domingo, 4 de septiembre de 2016

Pesadilla




Desperté en medio de un precipicio
Hienas esperaban babeando en uno de los extremos,
en el otro feroces hombres dispuestos a arrebatarme los sueños.
Quise caminar buscando en mis semejantes comprensión.
Inútil quimera cuando los hombres han perdido la voluntad de soñar.
Cuando tan sólo obedecen la voluntad de su amo.
Viéndoles, hasta las hienas me ofrecieron más confianza.
Cerré los ojos y volví a soñar con volar
como aquellos pájaros que se acercaban por el horizonte.
Eran libros abiertos
que me trasladaron con sus alas de papel al país de la libertad,
tan lejano de aquel reino putrefacto
que debía pisar cada mañana,

cuando deba enfrentarme al mundo.

©Paco Arenas

sábado, 3 de septiembre de 2016

A San Clemente (Poesía)





Hace unos meses un paisano creyó que yo sería capaz de hacer un himno a San Clemente. Sin embargo yo no entiendo de himnos, tampoco me tengo por poeta, aunque me siento cómodo en el relato. No obstante escribí esta poesía que habla de la lucha de los sanclementinos contra el invasor francés y su héroe, Bibiano Hellín. Espero que os guste, de lo contrario disculpar el atrevimiento.


A San Clemente (Poesía)

Gentes de Castilla gritan al viento,
desde las llanuras de La Mancha,
con hoces en la mano:
¡Voto a Rus!
Espuelas de caballo rompen las cadenas
de una tierra seca, que pide libertad
contra el invasor.
Bibiano, con el resplandor en los ojos
y la espada en la mano,
cabalga por San Clemente
derramando sangre gabacha,
por las tierras de la Mancha.

¡Voto a Rus!
No niego a nadie el pan y la sal,
no me la nieguen a mí.
Soy Sancho, soy Quijote…
Gritan las gentes valientes de San Clemente:
¡Voto a Rus!

¡Voto a Rus!
Gritan gargantas desgarradas
con las manos apretadas,
cambian la hoz por la espada.
Y con sus campesinas abarcas,
Se enfrentan al invasor.
¡Voto a Rus!
No dé yo un ardite.
si la sangre no me arrebata,
para luchar por la libertad de La Mancha
y la independencia de España. 
¡Voto a Rus!

DE LADRÓN A DIRECTOR DEL BANCO MUNDIAL (Relato de FICCIÓN)


Hace no mucho, en un país, en desiertos no muy lejanos (España no, aquí los políticos son muy honrados) hubo un ministro que desde bien mancebo había vivido de lo público, era por tanto de rico de patrimonio, pero grandísimo gastador, y tan embustero y fullero que desde cada tres negocios públicos, dos se los adjudicaba en su beneficio. Unos mequetrefes de esos que andan con pluma como espada descubrieron para su pena que parte de lo robado lo guardaba en paraísos caribeños. No es que el primer ministro, tan ladrón como él le pidiese explicaciones, pero el vulgo si lo hacía, ante escándalo tan grande. Le entrevistaron en periódicos y televisión. El mancebo bigotudo siempre andaba lleno de dudas, negando hasta su firma, o echando la culpa a su fallecido y más que difunto padre, total no iba a protestar.
No había en aquel país periodista u elector que en él pudiese confiar, porque aquí pedía, acullá engañaba, aquí hacía una mohatra, allí empeñaba su palabra y hasta su honor mintiendo sin cesar. Si decía no he robado, la más rica cadena de oro se le escaba por el bolsillo roto.
Acostumbrado a holgar sin trabajar, a vivir de la mangancia ministerial, él que siempre fue elegante, al primer ministro decidió chantajear.
—Sabes vuestra merced que yo no me conformo con cualquier oscuro puestecillo —dijo como quien no quiere la cosa al primer ministro, en compañía de sus antiguos camaradas de ministerio —Recuerden sus señorías que son muchos los secretos que puedo soltar por esta boca, que aunque tienen por falsaria a buen seguro que más de uno creerá.
—Pensar, pensar, que a nuestro amigo debemos ayudar. —presto el primer ministro exhortó a sus ministros subalternos.
—Creo recordar —se atrevió a alzar la voz el ministro de economía.
—Cuenta, cuenta, que parece que te has caído de un guindo sin subir. —le apremio ahora la jefa del partido, Dolores Fuerte de Barriga.
—Queda vacante el puesto de director del Banco Mundial. —Terminó el ministro de economía.
—¿Cuánto? —Presto inquirió el exministro.
—Más de doscientos mil euros… —Contestó el ministro en funciones.
¿Y te lo tenías callado malandrín? —Le recriminó el primer ministro sin disimular su enojo. No en vano en menos de cuarenta y ocho horas había sido objeto de escarnio y chanza pública en el parlamento.
—Vuestra merced, piense que estamos en funciones y es un puesto muy goloso que bien lo quisiera para mi persona...— se disculpó el ministro de economía.
—¿Pero tú crees que después de la que armaste con los hermanos limones te van a querer en "Niuyor"? preguntó el muy inepto primer ministro de aquel no muy lejano país.
—Siempre cabe la posibilidad. Los secretos están para usarlos y yo tengo muchos... replicó maliciosamente el ministro de economía.
—Y yo también, ¿o te crees que me he caído de un gindo? Si esta boquita hablará el Consejo de Ministros temblaría al completo...
—¿Escuchas? —preguntó alarmado el primer ministro al de economía.
El exministro expulsado del gabinete por escándalo público sonrió con malicia y dándole un codazo al ministro de economía le dijo:
—Ya estás tardando. Me sentarán bien los aires de "Niuyor."
Y así fue como paso de ladrón a director del mayor banco del mundo este mancebo de buena familia embustero y ladrón.
P.D. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. No haciéndose responsable el autor de la interpretación que la mente calenturienta del lector pudiese hacerse.
Foto moneda de veinte pesos mexicanos, en la cual se representa un don Quijote esquelético. Simboliza en este caso a los países cuando por sus ministerios pasan determinados individuos.

viernes, 19 de agosto de 2016

El padre y el padrastro del Quijote y la madre de Los manuscritos de Teresa Panza


Decía Cervantes sobre el Quijote:

“Aunque parezco el padre, soy el padrastro de Don Quijote”.

Por la misma regla de tres, lo mismo digo yo sobre Los manuscritos de Teresa Panza.  Si bien el gran genio de Cervantes atribuyó a Cide Hamete Benengeli la autoría del Quijote, yo con menos genio e ingenio, afirmo no ser el padre de estos manuscritos encontrados en la cueva del Hermosomío.  Estos manuscritos tienen dos padres, una madre y un padrastro: Los dos padres son Cervantes y don Quijote, si el primero no hubiese tenido el genio para escribir el segundo, estos manuscritos de Teresa Panza jamás los hubiese redactado la desconocida hija del fiel escudero del Caballero de la Triste Figura y madre de los mismos. Me reservo por tanto, sin poder compararme a Cervantes el papel de mero transcriptor de los manuscritos.

Paco Arenas,  como transcriptor y descubridor de los manuscritos tiene la osadía de asignarse la autoría que como se ha podido leer arriba, no debiera. Fue la casualidad, que no la inteligencia ni el ingenio lo que sacó a la luz Los manuscritos de Teresa Panza, contra la voluntad de su autora. Mi único  mérito, por tanto, es  haberlos sacado a la luz.

©Paco Arenas


jueves, 11 de agosto de 2016

Declaración de a Amor a una estatua de Benicassim


Al pasar por su lado
Al verla tan bella
 ceso mi caminar
al ver sus labios  de amapola sonreír
 con la mirada dispersa cual pétalos
mecidos por  el viento de solano.
Con paso lento me acerqué a ella,
y mis labios a su boca fría y húmeda,
(terminaba de llover)
Quise dejarme llevar
por mi alma desierta de amores

y choqué con su boca muda,
quedándome helado.
Le dije palabras hermosas,
de las que dicen los poetas de verdad.
Dulces versos recitados
a metálicas tímpanos de bronce.
¡Oh, dolor!
Que tanta belleza no sea capaz de sentir amor.
©Paco Arenas


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