sábado, 30 de abril de 2016

Soy culpable (poesía)



Soy culpable
 Sí, soy culpable de mirar y ver,
de escuchar y oír,
de sentir emociones
y dolerme el alma.
Si sale el sol lo digo,
si es la Luna,
también.
¿Por qué callar mi voz?
Soy culpable,
y asumo mi culpa.
No me quejo de mi hambre,
no callo  la ajena.
Necesito hablar,
 gritar,
que mi garganta sea palabra,
grito de los mudos,
Quejido y lamento de los pobres.
Sí, Soy culpable.
Aquí
mis manos libres,
que mis malos versos,
sean malos,
 pero libres
sean cincel que rompa cadenas.
Si,  lo confieso, soy culpable.

©Paco Arenas

jueves, 28 de abril de 2016

El Quijote boricua


Se debería haber puesto remedio en su momento. Más cuando nada era casual, sino fruto de unas ideas cavernarias surgidas de cabezas que no les funciona bien lo que tienen delante del occipital. De Paco Arenas era de suponer, como ya he dicho antes, es el culpable de todo y es conocido que mucho seso no tiene desde que se cayó desde lo alto del molino viejo.    Nunca debería haber sacado a la luz los manuscritos de Teresa Panza, que si ella los guardó, sus razones tendría.

Cuando aquel profesor, vestido con guayabera, llegado de la Isla de Borinquén,  pisó Pinarejo, sonaron todas las alarmas, más cuando el susodicho Paco Arenas compró un caballo y un borrico y habló algo de molinos, de don Quijote y Sancho.

Alguien con influencias quiso llamar, el muy ignorante, a la Embajada de Puerto Rico, por desgracia no existe tal embajada. Lo remitieron a la de EEUU. El chismoso dudó, ya veía a los marines de la Sexta Flota invadiendo La Mancha.  Bueno, al fin y al cabo, a él siempre gustaron las hazañas bélicas. Llamó, no podía ser de otro modo, como persona de orden que era, a la Benemérita.

—Un loco ha secuestrado a un profesor americano para atacar los molinos de viento de Iberdrola —.dijo lo de “americano” pensando que a sí haría más fuerza que si decía puertorriqueño y en cierto modo no mentía. El secuestrador parece que no tiene carne en el esqueleto. Como si los huesos fuesen agujas sin enhebrar, y la sesera se hubiese secado y a fuerza de darle el aire comenzase a desvariar. Aunque desvariar ya desvariaba antes —quiso terminar dando un tono un tanto literario a sus elucubraciones.

Les vieron por última vez vestidos de don Quijote y Sancho en el molino de viento, y ya no se les volvió a ver más. Entonces llegaron gentes bien trajeadas hablando inglés con el acento meloso de Puerto Rico, los cuales se presentaron como funcionarios de la embajada de EEUU.  Ya todo el mundo tenia claro de que algo grave había ocurrido. Ya sólo faltaba la Guardia Civil y por supuesto anunciar en todos los noticiarios el secuestro de un profesor puertoriqueño, por parte de un desquiciado que pretendía revivir las aventuras de don Quijote, convenciendo al profesor para que hiciese de don Quijote.

 Tanto al manchego como el profesor parecía como si se los hubiese tragado la tierra. Helicópteros y patrullas de rastreo comenzaron a peinar la zona. Hasta que por fin un pastor de La Montesina dijo haber visto dos caballos y un borrico. Contó el pastor que vestían con trajes de astronauta, y se hallaban intentando abrir un agujero en el muro de la cueva de La Montesina.

— Dos chalados, señores guardias, dos chalados —repetía el chismoso.

Raudos, Guardia Civil y funcionarios de la embajada de EEUU se presentaron en La Montesina. Los dos hombres estaban vestidos todavía con los trajes de seguridad. Las escafandras las habían sustituido por tapones en las fosas nasales, manteniéndose a cierta distancia de la entrada de la cueva. Estaban tranquilos comiendo jamón, queso y bebiendo vino en tragos largos de bota de cuero.  Los guardias tomaron posiciones sin mucho convencimiento, tenían orden de que obedeciesen a los funcionarios de la embajada.  Estos se dirigieron directamente al profesor Flores.

Now you are safe Míster Flores —dijo un funcionario en inglés con meloso acento de Puerto Rico, que enojó al profesor.

—Ya vienen a jeringar.  Para usted, soy señor.  Soy boricua…—replicó el profesor.

—Profesor, es ciudadano de Estados Unidos. Debemos protegerle…—bajando el tono— Esta gente es peligrosa, cafres y atorrantes…—dijo otro de los funcionarios.

—Ustedes sí que son cafres…

Paco fue a decir algo, pero de inmediato los guardias les apuntaron y callando de inmediato.

— ¿Está usted bien? Preguntó otro funcionario al profesor.

— ¡Por Dios! ¿Cómo no estar bien, si estoy comiendo el mejor jamón, el mejor queso y el más delicioso vino, sentado en la misma piedra que lo hiciera Don Quijote?

—Sintiéndolo mucho, debe venir con nosotros…

—Ustedes me dejan abochornado, tratándome como si estuviese ajumao. – replicó con autoridad el profesor. 
    
—Míster Flores. Estamos para ayudarle, piense en su esposa e hijos…

—Juanita está al tanto, mis hijos me quieren tanto que no comprenden que estoy hecho un jovenzuelo…

Mientras tanto la Guardia Civil comenzaba a abrir diligencias sobre la apertura de la cueva.

— ¿ Por qué has abierto la entrada de la cueva?

—Porque hemos pedido permiso a la alcaldesa —respondió Paco —y está llena de monedas de oro y plata…

— ¿Las habéis robado?

— No. No somos ladrones. La hemos abierto a la esperara de que lleguen los especialistas. —respondió Paco.

— ¿Se ven?—Preguntó uno de los guardias.  

—Algunas se ven, ducados de oro….pero…—comenzó Paco.

 Antes de que terminase, varios guardias estaban en la abertura de la cueva. También los funcionarios americanos, a los cuales el profesor Flores les increpaba educadamente:

—Ustedes me toman por un viejo chocho. Soy profesor boricua de español y tengo la ilusión de recorrer a ruta de Don Quijote, visitando los molinos de La Mancha con mi amigo. ¿Cómo pueden ser ustedes tan estúpidos para pensar que voy a montarme en un caballo para enfrentarme a los molinos?   Sólo quiero hacer unas fotos, comer  buen jamón, mejor queso y todas  las exquisiteces de La Mancha regadas con este exquisito vino…


No fue necesario continuar, atraídos por las voces de los guardias, se acercaron también el resto de funcionarios americanos a la cueva, y uno detrás de otro fue cayendo en un profundo sueño.[1]  Paco avisó al cuartelillo sobre los durmientes para que acudiesen al rescate con escafandras.  Una vez todo aclarado Paco en el papel de Sancho y don Jaime, como el Quijote boricua, emprendieron su camino, para continuar el recorrido gastronómico cultural por tierras del Quijote a conocer todos los molinos y rincones de La Mancha…





[1] En la cueva de Los Montesinos, Don Quijote se quedó profundamente dormido posiblemente por los gases que emanan del interior de la tierra, siendo bastante común en grutas naturales el dióxido de carbono, al tratarse de un gas inodoro. Ha ocurrido en múltiples ocasiones que las personas caigan inconscientes y mueran al entrar en este tipo de cuevas. A buen seguro que don Quijote de no haber entrado atado a una cuerda jamás habría salido de la famosa Cueva de Los Montesinos, que como más tarde explica Teresa Panza, bien podría ser la cueva conocida como de la Montesina, en el paraje del mismo nombre del actual municipio de Pinarejo, a pesar de que en la obra del Quijote la sitúa cercana a las lagunas de Ruidera.

Este relato es un homenaje al profesor Jaime Flores profesor de la Universidad de Puerto Rico, gran cervantista y defensor de la lengua castellana.

martes, 26 de abril de 2016

Vago simulacro de movimiento bajo la higuera seca (poema)


No debería tener dudas, 
ni olvidar las cohabitaciones cómplices,
de quien se lamenta con los brazos abiertos,
 implorando al cielo,
bajo una higuera seca.
Pide a Dios, en vano, 
lo que no tiene el valor
 de conquistar con su mano.


Bastaría, 
no me cabe duda,
 cerrar su puño
y descargar su furia contra la mesa...
o, simplemente, 
sí, mejor, salir de la vana sombra 
y ponerse a caminar.
—Lázaro, levántate y anda. 
Dijo Jesús.
 y la tierra tembló,
 cuando Lázaro comenzó a caminar...

©Paco Arenas

domingo, 24 de abril de 2016

El tuteo del señor marqués (o como se perdió el “usted” en España) Relato.



Trabajaba yo como recepcionista a finales de los años setenta, del pasado siglo, en un hotel de Ibiza, y un joven maestro madrileño de lengua castellana, se encontraba allí alojado con varios de sus alumnos en viaje de fin de curso. El maestro en cuestión se empeñaba en que, contraviniendo las normas del hotel, le tutease[1] a él y a sus alumnos, casi de mi misma edad.  Viendo que no hacía caso, decidió contarme un relato que a continuación escribo:

Llego el señor marqués con la señora marquesa, a un lujoso hotel, llevando consigo al chófer y a su joven esposa. El chófer para que llevase al matrimonio de excursión y la esposa del chófer, que era a la vez una de las amantes del marqués y criada de palacio.
Si bien, el marqués salía siempre acompañado del chófer o de su esposa, ya fuese la propia o la del chófer. Aquel día un rico banquero de la isla lo invitó a comer en su casa, la señora marquesa alego dolor de cabeza, pues no soportaba al banquero, por ser muy conocido por sus escandalosas fiestas con prostitutas muy jóvenes, incluso niñas. Cosa que el marqués que también tenía bastante de degenerado, aceptó la invitación ya que el banquero le había prometido una virgen.

 Fue el chofer del banquero a recoger al señor marqués, y hasta ya pasada la tarde del día siguiente no lo llevó de regreso al hotel.  Al chófer y a la criada/amante les dieron el día libre, el chófer alegó desear descansar, y su joven esposa se fue a disfrutar de las bellas calas ibicencas y tal vez de algún joven alemán, que sustituyese a su consentidor marido y al baboso marqués.

sábado, 23 de abril de 2016

El enfermo ¿terminal? Poema




A solas el enfermo con sus calenturas
intenta imaginar quimeras imposibles,
que escapen del sueño de la razón.

No, no te equivoques,
cuando el alma deja el cuerpo
no cae al abismo del averno.
Tal vez, deliro yo,
el alma tampoco suba a los cielos.

Que buena persona, dirán
aquellos que le dieron la espalda.
Quizás, si el difunto lo mereciera,
y las autoridades no lo impidieran,
le honraran en los noticiarios, y quizás,
rotularan una  calle con su nombre.
Por supuesto, no lo olvides, los mismos
que le clavaron el puñal.

Quizás, no sé, es mucho suponer,
llegue el hijo prodigo,
la nuera o el nieto,
con ojos llorosos…
Buscando la herencia.
Todavía esté la muerte lejana,
y el muerto se ría  en la cara
de sus compungidos enterradores.

No, no lo olvides,
está en la cama del hospital,
no muerto.



©Paco Arenas



martes, 19 de abril de 2016

El viejo guitarrista





Tantos años la tuvo de novia. Tantas noches las que se dejó acariciar por sus ágiles dedos, que le hacían llegar a éxtasis de los sentidos, fundiéndose con ella, con su piel de ébano y fresno, formando parte de ella. Tantas noches dejó a su esposa en la cama para estar con ella, incluso antes que a su esposa a otras mujeres que pasaron por su vida, todas sin excepción llegaron a sentir celos. Hubo alguna que lo puso entre la espada y la pared.

—Tú eliges, ella o yo.

Y Juan siempre se quedó con ella, fue suya siempre que él quiso. Sí quería a las mujeres que pasaban por su vida, a algunas llegó a amarlas hasta lo indecible, llegando a perder el sentido por su amor de mujer. Pero por ninguna estaba dispuesto a renunciar al placer de acariciarla.  La mujer que quisiese compartir su vida con él, debía saber que también debía compartirla con ella.

No obstante, no siempre fue así, ella, le ayudo siempre al principio a conquistarla, cual generosa Celestina, las atraía hasta Juan. Todas al principio abrían su corazón a los armoniosos acordes de su cantar, y a Juan algunas también lo más recóndito de su ser, allí donde casi nunca da el sol. Tan innumerables fueron las murallas derribadas, convertidas en amorosas caricias, gracias al sonido de sus cuerdas, que Juan a sus noventa y ocho años, con sus dedos secos por la cruel artrosis, quiso acariciar a su amante más fiel. Él la amaba, la amaba como solo se puede amar a una guitarra.

Y aquella mañana de abril, sabiendo que todo se acabaría en unos instantes, cuando su bisnieto —el único que había heredado su afición —, entro para desearle feliz domingo, sabiendo Juan lo que sabía, le pidió la guitarra.  

—Juanito, tráeme a Juanita y trae tú también tu guitarra, que vamos a tocar juntos “Entre dos aguas” al alimón.

lunes, 11 de abril de 2016

El testimonio del éxodo de Said (Relato)


A ellos, a los refugiados de Siria, de Irak, de cualquier guerra.
Advertencia: este texto podría herir sensibilidades y alterar conciencias, de quien las tenga.

Mi nombre es Said, tengo catorce años.  Aunque bien podría llamarme Mohamed, Amat; pero también Pedro, José; incluso Samuel o Moisés. Sí, soy un niño sirio. Un peligroso niño musulmán, cristiano o judío. Porque aunque mucha gente de Europa no lo sepa, en Siria vivíamos en relativa armonía musulmanes de todas las ramas: sunitas, chiitas y la minoría gobernante, impuesta por los ingleses y americanos hace setenta años, los alauitas, una mezcla entre musulmanes y cristianos, que celebran la Navidad, la Epifanía o Noche de Reyes y la Pascua cristianas, y representan tan solo el 10% de la población siria. Hay también cristianos ortodoxos sirios, cristianos armenios, católicos y por último, también estamos nosotros, los drusos, seguidores de un solo Dios. Somos diferentes a todos y de todos tenemos un poco. Nos basamos en la teología judeo-cristiana y greco-romana, podríamos decir que en cierto modo somos cristianos.  El pueblo druso, es el que junto es quien en más alto pone a la mujer, ya que consideramos que están especialmente adecuadas por Dios, para ser “uqqal” o intelectuales.  Mi madre es “uqqal”, maestra de escuela que daba enseñanzas a mujeres y chicas de distintas religiones, en Palmira.  Como ya dije, a pesar de esta gran diversidad vivíamos con relativa armonía. Eso sí, antes de que los americanos y europeos ambicionasen el petróleo de mi país y crearán una oposición armada al régimen sirio compuesta por sunitas salafistas.  Si ya sé que el Régimen sirio tampoco son santos, pero vivíamos en paz. Y en Damasco las grandes ciudades las mujeres que lo deseaban   vestían a la europea, a la musulmana o como querían.

Nuestro problema, era que nuestro petróleo no lo controlaban las grandes compañías internacionales. Entonces inventaron el ISIS, financiaron y dieron armas a los más fanáticos sunitas salafistas y resentidos contra el régimen sirio, a cambio de derrocar al presidente Bashar al-Asad, (que tampoco es ningún santo).

Sembraron la semilla del odio entre todas las minorías y los más fuertes, fanáticos y ahora bien armados, que como ya he dicho eran y son los sunitas salafistas, comenzaron a controlar los pozos de petróleo, al tiempo que su fanatismo y crueldad crecía por partes iguales. Comenzaron los asesinatos y violaciones, mientras Occidente seguía suministrándoles armas y comprando su petróleo manchado de sangre inocente. Porque claro, sólo mataban sirios y se habían comprometido a derrocar Bashar al-Asad.

Las grandes compañías internacionales de tráfico de armas y petróleo, con la ayuda de sus respectivos gobiernos se flotaban las manos y cada día incrementarán sus beneficios en paraísos fiscales, mientras mi país se convertía en un infierno...

Hombres jóvenes reclutados, como terroristas ingresaban en ISIS, guarniciones enteras del ejército sirio e iraquí ingresaban en el ejército terrorista del califato, con buenos sueldos y esclavas sexuales. Porque las mujeres eran y son convertidas en esposas de los terroristas, eso sí siempre que fuesen musulmanas y vírgenes.  Si por el contrario no eran vírgenes o eran de cualquier etnia musulmana distinta, cristiana, drusa o judía, hay cambiaba la cosa, pasaban directamente a ser esclavas sexuales y de todo tipo. El mundo vivía de espaldas a nosotros, mirando para otro lado. En ninguna parte pasaba nada; sólo en Siria. En dónde se continuaba matando, violando mujeres y niñas, y a los niños que caían en manos de los terroristas convertían en nuevos terroristas.

Los traficantes de armas y petróleo seguían llenando sus cuentas en paraísos fiscales y los pueblos de Occidente celebraban la bajada del precio de la gasolina por la saturación del mercado, con ese petróleo ensangrentado. Eso a pesar de que estaban siendo estafados, a pesar de esa bajada, antes de la guerra, pongamos de ejemplo España, el barril de petróleo se pagaba a 135$ y el litro de gasolina se vendía a 1,35 €. Ahora se paga el barril de petróleo ensangrentado o no, a 35 $ y se continúa vendiendo el litro de gasolina por encima de 1,00 €.  Ya controlan el petróleo sirio que compran a ISIS a través de Turquía y Arabia Saudí entre otros países amigos de occidente y lo pagan con armas que van para los terroristas. Todo beneficio. Pero no pasaba nada, todo pasaba en Siria, en tierra de "moros".

En mayo del año pasado los terroristas entraron en Palmira, desde entonces estamos vagando por el desierto, por las ciudades bombardeadas, por la indiferencia de unos, el odio de otros y la indiferencia de la mayoría.  Como ya he dicho madre era “uqqal” y padre “ŷuhhaly” (pueblo) aunque él sí sabía leer, también mis hermanas y yo, porque yo con el tiempo también hubiese sido “uqqal”.   Vivíamos en Palmira, la joya del desierto. Antes de que entrasen los terroristas yihadistas, nos vimos obligados a salir. Mi padre era guía turístico y mi madre, como ya he dicho, maestra de la escuela drusa. Sabíamos que si nos quedábamos a mis hermanas las casarían con muyahidines, en el mejor de los casos, porque al no ser sunitas se convertirían directamente en esclavas y sería vendidas en el mercado de esclavos o entregadas para satisfacer a los terroristas. A mi pronto me harían cambiar de religión en la madraza y me adiestrarían para matar.  A mi padre le obligarían a unirse a ellos, en el mejor de los casos, al ser druso lo más posible fuese que lo matasen. 

 No podíamos esperar, y nos marchamos, con otros muchos. Después de varios meses llegamos al puerto de Lataquia; pero no todos.  Llegando a Hama, sedientos y hambrientos, nos acercamos a la ciudad, sabíamos que no debíamos hacerlo, pero era tanta el hambre que teníamos. Tanta la sed. Tantas llagas en los pies y en el alma, que nos encomendamos a Dios. Y entramos, sufrimos una emboscada a pesar de que íbamos indefensos no tuvieron piedad de nosotros. Mataron a muchos, sobre todo hombres, y se llevaron las mujeres jóvenes y niñas, que eran lo que buscaban, entre ellas a mis hermanas Amira y Anisa, tenían ocho y doce años. Jamás sabremos si están vivas o muertas, lo que sí suponemos es el destino que les aguardaba, sólo Dios sabe lo que habrá sido de ellas.   Mis padres rezaron todas las noches de su vida para que muriesen pronto. Quedamos, por tanto, tan sólo mi hermana Fátima de tres años y yo, entonces de trece. 

En Lataquia, nos fiamos de unos turcos, porque tampoco nos quedaba otra opción.  Nos dijeron que nos llevarían a Alemania, cambio de dólares, aunque también aceptaban libras sirias, y las joyas de mi madre, el trabajo de mi padre le había dado acceso a los dólares que no quiso dejar en Palmira, se quedaron con todo, pero, el sol soplaba ahora a favor…

  Embarcamos en un pesquero, donde no había sitio para sentarse.   Viajamos amontonados todos unos contra otros, como sardinas en escabeche.  Cerca de Lesbos naufragó la embarcación. En realidad la hundieron los turcos cuando vieron acercarse a los guardacostas griegos, porque ellos escaparon en una lancha hacía aguas turcas. A mi hermana la cogió mi padre y yo me agarré para ayudar a mi madre.  Antes de que terminase de hundirse el pesquero estaban los guardacostas y bomberos de Al-Ándalus, que demostraron gran valentía y salvaron a la mayoría de morir ahogados.  Por fin llegamos a Europa.  Ya todo había pasado. Eso creíamos. 

Los habitantes de la Isla nos trataron muy bien, las ONG’s lo mismo, nos dieron mantas, ropa, calzado alimentos y algunos incluso nos acogieron en sus casas.  Sólo teníamos que esperar nuestro turno para viajar a Europa. Bueno, en realidad estábamos en Europa. Pero hacinados en un campamento isla de Lesbos. Cada día se acercaba un poco más a nuestra marcha.  Una tarde del mes pasado, nos dijeron que muy pronto subiríamos en un barco que nos llevaría a Atenas   y de allí a Alemania, Suecia o España. Nos extrañó cuando comenzaron a poner alambradas y cuchillas. Y comenzaron a llegar guardias armados por todos lados, echando a las ONG´s. Sin embargo, pronto comenzaron a sacar familias, para llevarlas al Continente, nos dijeron.  En nuestro campamento no hubo disturbios, en otros sí.  Parecía que nos podíamos fiar de las autoridades europeas, se acababa la pesadilla. Llegó nuestro turno. Estábamos muy contentos, por fin saldríamos de allí. Nos dijeron que iríamos a España, el país que habíamos pedido. Salimos por la tarde-noche.   Nada más salir mi madre dijo:

—Al-Ándalus está hacia el oeste. Vamos en dirección contraria.      
       
Mi madre dudó, mi padre, como la mayoría confío en los guardias griegos. Terminamos desembarcado en Turquía, donde nos llevaron a otro campo de concentración. Allí todo el mundo estaba muy alterado al darse cuenta del engaño. Las personas comenzaron a protestar. Los turcos entonces comenzaron a disparar indiscriminadamente. Dicen que murieron once personas, de los cuales al menos cuatro eran niños. Mi padre se puso furioso y le dieron un golpe en la cabeza, y se lo llevaron detenido. Salimos en el primer contingente de vuelta a Siria, hundidos y sin ganas de vivir, todas las ilusiones de escapar de la guerra se diluían como el azúcar en el té.

Nos llevaron escoltados más allá de la frontera. Íbamos andado, a pesar de que nos acompañaban cinco camiones. No supimos que transportaban aquellos camiones hasta que llegaron otros camiones cisterna desde Siria. En esos camiones, sí sabíamos que llevaban petróleo. Cuando pararon los camiones cisterna, se bajaron los muyahidines y comprobaron la mercancía que transportaban aquellos otros camiones que llegaban desde Turquía. Bajaron   varias cajas al azar y las abrieron, eran armas de todo tipo, en cajas de madera y plástico duro, las cuales llevaban etiquetas de diversos países europeos, incluidos del Al-Ándalus, donde soñábamos con ir, también de EE.UU. y Rusia.  Una vez comprobada la mercancía, nos encadenaron por separado, hombres y niños por un lado y mujeres y niñas por otro.  Intercambiaron los camiones y las cisternas marcharon en dirección a Turquía y nosotros con las armas en dirección a Siria, nuestra tierra, de la que habíamos intentado huir unos meses antes.

La semana pasada me obligaron a pegarle un tiro en la cabeza a mi padre.

Nos llevaron hasta la ciudad de Qabasin, allí de nuevo nos agruparon por familias. Lo que jamás me podría imaginar es para qué.

Pusieron a varios padres en fila, de rodillas, les obligaron a jurar lealtad al Califato. Mi padre no juró, era un hombre de honor. Fueron otros muchos quienes no quisieron jurar. El padre de mi amigo Ahmed no juró. Le dieron una pistola a mi amigo y le dijeron que le disparase en la cabeza a su padre. Se negó. De inmediato dos muyahidines degollaron a la madre, de Ahmed, se volvió a negar y degollaron a su hermano, continuó negándose y lo degollaron a él, que calló a los pies de su padre. Entonces me dieron la pistola ensangrentada de las manos de Ahmed y me dijeron que matase a su padre, miré a mi madre y hermanas y mi madre, horrorizada, me dijo que no lo hiciera. Entonces dos muyahidines pusieron un cuchillo en el cuello a mi madre y hermana, y yo disparé matando al padre de Ahmed. Después me dijeron que debía matar a mi padre. Volví a mirar a mi madre y hermana. Mi padre me suplicó que lo matase y lo maté.  

Durante unas semanas me entrenaron para matar, me hicieron convertirme al Islam, renuncié de mi Dios, que espero que algún día me perdone.  Mi madre y mi hermana están en las granjas, donde las utilizan como esclavas sexuales, donde hay muchas europeas, que llegaron a la llamada del Califato para ser esposas de los muyahidines, pero que no eran vírgenes. Las dedicaron a ser madres de los futuros muyahidines, siempre están embarazadas, siempre sin saber cuál bastardo las engendró.  
Desde ayer, estoy en Ayn Issa. De madrugada llegó un ejército de mujeres valientes, y atacaron a los muyahidines, que huían como cobardes. Porque si mueren en combate a manos de una mujer no los admite Ala en el paraíso. Yo, me quedé sin huir, todavía estoy horrorizado por todo lo pasado y lo que he sido capaz de hacer.  Esas mujeres forman parte del ejército kurdo, yo no sabía que existía tal pueblo. Nos llevaron prisioneros a muchos, niños y muyahidines. A los niños nos interrogaron, después de darnos un vaso de leche caliente.  Ahora, con mis catorce años, estoy esperando que me dejen participar en la lucha al lado de ellas. Quiero vengar la muerte de mi padre y si es posible, rescatar algún día a mi madre y hermana…


Advertencia: Este texto no corresponde a una situación real, los personajes y situaciones son ficticios, la realidad es mucho peor.

©Paco Arenas

domingo, 10 de abril de 2016

El cura y el pastorcillo . Enseñar al que no sabe (Cuento manchego)

Continúo escribiendo estos cuentos tradicionales manchegos conforme me vienen a la memoria.

Como se suele decir, caía un sol de justicia. Podía ser de otro modo, estando en La Mancha y siendo agosto. Pedro Haro, un pastorcillo de no más de nueve años, se encontraba cuidando sus ovejas y cabras en medio del pasto, pensando en acercarse hacía un ribazo próximo, donde una hermosa encina centenaria daba una muy generosa sombra.  Estaba muy cansado, después de caminar toda la mañana detrás de las ovejas.   Aquel día era más severo que de costumbre.  En ocasiones, como si estuviese en el desierto, el sol le provocaba espejismos. Y eso pensó aquella tarde. Una gran nube de polvo se acercaba por el camino. Llegando a su altura se detuvo. El aire trajo mucho polvo en dirección al pastorcillo y echó mano al botijo. Lo movió. Casi no quedaba, echó un trago, reservando otro hasta que llegase a un pozo próximo donde daría de beber al rebaño y al mismo tiempo llenaría el botijo. Pero antes quería descansar bajo aquella hermosa encina, se encontraba demasiado cansado. Cuando el polvo cesó de entre la nube pudo divisar una moto y un sacerdote que descendía de la misma y se acercaba hacía dónde se encontraba él. Volvió a guardar el botijo en las aguaderas del borrico y se quedó mirando al recién llegado.

—¡Buenas tardes, muchacho! —Saludo el sacerdote, quitándose las gafas y limpiándose el polvo de la cara.

—¡Buenas tardes, señor cura! ¿Se le ofrece algo?

—Pues, sí. He visto que guardas un botijo —dijo el sacerdote limpiándose nuevamente la frente.

—Pues, sí. Tengo un botijo con el agua más dulce que las almendras y más fresca que un charco en enero —, contestó el pastorcillo.

viernes, 8 de abril de 2016

El último suspiro (Cuento improvisado en la habitación de un hospital)


El último suspiro (Cuento improvisado en la habitación de un hospital)
El hospital se encuentra en completo silencio. Tan solo el ruido acuoso, casi imperceptible, del borboteo de la mascarilla de oxígeno que tiene colocada el anciano rompe un tanto ese silencio de cementerio. El borboteo de la bomba de oxígeno, por tanto, es sustituido por el canto de la lechuza, aunque menos siniestro. El anciano de 90 años comienza a abrir los ojos, mira hacía su acompañante, el anciano está sordo, y se sirve de un audífono mal regulado, el acompañante, no es preciso decir que no lo está, pero el anciano grita como si el sordo fuese el acompañante:
— ¡Antonio!
El mencionado Antonio, pega un salto, que casi se cae del sillón donde se encontraba dormitando.
—Qué, qué...
—Tráeme la botella.
Antonio adormecido se dirige a la mesita de noche y coge una botella de agua de una marca de agua de la Sierra.
—Aquí tiene usted —dice, dándole la botella de agua.

—No, hombre, no. Quiero la botella para orinar —replica el anciano, mirando estupefacto la botella de agua.

Al cabo de la hora, mismo panorama que no es preciso repetir.

—Tráeme la botella —y Antonio, diligente seguro de que ahora acertaría, le lleva el orinal en forma de ánfora para que el anciano repitiese la micción.

— ¿Qué pretendes, que me quite la sed mis meados? Quiero la botella para beber. Tengo sed... ¿en qué coño estás pensando?

—A esto se le llama cuña —le Antonio sin mucho convencimiento, sabiendo que la cuña era otra cosa, sin recordar el nombre del utensilio y utilizando la palabra neutra, que al fin y al cabo sirve para lo mismo.

Una hora después, del anciano con su incipiente alzhéimer, se queda despierto pensando en su olvidada juventud, aunque más recordada que los últimos años:

— ¿Qué sabes de la cuñaaa? —Pregunta ahora a su acompañante, que estaba a punto de quedarse dormido.

—Ahora mismo se la traigo —Le contesta.

-— ¿Está aquí? —preguntó el anciano que ignora si es de día o de noche, dejando descolocado al muchacho.

—Está en el baño, en el cuarto de baño —contesta.

Y rápido marcha al cuarto de baño y con el orinal en forma de ánfora, seguro de que ya no habría nuevas equivocaciones.

—No, hombre, no. Eso es un orinal para meter la minga y mear. Me refiero a mi “cuña”, a la hermana de mi señora esposa, que bien se la hubiese metido cuando era joven, la minga, claro está. Pero ahora, lo que son las cosas sólo me sirve para mear. Sólo puedo meter la minga en orinal, o como dices tú en la cuña...

—Son las cuatro de la mañana, no creo que venga su cuñada a las cuatro la mañana…—Intentó razonar Antonio con el anciano para que procurase dormirse y así poder dormir él también.

    ¡Ay! ¡Ay, mi cuñada! Una noche, a las cuatro la mañana, que me levante a orinar y desde la ventana la vi bañándose, como Dios la trajo al mundo, pero mucho más hermosa y por Dios y por la Virgen, que estuve así —dice juntando el pulgar y el índice, el anciano —, de no bajar y bañarme con ella en pelota picada, así. Sí que le habría metido la minga esa noche, aunque me hubiese costado el divorcio…desperté a mi señora y esa noche, ella pagó las consecuencias…, sólo esa noche...

    Tiene usted unas cosas…—rió Antonio.

    Tenía ella unas cosas —respondió mirando para todos lados —, imagínate y el marido militar en Marruecos. Mujer más desabastecía no la había, más hermosa tampoco.  Desde aquella noche no me la pude quitar de la cabeza. Es la hermana de mi mujer, pero…

Y se quedó mirando al cielo con sonrisa de pícaro, y dio su último suspiro con una impresionante cara de felicidad..  

Al llegar la señora del difunto, acompañado de su hermana, Antonio le dijo que el último suspiro lo había dado después de haber recordado a su señora esposa.

—Me quería tanto… —dijo la buena mujer.

—Y a mí, y a mí —añadió la cuñada.

Y las dos rompieron a llorar, consolándose mutuamente.

Y Antonio intentó imaginarse a aquella venerable señora sesenta años más joven,  bañándose desnuda en una piscina. No lo consiguió.
©Paco Arenas

Primavera (Poesía)




Llegará el día de dulce miel en los labios.
Entonces, solo entonces,

rebosarán de la alegría esos mismos labios
 que saborearon la amargura de la derrota. 

Resplandecerá la esperanza en aquellos ojos

que lloraron lágrimas de sangre,
y saben que la larga espera.
Los viejos corazones
 recobraran la esperanza perdida,

de quienes la perdieron antaño.

Corazones que saben
 que el tiempo muta la alegría
en interminable angustia,
cuando se vive sólo de recuerdos.
Fueron tantos quienes murieron
 esperando la llegada de la primavera...

Y, sin embargo,

 ya nadie se acuerda de ellos.


domingo, 3 de abril de 2016

Los lectores de Los manuscritos de Teresa Panza opinan


Izquierda los manuscritos de Santa Teresa de Jesús, derecha de Teresa Panza coetáneas y luchadoras 


Quiero vuestra opinión.

Después de casi diez meses en el mercado, Los manuscritos de Teresa Panza, están a punto a llegar a su tercera edición.  Sois ya muchos de quienes los habéis leído y me habéis dado vuestra opinión en Facebook o persona, en ambos casos, salvo en mi memoria y mi corazón, se pierde esa opinión. Más de uno me habéis dicho los pros y contras, lo cual agradezco, pues es la forma de aprender.  Ya sé que es un compromiso, un poneros entre la espada y la pared.  Pero me da rabia que todo lo que algunos me habéis dicho, sea bueno o malo, se pierda en el maremagnum de Facebook. 

 Ahora os pido que me la deis en este blog, para tenerla siempre.

Quiero que digáis lo que realmente pensáis. Quienes no tengáis cuenta Google, apareceréis como “anónimos”, os pido por tanto que pongáis vuestro nombre.

Me comprometo a contestar a todos y a respetar todas las opiniones, ya sean positivas o negativas.


Gracias a todos.

A continuación valoraciones en Facebook y Google.  Al final de la entrada, si lo deseas puedes dejar tu valoración: 
















P.D. Por cierto, los papeles que hay al lado de la novela son los originales de Teresa y no es broma. Pero de Teresa de Jesús.
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