martes, 15 de septiembre de 2015

¡Voto a Rus! (adaptación) El monosabio de plasma





Anda por ahí un embustero haciendo promesas futuras, y me he permitido hacer esta pequeña adaptación a partir del capítulo XXV del Quijote, sobre maese Mariano y sus mentiras:

¡Voto a Rus! (adaptación) El monosabio de plasma

Y en estas estaban caballero y escudero cuando entro maese Mariano, que se había escapado del plasma, haciendo acto de presencia cacareando cual gallo capón en corral ajeno, prometiendo y jurando venturas y dichas futuras. Aunque maese Mariano iba disfrazado de monosabio, Sancho reconoció a la legua al farsante, que ya otras veces le había robado la faldriquera, a Sancho su futuro, a Sanchica la esperanza y a la pequeña Teresa sus libros.
Maese Mariano, el hombre plasma, al hablar a los presentes olvida las cosas pasadas, no recuerda ni el “sé fuerte Luis, hacemos lo que podemos”, ni de las casas hurtadas por los usureros que él con sus sicarios ha sustraído a los más pobres, ni de los derechos perdidos, ni de leyes infames, dice mucho más que de las que están por venir; y, aunque no todas las veces acierta en todas miente como siempre, en las más no yerra en su pensamiento, porque él tiene muy claro que siempre habrá incautos que le crean. De modo que nos hace creer que tiene el diablo en el cuerpo y nos sacará del hoyo en él nos ha metido.
Dos reales ofrece a sus víctimas de los cinco que se ha llevado, le quedan tres en la bolsa, y con los cinco se quedará una vez el voto conseguido. Y así, se cree que el tal maese Mariano que se hará riquísimo; y se presenta como hombre galante y protector de los menesterosos, como dicen en Italia y “bon compaño”, y a darse la mejor vida del mundo; habla más que seis y miente más que doce, todo a costa de su lengua, de su mono y de su retablo.
Don Quijote, guiado por la apariencia de maese Mariano, duda de creerle, a pesar de saberse estafado por el farsante del plasma, que augura males inmensos si sus víctimas no se ofrecen para ser degolladas en el matadero sin rechistar. Sancho, escarmentado mira a maese plasma advierte a su señor:
—¡Voto a Rus —dijo Sancho—, no dé yo un ardite porque me digan lo que por mí ha pasado!; porque, ¿quién lo puede saber mejor que yo mesmo? Y pagar yo porque me digan lo que sé, sería una gran necedad; pero, pues sabiendo este embustero que miente las cosas presentes que vemos con nuestros ojos, y hasta las que sufrimos en nuestros riñones, ¿cómo he de creer las promesas futuras?
¡Voto a Rus que como se acerca no se libra del garrotazo en la cabeza ni la patada donde más duele!

lunes, 14 de septiembre de 2015

Pregón de fiestas en Pinarejo 10 septiembre 2015


Cuando me llamó Mari Carmen Navarro, la alcaldesa de Pinarejo, de mi pueblo, para ofrecerme dar el pregón, me entraron los nervios hasta el punto que esa noche no pegué ojo.  ¿Y Ahora que digo yo?  Como no podía dormir a las cuatro de la mañana me levanté y dejé que la añoranza y el cariño por mi pueblo, fluyesen a través de mis dedos hasta el teclado.  Pensé una vez escrito el texto, memorizarlo, no me gusta leer cuando hablo en público, si criticó cuando presuntos preparados necesitan leer hasta las comas, no es cuestión de que yo hiciese lo mismo, de no ser para dar datos, así lo he hecho en las dos últimas presentaciones, a pesar del riesgo que supone no leer ni una sola palabra;  a pesar de todo,  lo prefiero aunque meta la pata hasta el corvejón. No sé porque me siento mejor. Sin embargo cuando me vi en el balcón del ayuntamiento de Pinarejo, ante mis paisanos, me entraron unos nervios imposibles de dominar, así que terminé por leer el pregón, escrito con el corazón, que así  quedó:

¡Buenas noches gentes de Pinarejo!

 Muchas  gracias  Mari  Carmen  por  darme  la  oportunidad  de  dirigirme  a  vosotros,  espero  ser capaz de mantenerme sereno, sin sufrir el miedo escénico en vuestro pueblo,  que es el mío y que aunque he venido muy poco, todos los días de mi vida he tenido presente en mi memoria y en mi corazón.


 Cuando mucho nos marchamos dejamos un pueblo con las calles llenas de barro, barro que se metió  en  nuestro  corazón,  bajo  nuestra  piel.    Ahora  tenemos  un  pueblo  con  las  calles asfaltadas, sin barro, que no le falta de nada, hermosos parques,  consultorio  médico, botica, biblioteca, su tahona, que hace las mejores magdalenas del mundo, un pueblo ideal para vivir tranquilo, sí, muy tranquilo, sin voces que te alteren la hora de la siesta, ni atascos, sin colas, ni aglomeraciones..., sí, ideal para vivir, pero sin gente o con muy poca gente. Qué  lejos  queda  aquel  Pinarejo  bullicioso  antaño,  con  muchos  chiquillos  y  jóvenes  corriendo por  sus  calles,  paseando  por  la  carrera  y  por  la  carretera,  que  llenaba  la  iglesia,  la  plaza,  los cuatro bares que había entonces  y la discoteca  que llevó primero Cándido y después Paquito.


Aquel Pinarejo lleno de vida con tiendas en las que encontrabas de todo, desde unas sardinas en escabeche vendidas por unidades para el mojete, hasta unas abarcas o calcetas ,  si contamos el estanco de Olegario y el comercio de Manuel Illan, cinco y seis con la carnicería de Heliodoro y siete con la que más tarde montó su hermano José Antonio, ahora  queda una  donde  Francisco Culebras tiene de todo,  y  hasta  no hace tantos años “culebras comestibles” ponía en el tiket de la compra.  Al lado del comercio de Manuel  Illán, estaba el cine, porque  Pinarejo  también tenía su  cine.   Teníamos hasta  nuestra propia  fábrica  de  gaseosas  de  José  María  Musiquillas.  También  nuestra  propia  yesería,  que llevaban los malaños, había modistas, sastres, peluqueras, zapatero y barbero, había gente.



  Éramos tantos y tantos animales que había dos herrerías de forja, la de Cándido y la de Martín el Herrero con gigantescas fraguas que impresionaba verlas,  una tercera en la calle las Cruces, donde se herraban a los animales de cuatro patas. Éramos tantos que teníamos tahona y un horno en la calle Nueva, donde cada quince días iban nuestras madres a hacer su propio pan que guardaban en escriños,  y en el mismo callejón de la calle las Cruces, se canjeaban vales a cambio de panes.  Teníamos nuestro carpintero, Dimas, que lo mismo  te  hacía  una  silla  que  te  preparaba  el  traje de  pino  a  medida.   Enfrente de Dimas vivía una persona muy entrañable para mí, Antonio el taxista, que aunque no era pinarejero de nacimiento, era pinarejero como el que más, y que tal día como mañana, en una fecha tan señalada como es para nosotros el 11 de septiembre  en Requena realizó su último viaje. Había  una  posada  con  un  patio  inmenso,  que  en  épocas  de  caza  se  ponía  a  rebosar  y  los chiquillos íbamos a ver las liebres, codornices y hasta algún jabalí en el suelo con los cazadores retratándose.  Claro,  porque  a  Pinarejo  no  venía  el fotógrafo  sino  el  retratista  y  entonces nuestras madres nos peinaban para posar como modelos.



 Chiquillos  éramos  ciento  y  la  madre,  había  una  escuela  de  párvulos  a  cargo  de  doña  Maruja, una de chiquillos y una de chiquillas, a cargo de don José y su esposa doña Pía, y para quienes escribían  con  los  arados  mientras  cambiaban  los  dientes,  que  entonces  eran  muchos,  estaba Gregoriete  para  enseñarles  las  cuatro  reglas  y  para  modernizar  y  crear  riqueza  en  el  pueblo, recuerdo la cooperativa de champiñón que tanto ayudo al pueblo y que perforó medio campo de cuevas dignas de la antigua Roma.  Decir al respecto que Los manuscritos de Teresa Panza no solo  es  un homenaje a nuestro pueblo,  a la  Mancha, al más ingenioso de los libros jamás escritos, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, es también un grito reivindicativo del derecho a la educación y la cultura de todos, por encima de clases sociales, credos, raza o sexo.


Por  tanto os pido un aplauso para  todos nuestros  maestros, porque sin ellos  esa labor no se podría llevar a cabo


.  Entonces pisábamos los charcos, rompíamos el hielo, íbamos a comprar esos polos que hacían Pablo, el Correo, ese cartero capaz de descifrar las letras de aquellos que habían tenido como escuela los surcos y el arado.  Nos apedreábamos si era preciso, las calles era bulliciosas hasta en la hora de la siesta, los bares en  días de toros o de futbol se ponían a rebosar y los jóvenes y menos  jóvenes bailábamos al son que tocaban los acordeonistas de  Pinarejo, Félix, Polín y  el más  famoso, que de tan famoso que era tenía nombre artístico   nadie  sabía  que  se  llamaba  Domingo Gómez,  y  todos  le  llamábamos  José María  “Musiquillas”  y  aunque  los  más  jóvenes  no  lo creáis,  teníamos  nuestro  “feisbus”  y nuestros “sálvame de lux”, en las puertas de las casas y además sin perfiles falsos. 



Ahora tenemos un pueblo precioso, pero falta lo más esencial, gente.   Hoy aquí estáis muchos escuchando a este desertor del arado, al que habéis tenido a bien hacer pregonero en el día de hoy para dar el pregón en vuestras fiestas, sabiendo que para mí es un reto muy difícil, porque no  tengo  ni  aspiro  a  tener  la  maestría  de  aquellos pregoneros  de  antaño,  como  Gregorio,  Pitune, Sixto, Guadalupe y Brigido,  que de esquina en esquina recorrían el pueblo tocando la trompeta  y  pregonando  lo  que  fuese  menester desde edictos u órdenes  del alcalde a si había “vedreao”  o si ese día había pescado fresco en la plaza o  cualquier otra cosa novedosa o no.


 Hoy  es  preciso  también  pregonar  el nombre de nuestro pueblo y gracias a Los manuscritos de Teresa Panza, el nombre de  Pinarejo ha  llegado  a  Argentina,  a  Puerto  Rico, a Francia y  seguro  que llegará  a  más  sitios  en  el  futuro. Aprovechando  para  decir,  que  si  bien  Los  manuscritos  de  Teresa  Panza,  es  la  primera  novela ambientada en Pinarejo, antes que yo otros pinarejeros escribieron su nombre  en las páginas de un libro: Agustina  Bermejo,  Ángel  Mota  López,  su  hermana  Mercedes  y  mi  buen  amigo  José  Vicente Navarro Rubio, para mí, el mejor cronista de Pinarejo. Me rindo ante ellos y os pido un aplauso para ellos.


 Sí,  hoy  tenemos  un  pueblo  precioso  y  estamos  aquí,  no  para  añorar  el  pasado  que  con  sus cosas malas y buenas fue el que fue, sino para pensar en el futuro, soñemos y esperemos que esté  lleno  de  esperanza,  prosperidad  y  libertad,  dónde  nuestros  jóvenes  tengan  un  futuro laboral  asegurado sin necesidad de exiliarse, donde todos tengamos trabajo  y  nuestros  mayores  puedan  afrontar  el  final  de  su  vida  laboral  con  la dignidad que merecen, y Castilla nuestra tierra, la Mancha y  España  entera,  sean  un  ejemplo ante el mundo de honradez de sus políticos,  un lugar donde impere la justicia y libertad.   


Hoy  comienzan  las  fiestas  de  Pinarejo,  así  que  ahora en  homenaje  a  nuestros  pregoneros  de antaño:


SE  HACE  SABER  POR  ORDEN  DE  LA  SEÑORA  ALCALDESA  QUE QUEDAN  INAGURADAS  LAS FIESTAS DE PINAREJO EN HONOR A SANTA AGUEDA.

 ¡Viva Pinarejo! ¡Viva Santa Águeda! ¡Chorra que es nuestra!

 Y por último: ¡Viva la madre que os parió y el padre que os engendró! 

Aprovechando que estaba en el balcón me hubiese gustado dar otro “viva” , que espero que llegué pronto.


sábado, 5 de septiembre de 2015

LO QUE SIGNIFICA PARA MI HACER LA PRESENTACIÓN DE LOS MANUSCRITOS DE TERESA PANZA EN PINAREJO



A lo largo de mi vida, conforme me iban saliendo canas veía como cada cana, cada arruga, cada nuevo achaque, que ya tengo algunos, me acercaban a ese lugar de la Mancha de cuyo nombre jamás podré olvidarme.  Cada día noto como las raíces arrancadas hace muchos años buscando un mejor porvenir sobre el frío asfalto, nunca terminaron de enraizar, a pesar de que amo estas tierras valencianas que tengo como propias después de casi cuarenta años de vivir en ellas, de trabajar y luchar por ellas y en ellas.  Como también amo la isla de Ibiza, donde pasé inolvidables años de niñez y adolescencia tan tímida como rebelde y erotizada.  Pero siempre he tenido claras mis raíces castellanas, mi apego a esas tierras de la Mancha, a esa tierra seca, maltratada e ignorada.

Nunca he dejado de sentir la Tierra que aprendí a escribir con mayúscula, porque para los campesinos la Tierra es nuestra madre, la madre que pisamos con nuestras abarcas y nos da vida, la Tierra siempre estira con fuerza de sus hijos, como las madres, y como a ellas siempre las echamos de menos. Mis padres me enseñaron a amar la Tierra, tanto como a ellos, y el día 11 de septiembre de 2015, sé que estarán conmigo, como siempre estuvieron, porque a las personas que quisimos, siempre querremos, siempre están a nuestro lado, en el interior de nuestro corazón, en lo más profundo de nuestro cerebro.

lunes, 31 de agosto de 2015

Septiembre (Poesía)



Miles de esperanzas muertas regresan al asfalto
buscando creer en buitres carroñeros,
que hablan de desiertos floridos de esperanza,
de sinfonías de lluvias vigorizantes
a la salida de túneles sin salida.

Septiembre. ¡Oh septiembre!
Obreros mal pagados,
 besan la mano del patrón que les explota,
hay frío en su frente  y sumisión en sus ojos.
Empieza a llorar la dignidad violada.

jueves, 30 de julio de 2015

Los manuscritos de Teresa Panza ¿una novela feminista?


Son muchos quienes me preguntan si “Los Manuscritos de Teresa Panza” es una novela feminista, en las entrevistas se incide en ello, supongo que por el hecho de estar narrado en primera persona por un personaje tan potente como es Teresa Panza. Pero la novela no pretende buscar ser etiquetada como feminista, por supuesto que menos de machista, busca ese estadio superior el de persona.  

Tal vez pueda considerarse en cierto modo feminista porque es Teresa quien narra y siente, es desde el punto de vista y desde la lógica de una mujer intemporal, pero también debiera ser de los hombres.  Teresa es crítica con la sociedad machista, pero también con los poderosos; a través de los libros conoce no solo el mundo que como campesina analfabeta le hubiese tocado vivir, se funde con los libros y viaja al conocimiento y el saber y eso le lleva a cuestionar todo, siendo todo lo que cuestiona, como así se lo ha enseñado Miguel de Cervantes.

Teresa Panza no es una campesina más que se conforma con su destino, ella quiere vivir otros mundos vedados en el siglo XVII para la mayoría de los hombres, pero inaccesibles para las mujeres, el mundo de la cultura, de los libros. Cervantes le enseña a pensar no como mujer sino como persona, que es un grado superior a hombre o mujer.

Algunos pequeños extractos de la novela "Los manuscritos de Teresa Panza":
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