domingo, 19 de agosto de 2018

Fue un dieciocho de agosto (A Federico García Lorca en el 82 aniversario de su asesinato)




A Federico García Lorca en el 82 aniversario de su asesinato

Con el corazón oprimido
caminó sus últimos pasos el poeta.
Sin ataúdes ni nombres
la aurora lloró lágrimas de sangre,
a los pies de la gran tumba de la noche,
de esa patria,
donde el poeta
bordó en su bandera de libertad
el amor más grande de su vida.

Anda jaleo, jaleo,
ya llegaron los traidores
desde los altos de los campanarios,
desde los cuarteles,
a sembrar de muerte.
Se detuvo la luna,
no salió el sol,
mientras los criminales reían
vomitando su borrachera
de sangre,
por las esquinas…

¿Dónde está el poeta?
¿En qué ignorada cuneta?
Cerrar las puertas,
que hasta las vacas
traen las tetas llenas de perdigones,
tras la larga noche de los asesinos.
¿Dónde están las manos
que vuelvan a bordar las más hermosas palabras
en la bandera de la libertad?

©Paco Arenas

viernes, 17 de agosto de 2018

¡Calla!



No soy más que la gota de agua
que cae sobre un canto liso del camino,
y resbala calle abajo
hasta el precipicio del primer escalón,
desgastado 
sin esquinas que oculten la verdad
de las lágrimas derramadas,
de la sangre de los pobres,
de las suelas de las abarcas
de quienes lo pisan.

¡Calla!
Me dicen.
Ellos mandan
Trafican con sueños rotos
y brindan con sangre
en despachos y palacios.
Recuerda aquel poeta de Granada,
él también gritaba la verdad,
su verdad,
y con alegría decía:
Si tu madre quiere un rey,
La baraja tiene cuatro.
¡Calla!
Tú no eres poeta.

Intento cerrar los ojos,
no ver en la frontera las cuchillas asesinas,
las pieles desgarradas,
al hipócrita dando la mano
a quien apuñala por la espalda,
risas en los palacios
frotándose las manos
por las ganancias…
y los niños llorando en las jaulas,

¡Calla!
Me dicen.
No es el momento para la rabia,
tampoco de alzar la voz
como loco en el desierto…
Si mueren niños en Yemen
Damasco, Gaza o en las Ramblas,
no es por el tráfico de armas…
No cuestiones a quienes mandan
con manos ensangrentadas.
Así nunca llegarás a nada,
¿Calla!
      Tú no eres poeta…


©Paco Arenas

lunes, 13 de agosto de 2018

Reseña del escritor Antonio Andújar Castro, sobre Magdalenas sin azúcar



Después de dejarme llevar por las aventuras de la heroína de «Los manuscritos de Teresa Panza» y empatizar con el dolor de la protagonista de «Caricias rotas», he pasado una semana entera con el último gran libro de Paco Arenas. Ahí van algunas imágenes, leyendo en la biblioteca, en el centro comercial y hasta en la tumbona de la playa. Imposible dejar de leer...

Sinopsis: «Magdalenas sin azúcar» es una metáfora sobre la libertad y el amor en todas sus formas, condensándose dicha metáfora tanto en el título como en la pregunta con la que se inicia y culmina la historia: ¿Quién llevará flores a los muertos de Juncos si están bajo las aguas del pantano?»

Al caminar a paso lento a lo largo de sus páginas, de sus realistas descripciones y patentes y detalladas emociones, he tenido que andar con cuidado de no perderme nada; quería saber de la profunda historia, que es la de tantas mujeres y tantos hombres de nuestra historia reciente, similar a la de muchos de nuestros padres, madres y abuelos; esas dramáticas realidades que yo mismo he escuchado en casa en voz y con la emoción de nuestros seres más queridos, que tanto sufrieron y cuyos ojos tanto vieron.

He sentido la ansiedad de los personajes, el miedo de los hombres, de tantos hombres obligados a ser «mudos, sordos o ciegos», con el dolor en sus miradas; las ganas de vivir o de sobrevivir de ese asombroso mundo de mujeres que el autor ha tratado con tanto cuidado, con tanta prudencia y maestría.

Estamos ante un escritor con mayúsculas, de quién deseo tener todos sus libros. Y es que este libro se merece un lugar especial en la historia de nuestro país. Como admirador de Paco Arenas, añado que «Magdalenas sin azúcar» me ha emocionado muchísimo y, en ocasiones, ha logrado arrancarme necesarias sonsiras que espero también las tuvieran los que vivieron aquella época.

Para terminar, quiero recordar las palabras que tantas veces ha dicho mi padre: «Yo ya no le tengo miedo a nada. Pasé tanto miedo cuando era un niño que puedo decir que hoy en día nada me asusta» ...

Antonio Andújar Castro (escritor, autor de Bib-Rambla - elsilencio habitado de las casas, La vida partida en dos, y Estrellas y cedros sobre fondo blanco.



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Tengo sed, tienen sed...





Tengo sed y veo brotar el agua del manantial
helándose como afilados cuchillos en mi garganta
sin que mis labios la puedan besar.
La tormenta está por llegar,
sin que una sola gota llegue a mi paladar.
Nunca toca la boca del pobre la humedad del beso
sin un exilio, una batalla o un espejo roto
a mitad de la mañana.
nunca sale la barca al mar sin un motivo
ni se confunde la lágrima
con el salitre del mar
escuchando un lamento
o una canción desesperada.
Quisiera ser mano tendida en la orilla
no espalda que con indiferencia se aleja.
Tienen sed, 
y desde la orilla veo como las gargantas se llenan 
de agua salada.
tienen sed 
y yo me alejo de la orilla…

©Paco Arenas

lunes, 6 de agosto de 2018

Tormenta en Cabo Rojo





Podría ser que el sol se escondiera en el horizonte
cual hoja dispersa tras el cristal,
y ese hecho grandioso y brutal,
nos dejará indiferente
sentados en la oscuridad
mirando al mar Caribe,
en una tarde de tormenta.
Podría ser,
que esa furia ensordecedora
arrastrara sin piedad,
el graznido de la gaviota,
y con él…
podría ser, que también,
la pena que atenaza
la garganta del taino,
podría ser, si podría ser,
que esa garganta,
después de la tormenta,
gritara Libertad.

© Paco Arenas

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