domingo, 28 de febrero de 2016

Lo que nos llega a través del teléfono (Relatos de Rosa Lía)


Hace algunos años, creé el personaje de Rosa Lía, una chica joven y desenfadada, con las ideas muy claras, hija del 15M.  Aunque con muchas dudas sobre la traversalidad de algunos de sus compañeros de viajes. Joven universitaria y provocadora que hizo de la lucha contra el ATC de Villar de Cañas, su misión principal. Este animaba el cotarro en los foros de Cuenca, con el único objetivo de impedir la construcción del Cementerio nuclear. Ella fue Rosa Lía, una pinarejera de armas tomar, contestataria, ecologista y republicana. Tal vez alguna vez regrese.
Aquí tres de sus relatos encadenados, de los muchos que escribió en los foros de Cuenca.

Domingo 18 de noviembre de 2012 (15 horas)

1º Tu hermano es un haragán comunista y tú lo sabes.

Suena el teléfono, mi padre tumbado en el sofá extiende el brazo con pereza, haciendo un gesto de fastidio.  Agarra el teléfono con tal desgana que cae al suelo el terminal, se retuerce en el sofá, como haciendo un gran esfuerzo, se coloca el auricular en la oreja, separándolo al instante como si le hubiese picado una avispa.

— Matilde, tu hermano, —Grita a todo pulmón a mi madre que está fregando los platos en la cocina —siempre llama a la hora de la siesta para joder al personal.

 Mi padre no se habla con mi tío, ni tampoco friega los platos, “él no es un cocinillas como el maricón de su cuñado”, además un estudio de la Iglesia Evangelista dice que los hombres que trabajan en la cocina se vuelven gays, y el es un hombre como Dios manda, aunque mi madre el otro día dijo:

-- En los últimos tiempos los hombres como Dios manda parecen escopetas de feria.


 Mi madre tras secarse las manos coge el inalámbrico que hay junto al televisor de la cocina. Mientras que mi padre cuelga el teléfono casi con rabia, como si quisiese transmitir a quien estaba al otro lado su malestar por la interrupción de su reposo tras la sobremesa.
A mi madre a penas la escucho, habla despacio y con tono preocupado, me acerco a la cocina y observo, tengo la sensación de que está llorando.
—Como…están las cosas…a dónde vamos a ir a parar… los chiquillos, pobrecillos…—la voz entrecortada de mi madre me preocupa. Me acerco y me hace un gesto de que espere. Cuando cuelga el teléfono, sale al comedor y nos dice que han despedido a su hermano del trabajo, después de llevar dieciocho años en empresa, de esas de textil que se han ido a abrir fábrica a Indochina. Lo grave es que como tenía un buen sueldo vendió su piso de toda la vida para comprarse otro mejor y se ha metido en una hipoteca y que ya veremos lo que pasa, pues todos sabemos que los bancos, con la complicidad del gobierno se dedican a robar la casa a quienes tienen dificultades.  La reacción de mi padre, sin incorporarse siquiera.

— Lo raro es que no lo hayan despedido antes, tu hermano es un haragán y un comunista... y tú lo sabes... anda siempre de manifestaciones y hostias en vinagre, seguro que el miércoles haría huelga y claro, los amos no quieren gente problemática… mira como a mi hermano no le pasa eso, diecinueve años en la misma empresa, ni siquiera para ni a almorzar... además más de diez de encargado; pero eso sí... es muy trabajador como Dios manda y sabe que hay que trabajar duro y que el amo debe ganar los cuartos... para eso los arriesga…si el Caudillo levantase la cabeza...la Ley de vagos y maleantes, eso, eso es lo que hace falta en este país, a quien trabaja mira como no lo tiran...

De nada sirve que mi madre le explique que la empresa en la que trabajaba mi tío se ha marchado a fabricar ropa a sudoeste asiático, para utilizar mano de obra semi esclava y sacar más beneficio.
Mi padre se dirige al mueble bar, saca la botella de anís Castellana y se encasqueta una copa de aguardiente entre pecho y espalda sin saborearlo, luego alza la copa como brindando y vuelve al sofá.

—Tontunas. Mi hermano también está en una empresa de ropa, y mira, ganando buenos cuartos…

Martes 1 de enero de 2013 (15 horas)

2º Serán hijos de puta los amos... el mejor colgado.

Suena el teléfono, mi padre se encuentra tumbado en el sofá extiende el brazo con desgana, haciendo un gesto de fastidio, termina de meterse un polvorón en la boca, antes de coger el teléfono alarga la mano agarrando la copa de anís La Castellana, se enjuaga la boca con el aguardiente.
—Seguro que es el cuñado, que quiere venir a jodernos el día de Reyes, pues como sea él se va a joder, no quiero parásitos en mi casa...

La primera vez, la culpa Licurgo y Solón, con la complicidad de Charlot



Esa primera vez que ilusionado entras en la escuela, esa primera vez en ese mismo día, o en otro deseas escapar de la escuela, o te niegas a ir la misma.  Esa primera vez de la más que lejana y nunca olvidada adolescencia experimentas el placer el primer beso.  

Recuerdo que fue a finales del invierno, no recuerdo si en febrero o marzo. A ella la llamaré Mari, aunque era otro su nombre. Era una chiquilla morena, no era de esas chicas con la que sueñan los chicos tener una aventura. Tenía muchas cosas en común conmigo, que después diré.  A mí me parecía guapa, tal vez porque yo tampoco era uno de esos chicos con los que sueñan las chicas tener una aventura. 



Me gustaba escucharla en clase cuando leía sus redacciones cargadas de fantasía, que algunos consideraban cursiladas, o cuando en los exámenes orales de historia, al igual que yo, no se limitaba a lo que ponía el libro de texto, sino que contaba lo que había leído en la enciclopedia o en su cabeza, dejando en más de una ocasión descolocado al maestro, a ella como a mí, más de una vez, extrañado, nos preguntaba. 

--¿Estás seguro que eso pasó así?

Como demostrábamos estar muy bien "informados", aceptaba "pulpo" como animal de compañía. 

 Debo decir, que al principio no me parecía simpática, ni muy habladora, ni , como ya he dicho, despertaba mis fantasías adolescentes. Tenía el mismo defecto o problema que yo, era muy tímida, y a pesar de ir en la misma pandilla de adolescentes, apenas la había escuchado hablar y como mucho habíamos llegado a intercambiar cuatro monosílabos. Yo tenía trece años y ella unos meses menos, íbamos al mismo curso y clase, desde dos años antes, cuando las clases pasaron a ser mixtas, aunque en los patios los niños jugábamos por un lado y las niñas por otro.  Los dos éramos malos en matemáticas y buenos en historia y geografía, ambos con bastantes faltas de ortografía.  Escribíamos nuestras redacciones dándoles un toque muy personal y en más de una ocasión doña Matilde, la maestra de lenguaje, nos las hacía leer delante de toda la clase, lo cual era un reto muy grande para ambos, que como he dicho éramos muy tímidos, posiblemente los más apocados de la clase, ella en su versión femenina y yo en la masculina.   

La culpa fue de Licurgo y Solón.

Ocurrió que en la clase de historia había un examen oral sobre la Grecia clásica. Todos nos poníamos muy nerviosos cuando el señor Torrent nos sacaba a la pizarra para hacer ese tipo de exámenes, y la mayoría suspendía, aquel día los dos más tímidos de la clase, tuvimos un diez, de haber sido escrito, habría bajado por las múltiples faltas ortográficas.

A los pocos días de felicitarme el profesor de historia, me echó una impresionante bronca, mi nombre “Paco M.L”, junto con un corazón y una “y ...” había aparecido en uno de los pupitres dónde habitualmente me sentaba.

—Martínez, ven aquí —dijo cogiéndome del cogote con fuerza el maestro y llevándome a uno de los pupitres en los que habitualmente me sentaba.

Allí estaba la prueba del delito, mi nombre con las dos iniciales de mis apellidos, el corazón y una enigmática “y” con puntos suspensivos.  Estaba escrito, con lo que entonces llamábamos tinta china (rotulador) de manera muy elegante, que contrastaba con mi irregular redondita.

— ¿Quien ha escrito esto?

—No lo sé, señor Torrent, yo no. Yo no escribo tan bien.

—Eso es verdad. Pero pone tu nombre y tendrás y seguro que lo sabes, si no dices quien ha sido tendrás que pagar el pupitre entero. A sí que espabila  —me increpó con una fuerte colleja que me tiró de bruces contra el corazón de tinta china, entonces todavía eran muchos los maestros que tenían como máxima: “La tinta con sangre entra”.

El tiempo pasó y el profesor, se olvidó de la historia y yo soñé con quien podría haber sido, primero como una pesadilla y después como fantasía romántica de quien hablaba con las chicas solo en sueños, a pesar de que con los chicos no me callaba.  Era seguro, que había sido una chica  y además muy guapa, no tenía duda, pero por más que me fijaba en las letras de las chicas no era capaz de adivinar quién podría haber sido, y desde luego en la que menos pensé fue en ella, las había más guapas y simpáticas.

Una tarde mientras estaba contemplando la cartelera del cine Torres, se acercó a mí, me saludo con un lacónico “Hola”, le respondí al saludo, turbado y supongo que ruborizándome.

—La culpa fue de Licurgo y Solón. —Soltó sin venir a cuento, ni yo suponer que quería decir.

La miré a los ojos desconcertado, al instante bajo la mirada y yo también.

—La culpa fue de Licurgo y Solón —repitió. —Lo explicaste tan bien, que me encantó, por eso escribí tu nombre y el corazón, para que supieses que me había gustado…

—Tú, tú también lo explicaste muy bien…—Titubeé yo.


—¿Vas a pasar a ver a Charlot? —Preguntó.

En San Antonio, había dos cines, el Cine Torres y el Cine Regio, el Torres lo habrían todos los días de la semana, los días de entre semana con películas de reestreno o antiguas y los fines de semana con películas más actuales, el Regio, que era del mismo dueño, por aquella época solo los fines de semana, era más nuevo y más caro.  La verdad es que mi intención no era entrar, nunca iba al cine entre semana, mi presupuesto no me permitía muchos lujos y si iba entre semana, no podría ir el fin de semana con los amigos; pero yo tenía debilidad por el cine mudo y por Cantinflas. No sé cómo tuve el valor para decirle que sí, supongo que porque antes de que yo pudiese contestar ella estaba pidiendo dos entradas en taquilla.

Entramos en la sala de proyección en silencio, sin detenernos en el vestíbulo, para evitar que nadie se fijase mucho en nosotros. 

Había escuchado y visto, que cuando se va al cine con una chica debes cogerle la mano. Tal vez la oscuridad me dio ese valor que a plena luz no habría tenido. Le cogí la mano y comencé a juguetear con sus dedos, y ella con los míos. Torpemente intenté besarlarozándole los labios, cuanto apenas, notando como se erizaban los vellos, temblando de nerviosismo y miedo, hasta que por fin te atreves a besarla, aprovechando que el revisor está por las filas traseras enchufando con la linterna a una pareja de novios. 

  Esa primera vez  con esa misma chica que escribió mi nombre junto a un corazón, en la oscuridad de la sala, me olvide de Charlot, que marchaba agitando al aire su bastón en la pantalla gris del Cine Torres, mis manos deciden convertirse en Livingston buscando las fuentes del Nilo, la Vía Láctea o el manantial del nacimiento de la vida...  

 Mis dedos y los suyos comenzaron a caminar inseguros, jugueteando con los botones de su blusa, de su piel y mi piel, los unos y los otros cada vez más atrevidos entre indecisión y dudas se fueron adentrando debajo de las prendas, explorando los suaves precipicios de las montañas de la luna,  jugueteando con sus erizados pezones adolescentes, notando como Livingston,  bajo tu vientre decide por  su cuenta y contra tu voluntad , levantar una tienda de campaña, provocando la risa nerviosa de la chica que se percata de ello, primero acaricia, después se asusta y retira su mano de aquello, intentas retenersela, notas como tiembla, duda, tiemblas tú también. Entonces te retira la mano de sus senos con una sonrisa nerviosa, sin mucho empeño.  Tú lo tomas como un reto, te coge la mano con suavidad y con una sonrisa te señala la pantalla, donde Charlot se marcha solitario en dirección a un lugar indefinido, perdido en un círculo que termina impregnando la pantalla de negro.  

 La sala a oscuras, adivinas sus ojos, sus labios, la besas con la torpeza, propia de esos inseguros primeros besos adolescentes, te devuelve el beso y te sientes con ganas y fuerzas de explorar África entera…


Al salir del cine, la timidez inseparable compañera de la adolescencia,provoca una terrible sensación de vergüenza, ni tan siquiera dices de acompañarla, ni te despides con un beso ni en la mejilla, ni mucho menos en los labios. Durante la noche te olvidas de Licurgo y Solón, solo puedes pensar en el nacimiento del Nilo, en la Vía Láctea de sus pechos adolescentes. 
 Al día siguiente, cuando te encuentras con aquella chiquilla en la escuela no eres capaz de mirarla a los ojos, ni ella a ti.   Notas como te arden las mejillas, como el rubor sube como llamas de una chimenea recién encendida.  Como esas llamas te provocan todos los miedos del infierno, el miedo a la condena del pecado, todavía crees en el infierno, el pecado y la condena eterna.   Estás dos o tres días que no le dices ni hola, que la miras y te ruborizas, te mira y se ruboriza, notas como dicen los poetas, mariposas en el estómago, evitas por todos los medios que nadie se percate de lo sucedido…
Se acerca el fin de semana, sin saber cómo, o tal vez de manera intencionada, tampoco estás seguro, chocas “accidentalmente” con ella, o ella contigo, te tiemblan las piernas, le tiemblan las piernas, nervioso le dices:

—Este jueves hacen una de Cantinflas.

      Ella aturdida, con risa nerviosa, y tras comprobar que nadie nos mira, duda entre lo que quiere decir, piensa que debe decir y dice, al final le salen las palabras:

—Qué bien… ¿no?

Y mira para todos lados, y miro para todos lados. Ese jueves, cada uno entra por separado al cine, habrá un segundo beso, tercero y tal vez muchos más pero ya no será la primera vez.  Livingston tal vez llegue al lago Tanganika y explore Zanzíbar y puede que consiga la victoria anhelada; pero ya no será como la primera vez en que sus labios rozaron mis labios.



Después llegará el verano, yo comenzaré a trabajar subiendo maletas en un hotel y ella en una tienda de suvenirs, de doce a catorce horas de trabajo infantil. Ya no regresareis a la escuela…Tampoco a la inocencia. 

©Paco Arenas

viernes, 26 de febrero de 2016

Los sueños de un campesino que soñó ser poeta (El burro manchego y el alazán boricua)



A don Jaime Flores Flores, caballero boricua de los alegres sueños

Que los burros pueden aparearse con jacas de pura raza, es algo probado. Incluso pueden preñar a la yegua, que nunca parirá un cartujano, alazán, ni tampoco un árabe..., ni tan siquiera un robusto caballo percherón de tiro, que trabajando como un burro, no deja de ser un caballo.

Está claro, que el resultado de ese apareamiento será mulo o mula, más grande y elegante que un burro, pero bastante menos que la yegua madre y sobre todo estéril y sin posibilidad de descendencia.
Que un ignorante como yo, sin haber apenas pisado la escuela, escriba libros, no deja de ser una casualidad, como la del burro flautista, que tocó la flauta por casualidad.

Burro que tiene un amigo que es un catedrático generoso y condescendiente, además de ser muy paciente con este destripaterrones. Porque si bien es verdad que el burro, ha llegado a la categoría de mulo, por más que lo intente, donde no hay no se puede sacar, y mira que el muy burro, perdón, mulo, lo intenta y cuando el sabio profesor le habla de los "vocativos", él raudo y veloz, agarra el diccionario y busca la palabreja. Y si habla el paciente profesor de conjunciones y verbos, el tozudo mulo, se jura así mismo que intentará aprenderlos. Olvida que durante el poco tiempo que fue a la escuela, nunca llego a hacerlo...

No obstante el mulo es muy tozudo, estando dispuesto a uncir los dedos al teclado y arar los surcos de su mente buscando las raíces de su pobre imaginación de campesino de tierra seca.  Escribió el gran Mario Benedetti:

"Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, sino sencillamente que se cumplan los míos."

Este hombre, que considero mi amigo, sin conocerle, y confió plenamente en él, lo admiro y aprecio; aunque tal vez viendo mi torpeza, no le quede otra que tener paciencia o decirle al burro, perdón mulo, vaya usted con Dios y con su alfalfa se lo coma.

Y al burro, discúlpeme usted, que no es insulto, al mulo, aplicarse el cuento, que teniendo tan buen profesor ayudándolo, tal vez, aprenda a diferenciar el trigo de la avena

¡Muchas gracias, amigo, profesor Jaime Flores Flores!


©Paco Arenas

miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Te acuerdas, amor mío, cuando corríamos por los tejados?


A ellos, nuestros mayores, que un día, también corrieron y se corrieron. Se enamoraron y enamoraron, amaron y fueron amados...


—Si Dios quisiera, ay, si Dios quisiera. —Se lamenta Julián subiendo por la cuesta de la calle Canónigos, bajo el puente de San Pablo. A pesar de la edad, todavía baja a por arcilla para moldear sus botijos. Hace tiempo que se jubiló. Ya no vende; pero necesita ponerse en el torno alfarero para no pensar.

Mira hacia arriba, los turistas pasan ajenos a su drama, con sus cámaras de fotos y sus móviles haciendo fotos que tal vez nunca lleguen a ver, después de la primera vez; pero que de manera mecánica realizan, como se les fuese a escapar el momento, la vida, como un suspiro. Julián recuerda como él, con su Adelaida, fueron a Madrid, con su vieja Kodak. Gastaron dos carretes uno de veinticuatro y otro de treinta seis. Las primeras fotos fueron en la Cibeles, después en La Puerta del Sol, la puerta de Alcalá, el Botánico…  Él no salió en ninguna, porque era quien disparaba las fotos. Casi todas salieron movidas, en las que no, salía su Adelaida, guapa como ella sola. En las de La Puerta del Sol, se veía a ella al lado del oso y el madroño. En realidad lo único que podría haberse visto habría sido el pedestal, de no estar tapado por el cuerpo de su mujer, porque el árbol y el animal se habían quedado fuera del enfoque de la cámara, porque el objetivo de su cámara era una prolongación de su pupila, él tenía solo ojos para ella. Sin embargo, cuando enseñaba las fotos a sus hijos, a sus nietos, con orgullo les decía:

—Mira vuestra madre, lo guapísima que está en la Puerta del Sol.

—Guapa, sí que está. ¿Pero cómo sabemos que está en la Puerta del Sol?

—¡Copón! Por el oso y el madroño. —Replicaba con total convencimiento, ante la mirada perpleja de sus hijos o nietos. Todas las fotos igual, la misma historia, todas con el lugar y la fecha dónde se habían realizado en su parte posterior, de lo contario, solo él lo hubiese sabido. Adelaida le gustaba viajar, aunque tan solo dos viajes hicieron en su vida, uno a Madrid y otro a Segovia y de viaje de novios a Santiago de Compostela, todos los días lloviendo y sin salir del hotel, nada más que para ir a besar el santo a la catedral.
 Ya hubiese querido llevarla a todos los rincones de España y del mundo y a él hacerle fotos, solo a ella, a su gran amor, lo demás sobraba, porque para él ninguna belleza se podía comparar a su Adelaida.  Pero era en el verano cuando más botijos y piezas cerámicas se vendían, cada vez más turistas visitaban Cuenca, por sus Casas colgadas, su catedral y su gran belleza urbana y desde la creación de Museo de Arte Abstracto, también gente con muchos posibles. Ahora se arrepiente de esos viajes no realizados.
Llega cansado, más cansado que de costumbre, ha notado como un pinchazo cerca del corazón, al subir la cuesta.
—Si Dios quisiera. ¡Ay, si Dios quisiera! Maldita enfermedad, esa que postra los recuerdos en una cama. —Dice mientras le echa alfalfa al burro, después de quitarle la albarda y dejar la arcilla apartada a un lado.

—Que enfermedad tan mala, que malura…—Se lamenta el anciano, cuando le daba de comer las lentejas trituradas a quien se había olvidado de masticar. Adelaida está en la cama, con mirada ausente. Él le cuesta permanecer de pie, espera pacientemente a que ella trague la comida. Sus hijos le dicen que llevarla a una residencia; pero él:
—Mientras que yo esté en condiciones, ni hablar. 
Aunque él no está en condiciones, aunque procura evitar reconocerlo, engañando a los hijos que le llaman por teléfono, o a la hija que va todos los días y les lleva la comida. Adelaida casi nunca habla, cada vez menos, aunque algunos días, sí habla y además como si estuviese bien, con claridad y hasta parece que con lucidez.

—¿Te acuerdas, amor mío, cuando corríamos por los tejados? —Le pregunta a su mujer. Porque los médicos le han aconsejado que le hable, le pregunte cosas agradables, y él muchas veces no sabe que preguntarle, porque para él todo el agradable, todo menos su silencio de ahora. Prefiere esos días que habla, aunque sean tonterías y cosas sin sentido.
—¿No te acuerdas, amor mío, cuando corríamos por los tejados?

Pero Adelaida no se acuerda, alguna vez, parecía recordad momentos felices o tristes. Y a él entonces le entraba la risa floja:

—No tengo hombre para nada, ni siquiera para bailar. Julián, con lo que tú has sido, y ya no me respondes...

—¿Dime Adelaida, mía, ¿a qué quieres que te responda?

—Tonto, que estás. ¿A qué va a ser? Como marido. Que ya no lo hacemos, y mira que te ponías pesado, y ahora nada de nada…

—Mujer si ya no podemos.

—Serás tú, que yo sí que puedo. —Protesta ella convencida.

Y Julián la mira con ternura infinita, le acaricia las mejillas, como entonces,  y besa la desdentada boca de su mujer. Con los ojos cerrados la ve bella, hermosa, guapísima, como cuando fueron a Madrid o Segovia, incluso cuando fueron a Santiago de viaje de novios.

 —Qué pena no haber llevado una cámara de fotos. Qué pena.

 Así podría ver su belleza, esa belleza que no dejaba ver en las fotografías, ni el grandioso acueducto romano de Segovia.  Ella, cuando él la besa, no ve al anciano que realiza esfuerzos sobrehumanos para mantenerse en pie junto a ella, ve al joven alfarero que hacía botijos para los turistas, intenta abrazarle, pero sus brazos no le responden, como llevan años sin responderles.

—¿Qué me pasa? —Casi grita ella, angustiada, ante su invalidez no aceptada.

—Nada, mi amor, nada. —Y él entonces con gran esfuerzo coloca los brazos de ella alrededor de su cuello.

—¿Lo vamos a hacer? —Pregunta ella, en esos momentos de “lucidez”.

—Esta noche, no vaya a ser que nos escuchen los críos —le contesta él, besándole en la frente, suspirando —esta noche.

No hay críos que puedan escucharles, se marcharon ya a Madrid, Valencia o Barcelona, de los siete que tuvieron solo dos quedan en Cuenca. Cuando estaban bien, se encargaban de ir a recoger a los nietos a la escuela, darles de comer y llevarlos a las extraescolares, ahora alguna vez reciben la visita de algún nieto. Él quiere pensar que no es por la golosina de los veinte euros que les da, siempre que van a verlos. Más les daría, si fuesen más a menudo. Su hija, Soledad, sí va todos los días, por la mañana y por la tarde, y alguna vez por la noche. Les lleva la comida y les limpia un poco, ayuda a su padre a cambiar a su madre. Sin embargo, su hijo Manuel, ay, su hijo Manuel, algún domingo va a ver a su madre, que es a su madre a la que va a ver, que es el que se entera. A él, ni lo mira, desde que le dijo que no pensaba repartir la herencia en vida.  No quiere pensar en eso, porque termina llorando, y no quiere que ella le vea llorando.

—Voy a traerte el postre. —Le dice, separándose de ella, cuando ha terminado de darle las lentejas. 

—Si Dios quisiera, ay, si Dios quisiera. Cuando podíamos no me dejabas y ahora que ni puedo yo, ni puedes tú, ahora quieres. Si Dios quisiera. Piensa casi en voz alta.

—Si quieres morirte, muérete tú, que yo ya me buscaré uno que no me ponga excusas. —Y es que Adelaida, se ve lozana y joven, como cuando corría por los tejados detrás de Julián, después de haber escapado por la ventana a escondidas de su padre, que no quería que se ennoviase con Julián. Ese día, habla, y parece como si el alzhéimer hubiese desparecido, y entendiese todo. No quiere morirse, quiere viajar, ir a la Isla de Pascua, a Cuba, Puerto Rico, Petra.  Como le prometió Julián.

—Cuándo me jubile, nos vamos a la Isla de Pascua, a Cuba, a Puerto Rico, a Petra…

Pero, Julián, nunca cumplió su palabra, primero un ataque al corazón, después la angina de pecho, y a continuación las obligaciones que les imponían los hijos: encargarse de los nietos. Para rematar el alzhéimer de Adelaida.  Maldice todos los días no haber hecho esos viajes y que ella, en esos momentos de “lucidez” le recuerda.

— ¿Has sacado ya los billetes para irnos de crucero?

—Sí, mi amor, ya los he sacado para septiembre, que son más baratos y no hace tanta calor.

  Daba lo mismo que le dijese para septiembre que para enero, al momento, salvo raros intervalos de tiempo, a las dos o tres horas, o a los dos o tres minutos, ya no recordaría nada. Otro día le preguntaría por otro viaje, o le diría de ir al baile.  Ese día se encuentra mal, se asfixia; pero él no quiere morirse, antes que ella.  Solo le pide a Dios, que se apiade de ellos y se los lleve pronto, primero a ella. No quiere que la lleven a una residencia, la cuidará él mientras le queden fuerzas.

—Corazón mío, abre bien la boca. —Pide a su mujer, Julián, dándole la cuchara llena de papilla de manzana…

—No, no y no. No quiero tanta papilla.  Quiero manzana como Dios manda. —Replicó ella, cerrando la boca con fuerza, a cal y canto.

—Cariño, si tú no puedes comer nada que no sea papilla.

—Eso lo dirás tú. Hasta avellanas he partido con estos dientes. —Dice Adelaida, enseñando sus encías desiertas.

Arrastrando los pies, Julián, agarra la media manzana que ha dejado en un plato para él y la hace trocitos pequeños.  Coloca con dificultad la dentadura postiza a su mujer y comienza a darle aquellos diminutos trocitos de manzana, uno a uno, con un intervalo de media hora, entre trocito y trocito. Ella disfruta de la manzana como si fuese el mejor de los manjares.

—¿Ves, como sí podía? —Le echa en cara a su marido, al tiempo que sonríe —Y ya sabes que esta noche quiero que nos acostemos juntos...y hagamos el amor, ¡eh!

— Sí, mi amor.

Cuando Julián, antes de acostarse, va a cambiar los pañales a su mujer, se da cuenta que lo que tanto ha pedido a Dios ha llegado.  La desnuda y asea, por ahorrarle el trago a la hija. Conforme va pasando la esponja jabonosa va recordando en ese cuerpo flácido y arrugado a aquel cuerpo joven y esbelto, que corría por los tejados para poder encontrarse con él. Al limpiarla sus manos de alfarero experto, parecen querer moldear de nuevo lo que tan perfecto hizo la naturaleza.  La viste con ese vestido de madrina de boda de su hija y la peina lo mejor posible, ahora que no se queja del peine.  Cuando ha terminado con ella, va a la cuadra y le hecha alfalfa y cebada al burro, en abundancia, para varios días.

—Con tanto trajín nadie se acordará de ti, ni aunque rebuznes.

Se ducha y se viste con aquel traje con el que se casó, hacía tiempo que no le venía; pero desde que comenzaron las enfermedades de la vejez, y sobre todo desde que comenzó aquella maldita enfermedad del olvido, se le quitaron las ganas de comer y hasta de beber vino. Ahora, ese traje que le quedaba estrecho, le viene ancho, se lo pone sin la corbata, nunca aprendió a hacerse el nudo, siempre se lo hacía ella.

Se acuesta a su lado, le da un beso en los labios y mira al cielo.

—Ahora, Señor, termina tu trabajo. Llévame con ella..

©Paco Arenas

©Ventana abierta a ninguna primavera

sábado, 20 de febrero de 2016

Preguntas de un obrero que lee, Bertolt Brech


Preguntas de un obrero que lee, Bertolt Brech
Como nos gusta la historia, debemos aprender a leerla,cuestionarla y así poder disfrutarla. Porque todo en esta vida tiene  otra versión y no la voz que más grita ni la que escribe la historia, siempre tiene la razón, hay otra historia oculta, que no suele estar en los libros de historia y que es preciso conocer..

¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió siempre a construir? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue ter-
minada la Muralla China?
La gran Roma está llena de arcos de triunfo.
 ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
¿Es que Bizancio, la tan cantada,
sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba,
los que se hundían,
gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota
Fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién venció además de él?

Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.


Bertolt Brecht

jueves, 11 de febrero de 2016

Nosotros, aquellos que saltábamos los charcos



Recuerdos en blanco y negro, de un tiempo que no volverá, tiempos de calles llenas de barro, callos en las manos infantiles, piedras, juegos en las calles, canciones saltando la comba, juegos perdidos en la memoria de los tiempos, ilusiones cortadas con la hoz de la dura realidad, esos eramos nosotros...

Nosotros éramos aquellos chiquillos de pantalones remendados, que pisamos los charcos con nuestras botas de agua, a veces sin ella, rompíamos el hielo de los charcos. Que por menos de nada, nos liábamos a tirarnos piedras unos contra otros…
 Eran tiempos en los cuales las consolas se encontraban en los dormitorios de los padres. Los videojuegos no existían ni en las novelas de ciencia ficción. Las pantallas, las pocas que existían solían estar en  los bares o en las casas de las personas más adineradas de los pueblos y en la clase media de las ciudades y por supuesto en blanco y negro y tan solo unas horas al día, solo una cadena, que ni tan siquiera se llamaba la primera. La 2 o UHF, llegaría más tarde, sus emisiones comenzaban con una interminable carta de ajuste y seguían con “El Parte”.  Los chiquillos, los guachos, no la veíamos prácticamente. Recuerdo que en mi pueblo, en Pinarejo, algunas veces, en el bar de “El Vivo”, ver el Virginiano, Bonanza y la Ponderosa, o ya más tarde en el bar de Paquillo, los tres Mosqueteros.  Siempre un poco a hurtadillas, con la vista gorda de los taberneros que nos dejaban ver la tele con alguna que otra pequeña regañina, pero que terminaban dejándonos estar siempre que nos estuviésemos callados sin armar jaleo, eso sí, con miedo a que llegasen los guardias del cuartelillo de Santa María del Campo Rus, si alguien decía que llegaban, pronto salíamos disparados del bar.  No sé si hubiese pasado algo, posiblemente se trataba de una estratagema del tabernero; pero a la guardia civil desde pequeños, se nos enseñó que debíamos tener precaución o más bien miedo, cuando menos. Los hijos de los rojos en nuestras casas siempre habíamos escuchado relatar algún que otro abuso por parte de aquella benemérita de la dictadura…




Los chiquillos, cuando no íbamos a la escuela, estábamos en la calle, incluso en el invierno. Si nevaba, hacíamos bolas y nos lanzábamos, o cogíamos desde lo alto de una cuesta y la íbamos haciendo cada vez más grande hasta llegar a la plaza.  No recuerdo muñecos de nieve por aquel entonces, luego ya adolescente sí recuerdo alguno, posiblemente por influencia anglosajona, jugábamos al futbol en las eras, casi todos del Madrid.  Yo descolocado siempre, pues nunca me gusto el balompié, me ponían de portero y era un poco del Atleti, supongo que por llevar la contraria.  Veíamos jugar al frontón o la pelota, en las paredes de la iglesia a los más mayores, también jugábamos con el aro, en ocasiones recorríamos el pueblo de punta a punta.  Otros días más tranquilos y sosegados jugábamos  al tejo, a las “cajotas” tapas de las botellas de refresco, las conseguíamos en los bares, sobre todo en el corral de Paquillo, recuerdo que había una marca de refresco que se llamaba “Canadá Dry”, había de Mirinda, de Pepsi, no recuerdo que hubiese de Coca-Cola, las de cerveza, todas eran de Mahou; y a los quintos les llamábamos botellines y a los tercios gordas.  También jugábamos a “Los santos”, las tapas de las cajas de cerillas, todos teníamos nuestro trompo, recuerdo a algunos que eran verdaderos maestros y eran capaces después de tirarlo cogerlo varias veces en la palma de la mano y que continuase dando vueltas.  Saltar la pídola era uno de esos juegos populares, en el que yo, no solo no destacaba sino todo lo contrario.  El clavo, el güa o las canicas, el escondite, a indios y vaqueros, a buenos y malos y sobre todo a hacer la puñeta a las chiquillas, íbamos al paleduzar con nuestras azadas o escavillos a sacar “paleduz” regaliz. Jugábamos entre las ruinas del al molino. Ibamos a la veguilla a arrancar juncos, con los cuales intentábamos hacer pleita...

Las chiquillas, eran casi unas desconocidas, ellas saltaban a la comba en sus diversas modalidades, acompañadas de la canción correspondiente:


"Al pasar la barca"
"Al pasar la barca,
me dijo el barquero:
las niñas bonitas,
no pagan dinero.
Yo no soy bonita,
Ni lo quiero ser,
Arriba la barca,
Una, dos y tres".






  Cantaban canciones, jugaban con muñecas, a los alfileres, la goma,   y a todo aquello que no nos interesaba a los chiquillos.  La división por sexos, no solo se daba en la escuela o en la iglesia, también en la calle y en los juegos, pocas veces jugábamos juntos y las pocas, eran muchas las veces terminábamos los juegos a insultos y empujones.
De los pocos juegos que compartíamos chiquillos y chiquillas,  estaba “la Taba”, que se llevaba a cabo, normalmente sentado en alguna acera con escalones, el escondite también solía ser un juego mixto,  en ocasiones “la gallinita ciega” o las tres en raya, o al corro de la patata:

"El corro de la patata"
Al corro de la patata
comeremos ensalada
lo que comen los señores
naranjitas y limones
¡Achupé, achupé
sentadita me quedé!


Una distracción en los momentos de aburrimiento, mientras esperábamos a un compinche podía ser comer pipas, sentados al sol o a la sombra.  En época previa a la siega, cuando todavía estaban las espigas verdes, íbamos y nos comíamos algunas espigas, o cogíamos tortas de girasol.  Como no tuvimos muchos juguetes, nos los fabricábamos nosotros mismos, del hueso del albaricoque sacábamos un “sorbito”, pito o silbato.   Tirar piedras podía a dar lugar a una apasionante tarde, hacerlas saltar sobre los charcos un acto de destreza. Subir a un carro de varas y hacer que se inclinase para un lado o para otro, una y otra vez, hasta que algún mayor se daba cuenta, un acto emocionante…

Claro, que eso era antes. No antes de ahora, que también, sino antes de cumplir los diez, once o doce años, que comenzábamos a alternar esos juegos infantiles con la siega, la vendimia, los ajos, la trilla y demás labores agrícolas, y sin darnos cuenta íbamos asesinando al niño que llevábamos dentro, para convertirnos en mujeres u hombres prematuros, en niños yunteros, como de manera magistral supo expresar Miguel Hernández:

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


 Miguel Hernández



miércoles, 10 de febrero de 2016

La ortografía de nosotros, los analfabetos


Yo, con trece años. 


Dedicado a quienes cambiamos los dientes en la besana, en la obra, subiendo maletas en hoteles o en cualquier trabajo infantil.

Sí, nosotros somos quienes decimos haiga, en lugar de haya, que no sabemos que haya es haber, o un árbol y allá es el lugar dónde queremos ir. Quienes escribimos amor con h. que tal vez, cuando haber deberíamos poner a ver, y al revés, o incluso escribimos haver. Que tal vez no distinguimos, hay, de ay, ahí. Y así una interminable lista de faltas ortográficas, que la gente instruida y con una amplia vida académica, no tienen o al menos no deberían tener. Porque eso es harina de otro costal, quienes han tenido la oportunidad de estudiar, quienes han estudiado y escriben cabal con k, esos es otra cosa.

Ya sé, que a quienes más o menos nos defendemos con la ortografía, (yo voy aprendiendo sobre la marcha), puede hacernos daño leer "te hamo mas que el toro a la baca vajo la luna de Balencia i anque caigan rallos y centellas ansio darte avio, haya en la plalla de la Malbarrosa". Sin embargo pienso que nunca debemos afear a quien debe buscar las letras en el teclado, a quien sabe su verdad y escribe berdad , a quien no sabe si es fácil o facíl. Por favor, no se lo hagamos más difícil.

Yo, como otros muchos de mi generación, apenas fui a la escuela. Comencé con casi seis años. Recién cumplidos los ocho, cuando mi familia me llevó a Ibiza, estuve un año sin ir a la escuela. No me cogieron, ni a mí ni a otros muchos emigrantes, como mi amigo Paco o Antonio. Íbamos una hora al día a las clases que daba un maestro albino de apellido Mañanet; pero, no a la escuela, dábamos los "números" y poco más.
En las escuelas nacionales no había plaza para los muchos emigrantes que llegábamos casi en masa a la isla. Al final mi madre sobornó con un queso manchego al director, y pude entrar en la escuela de San Antonio. Eran clases masificadas de casi 50 alumnos, yo entre con el número 43. Aunque comencé tarde la escuela, la terminé pronto, con once años ya trabajaba repartiendo propaganda, estampando camisetas, en una pista de Scaletrix. Y con trece, me puse a trabajar en serio. Realizaba jornadas de doce a catorce horas diarias los siete días de la semana, subiendo maletas en un hotel Excélsior por 3000 pesetas al mes (18 euros).

Cuando salí de la escuela, mis faltas ortográficas eran mayores que la catedral mocha de Cuenca. Por suerte tenía un vicio: la lectura, era, es y será mi mayor adicción. Tal vez, digo yo, que, porque era apocado, recogido, tímido, corto y todos sus sinónimos, y a la vez un rebelde que todavía llevo dentro y que me da fuerzas para todos los días intentar aprender un poco más...

Me cabrea cuando se burlan, algunos que han tenido la suerte de estudiar de aquellos que en diez palabras escriben doce con falta de ortografía. Les pido a esos que se burlan que se pongan en su lugar, que piensen en el motivo por el cual esa persona escribe con faltas ortográficas, que no le afeen, lo que no es una mala conducta, sino consecuencia de no haber tenido acceso a la educación adecuada.  

Y a vosotros amigos, que, como yo, no fuisteis a la escuela, teníais callos en las manos antes de cambiar los dientes, os digo: Nunca dejéis de decir lo que pensáis por miedo a las faltas de ortografía. Lo importante es la palabra, no tenemos la culpa de no haber ido a la escuela lo que debiéramos haber ido. Que nadie calle vuestra voz, que quien nos quiera entender, os entenderá. Pero también, que en la medida que podáis intentéis enmendar esa carencia cultural, porque la practica hace al maestro y todavía podéis enseñar muchas cosas a los ilustrados pretenciosos.

Hoy escribo hasta libros, sin embargo, todavía tengo dudas en dónde poner algún acento o tilde, en si toca punto o punto y coma...  Voy aprendiendo sobre la marcha, pongo interés y admiro a todos aquellos que saben mucho más que yo, a esos profesores que saben que soy un ignorante aplicado, que procura aprender.  Agradezco cuando me dicen que hago o escribo alguna cosa mal, porque así aprendo. Porque como dijo Muñoz Alonso, rector de la Universidad Complutense a José Solís Ruiz, ministro franquista natural de Cabra, que le discutía al rector que él consideraba el latín como algo inútil, a lo que respondió el profesor:

—Por de pronto, señor ministro, para que, a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa”.


A ministro pueden llegar gentes tan ineptas como Wert, o el actual ministro de educación que lo primero que mando quitar de su despacho fue el retrato de Unamuno. “Maestro” deriva de “magister” y este, a su vez, del adjetivo “magis” que significa “más” o “más que”. El magister lo podríamos definir como el que destaca o está por encima del resto por sus conocimientos y habilidades. Mientras que “ministro”, deriva de “minister” y éste, a su vez, del adjetivo “minus” que significa “menos” o “menos que”. El minister era el sirviente o el subordinado que apenas tenía habilidades o conocimientos. Como algunos de nuestros ministros, bueno, algunos demuestran gran habilidad para la cleptomanía. Por tanto adoro y admiro a los maestros, y considero que todos debemos defender el derecho a la educación de calidad, pública y gratuita para todos, como el más sagrado de los derechos. 

©Paco Arenas


martes, 9 de febrero de 2016

A ellos, a nuestros padres.


Algunos pensaran, que aparte de la vida, poco tienen que agradecer a sus padres, porque poco les dejaron, pues nada tenían. Que la valija o la maleta de cartón estaba llena de recuerdos, pero sin joyas valiosas, ni riquezas de ningún tipo. Que al fin y al cabo, ellos el día que emprendieron el último viaje, fueron náufragos que jamás hicieron otra cosa que trabajar y arañar a la tierra seca lo suficiente para dar de comer a sus hijos, y en ocasiones ni tan siquiera eso.


No, no recibimos grandes baúles de ricas pertenencias, ni cofres de oro y joyas. No nuestros padres no fueron caballeros elegantes, ni damas de postín. Fueron mucho más que eso.

Ellos fueron quienes nos enseñaron las cosas importantes de la vida. Aquellos campesinos pobres, analfabetos que no sabían hacer la o con un canuto, en muchos casos; pero que al mismo tiempo eran pozo de sabiduría, que derramaban de manera generosa sobre nuestras mentes infantiles. Les bastaba mirar al cielo, tocar la espiga, pisar la tierra, otear el aire, para saber si la cosecha iba a ser buena o mala.

martes, 2 de febrero de 2016

El azafrán, el oro de La Mancha, y el latón que algunos venden como si fuese oro.(Fotografías antiguas)

El azafrán, el oro de La Mancha, y el latón que algunos venden como si fuese oro.
El lunes 12 de junio, a las 10:45 en la Cadena de TV Cuatro, podrás conocer la realidad sobre el azafrán manchego y como los grandes traficantes te meten gato por liebre.

Los grandes distribuidores lo mezclan con auténtico, lo venden como manchego, estafan a la gente y además tiran por los suelos la buena fama de nuestro azafrán.

El pasado que puede volver

Contaba mi madre que hace muchos años el cultivo del azafrán estaba bastante extendido por toda La Mancha. Nadie que se preciase en la cocina prescindía del oro rojo de La Mancha o de las hebras coloras. En mi casa que nunca fuimos ricos y sin embargo recuerdo a mi madre tener siempre azafrán en la cocina, nunca quiso colorante, que además, ahora sabemos que es cancerígeno. Aseguraba que donde se pusiese una hebra de azafrán y un diente de ajo, que se quitase cualquier otra especie.

 En Pinarejo llegó a cultivarse, pero yo no llegué a conocerlo.
Contaba mi madre que se levantaban todavía de noche todos los días de cosecha. La jornada era larga pero entretenida, porque antes de que el sol comenzase a calentar se dejaba la recolección; aunque en los “días de manto” solían apurar un poco más el tiempo de cosecha.  Porque el azafrán es muy delicado, si calienta el sol se marchita, si se abren demasiado tampoco es bueno.  Se agradecían los días nublados.  La rosa se cogía de una en una, cortando los tallos con la uña del dedo pulgar apoyada en el índice, siempre por debajo de los estigmas. Después se echaban en cestos de mimbre, con mucho cuidado de que no se amontonen porque perderían calidad.




Terminada la jornada campestre, con los riñones, como la parte más alta del cuerpo, con el culo en pompa, se iban a la monda. Rosa a rosa comenzaba la monda, es decir separaban las hebras del azafrán del resto de la flor, esa labor se realizaba inmediatamente después de la jornada agrícola, no se puede dejar de ningún modo para otro día, y del mismo modo que la rosa se cogía del campo de una en una, la monda se realizaba también de una en una. Cogiendo la rosa con la izquierda y con la uña del pulgar de la derecha se cortan las hebras, por donde los estigmas comienzan a blanquear. Una labor tan delicada como el bordado de una mantelería de Talavera.  
Cortesía de Charo Alarcón: La señora del pañuelo, su bisabuela Lorenza, a su lado, su nuera Áurea su  abuela, al otro lado, la hermana más pequeña de su padre, Lorenza como la abuela paterna

En Pinarejo por diversas circunstancias el azafrán dejo de cultivarse, la introducción del champiñón, el girasol y sobre todo la emigración a Ibiza, Valencia y Madrid, provocó que lo que llevaba visos de ser un cultivo rentable desapareciese.   No ha ocurrido lo mismo en otros pueblos de nuestra Tierra, dónde emprendedores valientes se han lanzado a la recuperación del oro rojo, del azafrán de La Mancha, que a la vez de seguir la iniciativa y contar con el apoyo necesario de las autoridades autonómicas y nacionales podría llegar a ser motor de recuperación de la agricultura de nuestra tierra, pero, siempre hay un pero o muchos, voy a intentar resumirlos por partes, pros y contras:



El Azafrán de La mancha el mejor del Mundo



1)      El azafrán manchego el mejor del mundo
2)      ¿Es caro el azafrán de La Mancha?
3)      Los enemigos del azafrán
4)      ¿Tiene futuro el cultivo del azafrán en nuestra tierra?




Un kilo requiere unas 250.000 rosas del azafrán. De toda la flor violeta, apenas sirven tres hebras, los pequeños filamentos que recogen el polen (estigmas). Un producto rentable en el mercado, pero costoso de elaborar.  Sin duda alguna, desde que los griegos comenzasen a cultivarlo en las islas del mar Egeo, y los árabes lo introdujesen en la península ibérica, jamás se ha conseguido en ninguna parte del mundo otro de mayor calidad. No es por chovinismo, sino porque laboratorios nacionales e internacionales así lo atestiguan. Podemos afirmar que el azafrán manchego es el mejor del mundo, seguido del de otras partes de España. ¿Por qué?

Según norma ISO el azafrán de máxima calidad debe dar un poder de coloración de 190. El nuestro, el manchego salió, el peor de todos, dio 230, mientras que el mejor dio muy por encima de 300. El azafrán de tiene una media contrastada de 270.

Por tanto sin lugar a dudas superamos con creces las exigencias de 190 que exigen las normas ISO.



               ¿Es caro el azafrán de La Mancha?


Si tenemos en cuenta como se hacía antiguamente la recolección, monda y secado del azafrán era y es totalmente artesanal, porque no hay otra forma si se quiere mantener la calidad. Que esa labor se realiza con el mismo primor que se haría un bordado en unas sábanas para estrenarlas en la noche de bodas. Que la diferencia entre bordar unas sábanas con hilo baja calidad y hacerlo con hebras de oro, cambia mucho el valor, y que de cada rosa salen solo tres hebras...  
Además:
La rosa del azafrán se cultiva a finales de primavera y se recolecta entre octubre y noviembre, es decir, es una planta que soporta temperaturas extremas desde los 40ºC que se alcanzan en verano a los -15 º C del invierno. Sin embargo este cultivo suele agotar temporalmente el terreno cada 3 o 4; aunque lo aconsejable es dejar pasar entre 10 y 12 años hasta volver a plantar azafrán en el mismo terreno.

La labor principal del cultivo de la rosa del azafrán consiste en un arado profundo de 35 a 40 cm. para preservar de la erosión el suelo y favorecer, con el mullido de la tierra, arado más superficial que se repite en septiembre o en octubre que airee de nuevo la tierra, rompa la costra de la superficie y permita la floración de la planta del azafrán sin problemas. Después de la recolección de la rosa de azafrán han de repetirse estos arados superficiales hasta que después del cuarto año se realice el levantamiento del azafranal, lo cual se realiza entre los meses de mayo a junio y consiste en cosechar los bulbos de azafrán, limpiarlos y seleccionar los mejores según su tamaño y calidad para la próxima plantación en otro terreno, ya que donde se ha criado queda inutilizado durante unos años.



Los enemigos del azafrán manchego: Los topos codiciosos y las malas hierbas

El azafrán, como todo cultivo, tiene sus enemigos:
El llamado “mal vinoso” producido por un hongo acaba pudriendo la planta; difícil de tratar y que la  única forma de eliminarlo consiste en aplicar calor al suelo y a los bulbos con vapor o agua caliente hasta una temperatura de 46.5 a 49 º C que mate el hongo sin dañar la planta de azafrán.
Otro de los enemigos son los topos, simpáticos animalitos los cuales cavan largas galerías subterráneas en el terreno y se alimentan con los bulbos de azafrán hasta acabar con la cosecha.
El tercero de los enemigos que atacan los cultivos de azafrán son las malas hierbas, pero los agricultores manchegos no se tumban al sol para ver crecer las malas hierbas y dedican un 50 % del tiempo de cultivo de azafrán a eliminar y controlar la maleza.

Estos problemas son comunes a todos los cultivos del azafrán en cualquier parte del mundo, pero en España, en La Mancha tenemos un tipo de topo avaricioso, tramposo, que al mismo tiempo es peor que la grama. Este tipo de topo suele andar a dos patas, y al contrario que el que excava galerías, este suele vaguear en los despachos, buscando el modo de estafar a los consumidores de azafrán, un topo sin ningún tipo de escrúpulos que ante todo busca su enriquecimiento personal, sin importarle matar a la gallina de los huevos de oro. Son por supuesto los grandes empresarios exportadores que deben ser expulsados del templo, o al menos deben ser obligados a cumplir la ley y las normas, dejar de estafar y de buscar la ruina de los cultivadores manchegos y por extensión españoles.

Producción de la Denominación de Origen Azafrán de La Mancha, durante el año 2015 estuvo en torno a 700 kg fuera de la Denominación otros 800 kg. La producción total de España 1500 kg.  Sin embargo España exportó más de 40. 000 kg de azafrán cómo español. ¿Más de cuarenta veces más su producción?  ¿De dónde sale este azafrán? Nadie lo explica. Hasta un 90% de las exportaciones de azafrán español son fraudulentas. Empresas españolas venden como español lo que han comprado en otros países, sobre todo Irán, Marruecos, India y Grecia.


¿Cómo actúan estos enemigos del azafrán manchego y español?


Nuestro azafrán de gran calidad lo utilizan para mezclar con azafranes que dan un poder de coloración mucho más bajo y hasta llegar a los 190 que pide la norma ISO para que sea calidad superior lo mezclan y luego se vende fuera como español. Esos azafranes de baja calidad cuestan tres veces menos, con lo cual el negocio es redondo, al venderlo como español. Eso en el mejor de los caso, porque estos topos codiciosos en ocasiones ni se molestan y el 90% del azafrán que se vende aquí es directamente Iraní, ni se molestan en mezclar, lo venden sin poner el origen que es obligatorio por Real Decreto español del año 1999 y normativa europea de 2011, ponen donde y quien lo envasa, pero el origen no, el consumidor piensa que compra azafrán español y paga a precio de oro, azafrán de muy baja calidad, estafando al consumidor y tirando por los suelos el azafrán español. Todo un ejemplo de patriotas de trapo.

Con estas estafas en toda regla se consigue que el precio del azafrán haya pasado de 2700 € más IVA a este año a 2000 € más IVA, lo que no dicen que están vendiendo un dos caballos al precio de un Mercedes. Yendo bien todo, el coste un kg para un agricultor español es de 1800 euros kg.
La ambigüedad de la legislación española en cuanto al etiquetado, y sobre todo la condescendencia de las autoridades con estos presuntos delincuentes, — ¿a cambio de qué? —provoca que empresas extranjeras se instalen en España para aprovechar esas circustancias y exportar como español azafrán iraní o marroquí.

Existe por tanto un conflicto de intereses entre los productores que defienden el azafrán español y las grandes empresas exportadoras que solo buscan el beneficio económico; aunque sea a costa de matar la gallina, porque si hunden la producción no podrán vender como español lo que no existe. La producción española goza de gran prestigio, pero no es suficiente para sustentar los grandes volúmenes de exportación. Una sola empresa fuerte del sector vende más de 7.000 kilos. Toda la producción española de cinco años no bastaría.
Algo de lo que se hace eco la prensa extranjera, asociando la picaresca española y la corrupción como parte de la esencia española. Un estudio del “The Independent “afirmaba que el análisis de unas muestras de azafrán español evidenciaba que entre un 40% y un 90% del producto no eran hebras de azafrán, sino otros residuos de la planta en el mejor de los casos (la normativa exige que no superen el 0,6%).
Aunque en este fraude participan incluso empresas manchegas, la mayoría son empresas murcianas y valencianas, lo cual no les disculpa del daño que están haciendo al azafrán, a La Mancha y a España y su tan cacareada marca.

4)            ¿Tiene futuro el cultivo del azafrán en nuestra tierra?

La asociación Azafrán español lo intenta, sin apoyos institucionales y con todas las trabas posibles.


Si conseguimos diferenciar el azafrán de aquí y el de fuera es una gran oportunidad para dar riqueza y trabajo en toda la zona de La Mancha, solo con el mercado nacional no tendríamos suficiente producción y se podrían ampliar las zonas de cultivo en nuestra tierra.
Ahora las expectativas son malas y si esto no se soluciona, tendremos que dejarlo, cuando se ha presentado una buena oportunidad que las autoridades y nosotros como manchegos no debemos dejar pasar.
Por desgracia los estafadores:  las grandes compañías y cadenas alimenticias son muy poderosas, un enemigo poderoso contra quienes la ley se doblega sumisa, sin atreverse a actuar y mirando para otro lado.

El sábado fue constituida la mayor cooperativa de azafrán a nivel de toda La Mancha, las cuatro provincias productoras, con unos 40 socios que esperan llegar en producción al 50% de la producción de la D.O. 

Va a ser una lucha difícil pero necesaria para dar a nuestra tierra la oportunidad de respirar, además de darle el prestigio que merece. De lo contrario pronto hablaremos en pasado, tal y conforme he comenzado este artículo.
Gracias a Manuel Navarro Corcóles, productor de azafrán, por la ayuda prestada para la elaboración de este artículo.

Paco Arenas



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