domingo, 17 de diciembre de 2017

Mantecados hojaldrados (receta muy fácil y barata)



El camino más fácil no siempre es el mejor, nunca aquellos mantecados hojaldrados manchegos, que hacían nuestras abuelas o madres, podrán ser superados en este mundo de prisas. Elaborar el hojaldre es harto complicado, requiere mucha paciencia y tiempo, algo que no siempre tenemos. Por tanto, vamos a buscar conseguir parecidos resultados, nunca iguales, a los de nuestras abuelas, y en lugar de más de un día, lograrlo en media hora, con un buen resultado.

Hoy en día tenemos la ventaja que no tenían nuestras madres, venden masa de hojaldre fresca y congelada, yo he utilizado de dos marcas diferentes para hacer mis experimentos: Comsum (envase de 500 g. x 1€) y Hacendado (envase de 580 g. x 1,39 €), curiosamente la más barata con mejores resultados que la más cara. También está la alternativa de la masa fresca, hacerme caso, no vale la pena pagar el doble.


Solo necesitamos tres ingredientes:

·        La masa congelada, si es congelada es preciso dejarla descongelar a temperatura ambiente.
·        100 g. Azúcar glas.
·        Una cucharada de anís en grano.

Forma de hacerlo:

·        Una vez está descongelada la masa se corta a cuadraditos o con los famosos moldes de corazones o formas, al gusto de cada cual, y se coloca en la bandeja del horno, preferiblemente con sobre papel de horno.
·        Mientras tanto, moléis la azúcar junto con el anís en grano en el molinillo, que no tenéis molinillo o no queréis moler la azúcar y el anís en grano, tenéis dos alternativas:

1)     Utilizar la azúcar sin moler y comprar el anís molido.   
2)     Comprar la azúcar molida y pagar cuatro o cinco veces su precio: azúcar normal 80 céntimos kilo, o 3,98 € azúcar glas (Un molinillo cuesta en torno a los 10 euros en cualquier tienda de electrodomésticos; aunque, depende de marcas y tiendas).

            Precalentamos el horno a 200 º, cuando esté caliente, metemos la masa cortada, alrededor de los 20 minutos, según potencia del horno, ya estarán.

Nada más sacarlos los rebozamos en la mezcla de azúcar glas y anís y a disfrutar.

Al final  de la entrada vídeo de cómo hacerlo de manera tradicional

 RELACIONADOS:

Aguardentados manchegos( Receta fácil)




Paco Arenas

      













Vídeo

      

viernes, 15 de diciembre de 2017

El regalo de cumpleaños que hizo mi madre a mi padre (y entonces nací yo)




Tras mucho meditarlo, tengo casi el convencimiento que yo fui engendrado el día del cumpleaños de mi padre. Soy muy malo en matemáticas; pero las cuentas salen: Mi padre nació el 13 de marzo de 1908.  Cumplía los años, por tanto, el 13 de marzo, que es el día 72 desde el inicio del año. Yo nací el 16 de diciembre, que es el día 350 desde el inicio del año, un embarazo dura en torno a 280 días, días arriba, días abajo...

Por tanto: 72+280=352. Mucha casualidad ¿no?

No creas que no tiene bemoles, a estas alturas estar averiguando la vida sexual de mis padres, que dicen, que era muy intensa...

Llegué al mundo en una casa llena de seres vivos, una autentica multitud. Solo de personas ya eran nueve. Nueve meses antes a mis padres, Fermín Martínez (Fermín Arenas) y Vicenta López (La Ciriaca) no se les pasaba por la cabeza tener más chiquillos, justo nueve meses antes, el 13 de marzo, cumplió 51 años, y mi madre estaba a punto de cumplir 48 años el 30 de abril. Una auténtica locura tener a esa edad otro chiquillo, más cuando ya habían tenido siete antes, además, dicen que cuando se tienen los chiquillos de esa edad, salen tontos (la verdad que muy listo no salí). Yo, por tanto, sería el octavo de una larga lista de hijos que habían nacido del matrimonio, y el cuarto que nació en aquella casa del Mirador de la Divina Pastora. Algunos diréis que no salen las cuentas, y es verdad, soy muy malo en matemáticas, pero en este caso falta Magdalena, una hermana a la cual yo no conocí, y que murió por culpa de una guerra, veinte años antes de yo nacer. 

La casa donde nacieron mis primeros hermanos, fue en la casa de la cual todavía conservamos el solar, en la calle Cantarranas, al igual que la de la Divina Pastora, con cueva. 

En aquel último año de los cincuenta, al menos dos de mis hermanas tenían novio formal, Dolores, a punto de cumplir los 26 años, tenía, incluso, fecha prevista para la boda, con su novio de toda la vida, Victorio Navarro. Felipa tres años menor, entremedias hubiese estado Magdalena, también tenía novio desde la adolescencia, José Melero. Inocenta, todavía no se había ennoviado, pero poco faltaba para hacerlo con Patricio López.

 Mi hermano Fermín andaría todavía con enfado por el encuentro que tuvieron mi padre y él con la Guardia Civil de Santa María del Campo Rus:

 Mi padre tenía parte de un monte, que todavía conservamos, La Montesina, y, aparte de las labores agrícolas, se dedicaba a vender leña en Santa María del Campo Rus y otros pueblos.  Aquel otoño, cuando llevaban leña al boticario de Santa María, la Guardia Civil les dio el alto, multándoles con diez duros y condenándoles a llevar la leña al cuartelillo. La razón esgrimida por los guardias, fue tan absurda como falsa. Les dijeron que para ir por la carretera con la galera era preciso ir andando con las riendas cogidas delante de las mulas, para que no se espantasen. La razón real, que aquellos guardias eran unos ladrones y algunas cosas más, como más adelante veremos. Llevaron la leña al cuartelillo y pagaron lo diez duros de multa, que les prestó el boticario, más que valía la carga de leña. Mal si la cosa hubiese quedado ahí. Tenían que llevar la leña al boticario, al que además le debían los diez duros prestados, y eso pretendieron hacer. Unos días después, cargaron la leña en la galera, y mi padre, el pobre hombre, desde Pinarejo hasta Santa María andando delante de las mulas con las riendas bien cogidas.  Antes de llegar a Santa María, de nuevo les dio el alto la Guardia Civil, y de nuevo los volvieron a multar, la razón esgrimida, ahora, que iba andando delante de las mulas, cuando en realidad debería ir subido en el pescante, que para eso estaba.  Justo lo contrario que la vez anterior.  Mi hermano protestó, y además de tener que pagar el doble de la multa, cien pesetas, o veinte duros, por protestar, él cobro. Además de la multa, también, tuvieron que dejar la leña en el cuartelillo de balde, o gratis. Así, que aquellos ladrones, le robaron a mi padre treinta duros, más el importe de las cargas de leña.  Eso, mi hermano lo tuvo siempre muy presente, y novelado aparece en “Magdalenas sin azúcar”.

Del resto de mis hermanos, Mariana era todavía una chiquilla de trece años y Julián cumpliría poco antes de nacer yo los diez años. Lo dicho, lo que menos esperaban y deseaban mis padres y hermanos era tener otro hijo o hermano.  Además, llevaban años sin preocuparse por tomar medidas anticonceptivas, pienso que nunca las tomaron, y diez años de sequía les hizo creer que el río de la fertilidad estaba seco.  Alguno pensará que, con tanta gente en la casa, tampoco tendrían mucha ocasión; sin embargo, no debemos olvidar que la casa de Cantarranas, seguían teniéndola en propiedad, y a ella, como furtivos, iban a la menor oportunidad, con cualquier excusa o razón. Y posiblemente, aquel 13 de marzo de 1959, fueron a celebrar el cumpleaños de mi padre en la intimidad.
El problema estuvo cuando debieron comunicar a mis hermanos que mi madre estaba embarazada.

—Pues como sea otra chiquilla no la voy a querer —dijo mi hermana Felipa, que siendo la que mejor carácter tenía, no le hacía mucha gracia, que estando en edad de casarse, su madre, o sea, la mía, estuviera embarazada. 

—Entonces… ¿Qué hacemos con la boda? Que voy a cumplir veintiséis años y ya tenemos todo listo… —protestó Dolores.

—Rece usted porque tenga colilla, sino no lo vamos a querer —dijo mi hermana Inocenta, sin tener en cuenta que mi madre no sabía rezar.

—Yo quiero que sea chiquillo —agregó mi hermana Mariana.

Mi madre, lidió con las hijas, mientras que mi padre, se sentía el hombre más dichoso del mundo, ante tantas enhorabuenas que recibía.  Una boca más que alimentar, pero a él le encantaban los chiquillos, disfrutaba lo indecible jugando con ellos, así que cuando llegué yo fue todo alegría, porque además nací con colilla. Fue a las ocho de la mañana de un día impreciso del mes de diciembre, unos dicen que el 16 y otros que el 17, pero también podría haber sido el 15, hacía mucho frío y no tenían almanaque.  En el Ayuntamiento me inscribieron como que nací el 16 y en la Iglesia que nací el 17.  Fui bautizado el veintiocho de diciembre de 1959, un cuarto de hora antes de la boda de mi hermana Dolores, y mi madrina fue mi hermana Inocenta, que aquel día cumplía dieciocho años y celebraba su onomástica.  Me llamaron Paco, que no Francisco, en honor a mi tía Francisca, fallecida pocos meses antes. No fui nunca Francisco, por deseo expreso de mi madre, no podía llamarme como el dictador; aunque algo de polémica hubo al respecto.

—¿Cómo se va a llamar el chiquillo? —Preguntó el cura.

—Paco —contestó mi madre con decisión. 
—Francisco, yo te bautizo en el nombre del padre, del hijo… —comenzó el cura.

Y aquel chiquillo comenzó a llorar como un descosido. Mi hermana Dolores estaba impaciente y veía que se retrasaba la boda.

—¡Ea!, ahora le da por llorar.

Al final me consolaron con la sal que le daban entonces a los recién nacidos a la hora de bautizarlos, lo raro es que yo haya salido tan soso, porque la sal me la comí. Y solo fui Francisco en boca del cura y para los papeles oficiales, y todavía hoy, cuando preguntan por Francisco, dudo si se dirigen a mí, porque como me dijo mi hermana Dolores:

—Tú eres Paco de nacimiento.

Y, además, fui el único que heredó el apodo de mi padre, de lo cual me siento muy orgulloso, tanto como de mi madre, y de mis orígenes campesinos, manchegos y castellanos.
No sé, si fui un regalo de mi madre a mi padre por ser el día de su cumpleaños, pero…, hasta a mí, que soy muy malo en matemáticas, las cuentas me salen.


© Paco Arenas

lunes, 11 de diciembre de 2017

Voces desde el más allá de la historia (Reseña)


Isabel II tuvo doce hijos, ninguno de su marido y uno de ellos fue Alfonso XII. ¿Quién fue el padre de Alfonso XII?


Desde hace mucho tiempo he investigado la historia de los borbones, sus contradicciones, sus torpezas, ambiciones, amancebamientos, infidelidades, traiciones, la mejor forma de ser afianzar el republicanismo en España es conociendo la historia de sus reyes, ninguno destacó por su honradez, humanidad, ética o amor al pueblo que les permitía vivir a cuerpo de rey.

Todos los borbones tienen mucho en común, todos tienen muchas zonas oscuras que los deslegitimarían para continuar como estirpe reinante en cualquier país civilizado, salvo en España, pues todos los vicios habidos y por haber ha tenido dicha dinastía que tuvo bajo su cetro el mayor imperio conocido, y que por torpeza, traición y ambición perdieron. La independencia de los países latinoamericanos posiblemente se habría producido igualmente, pues la emancipación de los pueblos termina siendo una necesidad vital cuando depende de una lejana metrópoli que les ignora. No obstante, de haber sido otros, habría sido de manera civilizada y al estilo de la “Commonwealth” británica, y posiblemente hoy, de no haber estado al frente de España tan torpes como ambiciosos personajes la comunidad de naciones hispanas sería una feliz realidad.

  A pesar de mis muchas investigaciones, llegando al reinado del peor de todos los borbones, Fernando VII y de su archiconocida hija, Isabel II, me surgieron muchas dudas, había muchas cuestiones que no me cuadraban. Entonces conocía a María Nieves Michavila Gómez, investigadora seria, no como yo que soy un simple aficionado. Todas las dudas me las aclaró en una misma conversación la autora de “Voces desde el más allá de la historia”, porque ella, además de investigadora, conoce testimonios de primera mano que afectan a su propia familia, ya que posiblemente, borbones y María Nieves Michavila, comparten un ascendiente común el oficial de artillería Federico Puig Romero, mandado asesinar; posiblemente, por su amante Isabel II.

Los libros de historia nos dicen, sin embargo, que fue su amigo, Puig Molto el padre de Alfonso XII; no obstante,  Isabel II tenía muy poderosas razones para ocultar la paternidad real de quien sería rey, como bien explica María Nieves Michavila:

“Para Isabel II era imprescindible ocultar al Santo Padre, padrino de su hijo Alfonso, la existencia de hermanos comunes con el progenitor de su hijo. A esto se unía el peligro de que saliera a la luz una información muy grave para la dinastía Borbón que hizo cambiar la actitud de Fernando VII hacia los huérfanos Puig Romero, pasando del más absoluto despotismo a todo tipo de concesiones, recurriéndose a falsificaciones y bolsillo secreto del rey.”

Partiendo de los testimonios orales de la propia familia de la investigadora,  María Nieves Michavila Gómez comienza las pesquisas durante más de diez años para saber la verdad sobre el asesinato de su ascendiente el coronel Federico Puig Romero. Surgiendo de esta investigación “Voces desde el más allá de la historia”. El libro en cuestión aporta muchas novedades y vías de investigación sobre quién fue el verdadero padre de Alfonso XII y las intrigas que en torno a esa paternidad se dieron. Siendo un libro de investigación histórica que no me cabe duda de que sentará las bases para que otros investigadores continúen la labor emprendida por María Nieves Michavila Gómez.

Es importante conocer la historia, pero la historia se escribe en no pocas ocasiones a sueldo de quien tiene el poder. Voces desde el más allá de la historia, nos muestra con más seriedad que yo voy a exponer aquí, la historia no oficial. La historia que es preciso investigar y que María Nieves Michavila lleva a cabo de manera rigurosa, sirviéndose a través de una investigación tenaz y exhaustiva y a la vez de fuentes directas llegadas directamente de sus antepasados, mostrándonos uno de los secretos mejores guardados de los borbones españoles: ¿Quién fue el padre de Alfonso XII?

La legitimidad de la monarquía se basa en la sangre del rey transmitida por vía sexual a la reina, pero los borbones, casi todos ellos muy “amorosos”, no dan los perfiles, ni reyes ni reinas de que esa legitimidad de la sangre se transmite realmente. Voces desde el más allá de la historia, nos demuestra que la historia se manipuló para ocultar esa falta de legitimidad.

Todos le dan a Isabel II fama de promiscua y de ninfómana (incluso hay un libro  satírico de los hermanos Bécquer, que de ser publicado en España, ahora, llevaría a sus autores a la cárcel). A pesar de ello, Isabel II no era diferente al resto de los borbones, incluido el rey enerito Juan Carlos de Borbón, el heredero de Franco. Baste un breve repaso por la monarquía que dilapidó con su torpeza y arrogancia el mayor imperio de la historia: 

En el siglo XVIII hasta el momento presente, comienza a reinar   la dinastía en España los borbones, periodo durante el cual hubo guerras de sucesión, guerras dinásticas y para desgracia de España, dos restauraciones  dinásticas después de habernos librado de ellos, al grito de “borbones nunca más”, la primera después del golpe de Estado que acabó con la primera república española, y la segunda tras la imposición del dictador Francisco Franco, que dio lugar a la actual monarquía borbónica de raíces y espíritu franquistas. No obstante, lo que siempre, desde el primer instante lo que todos tuvieron en común fue su ambición desmedida en todos los aspectos de la existencia y sus, de devaneos sexuales, para los cuales no dudaron en asesinar o premiar a quienes pudiesen ser un obstáculo para sus caprichos.

Un breve repaso por la dinastía hasta la susodicha reina ninfómana nos demuestra que Isabel II, no era diferente del resto de su estirpe, sus descendientes, Alfonso XII, Alfonso XIII (productor de cine porno e introductor del mismo en España) y el heredero de Franco, Juan Carlos I, siguieron esos mismos parámetros de conducta, en todos los aspectos:

La dinastía comienza con Felipe V, gobernante de pocas luces y desarreglos mentales, era prototipo de  " enfermo imaginario" unos días y se creía difunto otros, mandando que lo enterrasen...

 No se cortaba el pelo ni las uñas de los pies. Por la noche mandaba a encender cientos de luces y de día mandaba correr todas las cortinas y permanecía en oscuridad. Se quedó viudo pronto y sus cortesanos metieron en su cama hasta sus propias hijas con tal de tenerle contento, eso hasta que se casó con una muy mala mujer, Isabel de Farnesio, la serpiente cascabel menos mortífera que ella, que lo convirtió en un títere de sus tejemanejes.

A continuación, llegó al trono Luis I de Borbón, hijo de Felipe V. se casó con tan solo 16 años y su esposa Luisa Isabel de Orleáns con 13 años. La reina tan solo pensaba en comer, beber, y mostrar sus "encantos"  a la guardia real, y como tenían prohibida  la vida marital por su corta edad, terminó por acostarse con toda la guardia real. El rey, al que el pueblo español llamó el "Bien Amado", mientras la reina disfrutaba del cuerpo de guardia, él lo hacía con las prostitutas que rondaban entonces cerca del Retiro.  Enfermó de viruela y murió sin cumplirse ni un año de su reinado; pero, después de destrozar muchos huertos ajenos al de su esposa.

Fernando VI, “El melancólico” también  era hijo de Felipe V, este nuevo rey era amigo de la soledad, de la suciedad y de golpear a sus servidores, heredando los extravíos mentales de su progenitor, poco más que decir sobre este breve rey.
De Carlos III, poco que decir, solo que fue el mejor de todos los borbones, incluido los actuales; aunque con muchas manías enfermizas.
Carlos IV, hijo del anterior, se creyó un ser superior al resto de los hombres, y lo único que fue el mayor cornudo de la historia de España, y junto con su hijo, uno de los dos mayores traidores a la patria conocidos.  Su esposa y a la vez prima Mª Luisa de Borbón, según los rumores de la época, tuvo varios amantes (siendo el más conocido de ellos Manuel Godoy, válido o primer ministro de su marido) con los cuales tuvo al menos catorce hijos y diez abortos, todo un récord... Suyas fueron las palabras:

“Con la muerte de mi marido desaparece la dinastía Borbón, pues ninguno de mis hijos es suyo”.

Del presunto hijo de Carlos IV, el futuro Fernando VII, además de ser el mayor traidor a España, junto con su padre,  y de ostentar el récord de ser el peor rey de la historia España, tenía otros muchos récords a tener en cuenta:


“Un miembro viril, del mismo tamaño de un pony”, y aquí  no es diminutivo, sino exagerado para un hombre. Con tan extraordinario miembro se dedicaba a violar a toda la que se le ponía por delante con total impunidad. Tuvo cuatro esposas y varias amantes (una de ellas madre del padre del futuro rey Alfonso XII, atentos a este dato, que nos desvela el libro Voces desde el más allá de la historia). Dicen que las malas lenguas que alguna de sus esposas, amantes o marido de sus amantes murieron en extrañas circunstancias. Ahí la gran labor de María Nieves Michavila Gómez, ha buscado y encontrado todo tipo de documentos hasta debajo de las piedras.

Buscando el sucesor al trono, Fernando VII se casó por cuarta vez con la hija de los reyes de Nápoles, M ª Cristina de Borbón, sobrina carnal suya, a la cual, muy romántico él, la violó la noche de bodas. Once meses después nace Isabel II. No es que fuese el embarazo de la burra. Lo cierto es que tuvo nueve hijos más, de los cuales las dos primeras eran hijas del rey, que la palmó, al no estar ya para tanto exceso sexual.

Pasando así a ser María Cristina, la reina o gobernanta de España, recordar:

"María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo la corriente"
María Cristina se casó en secreto con un sargento, con el cual tuvo ocho hijos, siendo que no podía casarse, porque de hacerlo no podría haber ejercido de reina regente, la gobernanta debía ponerse vestidos muy anchos para disimular cada uno de sus ocho embarazos. De ella se decía que:

“La Regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”.

Su hija, la reina Isabel II subió al trono con 13 años y tres más tarde, ya estaba casada con su primo Francisco de Asís de Borbón, que no podía mear de pie al cual llamaban Paquita Natillas. El cual, como es de suponer, era homosexual y con amante masculino, algo muy respetable, hoy en día, entonces...

De ahí que la reina tuviera varios amantes, uno de ellos Federico Puig Romero, antepasado de la autora del libro Voces más allá de la Historia, María Nieves Michavila.


Isabel II tuvo doce hijos, ninguno de su marido y uno de ellos fue Alfonso XII, que en una carta remitida a los hijos de Federico Puig Romero, les llama hermanos ¿Quién fue el padre de Alfonso XII? Este gran misterio nos lo descubre el libro Voces desde el más allá de la historia, o al menos sienta las bases para descubrir, quién fue el padre de Alfonso XII, porque si algo aporta el libro es un amplio surtido de documentos civiles, militares, políticos, eclesiásticos y diarios de la época.

©Paco Arenas
©Mis historias borbónicas

Cómo ser escritor y publicar sin morir en el intento (otra cosa es ganar dinero)

El poeta pobre de  Carl Spitzweg (Alte_Nationalgalerie)

Darse a conocer como escritor es muy difícil, vivir como escritor, misión imposible en el 99,9% de los casos.  Seguro, como dice mi amiga y gran poeta María Senatore, "existen fórmulas posibles, y quienes escribimos podemos lograrlo"; aunque, tal vez, cual alquimistas sigamos buscando toda la vida la piedra filosofal para conseguirlo. Supongo que más que formas existen casualidades y circunstancias. Con 26 años creí estar a punto de lograrlo, fue muy poco lo que faltó, tras quedar seleccionada mi novela "Réquiem por una noche de amor" para aspirar al Premio Nadal. Finalmente, ni tan siquiera fue publicada y yo dejé de escribir durante más de 26 años, ahora con 58 años sé que nunca tiraré la toalla ç, y que al menos, aparte de las dos novelas que tengo publicadas, otras dos verán la luz.

Dice mi admirada amiga, artesana de la palabra, María Senatore que: 

"Venimos desnudos y así nos vamos. Crecemos, con dolor o no. A veces no maduramos, a veces sí, otras veces intentamos y no se logra; pero siempre nos vestimos del papel y nos mece su olor, nos enriquece la palabra escrita del otro y nos buscamos, y nos envuelve"eso" -la palabra- nos enciende, nos atrapa y nos libera. De cada ESCRITOR rescatamos la esencia y nos nutrimos. 
Nos "alimentamos" y somos felices desde el alma. Mi pensamiento me dice que "vivir como escritor"es de pocos, de los elegidos y existe la fórmula, la intuyo, la palpo y podemos hacerla nuestra."

  Es cierto, son pocos los elegidos, muy pocos,  y ahí puede residir el problema, en que algunos sean elegidos o no, que alguien reciba el manuscrito y decida ignorarlo o no, tirarlo a la papelera o a la trituradora o pararse a leerlo y no se conforme con el título, o lo que es peor, con el desconocido nombre del autor. 

Antes, publicar es misión casi imposible, basta recordar las peripecias de García Márquez con “Cien años de Soledad”, que se gastó todos sus ahorros, además de  empeñar las joyas de su esposa, para poder mandar  la novela a las principales editoriales,  sin éxito, y que, con los últimos pesos que le quedaban en el bolsillo pudo mandar tan solo la mitad de la novela por no tener dinero suficiente para pagar el envío de la novela completa. 

No ha sido el único. El mayor éxito editorial de los últimos años, sin duda, ha sido Harry Potter, J.K. Rowling desgastó más suelas que un pastor trashumante de editorial en editorial. Finalmente se presentó en una humilde editorial, y mientras que el editor le decía que no consideraba digna de publicarse,  tuvo la suerte de que una chiquilla de ocho años, la hija del editor, hojease el manuscrito mientras este se negaba a publicarla.  La editorial ahora es una de las más importantes de Inglaterra.

Ahora resulta mucho más fácil, casi imposible en una gran editorial, dificilísimo en una mediana y difícil en una pequeña; aunque, hay otras alternativas, una vez agotados los intentos de publicar a través de una editorial tradicional:

Co-edición, autoedición y plataformas digitales, tanto en papel como en formato digital como Amazon o Lulu. Algunos autores, de hecho, sus primeras opciones son estas últimas y ni se plantean hacerlo a través de editoriales tradicionales, sin que por ello sea una locura, ni mucho menos, al mismo número de ejemplares vendidos los beneficios son muy superiores, si es que existen, que en muchos casos son pérdidas. 

En poesía, resulta mucho más difícil, no basta ser un gran artesano de las letras, un gran poeta, como muchos de los poetas que conozco, es imposible ser poeta y comer de ello. 

 En novela es preciso tener padrinos y ser dócil. Tengo dos experiencias en el último año que así lo atestiguan. Después de ser seleccionada mi novela "Magdalenas sin azúcar" en dos ocasiones en dos importantes premios, de llamarme y decírmelo, luego no les interesó. Supongo que culpa tendrá mi novela, y culpa tendré yo, por ser una mosca  cojonera, o tal vez, porque tras pensarselo bien no la han considerado digna de sus editoriales. No quiero decir con esto que sea yo un gran novelista, ojalá. Muy mala no debe ser cuando se han preocupado de ponerse en contacto conmigo. 

Hoy en día a miles y miles de poetas y novelistas que escriben maravillas y que jamás serán publicados por grandes editoriales. Incluso, resulta difícil ser publicado por pequeñas editoriales, no olvidemos que las editoriales son empresas y como tales no están para perder dinero. Siempre venderá más un periodista que salga en televisión o una tertuliana que su único mérito sea el haberse acostado con un torero o alguien que presenta un programa de cotilleo, que quien escriba o intente escribir una obra literaria. 

Publicar con editoriales pequeñas, las cuales tienen gran mérito y en la mayoría de los casos los editores son auténticos héroes, que arriesgan su dinero y trabajo con autores desconocidos. Yo personalmente estoy muy agradecido a Ediciones Hades por publicar mi primera novela "Los manuscritos de Teresa Panza" hace ya casi tres años,  es una editorial que recomiendo, José Luis Victoria es fantástico,  que ama su profesión, lee lo que le llega y lo valora en su justa medida. Sin embargo, publicar en editoriales pequeñas,  en la mayoría de las ocasiones lo único que da es satisfacción personal, lo cual es mucho para quien aspira a ver su nombre en letra impresa sin arriesgar su dinero. ¿Y por qué no? Tal vez pueda producirse el milagro de Harry Potter, a través de una pequeña editorial y convertirse tu libro en un éxito editorial. 

   Algunos autores pasan o pasamos por la edición, autoedición y coedición, como es el caso de la escritora e investigadora María Nieves Michavila Gómez, la cual publicó con Incipit hace dos años el mejor libro de investigación histórica que he leído, y que consulto a menudo "Voces desde el más allá de la historia", libro tan ameno como una novela histórica, y sin embargo, riguroso. Dos años después y con la garantía de haber quedado finalista en el Premio Café Mon con "Manual del buen truhán", ha decidido arriesgarse a publicar con Letras de Autor. Esta novela es de fino sentido del humor, divertido e ingenioso, del cual muy pronto, cuando termine de leerlo haré una reseña, de momento engancha, apasiona y divierte. 

La autoedición es un riesgo que asumes sólo tú y nadie más que tú, sin garantías de que tu libro valga realmente la pena, nadie te dirá que es un bodrio, aunque lo sea, puesto el cliente de la editorial o imprenta eres tú, y quien se comerá con patatas los libros que imprimas serás tú, y los amigos y familiares que lo compren o se lo regales. Siempre, te darán la oportunidad de que contrates sus servicios editoriales para mejorar el libro sustancialmente, lo cual encarece el producto, en otros casos va en el pack, o pack, por escalones, a más azúcar más dulce, al final según el pack elegido, la cantidad o la editorial, te puede salir cada libro por un ojo de la cara y parte del otro, sin garantías ni de que sea bueno, ni de que se vaya a vender, por mucho que te ofrezcan o te digan que estará en la principales librerías de España o del mundo.  Por tanto, es preciso tener mucho cuidado, en la actualidad la mayoría de las editoriales principales han sacado su sello de autoedición incluidos los grupos PlanetaPenguin Random House; aunque en autoedición se lleva la palma, de momento Circulo rojo.  

No obstante, a pesar de lo dicho, la autoedición no es sinónimo de falta de calidad, ni mucho menos, yo he leído estupendos libros de autores autopublicados, con varias ediciones en el mercado, y auténticos bodrios de editoriales de prestigio, y autores reconocidos, como en todos lado, en la autoedición puede haber auténticos tesoros literarios. En los últimos tiempos he leído libros fantásticos autoeditados, como el ya mencionado "Manual del buen truhán" , también otros como "Bib-Rambla El silencio habitado de las casas", de Antonio Andújar Castro, o su segunda novela, publicada primero con una editorial y después en autoedición "La vida partida en dos", de ambos se puede leer la reseña en este blog. 



Siempre nos quedará París, dijo Humphrey Bogart. 

En este caso, existe otra opción para los escritores, Amazon y otras plataformas similares. Esa fue la opción elegida para mi segunda novela "Caricias rotas", y no me puedo quejar, más bien al contrario, desde el mes de octubre de 2016 que salió, lo hizo con fuerza, entre noviembre y diciembre se vendieron muchos ejemplares, en  el mes de febrero llegué a ocupar los primeros puestos de ventas en las listas de Amazon de EE.UU., España y México, en el mes de julio, también se vendieron bastantes ejemplares. Mis adaptaciones de clásicos "El Lazarillo de Tormes" y "La Celestina", ocupan los primeros puestos de su categoría. A pesar de todo, siendo la opción menos arriesgada, la que más dinero puedes ganar, creo que no e la mejor opción. Una editorial, por pequeña que sea, siempre es una editorial. Publiqué "Caricias rotas", en Amazon, por lo delicado del tema, la violencia machista, Amazon te permite modificar la novela, y yo quería estar seguro de tener la suficiente sensibilidad como para no herir sensibilidades, contribuir a la lucha contra la violencia de género, sabiendo que los maltratadores no leerán nunca mi novela.  

A pesar de las dificultades y obstáculos...

Escribir, escribir, escribir, hacer de los arroyos ríos de tinta, y de los ríos torrentes de palabras que rompan la indiferencia que nunca se conformen con ser mares de aguas mansas sino de agitadas corrientes. Escribir lo que os salga de vuestras entrañas. Escribir para vosotros, que os guste a vosotros, sin miedo, ser moscas cojoneras, si es posible que moleste;  pero, ante todo, ser vosotros mismos, sin pensar en el lector, sino en disfrutar de lo que estáis haciendo. Una obra literaria es parto, un hijo, y como tal, la acción llevada a cabo, puede llegar a ser orgásmica, no renuncies nunca a un orgasmo; aunque sea en solitario.

No perdáis la esperanza, es posible, recordar que Ulises de James Joyce, El señor de los anillos, estuvo a punto de no publicarse, sin olvidar “La conjura de los necios”, fueron tan necios, que lo rechazaron un montón de editoriales, fue publicado casi veinte años después de ser escrito, y después de que el autor (John Kennedy Toole) desesperado se quitase la vida. No seáis necios, no escribir por afición, distracción o entretenimiento, no olvidéis que Miguel de Cervantes murió en la miseria, mantenido por su hija.

Para que sirva de aliciente y acicate, recordar las palabras de dijo Katherine Neville, que durante muchos años intentó sin éxito publicar su novela “Ocho”.  Cuando ya había perdido la esperanza, su novela fue publicada y traducida a doce idiomas, siendo un éxito total:

"Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor".

Ahora ni eso, así que, ánimo, y a escribir hasta que de las yemas de los dedos te salgan jilgueros volando... (© Paco Arenas - © Los papeles perdidos del Quijote)

© Paco Arenas 

lunes, 4 de diciembre de 2017

La bicicleta el silencioso ladrón de tu virginidad (Cuento tradicional)


Viendo este anuncio tan retrógrado y machista, posiblemente publicado por una mente enferma, más que la mía, que ya es decir, he recordado este viejo cuento tradicional  sin ánimo de ofender a nadie, que últimamente en España solo falta reinstaurar la Inquisición para rojos, herejes, gays, lesbianas y herejes de diversa calaña infernal...
Pero en fin, espero, que a la mayoría le haga gracia, que no sé que la tiene menos, si el chiste o el panfleto, puesto que todo el mundo tiene derecho a su propia sexualidad siempre que con ello no perjudique a nadie.

Allá por los años cincuenta del pasado siglo, cerca de una ciudad castellana se encontraba un convento en el cual las monjitas elaboraban en su obrador las más ricas y dulces pastas que cristiano alguno ha probado nunca. Dichas sabrosas elaboraciones las vendían a los comercios de la ciudad, siendo ellas mismas quienes se encargaban de llevarlas en el tren de San Fernando, un ratito a pie y otro andando, al menos una vez a la semana. Un devoto feligrés de mucho dinero, les regaló diez bicicletas, lo cual alegró mucho a la comunidad. Así, a   ritmo de pedal, dejando el convento casi vacío, con tan solo con las más ancianas tras sus muros, dos días en semana iban camino de la ciudad pedaleando seis novicias y tres hermanas, yendo a la cabeza de las cuales con gran con alegría la madre superiora, que siendo la de mayor edad, no llegaba a los cincuenta, ponía más entusiasmo que ninguna. Todas llevaban su correspondiente cesta con pastas monásticas para vender en los comercios de la ciudad y al mismo tiempo regresar con ellas llanas de donaciones de los feligreses.

Las monjas iban cantando piadosas canciones de alabanzas al señor cada vez con mayor entusiasmo, tanto que, llegando a la ciudad, la madre superiora frenó su bicicleta en seco, y cuando se le pasó el sofoco, se dirigió a las hermanas y novicias de esta manera:


—Hermanas, moderación, o la próxima vez, colocamos el sillín a las bicicletas.

©Paco Arenas
©Aroma a espliego con esencia de azafrán (Relatos narrados a la luz de la lumbre)

domingo, 3 de diciembre de 2017

Sueños disueltos en gotas de lluvia




Ver la primera luz de tu vida en silencio, solo roto por la callada sinfonía del agua contra los cristales y el discurrir del Huécar, debiera ser un placer que no solo los frailes de San Pablo (ahora parador) debieran tener.

Cuenca es el atardecer de cualquier día de otoño, de invierno o la primavera, cerca del abismo que supone estar rascando el cielo con los sentidos, al calor del hogar, al frescor de la lluvia, de la nieve.
Al nacer, al abrir los ojos por primera vez, mirando con un solo ojo desde el abismo de la curva de la teta, ves otro abismo desde la ventana tras la lluvia, y cada gota sobre el cristal es un sueño que tendrás, podrás verlos avanzar, resbalar tras el cristal, incluso avanzar llevados por la corriente del río, si tu madre se asoma a la ventana para que expulses los aires. Si entonces, entre palmada y palmada en la espalda, día tras día, año tras año, los verás disolverse y confundirse con el agua del río.

 Y un día, tus labios no querrán esa teta, y buscarán otros sueños, otros labios donde posar los besos, los sueños, que, como el agua de la lluvia tras el cristal, se resbalarán y confundirán con otras gotas, otros sueños, y se disolverán entre las aguas del Húecar, para pronto, confundirse con las del Júcar…
La lluvia siempre es vida, la vida que es carrera hacia la meta segura de la muerte, se olvida en su camino de su destino, por desgracia… ¿pero eso que importa ahora? En Cuenca llueve y la lluvia es vida alegría…


©Paco Arenas

sábado, 2 de diciembre de 2017

Felipe y Leticia. Un día en la vida de una familia real…



Dedicado a todas las familias reales, las de verdad

Felipe se levanta todos los días antes de las seis de la mañana. Como siempre, lo primero que hace es ir al trono y sentarse, tomar posesión de ese punto de su casa que tan solo a él le pertenece a esas tempranas horas; aunque parezca extraño, no necesariamente a defecar. Por las mañanas está tan dormido que prefiere sentarse hasta para orinar, no vaya a ser que su puntería le juegue una mala pasada. Mientras se cepilla los dientes observa a Leticia con preocupación, cada día está más delgada.

—La pobre tiene que pasar dos veces por el mismo sitio para hacer sombra —piensa, que no dice, con el cepillo dental frotando con fuerza.

 Recuerda que antes de la crisis dejaba que el grifo corriese alegremente mientras se cepillaba, ahora apenas moja el cepillo con un minúsculo chorro y cierra el grifo. Son ya dos veces las que les han cortado el suministro de agua. Lo grave no es que se la corten y al pagar enganchen de nuevo, lo peor es que para que le vuelvan a enganchar le cobran ciento treinta euros de alta, y si ya no podían pagar los sesenta euros del suministro, después deben de pagar casi doscientos, la mitad de lo que le dan de limosna por desempleo. 

Cuando sale del cuarto de baño se viste a oscuras, aunque por la noche sí tienen suministro eléctrico, pero ya sea acostumbrado a hacerlo así, después de haber estado dos semanas sin luz. Un día alguien dijo que podía hacer la trampa y contra sus principios la hizo, se enganchó.

—Quien roba a un ladrón…—le dijo esa persona que vivía de ocupa en un piso propiedad de un banco, después de que ese mismo banco le robara el suyo.

 Por la tarde, a partir de las seis, hasta las ocho de la mañana —se ha informado bien —los inspectores de la mafia energética no comienzan su trabajo hasta las nueve de la mañana y dejan de trabajar a las cinco y media de la tarde, paran a la una y media del mediodía y regresan a las cuatro; aunque, normalmente, la tarde la utilizan para redactar informes. Durante ese tiempo puede arriesgarse a tener la electricidad conectada; sin embargo, al mediodía no se atreve, salvo sábados, domingos y festivos, que tiene todo el tiempo conectada la electricidad.  Así lleva mucho tiempo, por suerte sus dos hijas no lo saben, sus horarios escolares coinciden con la ausencia de conexión, sería un mal ejemplo que descubriesen que están robando la luz.

Antes de las siete, sin desayunar, se acerca a la panadería “low cost” que ha llevado a otras muchas panificadoras del barrio a la ruina por sus bajos precios, a pesar de la baja calidad del producto.

—A los pobres no nos queda otro remedio que ir a lo más barato —piensa mientras recuerda la Tahona Margarita, que se encontraba justo enfrente de esta nueva, y que, todavía dos años después de su cierre luce vetustos carteles, uno de ellos imitando el principal, colocado veintitrés años antes:

Tahona Margarita desde 1914, 75 años a su servicio.

—¡Dios mío, qué pan hacían!

Dos años y medio antes colocaron aquel despacho de pan producido en un polígono industrial, con barras a veinticinco céntimos, Tahona Margarita no aguantó la competencia. Primero comenzó a despedir a parte dela plantilla, de doce trabajadores, quedaron cuatro, al final doña Margarita, hija de la fundadora, se jubiló, sus hijos no contemplaron siquiera la posibilidad intentar rentabilizar el negocio familiar, no existía.

Felipe espero pacientemente a que el empleado del despacho de pan levantase la persiana. Cuando lo hizo, miró a aquel rincón donde apartaba el pan sobrante de día anterior, suspiro aliviado al ver que había cinco barras; no obstante, después de dar los buenos días  preguntó:

—¿Te queda pan duro?

El empleado asintió con la cabeza, y cogió una bolsa metiendo las cinco barras de pan duro dentro, después se acercó a las estanterías donde estaba el pan recién traído, todavía caliente, e introdujo en la bolsa una de las barras del día. 

—Esta para las chiquillas, que coman pan tierno, ya pondré yo la diferencia —dijo condescendiente mientras esboza una sonrisa de circunstancias —hoy no me queda nada de bollería de ayer.

—No pasa nada —responde —. ¡Muchas gracias!

—A ver si hay suerte. Esta mañana en las noticias han dicho que ha bajado mucho el paro…

—Sí, eso han dicho. Yo llevo trabajando ya todo el mes de julio y lo que va de agosto…

—Hombre, mi más sincera enhorabuena, no sabía nada, como sigues viniendo todas las mañanas, ¿hasta cuándo tienes el contrato? —Preguntó el empleado del despacho de pan dando muestras sinceras de alegría.

—Los contratos, amigo mío, los contratos…

—¿Trabajas en más de un sitio? Me alegro…

—No, trabajo en un restaurante de la Malvarrosa, —baja la voz como si le pudiese escuchar alguien —de viernes a domingo en jornada partida, cuatro horas al mediodía y cinco a la noche. Me tienen asegurado cuatro horas y me pagan a cuatro euros la hora, total treinta y seis euros al día, si me necesitan un día de entre semana me aseguran dos horas, así que hay semanas que tengo hasta cuatro contratos…

—¡Madre mía! No se lo digas a nadie, yo estoy jornada completa, pero como sabes abro y cierro el despacho, diez horas al día de lunes a domingo por ochocientos euros al mes. Me llega para pagar el alquiler y poco más, menos mal que el pan me sale barato…

Calla el empleado ante la llegada de los primeros clientes, Felipe paga el importe del pan duro, mitad de precio que el tierno del día, y se va.  Se ha entretenido más de la cuenta.  Se prepara un café sin leche, desde que comenzó la crisis, ni Leticia ni él toman leche, solo café aguado. Busca entre las barras la más dura. Tuesta media barra de pan, y esparce sobre las tostadas aceite de semillas, que es el más barato. Al principio le producía asco acostumbrado al aceite de oliva virgen extra.  Será el único alimento que reciba su estómago hasta después de las cuatro de la tarde que comerá junto con el resto del personal de las sobras en el restaurante.  Termina de desayunar mientras escucha las noticias de la radio. No quiere ver imágenes en la televisión, no quiere que le amarguen el desayuno, bastante tiene con comer esas insípidas tostadas con aceite de semillas y azúcar, para que al menos tengan algo de gracia.  Prepara el café aguado de Leticia, mete las tostadas en tostador y mientras se tuestan acude al dormitorio a despertarla.  Pasa la mano por debajo de la sábana y la sube en forma de caricia desde los pies hasta el sexo, deteniéndose haciendo círculos en el mismo. Sonríe mientras ella se despereza.

—Déjame tonto. ¿No tuviste bastante anoche? —dice ella fingiendo hastío.

Felipe entonces sube la mano rápida, hasta llegar debajo de la nunca de ella tras detenerse en la aureola de uno de sus senos, la besa en los labios, apenas un pico.

— Nunca tengo bastante, mi huesitos, nunca…—la vuelve a besar, buscando un beso profundo, que ella rechaza —ya tienes el desayuno —termina fingiendo resignación.

—Tengo la boca que parece un estropajo —se disculpa ella.  —¿Has llamado a las chiquillas?

—Cuando desayunes. Queda tiempo todavía.

Se da prisa por llegar a la cocina. Se lava las manos con una gota de lavavajillas. Ha recordado que lleva en el bolsillo del pantalón una bolsa individual de aceite de oliva virgen. Saca las tostadas de ella de la tostadora con gesto de fastidio, se han tostado más de la cuenta. Intenta abrir la bolsita de aceite.

—Copón con el abre fácil —se queja mientras echa mano a las tijeras.

Derrama la bolsita de aceite sobre las tostadas. Leticia llega desperezándose, después haber llamado a las chiquillas. 

—Pobrecillas, con lo a gusto que están ahora en la cama.

Leticia se fija en la bolsita vacía, sobre una de sus tostadas. Sabe que son para ella, porque él siempre le reserva la punta de barra, siempre más grande de lo que se la haría ella. Se percata que él se ha puesto aceite de semillas, todavía está la botella sobre la encimera.

—¡Tostadas con aceite de oliva! —Exclama ella exagerando el gesto y abriendo los ojos como si fuese a devorar las tostadas.

—No me di cuenta y me lo traje en el bolsillo. No era cuestión de devolverlo...—responde él quitándole importancia —no creo que por eso me despidan; aunque incumpla las normas.

Se acerca a Felipe y lo abraza de la cintura. Ahora es ella quien busca sus labios. Se besan profundamente.  Al separarse ella está llorando. Es llanto seco, lágrimas que a fuerza de disimularlas no llegan a salir por el lagrimal. Son años encubriendo delante de sus hijas, de sus padres, de algunos amigos el dolor que les despellejaba la piel desde el interior de su ser. Tal vez hubiesen necesitado un llanto torrencialmente húmedo, como el que suelen tener las personas normales, para así sacar todo el mal que llevaban dentro y que poco a poco estaba acabando con la vida de ambos. Leticia sin hambre, con los nervios consumiéndola por dentro, con los ojos enrojecidos de aguantar el resbalar de las lágrimas por sus mejillas. Él, apático con todo, asqueado del mundo, de la indiferencia, de disimular con todos y ante todos. Solo ella y la risa de las chiquillas le asían desear la vida, que, en muchas ocasiones, pensó en quitarse. Cansado de recorrer polígonos, calles, playas o avenidas entregando currículos que sabía que nadie leería.

—¿Estás segura? —Pregunta él.

—No, pero, nos queda otro remedio. Debemos aprovechar este mes. Necesitamos el dinero. ¿Quién sabe cuándo volveremos a tener trabajo?

—Con tus padres estarán bien…

—Un mes sin verlas—se lamenta ella.

—Sí, un mes sin verlas.  Y a pesar de ello, contentos de tener este mes una mierda de trabajo…— suspira ahora él intentando evitar el llanto, sin conseguirlo.

Sí, Leticia también el mes de agosto ha encontrado trabajo en su profesión. Una sustitución en un hospital como enfermera. Después de tres años sin trabajar, por fin trabajará durante veinticinco días.

Durante los últimos años ha trabajado clandestinamente cuidando enfermos. Antes de la crisis faltaban enfermeras, tanto de manera regulada en hospitales como para cuidar enfermos durante las estancias hospitalarias. Donde antes trabajaban tres enfermeras, ahora trabajan dos o una. En cuanto a cuidar enfermos, mientras que antes la gente prefería pagar antes que pasar malas noches en el hospital, ahora con tanto desempleo, los hijos o pariente de los enfermos se quedan ellos antes que pagar. Durante todo el mes de sus hijas estarán en el pueblo de sus padres, saben que estarán bien cuidadas, pero estarán sin ellas, y eso les duele.

Abre la nevera, saca el tetrabrik de leche, lo agita buscando que se multiplique su contenido.

—¿No hay más leche? —Pregunta a Felipe conociendo la respuesta.

—No me quedaba dinero y como hoy te las llevabas al pueblo, calculé y había bastante…

—Sofí anoche echó un trago…pensaba que había más.

Felipe coge el tetrabrik de leche, lo agita también.  Reparte la leche entre las dos tazas de sus hijas, quedan por la mitad. Las acerca al grifo y las termina de llenar.

—¿Qué tontería es esa? —Protesta Leticia.

—¿Qué quieres que se enteren que sus padres no tienen ni para cómprales leche? A ver si cambian las cosas, me estoy dejando la piel, lo mismo me cogen para todo el año…

—Dices unas tonterías, te han cogido ahora porque necesitan gente que trabaje y se dé el callo. Están desbordados. En septiembre se acaba todo, tú lo has dicho.  Prefieren tener dos niñatas con buenas tetas o niñatos con tabletas en los abdominales, que cumplan el expediente por seiscientos euros…—le corta Leticia, que no quiere que se ilusione como todos los años para luego deprimirse.

—Tampoco me pagan mucho más…, pero sí, llevas razón.

—Ya. En fin, Dios dirá…—calla Leticia, las niñas entran en la cocina.

— ¡Buenos días! —Saludan al unísono las chiquillas.

 Felipe abre la nevera y saca la margarina, la mermelada y dos botellitas de “bífidos activo”, todo de marca blanca. Antes compraban de marca los “bífidos activo” y el yogurt también.  Siempre fueron mirando la peseta, tal vez por eso todavía respiran algo, pero poco. Si no fueran por los abuelos…nada.

—Tomar “pitufinas”, los “artimeles” bien fresquitos que hace mucho calor…

Las chiquillas corren a coger las botellitas de yogurt líquido y le dan un beso a su padre y después a su madre. Se sientan en la mesa listas para desayunar. Mientras su padre les prepara las tostadas, su madre que ha terminado de desayunar abre un armario repleto de paquetes de macarrones, fideos y arroz, que comienza a meter en un bolso.
—La leche está rara —protesta Elena, la más pequeña.

—Es que desnatada —se apresura a responder Leticia.

—Pues no me gusta la leche desnatada, parece agua… —protesta la mayor.

—Papá se equivocó al comprarla. Hoy ya os la tomáis así, mañana ya os pondrán los abuelos de vaca recién ordeñada.

—Mamá… ¿En casa de los abuelos también vamos a comer casi todos los días macarrones? Pregunta Elena con gesto de fastidio.

—Como os gustan tanto…—comienza Felipe.

—Papá, como dice el abuelo, lo poco gusta y lo mucho cansa. Además, ahora no los sabéis guisar. Antes le poníais chorizo, carne, atún, queso… ahora con tomate sin sabor…—protesta Leonor.

 —Lo mismo digo. Figúrate, muchos días en que me apetece más comer las habichuelas de la abuela, con su arroz, su choricillo, morcilla y su hueso de espinazo, que antes no me gustaban —replica Sofía sin dejar terminar a su padre, guiñando un ojo a su hermana y chupándose el dedo.

—Sí, mejor este mes de agosto comer cocidos, potajes, chorizos, morcillas, jamón y queso…—se chupa Elena el dedo, guiñándole a su vez el ojo a su hermana —Cuando comencemos el cole, ya comeremos lo que nos pongan en el comedor y los sábados domingos, arroz a la cubana, unos días con huevo y otros viudos, macarrones o de todo lo que tenéis en ese armario…—dijo Leonor señalando un armario de la cocina donde guardaban los víveres que les daban en el banco de alimentos para poder subsistir.  

Por los gestos de las chiquillas sabe que ellas no se chupan el dedo, aunque las dos se chupasen el dedo. Son conscientes de la situación que viven. Se quedan en el comedor del colegio, es la única comida que realizan variada al día, por la noche, sábados o domingos, recurren a los paquetes de la ONGs. Siempre procuran añadir atún, chorizo, pescado o algún filete a la dieta de las chiquillas, muchos días no puede ser. Por suerte en ocasiones sus padres y suegros les alguna ayuda económica y sobre todo alimentaria. Sabe que al regreso traerá aceite de oliva virgen, jamón, embutidos, que siempre reservan para las chiquillas. Felipe está a base de pan, arroz blanco, sopas y macarrones. A ella los nervios le cierran la boca del estómago y cada día está más delgada.

—Les dices que lo necesito para ir a trabajar —le recuerda él.

—¡Qué remedio! Tampoco se chupan el dedo, por eso nos ayudan. Si no fuese por ellos…

—Mis padres también nos ayudan…—apuntala él sin mucho convencimiento.

—Sí, pero tienen otros dos hijos que están peor que nosotros…

Felipe mira el reloj. Son las nueve menos cinco de la mañana. Ya debería haber bajado a desconectar la luz. Le sabe mal, las niñas están viendo Pocoyo en la tele. Mira a Leticia, acelerada intentando dejar todo en orden antes de la marcha. Decide echarle una mano y acercar las maletas a la puerta, así las niñas no preguntaran por qué razón todas las mañanas se va la luz a la misma hora. Baja Felipe corriendo las escaleras para desconectar la luz, son casi las nueve y media, debería haberla desconectado al menos cuarenta minutos antes. Es principio de mes, tiene controlado al inspector de zona y sabe en esos días suele ir a primera hora de la mañana. Cuando sale del cuarto de contadores entra el inspector de la empresa energética por la puerta del patio, Felipe palidece. El inspector agacha la cabeza fingiendo no darse cuenta mira la tableta electrónica que lleva para anotar los datos de los contadores. Disimula más que el propio Felipe como si no intuyese lo que termina de hacer. Felipe sube por las escaleras sin esperar el ascensor a pesar de vivir en el quinto piso. El inspector se baja las gafas hasta la punta de la nariz para mirar mejor a Felipe.  Menea la cabeza de un lado a otro suspirando. Podría haberlo pillado muchas veces; sin embargo, una vez más, hará la vista gorda. Le queda poco para jubilarse y sabe que hay mucha gente que lo están pasando mal. De vez en cuando le toca dar parte, pero solo cuando no le queda más remedio o se entera que el infractor es en realidad un caradura o un vecino chismoso se presenta en la oficina con una foto del enganche, que en ocasiones también ocurre. 

—Pobre gente, lo mal que lo está pasando.

Nervioso, toca con los nudillos la puerta, como si no llevase la llave en la mano. Se percata al instante y echa mano a la llave. Leticia abre antes de que él consiga hacerlo.

— ¿Qué te pasa? Estás blanco como la pared —Se asusta ella al ver la expresión de Felipe. La pared en realidad es de color crema, pero la cara de Felipe está radicalmente pálida.

—El inspector de la luz, casi me pilla, si no me ha pillado.

—Si es que esperas hasta el último momento, algún día vamos a tener un disgusto —dice Leticia, a la que le hubiese apetecido gritar con ganas. No sabe si contra él, contra todo y todos de rabia o desesperación.

Tienen coche, aunque sin la ITV pasada. No tienen el dinero que necesitarían para ponerlo a punto. Retrasan a septiembre la revisión, para ver si así un amigo les puede hacer un apaño con piezas del desguace. Pensaron en la posibilidad de marcharse en autobús, pero Felipe apenas había cobrado una semana y Leticia todavía faltaba quince días para comenzar a trabajar. Imposible hacer frente al billete de las dos niñas y la madre, frente al pago del alquiler, del que llevan dos meses de retraso y el propietario; aunque, fue condescendiente al principio, ahora condescendiente, ahora, se encuentra también sin trabajo, necesita de ese dinero para salir adelante, y les amenaza con desahuciarlos si no hacen frente al importe.

—Cuando he podido os he dado tregua, ahora, si no cobro, soy yo quien no come, así que o cobro o vendo el piso para poder comer. No me queda otra.

 Finalmente, Leticia, después de meses parado en la calle, se arriesga a coger el coche, no les queda otra alternativa. Tienen la gasolina justa para llegar al pueblo, sabe que su padre siempre le dará dinero para rellenar el depósito de combustible; de lo contrario, no le quedará más remedio que fingir el olvido de la tarjeta, todo antes que confesar la precariedad económica y laboral que sufren. Se despiden procurando mostrar alegría delante de las chiquillas; sin embargo, los abrazos y besos terminan en lágrimas, como siempre secas.

Nada más salir Leticia se persigna. No es ella de muchas misas, y tiene dudas, incluso, sobre si es creyente o no. Las niñas repiten el gesto entre risas.

— ¡Música! —Gritan al unísono las chiquillas.

La música le hace olvidar los problemas, aunque la mayoría de las canciones hablen de pena y desamores. En el amor se siente afortunada, a pesar de las estrecheces económicas; si bien en los primeros momentos de dificultades estuvieron a punto de separarse…

Fin parte primera del relato.

Este relato forma parte de un futuro libro de relatos basados en hechos reales,  que pretendo que los beneficios vayan a las personas víctimas de la presunta crisis, que en realidad, es consecuencia, no de que los pobres hayan vivido por encima de sus posibilidades, sino de que las mafias dirigentes nos han robado por encima de nuestras posibilidades. 

©Paco Arenas


©Lágrimas secas
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