domingo, 1 de diciembre de 2019

La ternura de los besos fusilados





QUE SUS NOMBRES NO SE BORREN DE LA HISTORIA

(A ellos, a esos besos y abrazos fusilados por el odio y la sinrazón, con todo mi desprecio hacia aquellos que pretenden arrancando lápidas borrar sus nombres de la historia).

Ves sus esqueletos en los fondos de las fosas y te producen escalofríos y dolor. Imaginas esos días de angustia, que ni el olor de las flores puede borrar la falta de besos y abrazos. Muecas de dolor, de tristeza, de desprecio hacía sus asesinos. En sus ropas, lapiceros y las últimas cartas de amor en los bolsillos, en sonajero de Martín, o un lazo en atado, tal vez a sus cabellos, para si un día los rescatan del olvido sepan sus seres queridos que no son huesos, que murieron por la libertad y por el amor y que el el postrero instante de ternura, fue para ellos, justo antes de que balas asesinas les arrebataran los últimos besos y abrazos.  

 Los he visto en las fosas de Paterna, pero también están en la Almudena, en Uclés, en Cuenca, Badajoz, Cuenca, Málaga, Sevilla o en una ignorada cuneta de las muchas repartidas por España, mientras sus asesinos reposan en iglesias y catedrales, con todos los honores y sin que les falten flores.   

Y no son huesos, no son esqueletos los que se besan y abrazan con ternura, son aquellos corazones enamorados que una mañana, como otras muchas mañanas, después de una noche en vela, sin dormir, sabiendo que llegarían antes del alba, en sus caras la risa se desvaneció, el brillo de unos ojos se tornó acuosa y dolorosa oscuridad de quienes quedaron y en muerte de quienes que no querían cerrarlos para siempre.

Cuando llamaron a la puerta, de sus labios escapó el último suspiro antes del postrero beso y el penúltimo abrazo. Aquel abrazo desgarrado que auguraba la soledad eterna de la espera, el silencio de los enterradores que saben que sepultan con sus palas jóvenes vidas que dejaron tras de sí muchos besos que dar, muchos abrazos que recibir.

Amanece, y es la oscuridad lo que cubre con su negro manto los corazones, justo después de los disparos de los traidores. La tierra de España se regó con las lágrimas de madres y esposas enlutadas, de hijos que nunca recibirán el abrazo cariñoso de su padre, o de su madre, de hijos que no nacerán, porque esos peinaran los no nacidos con las estrías de sus balas al mismo tiempo que asesinan a sus madres.

Quienes se quedan, encontrarán el lecho desierto cada noche, esperando el reencuentro que no llegará hasta que la muerte les junte.

La tierra de España fue regada con lágrimas desconsoladas, con sangre valiente de hombres y mujeres, que desde sus tumbas gritan contra los miserables que ordenan el olvido, y pretenden que se borre sus crímenes de la memoria colectiva de una a quitar sus lápidas del Memorial.

Sobre esa tierra crecerán rosas, rojas como la sangre derramada, y de cada espina de sus tallos, no lo dudes, saldrán tres mil corazones, seis mil ojos, puños dispuestos a enarbolar la bandera de la libertad y desde sus cuencas vacías a los miserables, reirán ochenta y tres años después.
Cae la lluvia triste sobre Madrid, parece como si todas las ausencias se concentraran de nuevo junto a las tapias de la Almudena y de nuevo, sonaran los disparos, con cada una de las lápidas que arrancan, o pretenden arrancar de la memoria.

Las estrellas volverán a brillar, y las banderas de la Libertad a ondear, que no lo duden los patriotas de trapo. Por mucho que ladren los perros, que de un tiempo a esta parte no cesan de ladrar, no por los huesos enterrados, no por la pena causada, sino porque son perros rabiosos, y como tales se comportan. Helados tienen el corazón quienes, a las víctimas del asesino, pretende humillar de esa forma…
Llueve, sobre los corazones helados de quienes no se conmueven de ochenta años de espera para esos besos y abrazos que se dejaron de dar, porque con el atronador sonido de fusiles asesinos, asesinaron los besos.

Ilustración ©Víctor Blake



Texto ©Paco Arenas, autor de Magdalenas sin azúcar



sábado, 23 de noviembre de 2019

Áñez y el silencio de los miserables




 Dedicado a   la dictadora Áñez y al silencio de los  miserables

no le gustan los indios,
vaya por Dios y la Santísima Virgen,
y los mata a balazos
sin compasión,
que después,
como sanguinario dictador,
de rodillas ante el confesionario,
pedirá perdón.

Con la Biblia en la mano,
presume de aria
cual nazi austriaco,
ella,
a la que las cejas delatan
como tiene el mondongo,
que   las manos,
de sangre están manchadas
y ni con leía se aclaran.



Con la Biblia en la mano,
apela a Dios,
o al ídolo de la plata
que le pagan.
La dictadora Áñez
con los labios operados
ordena y manda sin compasión,  
disparar sin contemplación,
"si son indios, qué más da"
y ni enterrar deja
a los indios que a hierro mata.

Mirando para otro lado está Europa
«valedora de la democracia» ,
con los ojos hueros,
para no ver,
los oídos vacíos,
y para no molestar a quien le paga,
guarda el silencio de los miserables.

Dedicado a la dictadora Áñez y a quienes miran para otro lado. A ella le digo que busque en la Biblia:
"Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere.” Evangelio de San Mateo (Capitulo 25, versículos 51-52).

©Paco Arenas

sábado, 9 de noviembre de 2019

Lo que se escapa de mis dedos... ¿Es poesía?




Lo que se escapa de mis dedos...
¿Es poesía?
Esa es la eterna pregunta,
Que me hago cada día.
Sin saber,
¡Madre mía!
lo que es la poesía,
escribo versos negros
sobre papeles blancos.
No soy yo el poeta,
que en la taberna emborrona
una indefensa servilleta.
No es preciso certificar,
que nada entiendo de rimas
ni de versos enjaulados,
tampoco tengo las llaves
de barrotes carcelarios,
que un día,
cual lima de herrero
pueda liberarlos
del agrio de sus condenas.
Siendo un ignorante,
no tocado por las musas,
ni por la chispa
en estos dedos,
que se me escapan de las manos.
Estos dedos de albañil,
de campesino,
más ajados, que agrietados
no precisan arado,
para doblar el camino de las mulas,
que tuercen el gesto
por inhóspitas besanas
entre torcidos renglones,
siguiendo cantos libertarios,
que pretenden romper los eslabones
que aprisionan mis ansias
lejos de los candados y prisiones,
libres como el viento.
Sí, no os asustéis,
son mis versos proletarios,
remolinos descontrolados,
que no se dejan llevar por la corriente,
y que saben,
o quieren saber,
ser mayo de hierro,
cizalla de acero
capaces de romper
de las cadenas los eslabones
con la punta de mis dedos.
No, no entiendo de poesía,
esa es la verdad,
¡Madre mía!
Y no tengo vergüenza,
Ni propia,
Ni ajena,
por intentar ser poeta
hasta el día del juicio final,
sin saber,
¡Madre mía!
lo que es la poesía.

©Paco Arenas

martes, 29 de octubre de 2019

Me voy



Me voy sin ver caer la lluvia,
sin saber el color del agua,
o si dormiré en mi almohada
al llegar el alba.
Me voy antes de que me arrepienta
y mi palabra sea tachada de mentirosa
por las circunstancias
de estos últimos días.
Me marcho allá donde el tiempo no cuenta
y la palabra se vislumbra cada mañana
a través de los cristales de los sueños rotos.
Os dejo mi silla de anea,
que tantas historias me contó
de un tiempo pasado,
que ni yo recuerdo.
Me voy por otros barrios,
otras ciudades y otros campos,
tal vez, otros desiertos.
Parto desnudo,
entre tinieblas,
para no saber, ni yo, el camino,
por si se me ocurre volver.
Os dejo mi silla,
como aquel poeta,
y me voy,
o al menos,
debería irme…

©Paco Arenas

viernes, 25 de octubre de 2019

Reseña: Magdalenas sin azúcar,( Francisco Grillo Martín)




 
Foto: Fran Grillo Martín

Recordando el momento en que terminé la lectura de Magdalenas sin azúcar, de Paco Arenas. Una lectura más que recomendable. Para mí, de esas lecturas que dejan huella. Mis impresiones después de leerla...

Ha sido un abanico de emociones las vividas durante la lectura.
Desde el comienzo, esas para mí sublimes tres primeras páginas que te atrapan y ya no te dejan escapar, hasta que no llegas al final. Un libro para llorar, para reír, para sufrir, para amar... Un libro Para APRENDER...

He podido sentir el polvo del camino, la angustia y el sufrimiento...el amor.

Toda ella es un grito a la libertad, a la fraternidad, a la solidaridad. Un homenaje a todas esas mujeres valientes que sólo por el hecho de serlo sufrieron más el horror, si cabe, en todas sus formas posibles.
Un canto al amor, en todas y cada una de sus expresiones.
Tiene también un componente pedagógico importantísimo, en este país en el que la memoria histórica es censurada y silenciada por la mayoría de sus gobernantes.

Un libro de esos que te llenan, los disfrutas a la vez que los sufres. Un libro que te muestra la vida tal y como la vivieron y sufrieron tantas y tantas personas de aquellos años. Un libro que te retuerce el alma. Un libro que te recuerda que las cosas no caen del cielo, que hay que luchar cada día, nada es eterno y lo que hoy tienes, lo puedes perder casi sin darte cuenta. Un libro para viajar, viajar por esa historia de España que no nos cuentan y han conseguido silenciar.

¿Quién llevará flores a los muertos, si están bajo las aguas del pantano?

Magdalenas sin azúcar es la historia de aquellos que lucharon, y fueron derrotados, pero nunca perdieron la esperanza de recuperar la legitimidad de algún día, recuperar la libertad arrebatada de manera injusta...

"Porque, siempre quedará unos desilachados hilos para tejer una nueva bandera y continuar la lucha."

Y muy importante... Te imprime sutilmente ese halo invisible de esperanza para que sigamos pensando que, como bien decía ese luchador incansable, Marcos Ana...

"Vale la pena luchar"

Francisco Grillo Martín

jueves, 10 de octubre de 2019

Dormir por la noche




(A todas las víctimas de la Reforma Laboral, todavía vigente)

Cierro los ojos,
con fuerza,
intento dormir,
y toda mi vida,
también la tuya,
pasa frente a ellos en la oscuridad de la noche.
Abres tus ojos,
Y yo lo intuyo,
te miro.
—¿Estás despierto?
—Sí, la culpa es del colchón.
No me atrevo a decirte,
que no podré alcanzar la estrella,
que nuestra casa,
de sólidos cimientos,
un buitre la amenaza.
—Compraremos uno nuevo…
Guardo silencio.
—Duerme.
Me dices dejando un beso en mis labios.
—No puedo, estoy desvelado.
Rechazo tus besos de consuelo,
que tú no sabes que son tales,
hasta que mis lágrimas,
saladas como el mar,
 dicen lo que mis ojos callan.
Los cementerios están llenos
de hombres desvelados.
El viento grita sus nombres,
uno a uno…

©Paco Arenas

Autor de Magdalenas sin azúcar (ya por la 4ª edición

martes, 24 de septiembre de 2019

La memoria en mis dedos




Cada vez que mis dedos,
de campesino viejo,
se arrastran por el teclado,
salen palabras;
que se confunden con antiguas primaveras,
olvidadas.
Caen las letras,
una a una,
como granos de trigo,
tal vez de cebada,
que el arado entierra en los surcos perdidos de mi memoria,
esperando con renovadas ansias
la lluvia
y el fulgor de la luna.
Las nubes, esas ansiadas nubes,
llegan generosas,
al menos eso piensa este sembrador de letras,
al que le faltan tantas palabras por escribir
que no sabe si lo aguantaran sus canas
o, por el contrario,
esas letras,
las que quedaron en sus recuerdos,
perecerán entre las llamas
perdidas de los caminos del olvido,
donde vuelen mis cenizas
entre viñas y olivares
de las tierras de Castilla.
No, no irán esas palabras olvidadas al cielo,
donde dicen que van los poetas,
a los campesinos nos gusta la tierra que pisamos.
Tampoco irán al infierno,
donde van los ricos mercaderes,
reyes,
vividores,
ladrones
y filibusteros de múltiples calañas,
todos con mucho dinero,
o que viven de sudores ajenos.
Los pobres,
los pobres no tenemos
para tan largos viajes.
Por no tener,
no tenemos siquiera vergüenza,
y si bien damos los buenos días,
es porque son de balde.
No respetamos ni al rey,
tampoco a la madre que lo parió,
y nos importa un bledo quién fue el padre que lo engendró,
y es que la vergüenza
se nos fue,
o se lo llevaron,
como todo,
los ladrones,
que, con la patria por bandera,
y la desvergüenza
de los hipócritas como dioses,
se llevan los pobres los sudores,
que caen
por los agujeros de nuestros bolsillos rotos.
Bien sé
que estoy loco,
no tanto como para reconocerlo,
o quizás estoy cuerdo,
lo suficiente como para saber que estoy loco.
No obstante,
las palabras levantan polvo
y lloran lágrimas,
tantas que pueden provocar inundaciones
y en medio de las más escandalosas tormentas
hacer germinan las semillas en los corazones,
calmando la sed
de los sedientos ruiseñores...
Y cuando se acaba el folio,
me quedan tantas palabras por escribir,
que sueño,
que son abejas que gritan
el sagrado nombre de la LIBERTAD.

©Paco Arenas

sábado, 24 de agosto de 2019

El viejo republicano, el nieto y el rey (cuento tradicional manchego)






En la puerta de su casa encontró el nieto llorando a su abuelo, un anciano de más de noventa años.

—¿Por qué lloras abuelo? —preguntó conmovido el nieto.

—Acabo de escuchar en la radio que se ha muerto el rey… —contestó afligido el anciano.

El nieto lo miró con cara de sorpresa, más conociendo las ideas democráticas, y por tanto republicanas de su abuelo. Además de tener escuchado al mismo de que el rey era un tirano en toda regla, un ladrón y sinvergüenza.

—Abuelo, no debes llorar por quien no te importa, ni le importabas a él. Podría ser, que, muriendo el rey viejo, y sabiendo de la preparación del joven, el pueblo despierte y llegue la República…

—Nada me gustaría más, pues todos sabemos que el mejor rey el que no existe. Sin embargo, no me fío de los políticos ni de los voceros del Régimen, aunque el príncipe sea tonto o incapaz, lo pondrán como el más preparado y capaz de todos los grupos gobernantes de la tierra, y seguiremos con rey, que siempre será mucho peor que sus antecesores, y lo que es peor, siendo súbditos babeantes y sumisos.

—Abuelo, no tiene por qué ser sí, el pueblo es culto, y este rey, puede que sea mejor que el padre..., dicen que está muy preparado para el cargo…

Fue ahora el viejo quien miro al muchacho con extrañeza y pesar.

—¿Te das cuenta? Ya te han contaminado los voceros del Régimen, hablas de la preparación de alguien a quien no conoces siquiera, solo porque la televisión, los periódicos y las emisoras al sueldo de la mafia, así lo repiten de manera machacona…

—Pero…

—Mira, soy ya muy viejo. Conocí al tatarabuelo, peor ser, creía yo y las gentes de bien, imposible. Lo tiramos por ladrón, seguro de que nos libraríamos de su estirpe para siempre. Un golpe militar lo restauró. A su tatarabuelo le sucedió su bisabuelo, fue peor todavía, hasta el punto que la gente terminó tirándolo también. Entonces babeantes militares dieron un golpe de Estado, y tras domesticar como borricos, los militares se saltaron a su padre, que no era bueno. Su padre, todavía peor, si no más inteligente, mejor aconsejado; pero, tan malo como sus antecesores, con sus mismos vicios y defectos, hizo tanto o más mal que los anteriores. Así, que por eso lloro, por eso. Porque a mis años he visto que a un rey malo le sucede otro que lo hace santo…

—¡Ay abuelo! Cuánta razón tienes…

—Por cierto, ¿dónde están los demás?

—Durmiendo —contesta el viejo.

—En estos tiempos de inopia, yo ya soy muy viejo para despertar a los dormidos...

©Paco Arenas

miércoles, 24 de julio de 2019

¡Al carajo!




Al carajo te mando,
y no es casual
ni producto de un berrinche,
no para que vuelvas y pidas perdón,
sino como una despedida definitiva.
No, no eres mi parásito soñado,
ni siquiera la garrapata de mis pesadillas
en mis noches de insomnio,
pero te mando al carajo.
Al carajo te mando,
cual Rodrigo de Triana,
no para que descubras América,
que no estás tan preparado,
sino para que te quedes en ella.
Te mando al carajo
sin alzar la voz,
ni alterar el ánimo
Y si no te lo canto,
no es por miedo a los grillos,
sino por cantar mal
y no querer provocar tormenta…,
a pesar de ello,
sí, te mando al carajo.

©Paco Arenas

sábado, 13 de julio de 2019

Galina, la chica de portada ¿María o Clara?

Galina y Valery en Gagra, península de Crimea


Mientras la tormenta de bombas caía sobre su pueblo o ciudad, y sus padres luchaban en España por la libertad, él llegó a donde el frío tiene su residencia, a la fría Rusia, a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; sin embargo, a pesar del frío fueron recibido de la manera más cálida posible. 

Atrás quedaron las bombas y las lágrimas de sus padres, con el tiempo la esperanza del regreso, porque sí, la guerra terminó en España, pero el regresó fue imposible en la mayoría de los casos, sus padres, muchos habían muerto o habían sido asesinados o encarcelados, y en el mejor de los casos, sin posibilidad de vivir en ese inmenso campo de concentración que era España. Allí les dieron estudios y cariño, algunos, los más pequeños, casi perdieron la identidad, a pesar de que se intento que no fuese así. Uno de ellos, quien pasaría a llamarse Valery Khmelnitsky, lo que nunca olvidó fue su amor a España, amor que trasmitió a Galina Strashnova, la bella chica de la portada de Magdalenas sin azúcar, que me enamoró nada más verla para que fuese algo más que la chica de portada.

Resulta curioso, que yo cuando vi la foto que se convertiría en portada, la vi como representando a María; sin embargo, después, los lectores y yo mismo, la he identificado con Clara, la hermosa y valiente Clara, siendo María la principal protagonista de la novela, es Clara un personaje nada secundario, al contrario, es el personaje que nunca se rinde, capaz de luchar hasta el final, o de dejar de hacerlo por amor. María o Clara, Galina, siempre enamora, ¿o no?

Galina con dos ejemplares de Magdalenas sin azúcar en San Petersburgo
Le he preguntado a Galina   sobre esta foto, y ella, como siempre, muy amable, entre otras cosas esto me ha contestado:

«Clara es delgada con una cara infantil redondeada, muecas caprichosas de niños en sus labios y ojos marrones redondos con una expresión infantil sorprendida».

A mi pregunta de dónde se hizo la foto, Galina me dice:

«¿Dónde se hizo la foto? Estamos de vacaciones, Crimea (Khrushchev aún no la había cedido a Ucrania), en la ciudad de la ciudad de Gagra, que se encuentra en la ribera del Mar Negro. Al regresar a San Petersburgo, nos detuvimos en Valerkin, el primer orfanato de Dmitriev, donde estuvo en sus primeros años Valery, con la esperanza de descubrir su identidad; pero no se nos dijo nada, tan solo no prometieron que el nombre de sus padres podría encontrarse en los archivos, sin tener en cuenta que la ciudad había sido ocupada por las tropas alemanas y que las mismas se habían encargado de destruir todos los archivos del orfanato.»

Paco Arenas
©Paco Arenas,   autor de Magdalenas sin azúcarla novela  que según  algunos profesores de historia deberían leer los jóvenes y todos quienes quieran conocer la verdad. 

martes, 9 de julio de 2019

El beso



 A todos quienes por la guerra o la intolerancia dejaron de besar, porque nunca más la vida de las personas esté en manos de un rey vil o general traidor. 

El beso, sin vergüenza ni recato,
con los ojos empañados por las lágrimas
 por la pérdida del último compañero tras el desastre.
Ese beso, que puede ser el último,
dado con pasión,
sin ilusión
 y sin posibilidad de otra oportunidad
de amar, de ser amado,
no merece ser olvidado
 tras la última batalla,
ese beso debe quedar en la Memoria..

Ese beso de la última batalla,
 tras la derrota,
sabiendo que la victoria de los traidores
 será mucho peor que la peor de la guerra,
que el enemigo no entiende de amores,
solo de trincheras,
no debe pasar al olvido,
ese beso debe quedar en la Memoria.

El último beso, clandestino,
con prisas,
cinco minutos antes de ser detenidos,
sabiendo que la vida es infinitamente más frágil
 que la llama de una vela sin cera ni mecha,
y que ya no habrá batallas de besos,
miradas furtivas,
ni palabras de amor
en las trincheras,
ese beso debe quedar en la Memoria.

El beso que mira de reojo
 sabiendo que la bala mercenaria
de los traidores
 está al acecho dispuesta a sembrar el dolor
después de la última batalla,
de la rendición de los justos,
de la traición de Casado,
ese beso, debe quedar en la Memoria.


Ese beso fiel,
 sin antagonistas eternos,
que exige el derecho a existir,
a respirar, consciente
sabedor que la muerte victoriosa siempre,
 puede ser más dulce compañera
que, tras la última batalla, caer prisioneros,
ese beso, debe quedar en la Memoria.

Ese beso enamorado,
 sobre el que nadie escribirá,
 ese beso de despedida,
 sin visto por nadie,
 rodeado de luz,
 raptado por la crueldad de los traidores,
 arrebatado al último suspiro,
ese beso miliciano de quienes lucharon por la libertad, ese beso debe quedar en la Memoria.

El beso no dado,
robado al futuro,
del miliciano, del soldado,
de la novia que espera,
del hijo que sueña,
de la madre que llora,
ese beso nunca debe ser perdonado,
debe quedar en la Memoria,
nunca más en la trinchera.

© Paco Arenas


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