martes, 23 de noviembre de 2021

Valoración de Nicolás Haro López, sobre «Águeda y el secreto de su mano zurda»

 


Muchas gracias, Nicolás Haro López, por tu valoración de «Águeda y el secreto de su mano zurda»

Acabada la lectura de «Águeda y el secreto de su mano zurda», te doy mi más cordial enhorabuena al tiempo que también las gracias por plasmar parte de mis antepasados, en este magnífico ejemplar que te dará a buen seguro muchísimas alegrías. El libro me ha enganchado total, hasta el punto de buscar cualquier momento para proseguir la lectura.

Magnífica imaginación y muy bien encadenados los relatos, observando tu increíble conocimiento del medio, a pesar de llevar fuera de estas tierras muchos años.

Te deseo un gran éxito que seguro tendrás, y me alegro de que comenzases a escribir  en la edad tardía, y sacases de tu cabeza parte de lo que alberga para el deleite de tus seguidores, nunca es tarde.

 

Primera valoración en Amazon de «Águeda y el secreto de su mano zurda»

Primera valoración en Amazon de «Águeda y el secreto de su mano zurda»:




5,0 de 5 estrellas Buenísimo

Revisado en España el 17 de noviembre de 2021

Compra verificada

Magníficamente escrito, tierno, divertido, fácil de leer y muy entretenido, con algún guiño a sus otros libros, y manteniendo su pasión por los temas quijotescos, también es una crítica al abuso de poder de los más fuertes, sobre todo sobre las mujeres, y un reconocimiento a la inteligencia de ellas. Lo he disfrutado mucho, y lo recomiendo a todo el que desee disfrutar de una buena y entretenida lectura.

Para acceder a la reseña:


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sábado, 13 de noviembre de 2021

Reseña de «Águeda y el secreto de su mano zurda», por Fran Grillo Martín

 

Foto Fran Grillo Martín

Tras dos semanas en el mercado, por fin llega la primera reseña de  «Águeda y el secreto de su mano zurda», escrita por Fran Grillo Martín, al cual agradezco sus palabras. 

Sinopsis: 

En aquella época, cuando Águeda abrió el baúl delante de Miguel, pocos hombres, incluso entre la nobleza, sabían leer. Mucho menos las mujeres, algunas entre las nobles eran capaces de leer y firmar su nombre. Por su condición de mujer no lo precisaban, con ser buenas esposas y dar herederos les bastaba. Águeda, una campesina de cabellos bermejos, aprendió a leer siguiendo el dedo de Miguel, su marido, mientras este leía el Quijote. Llegó a coger la pluma delante de él, no siendo capaz de trazar una letra entendible, era mujer. No obstante, a su dictado, él comenzó a escribir una novela, sin saber qué mano trazó aquellas frases que salían de los labios de su ocurrente esposa. Su secreto era su arma de mujer contra los prejuicios de su entorno, que ni Miguel debía llegar a conocer.


Mi opinión:

Terminada la lectura de la nueva novela de Paco Arenas, «Águeda y el secreto de su mano zurda».

No puedo hacer otra cosa que recomendar su lectura y darle mi Enhorabuena a su autor Paco Arenas, agradeciéndole su magistral manera para «juntar palabras» (que es como él, en su profunda humildad llama a sus relatos y libros) y deleitarnos con esta su nueva «criatura».

Para mí una obra literaria de 10. Se nota que el autor es un apasionado Quijotesco que hace despertar interés por ese género tan olvidado en estos tiempos de grandes «bestseller» que buscan fama y dinero fácil.

También es un gran homenaje a todas las mujeres que, aparte de las vicisitudes que a lo largo de la vida sufren, de una u otra manera, también tienen que cargar con una sociedad patriarcal que desde tiempos inmemoriales les pone palos en las ruedas y las hace invisibles, llegando incluso a hacerlas parecer culpables de sus propias tragedias a ojos de la sociedad.

Una sociedad que la religión moldea a su interés y que denigra a la mujer solo por el hecho de serlo.  Espero que todo eso cambie algún día y que entre todas podamos hacer de este un mundo más equitativo donde la mujer tenga el sitio que se merece.

Una lectura que enseguida te atrapa y te adentra en las vidas de sus personajes, en sus amores y desamores, en los buenos momentos, pero a la vez en sus tragedias e injusticias que siempre acaban pagando los mismos, los pobres, los de abajo, y por debajo de los pobres están las mujeres pobres, que sufren con ensañamiento las miserias entre los de su misma clase.

La historia tiene también sus héroes, héroes locos… o ¿quizá no tanto? Pero justicieros al fin, y sobre todo con su heroína y luchadora incansable, esa que da título y dignidad a la historia.

Mi más sincera enhorabuena a este mago de la pluma.

Que el duende de las letras siga visitándote con asiduidad y así poder disfrutar de tu talento.

Muchas gracias, Paco. Me encanta como «juntas palabras»...


              - Fran Grillo Martín-

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jueves, 11 de noviembre de 2021

El zorro al cuidado del gallinero y el lobo de guardián del rebaño

 

Arnaldo o el zorro al cuidado del gallinero y el lobo de guardián del rebaño

Poco antes de la hora de cenar entró don Quijote en casa de Sancho con cara de pícaro. Sancho al verlo torció el gesto pensando: «si me dices de volver a las andadas, ni borracho».  No obstante, no era esa la intención de la visita del caballero, que tras las buenas noches le espetó a su antiguo escudero:

—Sancho, amigo mío, ¿conoces a Zacarías, el pastor? —Preguntó don Quijote mirando por el rabillo del ojo a Sancho.

—¿No lo he de conocer, si es primo mío? —Contestó Sancho, un tanto perplejo, ante lo absurda que le parecía la pregunta.

—¿Y a Arnaldo Hurtador, lo conoces? —Preguntó, ahora con malicia el caballero.

—Ni me lo miente vuestra merced. Borracho, usurero y ladrón como el que más. Si no está en galeras es porque está protegido por el aún más ladrón y sinvergüenza del corregidor. Precisamente a mi primo le ha robado varias ovejas, y a mí los mejores racimos de mis viñas…

—¿Sabrás que Zacarías es edil del concejo?

—Sí, claro, pero para lo que le sirve. Es honrado y se lleva las tortas que se debería llevar el corregidor…, ¿pero a dónde quiere ir a parar vuestra merced? No me cuadra la casquera que trae vuestra merced sobre mi primo y el tal Arnaldo.

—Ahora te va a cuadrar. El concejo tiene que renovar a los alguaciles, porque los actuales no pueden seguir por ser prevaricadores y cortabolsas que abusan de su puesto para transgredir leyes y apropiarse de haciendas ajenas a cambios de favores…

—Claro, claro, hace ya más de tres años que se sabe y que se lleva diciendo que deberían ser cesados por contravenir las leyes de la Santa Hermandad…

—Amigo Sancho ¿Tú pondrías a Arnaldo de alguacil de la Santa Hermandad?

—Ni borracho. Sería como poner al zorro a cuidar del gallinero o al lobo el rebaño… Si Arnaldo avergüenza hasta a las personas honradas de la cuerda del corregidor.  Hay leales al filimincias del

Corregidor que sin ser honrados lo parecen. No sé qué busca proponiendo a ese delincuente…

—Que queden mal los miembros honrados del concejo y se acusen mutuamente de haber puesto a un zorro a cuidar el gallinero.

—Pero si quien lo propone es el corregidor…

— Pero lo aprueban los representantes de los pastores y de los agricultores, se convierten en cómplices.

—Eso es imposible, ni mi primo Zacarías, ni el bueno de Santos, permitirán tal felonía. No sé cómo es capaz vuestra merced de cavilar tales maldades.

—¿Me creerías si te dijera que me lo acaba de decir el señor bachiller don Sansón Carrasco? ¿Tu primo Zacarías, Santos y  el carpintero Dimas, siendo honrados han llegado a un trato con el corregidor para renovar los alguaciles corruptos de la Santa Hermandad colocando a Arnaldo Hurtador de alguacil?

—Por supuesto que no puedo creer tal cosa.  Mi primo es persona honrada y los otros dos iguales, gracias a ellos sabemos que los alguaciles están podridos. Por eso llevan tres años peleándose con el marqués y el corregidor para cambiar los alguaciles de la Santa Hermandad. Jamás llegarían a un trato con un delincuente para poner a un ladrón a impartir justicia. Ni tapándose la nariz harían tal cosa. Si el corregidor y el marqués no han renovado los alguaciles es porque tienen mucha ciénaga podrida bajo las alfombras de sus palacios. Me ofende vuestra merced solo con insinuarlo, además tiene mayoría, son tres votos contra dos…

—Pues ese es el acuerdo al que han llegado el sinvergüenza del corregidor y el honrado de tu primo…

—No me creo tal cosa, como no me lo diga él, hasta de la palabra de vuestra merced, que nunca miente, dudo. Si eso pasa dejo de beber vino durante un año con sus doce meses, mire si lo tengo claro.

—Pues ya veremos, amigo Sancho, mañana lo que pasa. Más vale que te emborraches esta noche, que como cumplas tu palabra, a partir de mañana verás las cosas más claras que el agua, que ahora ni catas, y que has de beber durante un año.

—Ninguna persona honrada puede con su voto que un delincuente imparta justicia, por mucho que  lo proponga el corregidor y lo avale el marqués. Serían cómplices. Todas las personas decentes se enojarían, ¿no lo ve usted así?

— Así lo veo yo. Pero también veo que cuando sale el sinvergüenza del corregidor a la calle, son más quienes inclinan la cerviz y le besan la mano, que quienes le dicen lo que piensan de él…

— Eso es verdad, y cuando viene el señor marqués de Mangomás, el mayor de los ladrones, todos salen a la calle a gritar ¡Viva el marqués de Mangomás! Pero de eso a votar a un ladrón para que robe más…

— Mañana Zacarías y Santos se tragarán el sapo putrefacto con pellejo incluido y pasado mañana el vino se te volverá vinagre por no beberlo...

—¡Voto a Rus! Eso no ha de pasar. A mi primo, a Santos y a Dimas les sobra dignidad para plegarse a semejante felonía.

—Sí, lo que tú digas, y no te falta razón. O tragan sapo o tragan sapo y encima quedan como indignos por permitir tal cosa, que los ladrones sigan imponiendo su voluntad a pesar de tener ellos mayoría.  Así que tú, amigo Sancho, a beber agua y a dejar que Arnaldo Hurtador, te siga robando las uvas, pero ahora como autoridad competente. Claro, que como vas a estar un año sin probar el vino, tampoco te debería de importar…

—Los sapos no se tragan ni con hambre de semanas, así que ya veremos…

—Amigo Sancho, visto está.

©Paco Arenas a 11 de noviembre de 2021- Día Nacional de la Indignidad

 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Hubo un tiempo


Hubo un tiempo en que los frutos de la tierra se ablentaban en las eras y las palabras se murmuraban en silencio con los labios endurecidos y

los ojos pendientes de quien asomaba por las esquinas, como si  las piedras fueran capaces de escuchar  los pensamientos no pronunciados. Entonces no discutíamos de política…

Hubo un tiempo en el cual lo más extraño de otras tierras era el forastero que vendía su mercancía en la plaza, o quizás el mozo del pueblo de al lado que pretendía a una muchacha y se le echaba al pilón del pozo si no pagaba la patente, y si la pagaba también. Los negros eran una cabeza de escayola con una raja en el cogote y los indios morían por miles en televisores en blanco y negro. Entonces no éramos racistas…

 Hubo un tiempo en el que hasta los ateos iban a misa y de rodillas se persignaban como si fueran fervientes creyentes, gritando con entusiasmo al paso de la imagen de madera o escayola y con sus ásperas manos de campesinos llevaban las andas sobre sus «pecadores» hombros. Entonces todos éramos católicos por… ¿La gracia de Dios?

Hubo un tiempo en el cual los besos de los enamorados se daban en las mejillas hasta después de casados. A los críos los traía la cigüeña, algunos primogénitos nacían a los seis, siete u ocho meses del «sí quiero».  Otros por obra del Espíritu Santo, sin conocer varón o tras haber pasado por la sacristía, que esos milagros también sucedían en aquellos tiempos. 

Y, aunque parezca mentira, también hubo un tiempo en el cual los besos se daban en la calle y de rodillas a la mano del cura, con el temor en los ojos y la vista puesta en su otra mano, por si de vuelta llegaba un capón o una hostia, no precisamente consagrada, que también era cosa de aquellos tiempos.

Hubo un tiempo en el que el hombre del saco era la bella durmiente al que ningún chiquillo temía. Pero si alguien decía:«Que vienen los guardias» los chiquillos, y muchos mayores, si podíamos y nos daba tiempo, corríamos a escondernos a nuestra casa. Los guardias también daban hostias como panes, y si te pillaban en los caminos con una cesta de higos de tu higuera, de guindas de tu guindo o de melones de tu melonar, también la leña de tu monte… Por alguna extraña ley que solo ellos conocían, te quitaban los higos, las guindas, los melones y la leña, y si protestabas recibías leña y denuncia. Entonces, la benemérita imponía respeto…, y terror.

Hubo un tiempo en el que las palabras, las penas, las ideas, y hasta el amor se escondían detrás de las puertas…

Hubo un tiempo de poco pan y muchas hostias, no obstante, éramos muy felices en una España, Grande y Libre, por decreto y obligación, y quienes no estaban conformes o no lo creyeran, tenían cuatro caminos: el sumiso silencio, el exilio, la cárcel o el paredón, pero éramos tan felices, gracias a nuestro caudillo y a la gracia de Dios.

Y si un guardia, o alguien de orden, nos preguntaba nuestro nombre, con mucho respeto y pensando cada una de nuestras palabras, contestábamos:

«Paco, perdón señor guardia, Francisco Martínez López para servir a Dios y a usted»

No sé por qué al revisar las fotos que me mandó un paisano, esta inocente foto me ha dictado todo lo anteriormente escrito. Será que estoy más loco de lo que parece o que tal vez, de tanto escuchar al hombre que aparece en la foto, Joaquín el del «Tuerto» me han venido a la mente historias de las que él, con más gracia que yo, contaba.

©Paco Arenas a 20 de octubre de 2021- Autor de Magdalenas sin azúcar

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