martes, 25 de febrero de 2014

Suspendido de la brisa de tu aliento- Poesía

 En la maleta que encontré en el sótano hace un par de semanas, también hay ¿poemas? de aquellos que escribía pensando en alguna chica, eran poemas más de ausencias que de presencias.  
Este fechado hace casi justamente hace 32 años.

Escrito el 27 de febrero de 1982


Cuando uno tiene poco más de veinte años y se encuentra al cabo de los años con un amor adolescente, cuando la timidez era todavía una pesada carga de la cual me iba desprendiendo poco a poco,  o como en este caso podría decir que también la timidez podía llegar a ser arrebatada por una joven unos años mayor, sin que ello fuese corrupción de menores.  Cuando unos años después se produce un encuentro fortuito, cuando la timidez es residuo del pasado,  uno escribe cosas como esta. 

lunes, 24 de febrero de 2014

¡Muera el señorito! 1ª parte ( Rafael López de Haro)

Madre Tierra(Horacio Ferrer de Morgado)

Andaba yo buscando por la red  una historia  que escuche hace mucho tiempo y que daba por hecho que debía estar en la biblioteca pública más grande del mundo internet, tras varios intentos sin resultados puse solo el final de la historia, ¡Muera el señorito! Y me topé con el blog Ángel Romera,  doctor en Filología Hispánica, escritor, investigador y crítico literario, y un montón de cosas más,  a pesar de todas esas cosas que dan miedo a un zoquete como yo, por sus escritos, su forma de presentar los temas, de escribirlos, se le nota la cercanía de las personas sencillas, el apego a la Tierra, a La Mancha, a pesar de ser natural de Úbeda.   Su blog está plagado de cosas más que interesantes de nuestra Tierra.  Es donde encontré algo muy interesante, la novela  transcurre “en un pueblo manchego en realidad inexistente, El Pinoso, en el que paradójicamente no hay pinos, ya que todo ha sido arrasado para plantar trigo.” Curioso ¿no? Curioso y llamativo que alguien de San Clemente, con dos de los apellidos más comunes en Pinarejo escriba sobre un pueblo cuyo nombre es Pinoso donde  los pinos han sido arrasados para sembrar trigo ¿Os suena de algo pinarejeros? A continuación la primera parte:

sábado, 22 de febrero de 2014

Campos de Castilla - 75 aniversario de la muerte de Antonio Machado




Si bien Antonio Machado  nació Sevilla, 26 de julio de 1875 y fue por tanto un poeta andaluz, no obstante, estuvo muy vinculado a Castilla, donde vivió y encontró el amor en la edad tardía, donde participo de un sueño, siendo uno de quienes izaron la bandera de la libertad en el ayuntamiento de Soria el 14 de abril de 1931. 
Es un miembro tardío de la generación del 98 y a la vez uno de los más representativos de la misma, murió ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar, Machado. se marchó de España vencido por la causa perdida y    un 22 de febrero de 1939 fue amortajado con una sábana blanca y una bandera republicana en Colluire.  Poco después la España por la que lucho, vivió y soñó, moría también.

Campos de Castilla (Extracto)

viernes, 21 de febrero de 2014

Belleza - arte clásico en movimiento (Rino Stefano Tagliafierro)

Dos hermanas(William-Adolphe Bouguereau)

Comienza con un paisaje de Asher Brown Durand (1796-1886), uno de los pintores estadounidenses con paisajes  vírgenes de los Estados Unidos.  A co0ntinuación vienen las imágenes más bellas, mujeres jóvenes y niños; vírgenes y ángeles—, muchos de ellos obra del pintor realista William Adolphe Bouguereau (1825-1905).

Una colección de 116 cuadros cobran vida en un vídeo de animación de casi 10 minutos. Cada pintura original se transforma en un instante de movimientos leves y suaves; en una visión acompañada de voces corales y sonidos de la naturaleza. Los personajes respiran lentamente, inclinan la cabeza relajados, actúan como si únicamente vivieran para alargar ese momento. Rino Stefano Tagliaferro nos muestra la belleza y la fuerza expresiva de los gestos desde la inmovilidad del lienzo. Todo o casi todo, desprende belleza, porque la verdad es que el final no me gusta, violencia, sangre, cadáveres…      En líneas generales, me ha encantado.     

jueves, 20 de febrero de 2014

Detened la víbora - Poesía

Detened la víbora - Poesía

La víbora llego a estas tierras de Castilla La Nueva con palabras falsas, engañando con mentiras y falsas promesas, prometiendo con mantilla vaticana prosperidad y futuro.  En pocos meses ha destruido y desmantelado la sanidad, la educación y casi todo lo bueno que a base de lucha se había conseguido en estas tierras del sur de Castilla.   Todo buscando el enriquecimiento personal suyo y el de los presuntos corruptos que pululan a su alrededor.  Por si fuese poco pretende instalar un Cementerio Nuclear en el corazón de La Mancha, un cementerio que será la muerte de nuestra Tierra.   Todavía estamos a tiempo de…
Detened la víbora

martes, 18 de febrero de 2014

El lobo y las siete cabritillas



Uno de mis cuentos preferidos de la infancia,  era este cuento de los hermanos Grimm, injustamente relegado casi al olvido, en favor de otros similares como el de Caperucita o los tres cerditos, un cuento de terror.  Me lo contó mi hermano Julián en varias ocasiones, hoy gracias a un príncipe que se quiere hacer pasar por cordero lo he recordado y lo he buscado en internet.  De momento es un copia y pega, luego intentare adaptarlo al modo manchego en que me lo contaba mi hermano.

lunes, 17 de febrero de 2014

"ME LA HE CORTAO" (Relato)

Sí, como si fuese un acto revolucionario, me la he cortado.   No era algo premeditado, ni tampoco realizado con nocturnidad y alevosía, lo confieso. Después de tantos años, era como una señal de mi personalidad, incluso un signo de virilidad,  y me la he cortado, es cierto que estaba débil, que no tenía el vigor de antaño, sin embargo poco a poco  a poco me había ido acostumbrado a sus cambios apenas perceptibles pero que yo sabía que estaban ahí.  Hasta había cambiado de color,

jueves, 13 de febrero de 2014

Poesía rota de un exiliado

Poesía rota de un exiliado
 Cuando abandonamos la tierra en que nacimos, nunca dejamos de soñar con el regreso, sin darnos cuentas hemos ido echando raíces en otros lugares, de esas raíces han salido ramas que se han enredado con otras ramas de otros árboles.  Sin embargo vemos como a medida que nos hacemos viejos nuestra mirada, nuestros pensamientos, nuestros recuerdos nos llevan a aquellas calles en las que jugamos en nuestra niñez.  Nuestras raíces van buscado la querencia de la tierra que nos vio nacer y sin darnos cuenta nos convertimos en unos exiliados presos de unos recuerdos en blanco y negro que buscan el regreso, pero que saben que ese regreso ya no es al lugar que añoramos, el lugar ya no es el mismo, nosotros tampoco, aquel lugar que abandonamos en la niñez, ya solo existe en nuestros recuerdos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Pobrecita la infantita, ella no sabe na - Poesía


Mujeres de los narcotraficantes, esposas  consortes de los ladrones de guante blanco, de repartidores de sobres con billetes de quinientos euros, hacendosas y tranquilas podéis estar dispuestas a lavar dinero, que con no preguntar al marido o firmar mirando para otro lado, o robar fingiendo no saber nada, no os va a pasar nada.  Podéis comprar o robar, que sale más barato, la mejor lavadora, con el mejor centrifugado, que tendréis el apoyo, de fiscales, Agencia Tributaria y todos los aparatos del Estado, solo con decir: Yo soy tonta y todo lo hice por amor.

sábado, 8 de febrero de 2014

El niño que corre en el bosque – Poesía

Nunca debemos intentar guiar a nuestros hijos por nuestros sueños frustrados, no son nuestros, no nos pertenecen, ellos tienen los suyos y es por ellos por los que tienen que luchar.

jueves, 6 de febrero de 2014

Muerte en la frontera - Poesía (A quienes persiguen un sueño)

Muerte en la frontera.
Hoy en la frontera de Ceuta han muerto ahogados al menos diez personas.  Los testigos dicen que la Guardia Civil ha disparado pelotas de goma contra las frágiles embarcaciones de los pobres desgraciados que intentaban alcanzan un sueño, que en realidad es una amarga realidad.

Los testigos culpan directamente a los agentes españoles de los fallecimientos.
 "La Guardia Civil ha disparado pelotas de goma a los flotadores y gases lacrimógenos, eso los ha matado", ha contado uno de los supervivientes a la ONG Caminando Fronteras.

martes, 4 de febrero de 2014

Nostalgia perdida en el estanque de la memoria -Poesía

Aquellos días que se esconden en un estanque olvidado donde la memoria no ha tenido acceso, no recuerdo nada de las fiestas de febrero.
Cualquier cosa puede despertar nostalgia, el recuerdo de un amor, de unos ojos, de algo que comiste un día, esos chorizos que preparaba mi hermana, el queso, esos mantecados y aguardentados que preparaba mi madre.  Esas setas sobre las ascuas que cogía mi padre y me comía yo, vuelven a mí. Como una felicidad triste por esas evocaciones de momentos que sabes que no vas a volver a vivir, por algo que pasado el tiempo idealizaste  haciéndolo perfecto, aunque en su momento ni lo pensante que pudieras recordarlo con nostalgia.



Perdido en el estanque de la memoria


Miró la fecha en el calendario y como todos los años me entra esa nostalgia evocadora que me lleva a aquellos fríos días de febrero.  Sin embargo, no debiera sentir nostalgia por aquellos días que se esconden en un estanque olvidado donde la memoria no ha tenido acceso, no recuerdo nada de las fiestas de febrero.
Cualquier cosa puede despertar nostalgia, el recuerdo de un amor, de unos ojos, de algo que comiste un día, esos chorizos que preparaba mi hermana, el queso, esos mantecados y aguardentados que preparaba mi madre.  Esas setas sobre las ascuas que cogía mi padre y me comía yo, vuelven a mí. Como una felicidad triste por esas evocaciones de momentos que sabes que no vas a volver a vivir, por algo que pasado el tiempo idealizaste  haciéndolo perfecto, aunque en su momento ni lo pensante que pudieras recordarlo con nostalgia.

La tormenta que se avecina - Poesía






Tiene que llover, hasta que entre el cielo y la tierra no quepa un papelillo de fumar(Fermín Arenas)

Es temprano, y llego tarde,
todavía no he sido domesticado,
pero mis riñones sienten el frío látigo
que derraman mi sangre sobre el asfalto.
Sangre que no es mía, es de todos.

Se quiebran las ramas,
se rompen los cielos,
se secan los mares,
se agrietan las tierras de labor,
de vergüenza.

No espero que me entierren
sin haber hecho nada,
Sin arar, sin labrar en la senda de la libertad.
El trigo no surge en la tierra árida,
si no se trabaja, si no se suda.

De mis ojos surgen lágrimas verdaderas,
que riegan está tierra seca,
estos amargos guijarros
que pisan sin compasión
hienas carroñeras antes de la tormenta.

Es temprano, pero llego tarde,
Soplan vientos de rabia.
Fuertes tormentas se avecinan,
que regaran estos campos,
germinaran las semillas de la rabia.

28 de mayo de 1986
 ©Paco Arenas

lunes, 3 de febrero de 2014

Me voy. Os dejo mi silla y me voy - Español del éxodo y del llanto (León Felipe)


Ni todos los poetas son iguales, ni tampoco los gustos.  Lo que cada uno entendemos por poesía es diferente.  De joven lo tenía muy claro, me creía poeta, pero en realidad no me daba cuenta de que la poesía, no es solo hacer rimar palabras de una manera más o menos armoniosa, sino un estado de ánimo, sentimientos de amor, de deseo, de libertad, de justicia, añoranza o vaya usted a saber.

sábado, 1 de febrero de 2014

Santa Agueda, el lupanar de rica miel, la sirena y los manantiales de leche. (Relato)




Esta mañana me he pasado por la Ciudad Fallera y he aprovechado para saludar a mi paisano Luis Culebras. Bastó ese gesto —y las fechas, siempre las fechas— para que el tiempo se plegara sobre sí mismo y me devolviera a un año lejano, tan lejano que parece otro siglo. Aquel 4 de febrero en que Luis, mi hermano Julián y yo, cansados de trabajar y de vivir deprisa, cogimos el coche y nos presentamos en Pinarejo justo a tiempo de prender la iluminaria de la víspera.

La noche fue larga y generosa. Y breve, como todas las noches felices. A las cuatro de la madrugada, sin haber dormido y con algún cubalibre de más, emprendimos el regreso por aquella Nacional III interminable, rumbo a Valencia y a la obligación. Era fiesta en Pinarejo, sí, pero solo allí: al amanecer había que trabajar.

Lo que se goza por la noche se paga al día siguiente. Lo supe al agacharme para coger los ladrillos, cuando en la garganta, en el estómago y, sobre todo, en la cabeza, aún me hablaban los cubatas de la víspera, recordándome que el cuerpo también guarda memoria.

Pensando en eso me acosté. Pensando en Santa Águeda —yo, que tan poco tengo de religioso—, en Pinarejo y en sus fiestas, en aquella tierra manchega que tanto echo de menos. Pensando, pensando… me dormí.


1ª parte del sueño: «Melocotones en almíbar»

 

Me veo pequeño, con seis o siete años. Todavía es de noche y estoy entre sábanas de algodón blanco, secadas al sol. Estoy bien arropado, enseñando apenas el flequillo. La puerta del cuarto queda entornada para que, en cuanto la lumbre prenda, el calor vaya trepando por las estancias de la casa.

 

Veo a mi padre levantarse de la cama y, casi corriendo, marchar hacia el corral. Al regresar trae un par de ceporros de oliva y encina. Enciende el candil con un fósforo y, acto seguido, lía un cigarro y lo prende con la misma llama. Su figura alargada se recorta, cual sombra chinesca, en la pared.

 

Se acerca a la chimenea. Lo oigo trajinar con el fuego, soplar, colocar la leña, canturrear por lo bajo… hasta que, de pronto, el comedor se ilumina con la luz rojiza de la lumbre. Escucho cómo se frota las manos y suspira con fuerza.

 

Va al aparador, coge la botella de aguardiente y echa un trago a galillo.

 

—Pa limpiar las tripas.

 

Deja la botella y se acerca a la puerta de la calle, asomándose:

 

—Está raso, ¡copón! No llueve ni pa Dios.

 

Cierra intentando no hacer ruido. Veo cómo se lía otro cigarro y lo enciende con el primero. Adivino el resplandor al prenderse. Luego desaparece hacia la cuadra. Oigo el relinchar de las mulas, el cacareo nervioso de las gallinas, un portazo, y a mi padre decir:

 

—¡Vaya aires! Entre que no llueve, hiela y hace este viento, se van a secar hasta las ideas…

 

Lo oigo volver. Está junto a la chimenea otra vez: coloca un chaparro y unas cepas secas. El fuego crece. El crepitar se vuelve más intenso.

 

Sale del comedor y sube las escaleras hacia la cámara, donde está el pajar. Al cabo de unos minutos regresa con el cigarrillo atrapado entre los labios y una espuerta llena de paja.

 

Yo salto de la cama y me acerco a darle un beso.

 

—Padre, pincha usted.

 

Él me devuelve el beso, me coge en brazos y me devuelve a la cama.

 

—Anda, quédate acostao, que no son ni las seis… y hoy es fiesta: Santa Águeda.

 

—¿Padre, qué lleva Santa Águeda en el plato?

 

A mi espalda escucho la risa de mi madre. Mi padre ríe también.

 

—Melocotones en almíbar —contesta mi madre, por si acaso a mi padre se le escapa la palabra prohibida.

 

Mi padre ríe con el cigarro entre los labios; se lo quita, lo apaga, y se guarda la colilla en la petaca.

 

—Melocotones… pero muy sabrosos.

 

—Yo creía que eran huevos fritos…

 

—Sí, eso deberían ser: los huevos fritos del Quintianus de los cojo… —y se traga la palabra—. Melocotones.

 

—¡Fermín! —le corta mi madre.

 

—¿Padre, por qué muy sabrosos? —pregunté inocente.

 

—Tontunas de padre… porque son en almíbar —saltó mi madre.

 

—Porque además de ser en almíbar… dan leche —soltó mi padre, que no quedaba conforme con ocultarme lo que llevaba la patrona de Pinarejo.

 

—¿Como las vacas y las ovejas? —pregunté yo.

 

Quedaba tan lejos mi edad de mamón… y siempre, cuando veía a un crío mamando, decían aquella palabra rara: «calostro», que sonaba casi como a insulto.

 

—Sí, como las vacas y las ovejas —contestó mi madre, tapándome con las sábanas casi hasta la frente y regañando a mi padre con la mirada.

 

—Sigo diciendo lo mismo: lo que debería llevar en el plato debería ser un chorizo y dos huevos, los del Quintianus ese… Todo el que le hace eso a una mujer, colgado de los mismos… —susurró mi padre al oído de mi madre.

 

Pero yo entonces tenía el oído muy fino… no como ahora, que soy un sordo de moda: oigo lo que me acomoda.

 

2ª parte del sueño: «El lupanar de rica miel»

 

Don Gregorio, el cura de Pinarejo, celebra la misa en honor a Santa Águeda. Los chiquillos estamos en la parte de atrás, debajo del coro, detrás de los hombres. Vamos con la ropa de los domingos: la misma para todos los domingos y fiestas de guardar.

 

Permanecemos en silencio, mirando al cura como quien mira al trueno. Medio bailamos para que no se nos queden los pies helados, pero procurando no llamar la atención, no fuese a caer algún capón de propina. Porque es preciso decir que don Gregorio era famoso entre los chiquillos de Pinarejo por sus capones de sardineta: dolían al caer y una semana entera se acordaba uno del golpe.

 

—El senador Quintianus intentó conseguir los placeres de la joven Águeda, nuestra patrona, y ella lo rechazó con la fuerza que le dio Cristo. El procónsul, pagano, al no poder conseguir sus enfermizos propósitos, en venganza la envió a un lupanar, donde milagrosamente conservó su virginidad… —narraba el cura.

 

Ahora, de adulto, me surgirían otras preguntas, más críticas, sobre ese Quintianus tan parecido a los poderosos de todas las épocas. Pero entonces, en mi mente infantil, eran preguntas distintas: si Quintianus era malvado… ¿por qué quería “placeres”? ¿Qué quería decir “pagano”? ¿Era que pagaba? En ese caso no parecía tan malo. Los malos, según mi padre y mi madre, eran los «malos pagadores» y quienes robaban a los pobres.

 

Lo de conservar la virginidad milagrosamente no lo comprendía. Ni sabía qué era la virginidad. Ni sabía qué era un lupanar. No podía cuestionarlo.

 

La virginidad, la verdad, ni entonces me llamaba la atención ni ahora tampoco: no sirve para nada, ni da más virtud, ni más honestidad, ni menos. Lo que no influye en la honestidad del hombre, tampoco debería influir en la de la mujer, digo yo.

 

Pero lo del lupanar… eso era otro cantar: ahora me asquea y entonces me intrigaba.

 

—¿Qué es un lupanar? —le pregunté a mi vecino, cinco años mayor que yo, muy listo y además el más cercano.

 

—Es como una taberna donde, en lugar de vino, sirven un panal de miel. Van los hombres por la noche a comer picatostes con vino y miel. Me lo ha dicho mi abuelo: «un lupanar de rica miel…» —me contestó convencido.

 

—¿Picatostes con vino y miel? Pues yo quiero ir a un lupanar —dije.

 

—Solo pueden ir los hombres. Los chiquillos no. Y no se pueden enterar las mujeres, porque si se enteran, su vida se convierte en un infierno. Así que no se lo digas a nadie.

 

—No hay derecho: yo quiero ir al lupanar a comer picatostes con miel… —repliqué alzando la voz.

 

Entonces, los nudillos de una catequista aterrizaron sobre mi cabeza. Ella también se había copiado de don Gregorio y repartía capones.

 

—En misa no se habla —nos riñó por lo bajini.

 

Me giré y la miré. Estaba severa, enfadada… pero tan guapa, que la palabrota que iba a soltarle me la tragué para mis adentros.

 

 

3ª parte del sueño

 

Ya no soy un crío: soy un adolescente con barba incipiente y la cara como un plato de lentejas rojas de tantas espinillas. Tengo frío por todo el cuerpo. Miro hacia Pinarejo… pero no desde mi cama: lo miro desde lo alto de una oliva del Pulido, con el cestillo en la cintura, vareando aceituna.

 

Curiosamente es de noche. Coger aceituna de noche y encima subido a una oliva de cinco metros… algo más estúpido imposible. Pero los sueños son así: no piden permiso, solo se presentan.

 

Desde el Pulido, Pinarejo tiene la silueta de dos pechos de mujer: uno es la torre de la iglesia, el otro el molino de viento. Y no sé por qué, tras el pueblo, me parece ver unos ojos bellos, como los de una muchacha que me observa desde la lejanía.

 

Siempre veo ojos bellos. No lo puedo evitar y miro primero a los ojos antes que a nada. Quizá sea porque fue tan grande mi timidez que todavía necesito afirmarme en esa mirada. No soporto hablar con nadie que lleve gafas de sol. Manías que, en vez de curarse, se agrandan con los años.

 

Sigo mirando y veo la silueta de don Quijote. Va solo, sin Sancho. Se dirige hacia el molino de viento, pero en la era de don Pepe tropieza con una figura tendida a la luz de la luna. Una muchacha enorme, del tamaño de los gigantes que imaginaba el Caballero de la Triste Figura. Descabalga con miedo y se le acerca.

 

La muchacha duerme, boca arriba, como si el mundo fuese un colchón de escarcha. Y entonces, como si un hechicero malvado nos hubiese puesto una venda en los ojos, todo se vuelve imposible y hermoso: la visión se transforma, late, respira, y el aire huele a ambrosía.

 

—No podrás subir —me dice don Quijote, socarrón—. Es piel muy resbaladiza… y como la despiertes, te engulle sin masticar. Parece bella, sí… pero lo bello también muerde.

 

Rocinante da vueltas, inquieto, y cada vez que pasa junto a aquella abundancia, se detiene, como sediento, a beber lo que el sueño le ofrece. Don Quijote se ríe, y su risa suena a hierro viejo.

 

Yo, terco, intento acercarme. Pero entonces ocurre lo que ocurre siempre en los sueños: lo real se convierte en símbolo. Lo deseado cambia de forma. Lo dulce amenaza.

 

Aquello que parecía piel suave se vuelve áspero, como melocotón. Y en un parpadeo ya no es cuerpo: son dos melocotones enormes. Y luego, sin aviso, la piel desaparece y todo se vuelve almíbar, resbaladizo. Me hundo. Intento trepar y no puedo. Y el chocolate —oscuro, espeso— se abre bajo mis pies como arenas movedizas.

 

—Disfruta del chocolate —me grita don Quijote—, que a la nata no llegarás… No se hizo la miel para la boca del asno.

 

Resbalo hasta el suelo, harto de dulce y de vergüenza. Y entonces llegan hormigas (siendo pleno invierno, fíjate tú), y además son de mi tamaño. Chupan el almíbar de mi cuerpo, que ahora también anda sin ropa, como los santos en los retablos cuando les cae la pintura.

 

Después se marchan… hacia un plato inmenso con dos huevos fritos y un chorizo.

 

—¿Son los míos? —pregunto.

 

—No, tranquilo —responde don Quijote—. Son los de Quintianus.

 

Desperté sudoroso y asustado. Eran las seis de la mañana. Me había acostado a las cinco y a las siete tenía que levantarme para ir a trabajar a la obra.

 

Me dormí otra vez maldiciendo mi suerte y mi resaca. Me dolía tanto la cabeza que no me daba ni para pensar lo absurdo del sueño… ni lo todavía más absurdo de haber ido a Pinarejo la víspera de Santa Águeda, para tener que levantarme al día siguiente a las siete: no borracho, pero con resaca monumental.

 

Quise volver a dormir y soñar con aquellos melocotones sabrosos que daban leche. No pudo ser. Sonó el despertador. Y creí oír la voz de mi padre:

 

—Anda, quédate acostao, que no son ni las seis… y hoy es fiesta en Pinarejo: Santa Águeda.

 

Pero yo estaba en Valencia. No era fiesta. Y tenía que irme a trabajaba a la obra a destajo… Ninguna madrugada la pasé tan mal como aquella mañana.



Paco Arenas en Pinarejo a 5 de febrero de 1987





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...