jueves, 13 de junio de 2019

Reseña de Un lugar llamado madre de ELISA PERIS

Eva Aguilar, Elisa Peris y yo, Paco Arenas

El pasado mes de abril en Espai Llimera participé como ponente, junto con la escritora Eva Aguilar ,  de un libro  singular lleno de experiencia vital, un libro que trasmite emociones y sentimiento, ese libro  lleva por nombre Un lugar llamado madre, de la escritora  Elisa  Peris. 

Un lugar llamado madre, título más que sugerente, al cual no debe ser fácil  viajar, madre es todo, insinúa mucho y dice más. Un lugar llamado madre nos evoca sensaciones olvidadas, tiempos transgeneracionales, ni mejores ni peores, solo diferentes, donde con una peseta, ni más ni menos que una peseta, se podían hacer milagros, incluso comprarse un caro perfume.  

Un lugar llamado madre nos lleva a distintos espacios, no precisamente de confort o placenteros, pero también, ¿quién no ha querido volver a esa placenta generada en la matriz en esos momentos en que has deseado que la tierra te trague?

Un lugar llamado madre es un libro que sorprende, tradicional e innovador a un tiempo, transgresor desde el conocimiento de saber de lo que se está hablando.   Escrito  en forma prosa    poética novelada, nos trasmite emociones en cada página, haciéndonos dudar si es novela o realidad.   En este libro, tan singular, te encuentras las distintas madres, como distintas son las formas de serlo… ¡No!, no se trata de un manual de la buena madre,  es una novela que te provoca emociones y sentimientos, como las madres…

Ficha técnica

Nº de páginas:197
Editorial:HADARION
Idioma:CASTELLANO
Encuadernación:Tapa blanda
ISBN:9788412035605
Año de edición:2019



martes, 11 de junio de 2019

«Cualquier día terminas haciendo botijos» Amparo Bautista LaCasa

Amparo Bautista Lacasa, artista.

La pequeña Amparo, allá en Santa María del Campo Rus, le gustaba jugar con el barro, jugando a darle forma a cualquier terrón húmedo.   Creía en su inocencia  que el barro era mágico,   capaz de transformase en cualquier maravilla, si hasta Dios  dicen que cogió un poco de barro y  tras amasarlo creo al hombre.  Con el tiempo  se percató  de que la arcilla no es mágica, son las manos del alfarero, del artista, las que dan forma  y belleza al barro, sin artificios ni magias, con paciencia y tesón y el horno   quien culmina lo que las manos y el ingenio  pensó.

Siempre entre el barro, cualquier día, como te descuides harás botijos —le regañaba su padre con cierta condescendencia, porque la chiquilla se ponía embarrada hasta los ojos, tanto que era preciso meterla en la artesa con ropa y todo, que antes no había lavadoras. ¿Cómo le iba a regañar si Amalio Bautista, hijo del pueblo de San Clemente, veía que el barro tomaba forma entre las manos de Amparo,  sin haber pasado por ninguna alfarería.  

Mira tú que si se hace botijera y se nos va a Cuenca   —decía Amparo, su madre, hija del pueblo de Santa María del Campo Rus, cada vez que la veía llegar  con una figura nueva de barro.

Y Amparo creció, y mucho, mucho,  y a medida que se moldeaba como  personas, cogía afición al barro; aunque , allá  por el año 1957,  un 14 de octubre, el agua y el barro se rebeló contra su afición, y cubrió la ciudad de Valencia, donde ella vivía , perdiendo todo.  Como gente de tesón que eran sus padres, del barro se levantaron  y crecieron en la adversidad.  

Con el tiempo,  muchos años después,  la afición al barro continuó y tal conforme profetizaba aquel campesino manchego, que fue su padre, Amparo diseña y crea botijos y mil maravillas cerámicas, que de tan bellas parecen mágicas, solo por afición, aunque también para causas benéficas, que en el mercadillo solidario de Moncada, donde nació , su arte de vende para ayudar a quien más lo necesita.

Gracias Amparo   
































Mil mujeres



Mil mujeres y las cuentas no me salen.
Dos mil zapatos quedaron vacíos
y la arena, como el agua se escapó de las manos.
Mil mujeres, y una ya serían muchas
las penas errantes por el desierto de las lágrimas secas.

Mil mujeres arrancadas de la vida
como ardientes ascuas de las cenizas
que se apagan sin provocar llama.

Mil mujeres, una, dos tres, cuatro, cinco y así hasta mil,
y las cuentas de los indignados no salen...

Mil mujeres y algunos hijos de madre,
consideran a sus madres unas santas,
 alzan la mano,
hincan el puñal,
 justifican el crimen...
y mariposas de alas ensangrentadas riegan la calle
fundidas con el amargo sabor de la pena.

Mil mujeres, una, dos tres, cuatro, cinco y así hasta mil,
y las cuentas de los indignados no salen...
 Mujeres, hijas de madre,
madres de mujeres y de hombres callan,
 justifican porque son madres
 y se olvidan de ser mujeres...

Mil mujeres,
 una, dos tres, cuatro, cinco y así hasta mil,
y las cuentas de los indignados no salen...
Algunos hombres y mujeres,
 que pueden y no hacen,
políticos, jueces, legisladores...
pisan sobre los zapatos de las mujeres muertas,
tal vez,
 pongan lazos rosas,
 gastando dinero en actos institucionales,
 si sus comisiones se llevan,
 se echan las manos a la cabeza,
 pero no hacen nada y pueden....

Mil mujeres asesinadas,
una, dos tres, cuatro, cinco y así hasta mil,
y las cuentas de los indignados no salen...
No esperemos la victoria de la razón,
si ha de venir de sus manos.

Mil mujeres, en trece años,
miles en el mundo, millones
y la cuenta de los indignados no salen.
Mañana vendrá la mil y una,
y no será un cuento oriental,
después llegará la mil dos...
y como hojas secas en otoño,
con la misma rutina indiferente,
las veremos caer confundidas con la niebla,
una tras otra.
Escucharemos la noticia
cada mañana,
al tomar el café
sin que se nos atragante la tostada.
Las mujeres no importan,
son solo mujeres,
no son políticos,
 jueces,
banqueros
o reyes,
son solo mujeres...

Mil mujeres,
para los noticiarios,
para la larga lista,
para las estadísticas,
para jueces y políticos solo un número...
¿y para ti?
Mañana puedes ser tú,
 tu hija,
 tu madre,
tu hermana...
y seguiremos caminando sobre alambres
suspendidos en el aire.

Mil mujeres asesinadas
 y las cuentas no me salen...





©Paco Arenas, autor de   CARICIAS   ROTAS

domingo, 2 de junio de 2019

El encanto de las pequeñas ferias del libro (FOTOS)


Nunca pensé que el bello rostro de Galina pudiera llegar a tantas casas.  Galina en su casa de San Petersburgo

Me gustan mucho las ferias de libros, tanto las grandes como las pequeñas. Hay algunos autores que no suelen ir a las ferias pequeñas,  pero a mi, que tengo muy grata experiencia de la gran Feria del Libro de Valencia, por dos años consecutivos, y que sin estar en la Feria del Libro de Cuenca, Magdalenas sin azúcar y Esperando la Lluvia-Cuentos al calor de la lumbre , se han agotado todos los ejemplares que llevó la Librería Clarión. No tengo la experiencia de la Feria del Libro de Madrid, a pesar de haber sido invitado, finalmente por cuestiones personales no fui.  Son muchas las cosas que me gustan en general, sobre todo este último año, el llevarme la grata sorpresa que son muchos los lectores que han escuchado hablar de Magdalenas sin azúcar, y que acuden a las ferias con el objetivo de tenerlo dedicado. 

Ayer, durante el transcurso de la Fira del Llibre de la Pobla de Vallbona me entrevistaron para la televisión municipal «La Pobla Televisió». Me preguntaron si pensaba que eran necesarias esas pequeñas ferias de el libro en las ciudades pequeñas o en los pueblos. Por supuesto que son necesarias y creo que muy positivas, siempre que no se desvirtúen o se enmascaren con otro tipo de eventos que nada tiene que ver con la cultura y se instalen en los lugares apropiados.  En estos años he ido a múltiples ferias del libro, la mayoría muy buenas y con clara implicación municipal, otras en las afueras del casco urbano en una carretera con ruidosas atracciones a la espalda. Por supuesto, son los dos extremos, y no funcionan del mismo modo una feria diluida entre atracciones de feria en una carretera, que una que se instale en el núcleo de la población, en zonas donde apetezca pasear o estar. Por supuesto, los consistorios deben mimar y convencer a los libreros para que se impliquen y estén dispuestos pasar el sábado y el domingo doce o catorce horas a la espera de la llegada de los lectores, sabiendo que no habrá mucho beneficio, pero, que son culturalmente necesarios para el desarrollo cultural de la feria, que con poca inversión, y en ocasiones casi gratis, da prestigio a los municipios en los cuales tiene lugar. 


Personalmente me gustan las ferias pequeñas por el contacto con los lectores, está claro que en las grandes ferias las ventas son mayores, especialmente los fines de semana, pero en cuanto al intercambio de comunicación entre lectores, autores y libreros es mucho mayor e intenso en la feria pequeña, que además de poder llevarse el lector el libro dedicado está eso que tanto nos gusta a los autores, al menos a mí, la foto con nuestros lectores, un bien preciado, que no siempre es fácil de conseguir, por tanto, muchas gracias a todos cuantos habéis accedido a fotografiaros conmigo, cada uno con una historia para recordar.

María Amparo, una bisabuela con muchas lecturas por delante, con mucho humor tanto ella como su marido.

Eva, su abuela era de Gascas, el pueblo donde transcurre Magdalenas sin azúcar.

Mercedes, una mujer de Salamanca a la que le gusta mucho la poesía y una nueva lectora de Magdalenas sin azúcar

El poeta Ángel de la Vara Soriano, con sus hijas

Alba, una joven promesa de la ciencia

Josë Manuel Seguí, un gran lector y amigo


Con Antonio Andújar Castro.

Con Lucia Matas y familia, raíces pinarejeras muy entrañables para mí, su abuelo Joaquín 


Con otros autores: Maribel Tirado, Antonio Andújar, Giovanna Vivian y
  Yolanda Mármol 

Nuevos lectores de Quart de Poblet


Con Maribel Tirado

Una nueva lectora de Magdalenas sin azúcar, en un día de lluvia que era difícil no pisar los charcos

Maribel Tirado, autora infantil, firmando, Antonio Andújar Castro, Alfredo Cot y Raquel Calabuig

Dos nuevos lectores de Utiel

Nueva lectora de Utiel

Javier Martínez y familia

Además de una nueva lectora de Magdalenas sin azúcar, es la bibliotecaria de Utiel, además de comprar su ejemplar, eligió un segundo ejemplar para la Biblioteca Municipal de Utiel.  


Nueva lectora de Utiel responsable de la caseta de 


A los jóvenes también les gusta Magdalenas sin azúcar



Nueva lectora de Magdalenas sin azúcar, recuerdo su nombre Rocío.

De las pocas personas que habían oído hablar de Gascas, hablamos de pájaro, en concreto de avutardas, todo un experto. 



Nuevas lectoras de Magdalenas sin azúcar.

Llevaba la bolsa llena de libros, pero esta maestra y gran lectora, no pudo resistir la tentación de llevarse Magdalenas sin azúcar.


Con Miguel Matas

Con Juanjo y Cristina amigos y lectores de mis libros

Dos nuevos lectores 

Jóvenes lectoras de Magdalenas sin azúcar

En ocasiones es preciso hacer un esfuerzo, lectora alemana de Magdalenas sin azúcar. 

Esta lectora tenía muy claro el libro que quería.

Lector de Esperando la lluvia-Cuencos al calor de la lumbre


Nuevos lectores de Magdalenas sin azúcar

Con Elisa Acebrón




Con Andrés Grande


Con la escritora Chary Ca




Magdalenas sin azúcar se puede comprar a través de Amazon aquí,
también a través del autor en Facebook

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