domingo, 5 de junio de 2016

Ventana abierta a ninguna primavera -Poema



A ellos que dieron tanto y se enfrentan a su último viaje, en muchas ocasiones en soledad





Triste la vida que tiene la ventana abierta a ninguna primavera.
Triste saber que las luchas pretéritas,
 los esfuerzos presentes,
no tendrán mejores frutos que los que produce la higuera en el desierto.

De nada sirve la voluntad de vivir,
de soñar de cambiar el rumbo,
cuando todos los engranajes están oxidados.
 No son puertas que se cierran,
son hojas desvencijadas que la acción del viento,
 la lluvia y sobre todo el tiempo han ido minando,
pudriendo las raíces hasta provocar la caída del robusto roble,
que hace tanto dejó de serlo.

Ventana de cristales rotos
 y maderas carcomidas de una casa en ruinas,
 que aguanta las inclemencias climáticas,
 como si tuviese algo que guardar.

Desde esa ventana abierta,
un día se asomaron unos ojos ilusionados,
 incluso,
 tal vez ,
se pronunciaron las más bellas palabras de amor,
o quizás se gritaron esas otras que toda persona necesita,
más que gritarlas, vivirlas:
¡Libertad! ¡Justicia!

Nadie mira ya desde el interior que no existe.
 Nadie se podrá asomar a través de sus hojas.
 Ningún oído escuchará el latir de ese corazón.
 Al otro lado la pared,
la madreselva va abriéndose camino,
 enraizado en las grietas,
 cada vez más anchas que terminarán derribando el muro,
 que un día fue sólido y resistente, ahora sólo espera caer .

Quien pasa por su lado procura hacer la fotografía desde la distancia,
 sabe que al menor giro de aire sobre el muro,
 caerá aplastando todo lo que este a su alrededor.

Desde la acera de enfrente,
en la habitación de la residencia geriátrica,
Manuel ve como la casa tan hermosa que habitó tiempo atrás,
poco a poco va desmoronándose.
Sabe que ya el último muro que todavía queda en pie,
 no verá el amanecer, y son las cinco de la mañana...
Triste ventana abierta a ninguna primavera.


©Paco Arenas. 

sábado, 4 de junio de 2016

La caja de hojalata dónde se guardaba los recuerdos



Mi madre, como todas las mujeres que sufrieron la posguerra, utilizó latas de membrillo, de Cola cao, de galletas danesas o de jabón Myrurgia, para guardar hilos, fotos y mil cosas más. Mi madre tenía predilección por una, de la que nunca gasto su contenido. Una caja de jabón la Maja de Myrurgia. Aquella caja de jabón le acompañó toda la vida. Yo nunca vi la caja llena de otra cosa que no fuese de hilos, botones de mil formas y colores, corchetes y agujas; no obstante siempre supe su contenido original.


Hubo un tiempo que estuvo llena de pastillas de jabón, individuales, del tamaño de una onza de chocolate, rectangulares, otras redondas y una alargada de mayor tamaño, un frasco de agua de colonia y un pañuelo. Fue un regalo que recibió de su hermana Victoria. Fue casi veinte años después de la guerra, cuando regresó a Pinarejo. Ya no se volvieron a ver.

Toda la familia de mi madre vivía en Valencia, menos ella, que se quedó en Pinarejo. Mi abuelo, Felipe López, dejó Pinarejo en 1934, para el comienzo de las obras del pantano de Alarcón, para después marcharse a principios de 1936 al embalase de Contreras, ambos embalses iniciados por la República y terminado durante la dictadura. Posiblemente hubiesen regresado al pueblo de no ser por la guerra y posterior encarcelamiento de mi abuelo Felipe, militante destacado de la UGT, en el penal de Chinchilla de Monte–Aragón.

Mi madre tenía dos hermanas, Victoria y Magdalena y un hermano, Auspicio. Parece ser que a la alegría del reencuentro siguió alguna discusión, es la conclusión que he sacado yo, nunca me lo dijo mi madre. Por entonces, mi padre soñaba con la lluvia de la libertad, cuando vio que la dictadura amenazaba con perpetuarse, comenzó a soñar con marcharse a la República Argentina, nunca llegó a hacerlo. Nunca llegó a salir de su amada tierra manchega de Castilla. Nosotros sí, a los pocos meses de su muerte nos marchamos a Ibiza

Cuando desde Ibiza, regresamos a la península, a Valencia, conocí a mi familia valenciana, a quienes todavía vivían, mis primos y tan sólo uno de mis tíos, Auspicio, que siguiendo la tradición familiar de lucha por los derechos de la clase obrera estaba afiliado al PCE, el único partido que se oponía con contundencia a la dictadura, el PCE.

Esa caja de jabón, siempre llena de hilos, mi madre la llevo a todas partes, del mismo modo que las pastillas de jabón y el agua de colonia y del pañuelo no me acuerdo, nunca los uso y siempre colonia y jabón los tuvo bien a la vista, la caja siempre a su lado. Era como tener siempre presente a esa hermana que marchó.


©Paco Arenas. 

viernes, 3 de junio de 2016

Alba y Jorge - (Una historia real)



Serie: 

Lágrimas secas. 

Para evitar que los políticos populistas de derecha se vean obligados a viajar a Venezuela a pelar cebollas. En España también pueden llorar. 

Alba es una cajera del súper, tiene apenas veintinueve años, a punto de cumplir los treinta. Está casada y separada al mismo tiempo. Alba tiene la carrera de Magisterio y la de profesora de lengua española, ambas conseguidas con muy buena calificación. No obstante, desde hace más de dos años trabaja de cajera de un supermercado por 740 € al mes, incluidos incentivos voluntarios de la empresa, a la cual la ley de 2012 le permitiría pagar el 85 por ciento del SMI, todavía menos de lo que cobra. Porque Alba tiene un contrato de formación, es decir de aprendiz, ella que es maestra por partida doble. Sabe que cuando termine el periodo del contrato, o ya no pueda estar como aprendiz, la despedirá su jefe.  Porque su jefe lo tiene claro y así lo lleva haciendo desde que este chollo lo puso en marcha el Gobierno.  Lo es lo mismo pagar 600 euros y ahorrarse la Seguridad Social, que solo de la Seguridad Social deba pagar casi eso, y 1200 € de sueldo. Las empresas solo quieren menores de 29 o con minusvalías iguales o superiores al 33%.

Trabaja de lunes a sábado, y hasta el cambio de gobierno autonómico, muchos domingos. Para acudir al trabajo realiza todos los días más de ochenta kilómetros, de ida y vuelta. No porque le guste conducir, sino porque no ha encontrado nada más cerca y lo necesita.
Tiene una hija de dos años, que apenas ve. Unas veces está la chiquilla con su suegra y otras con su madre, en un pequeño pueblo de La Mancha. Si el trabajo no lo impide va con su marido algunos domingos a verla. Tampoco todos, porque tienen que pagar la hipoteca del piso donde viven, y con lo que gana ella, no tienen ni para gasolina.

Jorge es el marido de Alba, nacieron mismo pueblo de La Mancha, estudiaron juntos en la misma Universidad, ambos encontraron trabajo en el mismo Instituto de Secundaria del Este de la provincia de Cuenca. Eran felices y parecía, a pesar de lo difícil que resulta que en poco tiempo tendrían plaza fija. De un brochazo el gobierno regional de Dolores de Cospedal comenzó a cerrar escuelas rurales y recortar en educación y despedir a miles de docentes. Ella fue despedida, él está para cubrir bajas.  Hay temporadas que trabaja dos meses seguidos, y meses que trabajar menos de una semana. En el último año, se cubren más bajas y prácticamente trabaja casi todas las semanas.

No todos los días puede viajar a dormir con Alba, en ocasiones solicita permiso para quedarse a dormir en el gimnasio del Instituto donde en esos momentos esté trabajando, porque esas bajas a cubrir, pueden estar a bastante más de cien kilómetros. Días que compra una barra de pan y un sobre de fiambre y con eso pasa el día, tienen que pagar la hipoteca y ya han fallado tres letras, a pesar de que sus padres y suegros ya les han pagado alguna mensualidad, y tienen a la niña, que no la mantienen ellos, pero sueñan con que un día la puedan disfrutar. Saben que están avisados, a la mínima se pueden quedar son casa. También sin hija, ya que no tienen ingresos para mantenerla. Eso les dijeron, cuando fueron detenidos en una manifestación en favor de la enseñanza pública celebrada en Toledo.
Las noches que duermen juntos, en ocasiones hace el amor como desesperados, otras, sin necesidad de pelar cebollas, se hinchan a llorar, y después hacen también el amor.  En las penas y las necesidades se aman como se amaron en las alegrías, trabajaban y duermen todas las noches que pueden en el mismo colchón, también para relajarse y poder dormir.
Piensan que como todo siga así, llegará el día, que la Policía con una orden judicial entrará en su casa para robársela en nombre de la ley.  Otras noches, quieren soñar que todo cambiará, leyes, gobierno y suerte. Entonces trabajarán juntos, todas las noches se darán el beso de buenas noches, y todas las noches podrán besar y contarle un cuento a su hija. Sueñan y se emocionan pensando que se despertaran junto a ella, escuchando su risa todas las mañanas.
De momento tendrán que esperar para ver si Jorge sale del coma en que se encuentra por culpa de un accidente de tráfico. A ella ya le han dicho que en tres meses se le termina el contrato de formación y que tal vez sería bueno que renuncie a cumplir esos tres meses, para estar con su marido, por si ocurre lo que está dentro de lo posible. Cuando pasen estos tres meses, podría ser que Alba, además de no tener ya trabajó, se encontrase sin su amor y sin su casa.

Mientras otros se van a Venezuela a pelar cebollas y llorar lágrimas de cocodrilo.
Gracias A.M. por regalarme esta historia y animarme a seguir escribiendo.


©Paco Arenas. Todos los derechos reservados.

jueves, 2 de junio de 2016

“Sanguis”, no sé escribir inglés (Relato)


Es una pena no haber hecho alguna foto a los paneles de tapas que ponía en la puerta del Bar Arenas.  Era preciso hacerlos con cámaras, llevar después los carretes a revelar y que saliesen bien, hubiese parecido estúpido retratar unos paneles de las tapas y bocadillos de un bar, aunque ese bar fuese el Bar Arenas, mi bar.  Entonces no había móviles con cámara de fotos, en realidad ni siquiera móviles. El primer móvil que vi en mi vida fue a un barrendero que estaba en el parque de enfrente del dando vueltas a un árbol y discutiendo con él. Eso es lo que pensábamos quienes entretenidos y riendo pensábamos, hasta que nos percatamos que llevaba un extraño artefacto negro del tamaño de un ladrillo estrecho en la mano con una antena. Y que al terminar lo metía en una riñonera, como si fuese una pistola del viejo oeste americano. 


En esos carteles aparte de la larga lista de tapas y bocadillos, yo tiraba de ironía y de mis tontunas, pocas recuerdo, pero hay una que no olvidaré. Al final de la lista de bocadillos puse:
Hamburguesas (de la carnicería de Paco,[1] no bávaras de Hamburgo, que nadie piense en teutonas cerveceras):
Normal: Hamburguesa, lechuga, tomate y cebolla.
Completa: Hamburguesa, lechuga, tomate, cebolla, huevo, bacón.( es lo que pone en el molde)
Sanguis (no sé escribir inglés) normal (de York (llamarle jamón sería un insulto imperdonable) y queso.
Sanguis vegetal (Es un decir, porque lleva lechuga, tomate, mahonesa hecha en Valencia, atún y huevo.
Terminando la pizarra con un :  ¡Que aproveche, chorra!
Una mañana, entró un hombre muy bien vestido, lo cual ya hizo que nos pusiésemos en guardia, era un bar donde iban los trabajadores a almorzar, comer cenar o tapear, o simplemente tomar unas cervezas, cafés, copas o cubalibres, los pocos que entraban con traje, o eran representantes o inspectores, ni unos ni otros eran bien recibidos. De hecho una de las máximas de mi hermano y socio era:
—Yo veo a uno manchado de yeso, de grasa y digo esté viene a gastarse los cuartos. Si veo a uno con traje y corbata, digo, este viene con intención de llevarse los cuartos.
La cuestión es que casi nunca se equivocaba. Pero este hombre tenía aspecto inofensivo, tenía cara de buena persona y fue directamente en dirección a mi persona, a pesar de que mi hermano estaba más cerca, supongo que porque vio que mi hermano ya estaba en guardia.
—¡Buenos días! ¿Qué desea usted? —Le pregunté, utilizando el usted, algo raro en aquel bar, donde todos nos conocíamos.
—¡Buenos días!  Por favor, ¿me puede dejar un boli un momento? —Solicitó el hombre.
Yo rápidamente eché mano al bolsillo de mi camisa y le entregué el bolígrafo en la mano.
—¿Me puede dejar también una hoja de libreta?
Con la misma celeridad le entregue la libreta.
—Coja las que necesite.
El hombre agarró la libreta y comenzó a escribir en la primera página, entregándomela al instante, con una palabra escrita: Sándwich.
—¿Quiere un sanguis, normal o vegetal? —Le pregunté, extrañándome que me lo pidiese por escrito.
—No, era para decirle como se escribía, como pone en la pizarra que no sabe escribirlo…
Me eché a reír, no debería haberlo hecho, porque sin duda su intención era buena, me di la vuelta y agarré el paquete de pan de molde que tenía tras de mí, donde claramente ponía la palabra: Pan de sándwich. Está claro que él se debería haber percatado de la ironía, más cuando al final del cartel ponía: ¡Qué aproveche, chorra! El hombre agachó la cabeza, dio los buenos días de nuevo y se marchó.






[1] La carnicería de Paco, era una carnicería que estaba enfrente del parque de la calle Gil Sumbiela, regentada por un matrimonio formado por Paco y Paquita. La carnicería se llamaba Paquita.

martes, 31 de mayo de 2016

Begoña, Mario y Tania (Una historia real)




Begoña y Mario eran dos personas felices, de clase media acomodada. Votantes del PP, sin que, al menos ella pudiese considerarse franquista. Begoña en tan solo dos ocasiones fue infiel a sus ideales, en 1982 encandilada por Felipe González y en 2011, indignada por la vil manipulación que llevo a cabo el PP, a raíz de los atentados del 11 de marzo, en ambos casos voto al PSOE, sin que Mario llegase siquiera a sospechar nada. Católicos practicantes, amantes del orden y la decencia; sin embargo, practicaban sexo bastante más a menudo que otras parejas de su edad, por prescripción facultativa. Sí, ellos querían ser padres, y Mario descartaba cualquier otro medio reproductivo que no fuese como Dios manda, ella, estaba dispuesta a buscar otras alternativas, incluida la infidelidad, y como en política, también le fue infiel en dos ocasiones. Lo cual no la dejo embarazada tampoco y hubo de improvisar un viaje para poder descargar su alma de tan gran culpa.


Ella, junto con su hermana, regentaba una céntrica peluquería del centro de la ciudad del norte de Castilla, donde vivían. Hasta hace unos años atrás funcionaban muy bien, incluso se habían permitido contratar a tres peluqueras y una esteticien. También para así poder viajar y mantener la pasión dentro del matrimonio. No hubo rincón digno de ser visitado que del mundo que no visitasen, ni Parador Nacional u hotel importante que de España, donde no hiciesen el amor. Tenían dinero para ello, porque si ella ganaba dinero, él todavía más. Trabajaba en una caja de ahorros como interventor y estaba previsto que en un par de años lo hiciesen director.
Ya pasaban de los cincuenta, cuando tiraron la toalla, ya solo quedaba una alternativa, la adopción. En España la lista de espera era muy larga, no querían negritos, ni sudamericanos que tuviesen los rasgos pronunciados. Alguien les habló de Ucrania, donde, quería dar salidas los miles de niños que habitan sus orfanatos. 
Pronto comenzaron los tediosos trámites administrativos, viajaron a Kiev, y después a la península de Crimea, conocieron a Katia, entonces con la cabeza rapada al cero, como todos los niños del orfanato. Decidieron que sería su hija, pero en ese primer viaje no la pudieron traer con ellos. El segundo viaje, les pilló el conflicto bélico en Crimea. Todo el papeleo no servía para nada, hubo de comenzar de nuevo, con las nuevas autoridades. Al final regresaron sin Katia, que se quedó llorando en el orfanato, después de estar dos meses con ellos, viviendo en un hotel de Sebastopol encariñándose con la chiquilla y ella con sus nuevos padres adoptivos. El gobierno español se negó ayudarles conminándoles a que abandonasen la zona de guerra, al tiempo que apoyaba al gobierno golpista de Ucrania.
Ya nunca regresarían a por Katia, a pesar de llegar a estar inscrita en el libro de familia, el no reconocimiento por parte del gobierno español con la recién creada República de Crimea, frustró todas las ilusiones. Un año antes la caja de ahorros donde trabajaba Mario, se había fusionado con otras cajas más importantes. La entidad resultante fue cerrando sucursales buscando la viabilidad del banco resultante. En principio a Mario lo respetaron,aunque pasó a ser un empleado corriente, con la consiguiente merma de ingresos. La ley laboral de 2012 estaba ya en vigor, y terminó siendo despedido de acuerdo a la nueva legislación. Begoña afortunadamente conservaba su peluquería, aunque cada día echaba de menos más de sus clientas habituales, por culpa de la crisis.

En el 2007, la caja de ahorros donde trabajaba Mario, fue la promotora de una urbanización de chalés en un recinto exclusivo de una urbanización de lujo, con condiciones especiales para los empleados de la entidad. Sin embargo, tras ser despedido, las condiciones cambiaron. Como entonces sus ingresos eran importantes, firmaron la hipoteca para un periodo corto en el tiempo, con cuotas muy altas. A pesar de todo, consideraron que podían asumirlo, la indemnización la utilizaron para bajar el importe y lo que quedaba pendiente podrían hacer frente en cualquier momento con una importante cantidad de dinero, que tenían invertido en acciones preferentes, que les daban excelentes dividendos.

La peluquería iba de capa caída, primero con la crisis, después con la proliferación de peluquerías chinas, una puesta justo en la esquina de enfrente de su peluquería, para terminar de dar el puntillazo, allí estaba el Gobierno, con su subida del IVA al 21%. Imposible pagar los sueldos y seguir ganando, ni despidiendo a las tres empleadas pudieron seguir. Tuvieron que cerrar, y vender el local para hacer frente a las indemnizaciones de las trabajadoras.

El subsidio de desempleo de Mario se terminaba cuando la peluquería se cerraba, fue entonces cuando solicitaron la venta de las preferentes a su, ahora banco. El director de la nueva sucursal, amigo de Mario, les dijo, que debían esperar unas semanas, que había surgido un problema. 

Pero que estuviesen tranquilos, que todo estaba en orden y que como máximo en tres semanas tendrían su dinero. Entonces estalló el escándalo de la estafa de las preferentes, con La bendición de la Unión Europea y el Gobierno de España , a Begoña, a Mario y miles de personas les habían estafado aquellos en quienes más confiaban, el partido al que siempre habían votado y la entidad en la que había trabajado toda su vida. El cielo se desprendió de lo que lo mantenía en el infinito, todo se les hecho encima, fallaron en la plazos del coche, comenzaron a fallar en los plazos de alguna mensualidad de la hipoteca, a los cuales no podían hacer frente. Por primera vez, hubieron de renunciar a lo que más les gustaba, a viajar, ni siquiera en agosto. 

Begoña al ser empresaria autónoma, no tenía derecho a subsidio. Los 426 euros no llegaban para los gastos ordinarios, cuanto ni más para pagar la hipoteca. Mario comenzó una batalla perdida contra la entidad que ya descaradamente hablaba de robarles su casa, también contra la estafa de las preferentes, que le había robado un dinero con el cual podría hacer frete a la hipoteca, sobrándole dinero. Mario inicio la tarea de mover hilos, diputados, concejales, empresarios, le dieron la espalda. Su amigo, de toda la vida, importante directivo de la entidad bancaria, se lo dijo claro:

—Tú ya no eres un trabajador de la casa, como cliente estás dando problemas, te apañas.

—Tengo 190,000 euros en preferentes y debo 120.000 de hipoteca, lo uno por lo otro y todos tranquilos, lo perdido, perdido está.
—No, con lo de las preferentes, de momento no puedo hacer nada, solo me permiten con los pequeños ahorradores. Con la hipoteca menos.

— ¿Ni siquiera quedándose el banco con la casa?

—Sabes que no, la deuda la seguirías teniendo.
Ni con contactos, ni sin contactos le hicieron caso, la depresión y un cáncer de pulmón acabaron con su vida, en pocos meses. Con la vida de Begoña acabaron cuando la entidad financiera que le había robado su dinero y que le tenía retenido más que debía de hipoteca, solicitó el levantamiento y ejecución del desahucio. Podía haber contactado con el PAH, ¿pero que iban a pensar sus selectos vecinos de esas amistades? 

Cuando entraron los funcionarios judiciales por la puerta y le dijeron que debía abandonar su vivienda. Pidió permiso para recoger sus cosas, subió a la buhardilla y tras encaramarse en una silla se dejó caer sobre el firme del garaje, al lado de su flamante Mercedes.

Aquel mismo día, al buzón llegó una carta del consulado, comunicándoles que ya podían hacerse cargo de Katia.  En un orfanato de Sebastopol una niña de cinco años quedó esperando la llegada de unos padres que la quisieran  llorando desconsolada.
Agradezco a M.J.P. el haberme hecho llegar esta historia real. Los personajes han sido cambiados los nombres, y han pasado de inmediato a formar parte de esos más de 1500 asesinatos que produce el terrorismo financiero legal al año. Siendo dramático este caso, es de los menos dramáticos de cuantos ocurren en España, donde hay millones de historias para derramar lágrimas, sin necesidad de marcharse a Venezuela.




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