauta en el camino y al estornudad la hicieron sonar nunca serán un genio, por
muy armónico que sonase el rebuzno. Sin embargo quiero llegar a creer que soy
capaz, las piezas todas parecen encajar en mi cabeza, veo con claridad todas
las palabras en mi cerebro, me invento frases que me suenan maravillosamente geniales y sin
embargo, cual adolescente enamorado, tímido ante el primer amor, enmudezco ante el teclado.
jueves, 10 de abril de 2014
Berenjenas rellenas al Reino de España
![]() |
| Berenjenas al Reino de España, con chorizo |
Alguien dirá, a Paco se le ha ido la olla, seguro que no le
faltara razón, como decía mi madre, lo mío es de nación (que en Pinarejo quiere
decir de nacimiento). ¿Qué le vamos a hacer?
Las berenjenas al reino de España, se diferencian poco de las berenjenas
al horno con carne de la cocina tradicional castellana, la diferencia es que llevan
chorizos en lugar de carne picada. Por eso de lo del Reino de España, si hay
algo en el Reino de España que sea santo
y seña, es la corrupción que afecta
absolutamente a todas las instituciones del Estado. A los corruptos se les
llama chorizos, calificativo injusto donde los haya, pues los chorizos,
especialmente los de Pinarejo, son exquisitos, entre otras cosas porque previamente
se cuelgan y se curan al amor de la lumbre, del humo y sobre todo del buen
hacer de las mujeres de Pinarejo.
Vamos a por la receta.
martes, 8 de abril de 2014
Leyenda de la rosa de la pasión(leyenda toledana)
Escrita por :Gustavo Adolfo Bécquer
Una tarde de verano, y en un jardín de Toledo, me refirió esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita.
Mientras me explicaba el misterio de su forma especial, besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando uno a uno de la flor que da a su nombre esta leyenda.
Si yo la pudiera referir con el suave encanto y la tierna sencillez que tenía en su boca, os conmovería como a mí me conmovió la historia de la infeliz Sara.
Ya que esto no es posible, ahí va lo que de esa tradición se me acuerda en este instante.
viernes, 4 de abril de 2014
El milagro llega con sotana (Relato)

Como es sabido, después de terminada la guerra, el señor
marqués quedó más bien más que inútil, para casi todo. No
porque participase en la guerra, ya que todo el tiempo lo paso en Roma, junto con su católica y huida majestad
borbónica, donde dicen que se corrieron muchas juergas juntos, sin dejar
lupanar del Lacio que no visitasen. A
raíz de ello, el marques quedo prácticamente inhabilitado para las artes
amatorias, por suerte para Azucena. Sin
embargo Catalina, todavía era una mujer joven y apetecible, con carnes frescas
y bien torneadas, aunque con curvas más prolongadas de la cuenta,
miércoles, 2 de abril de 2014
La calle está llena de coches ordinarios (relato)

La señora marquesa de Bastardía entra por la puerta
agobiada, con un sofoco impresionante, cargada de bolsas del recién inaugurado Corte Inglés de la calle Preciados, las cuales deja
caer todas de golpe en la misma puerta, produciéndose un ruido a vidrio roto.
— ¡Azucenaaaaaa! – Grita de mal humor.
Azucena aparece con un trapo de limpiar el polvo en una mano
y el limpiacristales en la otra, deja ambas cosas sobre el mueble del recibidor
y corre presurosa en auxilio de la señora marquesa, agarrándolas y escuchándose
el ruido de cristal roto.
—¡Inútil! —Exclamó la
señora marquesa —seguro que ya te has cargado la jarra de Murano que acabo de
comprar
— Señora, el ruido que escuche antes…—comienza a hablar
Azucena.
—¡ Calla. Calla! Ya
me estás discutiendo como siempre —dijo alzando las manos al cielo en señal de
hartura —no digas nada, que estoy calentita y no es por el calor – le corta la
señora marquesa.- Anda mira a ver que se ha roto.
Azucena, de nuevo deposita las bolsas en el suelo separando Azucena
una de las mismas en la cual parecía que había una caja cuadrada, sacó la misma
y con un leve movimiento pudo comprobar que el ruido de cristales rotos salía
de ella.
— Abre la caja, con cuidado, no se vaya a romper —dijo la
marquesa sacando un abanico y comenzando a darse aire con parsimonia — ¡Qué
calor! ¿Tú no tienes calores? Es el último año que nos quedamos en agosto en
Madrid, el próximo nos vamos a Estoril, con su majestad…
Diciendo esto la señora marquesa también se agacho,
produciéndose una tormenta con acordes de metralleta y efluvios fétidos que
perfumaron el ambiente de tal modo que aunque el señor marqués, veinte años
mayor que la señora marquesa, sordo y achacoso — a pesar de encontrarse en el
salón y no escuchar el concierto —se
olvidó de su dificultad para andar y presuroso abrió la ventana de par en par
para que el hediondo perfume al que la señora marquesa había dado libertad de
movimiento, tuviese vía libre hacía el
exterior, contribuyendo con ello a la contaminación medio ambiental de
Madrid. Azucena sin embargo, cuanto
apenas arrugo la nariz, fingiendo una sordera superior al señor marqués y sobre
todo haciendo alarde de deficiencia olfativa total que en realidad no tenía.
— Catalina –se escuchó la voz del señor marqués —mándale esa
carta al rey, que no necesita sello y seguro que llega a Estoril sin hacer
transbordo. ¡Vaya por Dios! —Decir que los señores marqueses, a pesar de que
Franco ya había designado a Juan Carlos como príncipe, todavía eran fieles a
don Juan, pero que al igual que muchos españoles, por distintas razones no le
consideraban legitimado para ocupar el cargo designado por el dictador.
Azucena, hubo de darse la vuelta para evitar reírse en la
cara de la señora marquesa por la ocurrencia del señor marqués a pesar de no
poder taparse la nariz y pensando que la onda expansiva bien podría llegar a
Estoril y a Mallorca al mismo tiempo, la pena es que pillaría en el camino el
barrio de Vallecas, donde se encontraba su marido e hijos. Cuando pudo controlar la risa, abrió la caja
y efectivamente en ella había una magnifica jarra de cristal de la cual quedaba
el asa como pieza de mayor tamaño. Sin
embargo, la licorera y las copas —salvo una —estaban intactas.
—Tira toda esa porquería a la basura. Mañana comprare otro
juego. Por cierto Azucena… ¿No tendrá tu
marido pensado comprar un coche?
—No señora marquesa,
no nos llegan los cuartos para comprar coche. —Contestó Azucena, fijándose en
las preciosas copas —¿Señora las copas también?
— Quédatelas si quieres… No tenéis coche, no compréis
nunca. Madrid da asco, desde que a la
gente ordinaria le ha dado por comprar Seiscientos, no se puede circular ni por
la avenida del Generalísimo. Y es que hay tanto coche ordinario por las calles
que…Ay, la gente de bien al final acabaremos de los nervios con tanta manga
ancha del Caudillo...
Ella misma, se interrumpió con un nuevo repique perfumado,
que expulso al señor marqués directamente del salón, buscando aires menos
aromatizados. Después dirigiéndose a
Azucena, le ordenó:
—Anda prepárame un
buen café, de ese tan exquisito que tú haces, que es lo único que me calma los
nervios…
—Como mande la señora —respondió, desapareciendo con las
bolsas por el pasillo, con una sonrisa de oreja a oreja aprovechando que nadie
la veía, pensando en esa licorera y esas cinco copas que iban a adornar su
aparador. En venganza por las
ventosidades de la marquesa puso especial esmero en preparar su exquisito
café. Aquel mismo día, iba a ir con su
marido a comprar uno de esos coches ordinarios que tanto disgustaban a la
señora marquesa y que seguro que contaminarían menos que el recto de la señora
marquesa.
©El Exquisito café de la señora marquesa /Paco Arenas
Enlace relacionado: El exquisito café de la señora marquesa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


