martes, 11 de junio de 2024

Santa María del Campo Rus, ¿el lugar de la Mancha?

 


Santa María del Campo Rus, ¿el lugar de la Mancha?

Santa María del Campo Rus, ¿el lugar de la Mancha?
En la voz de Puerto Llano ha escrito un magnífico artículo José Arias Mora titulado
«Don Quijote por la Mancha. Las Bodas de Camacho y el pueblo del primo del licenciado»
Comienza así:
«Don Quijote en la casa del Caballero Verde Gabán, situada en Santa María del Campo Rus, anuncia su inmediato plan de viaje: había de entrar en la cueva de Montesinos.
El camino más corto para llegar a la cueva de Montesinos desde la casa del Caballero, cruzaba por las poblaciones de La Alberca de Záncara, El Provencio, Villarrobledo y Ossa de Montiel. En uno de estos lugares imaginó Cervantes las Bodas de Camacho.»
Aportando un recorte de lo que sería el trayecto más corto para llegar desde Santa María del Campo Rus a la cueva de Montesinos pasando por La Alberca de Záncara, El Provencio, Villarrobledo y Ossa de Montiel.
Decir, en primer lugar, que veo un artículo bastante sólido salvo en las distancias recorridas, que no tiene en cuenta que no se tarda lo mismo en la actualidad, siglo XXI, que en aquellos tiempos, siglo XVI y XVII con caminos en mal estado pedregosos, con socavones, cuestas y bajadas, por no decir recovecos casi intransitables. El artículo, que merece la pena leerse, lo pondré en el primer comentario.
Me gusta el argumento, me encanta, esa es la verdad. Eso de situar Santa María del Campo Rus como patria del caballero del Verde Gabán me parece fascinante. No obstante, conociendo la zona, aunque no esté a gran distancia, hay que considerar que entonces no eran carreteras llanas, sino caminos pedregosos, y, o embarrados. Caminar 85 km en 17 horas es posible, a una media de 6,8 km/hLos primeros cinco o seis kilómetros, sí (de Pinarejo a Santa María, yo los he recorrido muchas veces por la carretera siendo joven, ahora según Google Maps, tardaría hora y media), pero... a Villar de la Encina, que está a menos del doble, por el camino de entonces, en los años 70, tardaba más de tres horas, con muchas cuestas y bajadas, ahora con mejores caminos tardaría según Google Maps, 2:23. Lo más largo que caminé a mis veinte años fue a Honrubia y a La Alberca del Záncara, a esta última tardaba entonces más que ahora, según Google Maps, por una razón sencilla, paramos en Santa María del Campo Rus, tomábamos algo y seguíamos, ahora con mejor carretera, según Google Maps, los 19 km. tardaríamos 4:24 horas. La Mancha es llana, pero los caminos no. Los primeros kilómetros los haces mucho más rápido que los segundos y así sucesivamente.
Con esto está claro que a más kilómetros, cada vez se caminan más lentos. Hay que descansar.
Y otra cuestión, ¿alguien ha subido en burro? He llegado a tardar casi dos horas en burro desde la Montesina, donde se ubicaba hasta los años 60, en que se derrumbó la entrada de la cueva del mismo nombre, muy cercana al famoso pozo Airón, y de la que emanaban gases. NO VOY A ABRIR ESE DEBATE, NO CREO QUE LA CUEVA DE LA MONTESINA SEA LA DE LOS MONTESINOS (¿o sí?). Al menos no de momento. Dudo que la cueva de la Montesina sea la de Montesinos, por mucho que en mis dos novelas quijotescas, «Los manuscritos de Teresa Panza» y «Águeda y el secreto de su mano zurda», sitúe la famosa cueva de Montesinos en la Montesina (entre Pinarejo, Villar de la Encina y Castillo de Garcimuñoz, a solo una legua de Santa María del Campo Rus, porque quien escribe ficción es el amo de cada una de sus letras. ¡Voto a Rus! Me encanta y me suena a música celestial. El autor no ha tenido en cuenta esa cuestión, la de ir en burro. Doy por hecho que muy rápido no podían ir yendo uno en burro y otro a caballo y, por lo que se ve en la novela, siempre de conversación, cosa lógica. A los manchegos nos gusta mucho la casquera. A caballo una persona sola y al galope sí es posible, pero no con Rocinante, que era un rocín flaco y mal alimentado, y Rucio, que era un burro, buen trabajador y andador, pero más tozudo que una mula. Si lo cansas, hasta que no descansa, no anda ni con zanahorias ni con palos.
Pero, además, tal y conforme señala el autor:
«Poco trecho se había alongado Don Quijote del lugar de don Diego, cuando encontró con dos como clérigos o como estudiantes y con dos labradores […] Saludoles Don Quijote, y después de saber el camino que llevaban, que era el mismo que él hacía, les ofreció su compañía».
«Por el camino, uno de los estudiantes sin saber a dónde iba don Quijote, aunque él sí que sabía a dónde iba el estudiante, le invita a la boda de Camacho:
«vuesa merced se venga con nosotros; verá una de las mejores bodas y más ricas que hasta el día de hoy se habrán celebrado en la Mancha.»
Lo dicho, muchas leguas para un rocín como Rocinante y un burro, se llame Rucio o Sacristán, como se llamaba el mulo que tenía mi padre. Y, por si fuera poco, cascando en grupo con otras personas que iban a pie y por caminos en mal estado. 18 horas actuales son más de 30 de entonces. Era preciso comer, descansar y dormir, ¿o no?
Lo dicho, me ha encantado el artículo, pero estamos en la eterna cuestión de si son churras o merinas, de si fue en la Mancha (lo lógico y creo que irrefutable) o fue en Valencia, Cataluña, Aragón, Sanabria, como defienden algunos. Tiene más lógica Villarrobledo, Socuéllamos, Munera o Ruidera. Solo Cervantes lo sabía y no nos va a despejar el entuerto.
Terminando este escrito, voy a contradecir las palabras de que no voy a abrir ese debate. Me gusta la idea de poner Santa María del Campo Rus en todo lo que atañe a « El Quijote» y ya que en Radio Televisión de Castilla -La Mancha, me atribuyen que yo sostengo que la patria de Sancho Panza es Pinarejo, (cosa que solo defiendo en mis novelas, porque así lo dice la tradición oral) puede que estudie y busque lo que hace ocho años no me veía capaz, demostrar con argumentos igual de válidos, ¿por qué no?, que Santa María del Campo Rus es el «lugar de la Mancha», (eso sí, siempre desde la suposición, la verdad se la llevó Cervantes a la tumba, y todavía no la han encontrado para preguntarle).

Aunque él dejó esto escrito:

«Este fin tuvo el ingenioso hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero»

En las tres capturas de pantalla se puede aprecia como se reduce o aumenta la media según el recorrido, si es caminos o carreteras, pero en el siglo XVII no existían carreteras, que cada cual saque su propia conclusión.

lunes, 10 de junio de 2024

Rosario republicano y quijotesco

 



Acto de Contrición

Por Rocinante y Rucio, ¡líbranos de nuestros enemigos! En el nombre de la libertad, la igualdad y la justicia, ¡líbranos de ellos!

 ¡Amén!

Oración a la Diosa de la Justicia

¡Oh, diosa de la Justicia, la que no se tuerce ni por oro ni por argucias! Líbranos de los jueces que cambian sentencias por sacos de monedas. No nos condenes a la tortura de Tribunales caducos que sirven a los poderosos. Ayudados por tu gracia celestial, nos comprometemos a defender la democracia, y a luchar por los tres pilares sagrados: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD. ¡Amén!

Oración a la Diosa de la Igualdad

¡Diosa de la Igualdad, no permitas que los clamores de los pobres se ahoguen en la copa dorada de los ricos! Que la justicia caiga sobre ellos como molino sobre gigante.

 ¡Amén!

¡Oh, Diosa de la Igualdad! No consientas que, por el mero hecho de ser mujeres, se recorten las oportunidades y derechos que son propios y justos. ¡Acaba con el machismo patriarcal que oprime y denigra! Libéranos de las cadenas de la desigualdad y haz que todas las voces sean escuchadas con la misma fuerza y resonancia de todas las personas con independencia de su género o condición sexual. Que la balanza de la justicia no se incline por el peso del género, sino por la equidad y la razón.

¡Amén!

Oración a la Diosa de la Libertad

¡Diosa de la Libertad, haznos libres como el viento manchego! Que nuestras palabras y acciones no se vendan al mejor postor. ¡Oh, Libertad! Que los impresores trabajen para el bien común y no para el vil metal.

¡Amén!

Y así, con espíritu indomable y corazón enardecido, invoquemos a las deidades de la justicia, la igualdad, la fraternidad y la libertad, como buenos caballeros andantes caminemos hacia la República. Pues en esta travesía, donde gigantes se disfrazan de molinos y la injusticia se disfraza de ley, nuestra lanza es la palabra y nuestro escudo la verdad.

 ¡Amén!


Paco Arenas

Sancho Panza y don Quijote reflexionan sobre su voto

 



Sancho se siente agobiado y desengañado; hasta dos semanas antes, no sabía si votar o no. Eso a pesar de que él siempre lo tuvo claro desde aquel viaje en Clavileño. Los ricos solo quieren a los pobres para mofarse de ellos, para sacarles las castañas del fuego sin quemarse y, sobre todo, para vivir a cuerpo de rey sin pegar un palo al agua a costa de los pobres.

Tenía motivo para el desengaño. A quienes siempre votó iban en candidaturas diferentes, y eso lo enfadaba mucho, maldiciendo como si fuera un blasfemo con dolor de muelas.

—Amigo Sancho —le dijo Alonso Quijano—, si los pobres vamos separados, nos matarán como a liebres en la cama. Tienes que votar.

—¿Y qué voto, amigo Alonso?

—Eso no te lo voy a decir yo. Pero piensa un poco. ¿Te acuerdas de cómo a las combativas Ada y Marcela las acusaron los jueces prevaricadores de ladronas sin pruebas y los voceros airearon los bulos hasta convencer a todo el mundo de que la mentira era la verdad?

—¿Cómo no me voy a acordar? Los jueces siempre están al servicio de su amo... y hay gente dispuesta a creerse las mentiras.

—Pues eso. ¿Acaso has olvidado cuando a Mónica, entre los voceros, los ricos y los jueces prevaricadores, crearon injurias que la obligaron a dimitir como vicepresidenta por un delito que no cometió?

—Pobre muchacha, claro que me acuerdo, amigo Alonso...

—¿Te has olvidado de todo el acoso que sufrieron Pablo e Irene, con los perros voceros echando leña al fuego para que acosaran hasta a sus hijos de pecho? ¿No te acuerdas de todas las injurias que sacaron contra ellos con el Caso Neurona, aquellos jueces al servicio de los ladrones?

—Claro que me acuerdo, pero hay que tener pocas neuronas para no darse cuenta...

—¿Has olvidado cómo al pobre Ricote los duques lo acusaron de moro infiel para quedarse con sus tierras? No lo dudes, que como ganen ellos, se quedan con sus tierras...

—Peor lo de mi hija Isabel —se rasca el cogote Sancho Panza—, que la querían quemar en la hoguera porque vive con Marcela...

Alonso Quijano movió la cabeza.

—Con su amor no hacen daño a nadie.

—Pues eso digo yo —asintió Sancho.

—Y por último, ¿acaso no le piden los corruptos cuentas al bachiller porque Manos Sucias ha denunciado ante un juez despeinado?

—Pero si eso ya ha dicho la Guardia Civil que es falso... Un juez decente, despeinado o calvo, no puede tomar nada en cuenta de lo que digan esos delincuentes de Manos Sucias...

—Yo siempre he defendido a la Justicia, pero en España cada día me resulta más difícil. Son los jueces quienes arrastran a la Justicia por la ciénaga.

—Los caducados, si fueran decentes, dimitirían en bloque, pero claro, si entrasen jueces decentes, sus amigos y a lo mejor alguno de ellos, iría a la cárcel...

—Llevas razón, amigo Sancho. Son muchos los jueces que están al dictado de los perversos. Los duques de Mamandurrias le piden explicaciones al bachiller para que explique lo que no hizo su mujer, porque el juez despeinado la ha imputado por recortes de prensa de los voceros al servicio de esos que no quieren llegar a un acuerdo para nombrar un nuevo gobierno de los jueces porque los tienen a sueldo... Lo dicho, al servicio de los perversos...

—Eso ya lo llevo diciendo yo muchos años: pocos jueces hacen justicia; solo son duros con los pobres, con quienes roban una gallina para comer, pero para quienes roban a manos llenas, barra libre... Tampoco me olvido yo de aquel diputado que fue expulsado del parlamento porque un policía mintió y, a pesar de las pruebas en contra, los jueces lo condenaron...

—Los mismos jueces caducados que no ven nada de lo que se hace en Madrid... Para terminar —dijo Alonso Quijano—, ¿tú has visto rezar a Barrabás?

—Blasfemar sí, rezar no. Es más descreído que yo y, además, roba a los pobres y ayuda a los ricos...

—Pues el domingo va a rezar el rosario para que los mamandurrias ganen las elecciones...

—Y volvamos a los tiempos de un famoso bandolero llamado M... Rajoy, que hay que tener bemoles para decir que no saben quién es... Pues, ¿sabes qué te digo? Voy a votar, amigo Alonso...

—¿A quién?

—Amigo Sancho, el voto es secreto, pero cuando voto, desde que tengo edad y algo de conocimiento, nunca he cambiado de idea, aunque me digan que...

—Ya, que ya lo sé...

—Pues eso, que los pobres tenemos que votar, porque estoy harto de voceros a sueldo y jueces que dictan sentencias siempre favoreciendo a los mismos. Pero sobre todo, voy a votar por mi padre, porque fue uno de esos 7291 ancianos que murieron abandonados a su suerte en las residencias madrileñas porque alguien así lo decidió... ¡Ah! Y por los miles de criaturas asesinadas en Palestina.

—¿Entonces, el domingo nos vemos en la urna?

—Nos vemos, amigo Alonso. Y después nos comemos una paella, convido yo...

—Eso suena a música celestial... ¡Ah! Y que no falte la fruta, que a todos nos gusta la fruta, pero no la podrida. ¡Salud, amigo Sancho!

—Más bien terrenal. La fruta no faltará, pero sana y sin gusanos de cloaca judicial. ¡Salud y República, amigo Alonso!


©Paco Arenas a 7 de junio de 2024

CARTA A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

 

CARTA A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA


Admirado Miguel,

Disculpa la osadía de este «juntaletras».

Ilustre y nunca suficientemente alabado Miguel de Cervantes, con la pluma en mano y el alma entregada a la inmortalidad de las letras, me dirijo a ti desde un rincón de la Mancha, cuyo nombre guardo en el corazón como un tesoro.

Bien es sabido que aquellos en quienes depositaste tu confianza, te traicionaron, dejándote a las puertas de la eternidad. Mas, aquellos que con envidia buscaron silenciar la resonancia de tu verbo, no alcanzaron su vil propósito. Tú, estimado Miguel, ascendiste a la cima, tal Cid victorioso, conquistando la gloria post mortem.

En la era presente, eres objeto tanto de amor como de desdén. Hay quienes, forzados a leer tus palabras en tiempos de juventud, cuando el entendimiento no había madurado, hoy rehúyen tu mención. Otros, con vanidad infundada, se jactan de conocer tu magna obra y repiten frases que jamás emanaron de tu pluma, tales como:

«ladran, Sancho, señal que cabalgamos»,

o «de grandes cenas están las sepulturas llenas»,

ignorando el sabio consejo que Don Quijote impartió a Sancho antes de su gobernación:

«Come poco y cena menos aún, que la salud de todo el cuerpo se forja en la fragua del estómago. Sé moderado en la bebida, recordando que el vino en exceso ni guarda secreto ni cumple palabra. Vigila, Sancho, no comer a bocados llenos, ni eructar en presencia de nadie.»

Algunos encuentran en tus letras el evangelio de la liberación de los desposeídos, pues siempre te posicionaste al lado de los necesitados. Otros osan comparar tu legado con la Sagrada Escritura, mas nada más lejano a la verdad, siendo ambas ficciones, una inspirada en dudosas ideas por la fe ciega que no admite cuestionamiento. Tu obra, en cambio, no solo busca deleitar y esclarecer con humor el entendimiento, sino que, enfrentando las visiones de Don Quijote y Sancho, nos invita a la reflexión, al pensamiento crítico y a la duda, porque solo a través de la interrogación avanza la humanidad.

Y otros, como yo, intentamos aprender de tus enseñanzas, quizás erróneamente, y combatimos gigantes, aunque sin gran éxito, he de confesar. Los vicios de tu época perduran en el siglo XXI, sigue habiendo alimento en exceso para saciar todas las bocas, y aún hay pobres que no pueden acceder a él. La injusticia, la arrogancia y la codicia continúan dominando el orbe.

Otros, procuramos aprender de tus enseñanzas, tal vez equivocados, y luchamos contra gigantes, sin mucho éxito, esa es la verdad. Los males de tu tiempo siguen siendo los mismos en el siglo XXI, sigue habiendo comida de sobra en el mundo para llenar todas las bocas y pobres que no pueden acceder a ella. La injusticia, la soberbia y la avaricia sigue gobernando el mundo.

Me despido con algo que si escribiste y que también se malinterpreta:

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve5 me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces del hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!»

Me gustaría saber qué pensarías del modo en que unos y otros utilizamos tu imagen, tus palabras y enseñanzas, aunque no espero contestación, te muestro mi cariño y admiración.

Este que es más Sancho que Quijote y más Quijote que Sancho, según el momento, pero loco y osado como los dos no se despide de ti.


© PACO ARENAS

PACO ARENAS, SUS LIBROS Y RELATOS...

PACO ARENAS-ESCRITOR

La importancia de Leonor de Cortinas, la madre de Miguel de Cervantes

 



Leonor de Cortinas, madre de Miguel de Cervantes, tuvo un papel fundamental en la vida del célebre escritor, a pesar de que este adoptara el apellido Saavedra.

¿Por Qué Miguel de Cervantes Cambió Su Segundo Apellido?

Miguel de Cervantes Saavedra era hijo de Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. El apellido Saavedra no procedía de su madre, sino que lo asumió tras su cautiverio en Argel. Después de combatir en Lepanto, donde quedó manco, en Argel lo apodaron «Shaibedraa,» que significa «el hombre de la mano inútil». Cervantes adaptó este apodo al castellano y lo usó como si fuera su apellido, mostrando su capacidad para reírse de su propia desgracia.

Cuando Cervantes se casó con Catalina de Salazar y Palacios, no tuvo hijos. Sin embargo, tuvo una hija llamada Isabel con otra mujer. Cervantes la adoptó legalmente cuando ella quedó huérfana a los 16 años y, para mantener el honor de su familia, le dio el apellido Saavedra.

El Amor de madre

Leonor de Cortinas, la madre de Cervantes, movió cielo y tierra para conseguir el dinero necesario para rescatar a sus hijos, Miguel y Rodrigo, que estuvieron cinco años presos en Argel debido a que su rescate era muy alto.

¿Cómo lograron tan gran cantidad de dinero?

Se desconoce y se especula mucho sobre cómo Leonor y sus hermanas consiguieron el dinero. Lo único seguro es que hicieron todo lo posible para liberar a los hermanos, sin lograrlo en cinco años. Después de mucho tiempo, el 22 de mayo de 1580, se reunió parte del dinero para el rescate: su madre, Leonor, entregó 250 escudos y Andrea, su hermana, 50 escudos a los trinitarios fray Juan Gil y Antonio de la Bella. Los frailes partieron rumbo a Argel. Aunque Miguel fue enviado a remar a Constantinopla, fray Juan Gil consiguió negociar su libertad. Sin embargo, cuando fray Antón de la Bella regresó a Valencia con 108 liberados, Miguel no se encontraba entre ellos.

Después de muchos esfuerzos y negociaciones, Miguel fue liberado gracias a fray Juan Gil.

Documento Histórico Sobre la Liberación de Cervantes

En el Archivo Histórico Nacional de Madrid, libro de Códices I, página 154, bajo la mención «Redención de Cautivossignatura 120B, folio 32, se documenta la liberación de Cervantes:

«Redención de Cautivos," signatura 120B, folio 32 el dicho escrivano y testigos de yuso escriptos resçibieron los dichos padres fray Juan Gil y fray Antón de la Bella trezientos ducados de a onze rea/les cada ducado que suman ciento y doze mill y quinientos maravedís. Los dozientos y çinquenta de mano de doña Leonor de Cortinas biuda muger que fue de Rodrigo de Cervantes y los çinquenta ducados de doña Andrea de Cervantes, vecinas de Alcalá estantes en esta corte, para ayuda del rescate de Miguel de Cervantes vecino de la dicha villa, hijo y hermano de las suso dichas que esta captivo en Argel en poder de Alí Maní capiptán de bageles de la armada del Rey de Argel, que es de hedad de treynta e tres años, manco de la mano yzquierda y de ellos otorgaron dos obligaciones y cartas de pago y recibo de los dichos maravedis ante my el dicho escrivano siendo testigos Juan de Quadros y Juan de la Peña…»

 

Fuente: Anales Cervantinos. CSIC. Libro de la Redención de Cautivos de Argel, 1579 Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo Histórico Nacional: AHN.CÓDICES,L.118

La madre de Miguel de Cervantes Cortinas o Miguel de Cervantes Saavedra, destaca su sacrificio y amor incondicional, elementos que permitieron la liberación de su hijo y su posterior contribución inmortal a la literatura universal.


Paco Arenas

El loco de pluma de avutarda

 


Este escritor manchego que escribe con grosera pluma de avutarda nació en los campos dorados de La Mancha de rojos arreboles verpertinos, donde el viento de solano me susurraba secretos de los silenciados. Nunca escondí su rostro tras yelmos ni me enfrenté a imaginarios gigantes. No, mi lucha es más noble, aunque utilizo plumas de avutardas de corto vuelo, escribo palabras en la tierra como surcos traza el arado más afilado que el pico de las águilas.

 

Arado forjado en los yunques de las fraguas campesinas, este destripaterrones no se rinde ante las adversidades. Mis principios son como la reja de ese arado, labrando surcos de justicia en la tierra reseca. Mis padres no fueron reyes, sino campesinos analfabetos, cuyas manos ajadas conocieron las ampollas y los callos, y con su sudor regaron la tierra para que creciera la espiga, la esperanza y la palabra silenciada por los poderosos.

Quiero ser voz de los silenciados, de los escuderos, de esos que nunca serán caballeros. En las noches sin luna, cuando los grillos entonan sus cantos, me siento y escribo junto al fuego los secretos de quienes se les privó de la palabra. La sangre de ellos se convierte en palabras que fluyen como ríos, a pesar de que, como mis padres, apenas pisé las aulas de la escuela, ellos me confiaron su voz. Y yo, como un trovador errante, la saco de los rincones más oscuros del olvido utilizando la palabra como martillo sobre el yunque.

En estos días turbios, donde nadie dimite, ni siquiera las togas caducadas desde hace más de un lustro, y los viejos reyes se marchan a desiertos lejanos para no pagar impuestos y se adoran marionetas con menos corazón que seso, este campesino siente ganas de meter la pluma hasta las entrañas de la tierra hasta encontrar la tinta y que sean los silenciados quienes dicten las palabras.

Así, con la pluma de avutarda en mano, este manchego sigue su camino. Mis palabras son mi única espada, y mi lucha, la eterna de los desheredados de la tierra. Que los vientos guíen y los inexistentes dioses de todas las creencias y sonrían a quienes sigan en este maravilloso grupo.

Seguiré mi historia junto a todos los que alzan la voz en un mundo que a veces olvida escuchar.

Deseando salud a todos, en un abrazo sincero, este que lo es:

PACO ARENAS

PACO ARENAS, SUS LIBROS Y RELATOS...

Don Quijote va con Sancho Panza a Granada para conocer a Federico García Lorca

 



En la madrugada, antes de que el sol salga por la alborada, sin la sola luz de los candiles y miles de gatos maullando en vilo por extraños ruido de fusiles. Sancho protestaba de aquel viaje tan largo:

—¿Qué se nos ha perdido en Granada? ¿Por qué me saca mi amo de mi lecho de muerte? Yo estaba tan a gusto en mi lecho.

Son figuras fantasmagóricas que se asemejan, que son el caballero de la triste figura, don Quijote y su escudero, Sancho Panza. Se dirigen a Fuente Vaqueros, haciéndose cada vez más palpables y físicas, visibles a la vista y menos espíritus. Es por eso, que Sancho lleva dos días protestando de tan largo viaje:

—A vuestra merced no sé, pero a mi me duele hasta la curcusilla de la rabadilla…

—Sancho, se dice del coxis.

—Pues también me duelen ese coxis y hasta la misma curcusilla.

—Ya estamos llegando, mira ese es el río Genil.

Sancho menea la cabeza mostrando su disconformidad por tan largo viaje.

— Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no necesitemos alforjas para este viaje me extraña. ¿qué se nos ha perdido en Granada?

—Si no necesitamos alforjas es porque estábamos muertos, que ya no. Hemos perdido la poesía, la poesía, amigo Sancho… Para, escucha, Sancho, amigo mío…

—Una noche de junio, preocupado con esa idea, se durmió en el fondo rizado de un interminable sueño de brisa que la ventana proyectaba sobre su cabeza. Su sueño estaba lleno de yemas de coco y botellas de un raro whisky marca Machaquito, de arcos de herradura y de grandes páginas escritas en inglés, en las cuales brillaba con fulgor de sangre la palabra Spain, mientras veía a su prima Aurelia, tan bella, con esos ojos como dos soles, llorar mientras se lo llevaban…—repite don Quijote lo que oye.

—¡Menudos recovecos! Me suelta vuestra merced. Y ahora esas palabras que asustan al miedo…Y sin comer. Siempre diciendo que de la poesía no se come y venimos varias jornadas sin probar bocado siquiera a alimentarnos de poesía…

—No es cierto que no hayas comido. Comiste soplillos de la Alpujarra y piononos en Granada y hasta huesos de santos. Aguanta un poco, o como dices tú, una miaja, que en llegando a Fuente Vaqueros, nos hartaremos de poesía…

—Lo dulce no cuenta, aunque a nadie le amarga un dulce, sabe que yo soy más de unas buenas tajadas de tocino, una cuña de queso y medio cuartillo de vino. Además, ¿no afirma vuestra merced que la poesía ni alimenta ni sostiene?

—Escucha, ya no escucho nada…Calla, por Dios amigo Sancho, que ya no escucho nada. Mira ahí junto al río a ese mozo, es el que buscamos … ¡Federico! ¡Federico! —Grita don Quijote.

—No hay nadie por aquí. Esto es como cuando los gigantes que eran molinos…

—¿Me mientes acaso? ¿No ves lo que yo veo, al poeta de Granada?

—Nada, ni gigantes, ni molinos, ni poetas, ni ya tampoco granadas, solo un río que baja rojizo y huele a sangre…

—Calla, Sancho, calla…

Don Quijote observa a un hombre moreno que se gira con una sonrisa en la boca. Sonríe, dando la bienvenida a los que acaban de llegar, alzando la mano, de la que escaparon siete palomas blancas, que al volar hacen desaparecer al poeta, que sigue recitando:

— No hay manos blancas sobre el teclado, ni palomas que se posen en los hombros de la eterna ella, ni escalas pendiendo del balcón, ni tempestades de amor en el jardín….solo muerte.

—¿Dónde estás Federico, que te veo y no te oigo?), ¿dónde tu voz? —Pregunta don Quijote, descabalgando de Rocinante.

—Mi amo, vuestra merced no bebió vino, ¿qué delirios son esos? ¿A quién ve y no oye? No hay nadie, espere, yo si oigo y no veo…

Sancho es ahora quien escucha la voz del poeta:

—La muerte llega siempre de esos campos ocultos. Y en el barco de la Muerte vamos los hombres, sintiendo que jugamos a la vida, ¡que somos espectros! Mirando a los cuatro puntos todo está muerto. El cielo de la noche es una ruina, un eco.

—¡Apúrese, mi amo! Caminemos más rápido, que yo me voy volando si Rucio no se mueve. No me quiero quedar donde escucho hablar de muerte... ¡Apúrese, mi amo!

Sigue el poema:

—Hace muchos años que me senté soñador modesto y muchacho alegre, paso todos los veranos en la fresca orilla de un río. Por las tardes, cuando los admirables abejarucos cantan presintiendo el viento y la cigarra frota con rabia sus dos laminillas de oro, me siento junto la viva hondura del remanso y echo a volar mis propios ojos que se posan asustados sobre el agua, o en las redondas copas de los álamos. A veces imaginaba que veía pasar a don Quijote y a Sancho por el camino, y me divertía pensando en sus aventuras y desventuras. Pero pronto volvía a la realidad, y me daba cuenta de que el río era sangre y los cantos de los jilgueros disparos en la madrugada…

—¿No lo ves? Está esperando, amigo Sancho. Lo puedo leer en sus labios…

Don Quijote se acerca a Federico. Sancho lo retiene.

—Claro que nos espera, bien que lo he escuchado, la aparición del tal Federico se imagina que nos ve pasar, pero habla de disparos…

Sancho se tapa los oídos.

—Mi amo, veo gente borracha con escopetas y nos apuntan…

El poeta se acerca también a Don Quijote:

—Las niñas de los jardines me dicen todas adiós cuando paso. Las campanas también me dicen adiós. Y los árboles se besan en el crepúsculo. Yo voy llorando por la calle, grotesco y sin solución, con tristeza de Cyrano y de Quijote, redentor de imposibles infinitos con el ritmo del reloj.

—¿Qué locura es esta? —Pregunta Sancho, que sigue escuchando al poeta sin verlo:

—Junto a la lengua del agua, yo siento cómo toda la tarde abierta hunde mansamente con su peso la verde lámina del remanso y cómo las ráfagas de silencio ponen frío el asombrado cristal de mis ojos.

Sancho ve ahora cómo su amo le da la mano y pone su adarga para proteger un poeta imaginario que él no ve.

—¡Malditos seáis mil veces! No puede morir la poesía. Federico estás vivo y vosotros muertos —Grita don Quijote.

Sancho escucha los disparos. Se echa las manos a la cabeza, mientras da dos azotes a Rucio y Rocinante, para que ellos, al menos escapen con vida. Sancho llega a ver a un hombre vestido de azul, con aspecto de estar borracho, gritando fuego. Escucha disparos y una placidez desconocida. Despierta en el remanso del río Genil, está sentado sobre una piedra junto a otros hombres y aquel que escuchaba, que habla con don Quijote.

—Tranquilo, Sancho, amigo. Los primeros días me turbó el espléndido espectáculo de los reflejos, las alamedas caídas que se ponen salomónicas al menor suspiro del agua, los zarzales y los juncos que se rizan como una tela de monja. Pero yo no observé que mi alma se iba convirtiendo en prisma, que mi alma se llenaba de inmensas perspectivas y de fantasmas temblorosos. Una tarde miraba fijamente la verdura movible de las ondas y pude contemplar cómo un extraño pájaro de oro se curvaba sobre las ondas de un chopo reflejado…

—¿Estamos muertos? —Preguntó asustado Sancho.

—Amigo Sancho, escucha al poeta, escucha el temblor de Venus o el violín de los vientos de las cascadas y la inmensa flor del círculo concéntrico…

—Amigo Sancho, ¿Qué doncella se casa con el viento?

—Pregunta uno de los hombres, que según dicen es maestro —. Hasta ayer escuchaba las risas cantarinas de los niños, su corazón abierto. Hoy, esperamos con los brazos abiertos los versos del poeta…Son los que nos darán vida. Quienes nos han matado están muertos, nosotros nunca podremos estarlos mientras un poeta se acuerde de que el crimen fue en Granada.

A Federico García Lorca en el 126 aniversario de su nacimiento.

Este extraño relato está compuesto por retazos de poemas de Lorca y la obra «Meditaciones y alegorías del agua», así como una simulación quijotesca de mi autoría.


©Paco Arenas a 5 de junio de 2024, 23:59 horas.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...