miércoles, 25 de abril de 2018

Días de tahona en el callejón de la calle Nueva



El callejón de la calle Nueva olía a masa recién amasada, a aroma recién horneado, a leña de encina, azúcar tostada, anís en grano de estrella y a aguardiente, alguna vez. Esos aromas, podría ser que en realidad fuesen al amor de las manos de esas manos de mujer, que cada quince días iba al horno del callejón de la calle Nueva a amasar y hornear, con los pesados escriños dispuestos para regresar al final del día con ellos repletos de grandes panes, galletas, magdalenas y puede que algún que otro dulce capricho.  

Para los chiquillos era toda una fiesta, una alegría cuando nos mandaban a la alhacena y nos asomábamos al borde del precipicio del escriño y ver que, bajo la rodilla o paño, quedaba un único pan. En nuestra ignorancia, pensábamos solo en la fiesta de la cocción, no que, para llegar a ese día con ese último pan en el escriño, nuestros padres, más de un día con la angustia del hambre de los pobres, habían renunciado a comerlo para que a sus hijos no les faltase.   Nunca falto un trozo de pan en mis labios, ya fuese con vino y azúcar, con vino y aceite o en forma de picatostes con vino.  Nunca tuvimos la duda sobre lo que queríamos merendar al abrir la nevera, tampoco la pobre alhacena, donde pan, queso, tocino gordo y magro (jamón), vino y aceite no faltaba; pero, el queso y el tocino magro se guardaba para las ocasiones, y con pan y vino nos debíamos de conformar, así de alegres estábamos siempre.

No había muchos recursos para la diversión, ninguno para el aburrimiento, ajenos a las preocupaciones de nuestros padres, siempre estábamos con la risa en los labios, no había piedra ni cordaje, palo o aro, clavo o estaca, «santos» (parte superior de las cajas de cerillas) o «cajota» (tapas de botellas, que estuviese libre de convertirse en un divertido juego.

Esos días de horno en la calle Nueva eran de fiesta, en los que hasta nuestras tiernas manos servían para dar forma a las cajetillas de las magdalenas donde después nuestras madres echaban la masa. Esperábamos ansiosos a que saliesen del horno, y sin esperar a que se enfriasen comenzábamos a comerlas, para fingido disgusto de nuestras madres, que nos decían: «calientes os pueden sentar mal.» Con los restos de masa se hacían ojosos, panes con mucha azúcar que se abrían en su parte superior como si fuese una cresta, ami aquel pan me volvía loco.  


Esos panes debían durar quince días, y que nunca se ponían duros, no se les daba tiempo, se acaban antes de que pasase los quince días, y si se ponían duros, no lo notábamos,  porque como siempre se dijo: «A buena hambre no hay pan duro.» Entonces se decía que había jueves que relucían más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión; pero, lo que realmente relucían más que el sol eran esos inmensos panes, aunque estuvieran en la oscuridad de una alhacena dentro del escriño tapados con una rodilla (que es como llamamos o llamábamos en Castilla a los paños de cocina, porque ahora hasta nuestra lengua hemos perdido.

©Paco Arenas


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miércoles, 18 de abril de 2018

Banco en el abismo de la añoranza



Banco perdido en un paseo de aún más perdidos pasos, en un olvidado camino al borde del descampado, a tiro de piedra de la nostalgia, a años luz de la juventud olvidada en una noche estrellada, cuando la fogosidad juvenil extendía sus manos cómplices y pecadoras debajo de la ropa aflorando los sentimientos, el “te quiero” susurrado al oído, mientras mordisqueaba la oreja como si fuese la ambrosía celestial antes de entrar en el paraíso. Banco, viejo banco del sentimiento de culpa, o tal vez miedo “me habré quedado preñada”. “No Cariño, he estado atento”.

Banco viejo, perdido en la ausente senda, plagado de añoranzas más viejas que el viejo último que se sentó en él, justo antes de romperse la quebrada madera, donde antes habían gozado con ímpetu adolescente una pareja enamorada. Tras las cataratas del cristalino el viejo ve alejarse a la pareja, ella bajándose la minifalda, que apenas una hora antes le tapaba las bragas olvidas en el banco, con la que el anciano se limpia el lagrimal.  No lo hace, el aroma a juventud, sí a una olvidada juventud, a una mujer, que el siempre vio joven y hermosa, le hace percatarse de que no es su pañuelo de algodón que ella, su amor, le bordase con sus tiernas manos de adolescente.   Aquella adolescente que reía por todo y por, aquella mujer que le reñía por su anárquico desorden “¡Oh dios mío, llévame con ella! Musita olvidándose que era ateo, y es que de un tiempo a esta parte se olvida de casi todo.



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martes, 17 de abril de 2018

Opiniones de los lectores que aparecerán en la nueva edición de Los manuscritos de Teresa Panza


Los manuscritos de Teresa Panza están a punto de cumplir tres años , todo un logro en estos tiempos de prisas en que todo pasa tan rápido, y la mayoría de libros suelen tener una vida de dos años. . Está claro que nunca será un "best seller", ni tendrá escaparates en las grandes superficies. No es un libro de rápido consumo, es un libro que invita a releer más de una vez algunos párrafos, hasta en eso he intentado imitar el estilo quijotesco.  Esta edición que saldrá en unos días, como la anterior edición especial, estará ilustrada, sin páginas en blanco, en la versión anterior los dibujos eran digitales, en esta he decidido atreverme a hacerlos a mano yo mismo, por tanto que nadie crea que va a encontrar obras de arte, sino de un aficionado para que no hayan hojas en blanco.  Sin más preámbulo, lo importante:  

 

Opiniones de los lectores


Sin más preámbulos paso poner algunas de las valoraciones:
«Leer Los manuscritos de Teresa Panza es adentrarse al mundo cervantino. Hay tantas reminiscencias de Don Quijote, que nos invitan a releerla» (Jaime Flores -catedrático de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras)
«Teresa Panza no se ata a otros ideales que a los que rijan su libertad. Podría decirse que es un espíritu libre y crítico con la sociedad y con ella misma.» (Nieves Michavila -escritora ganadora del Premio Hispania de Novela Histórica 2017- Valencia) 
«La novela bien se le podría haber ocurrido al mismísimo Cervantes» (Antonio Andújar - psicólogo y escritor-Valencia)
«Una delicia de libro para quienes amamos el Quijote. Bucear en el universo quijotesco, a través además de una singular mujer, es un placer que nos brinda de manera deliciosa este libro…» (José Manuel Parreño – profesor de filología-Alicante) 
«Magistral, digna de un artesano de las letras» (Manuel Olmeda-Profesor jubilado y articulista-Cuenca)
«Al leer los manuscritos de Teresa Panza me siento más Quijote y me transporto a aquel tiempo y lugar, viéndome reflejado en varios pasajes» (Juan Calero- guitarrista flamenco-Villarrobledo-Albacete)
«El cautivante relato de Teresa, campesina y escritora de su paso por un lugar de la Mancha, de sus aventuras y de sus sueños» (Susana Alfaro -profesora de Español y Literatura Hispanoamericana. Rennes-Francia.)
«En esta época, digo, en la que quien lee, lo que lee no pasa de ser el “best seller” de moda, de fácil lectura comprensiva, a Paco Arenas, se le ocurre, nada más y nada menos, retroceder en el tiempo cuatro siglos, recreando la ambientación de la España en el momento de decadencia del Imperio a través de la protagonista de la obra, Teresa, la hija de Sancho Panza. Lo hace imitando el castellano del Siglo de Oro, emulando el lenguaje cervantino de densos párrafos, utilizando ingeniosos refranes, rico léxico. El lector poco acostumbrado al relato no lineal, puede que se impaciente por no llegar al desenlace de la historia, y, al contrario, quien guste de la literatura clásica, o sea un lector consumado, se deleite discurrir del relato.» (Josefina Diana -profesora y bloguera- Valencia)
«Excelente libro de obligada lectura si quieres disfrutar de intrigas, misterios y amoríos. Estupendo compañero de viaje que se lee solo. Suspicacia impagable de una muchacha medio adolescente, con tribulaciones y tormentos de una persona adulta.» (Nuria Martínez López -escritora y activista- Valencia).
«Terminada su lectura, solo puedo decir que me ha encantado. Me metí enseguida dentro de la escena viviéndola en primer plano.» (Nicolás Haro López-San Clemente- Cuenca)

«He aprendido mucho de Teresa Panza, la cual en sus ansias de conocimientos le llevaron a ser una mujer sabia.» (Isabel Ribau – escritora  y doctora en medicina-Barcelona)
«Una joya de manuscrito. Yo veo sueños escritos, sueños eróticos, surrealistas, diarios y comunes» (Diego. Escriva-Valencia).
«No podía imaginar que en esa cabeza (por muy cabezón que seas), pudiese caber tanta capacidad imaginativa, tanta capacidad y tanto talento» (Susi Aragón López-Madrid)
«Hoy he llegado a casa cansada, acalorada…y he visto tu libro encima de la mesa. Lo he abierto, y he leído las primeras palabras… He seguido con otra página, y así, hasta sentir que ojalá el día de hoy tuviera más horas.» (Marta Cámara-Valencia)
«Novela con un curioso empezar que te deja con la duda de si lo que viene a continuación es ficción o realidad. Aunque el lenguaje utilizado sea del S. XVIII el relato resulta muy entretenido. La combinación de ambas cosas son el gran reto de todo escritor».(María Dolores Arenas-profesora de francés-Morón de la Frontera-Sevila)
«Es un libro que engancha desde la primera página, al igual que Caricias rotas que me puso un nudo en la garganta y no podía dejar de leer»Carmen Cañaveras-Barcelona)
«Lo leí, me encantó». (Francisca García Alcañiz-Ciudad Real)
«Me encanta, es toda una obra de arte, basada en una realidad latente y seguro que increíble para otro. Es interesante, misteriosa, con toques de humor y un poco de tristeza y melancolía.» (Marimar Ponce-Poeta-Cuenca)
«Una de las mejores novelas que he leído nunca. Entretenida de principio a fin. Da una nueva vida a Cervantes y sus personajes del Quijote. Vista desde los ojos de una mujer, la historia se reinventa convirtiéndola a ella en protagonista de su propia vida de su realidad magistralmente narrada» (Alejandro Llerena- Almería)
«Hace excepcional a esta novela su uso del lenguaje. Dosis de humor, sabias reflexiones populares y un erotismo desbordante en algunas ocasiones. El final del segundo manuscrito sublime y el epílogo logra su objetivo, hacernos creer que Don Quijote y Sancho Panza fueron personas de carne y hueso». (Sancho Vieco-Castellón)
«He leído Los manuscritos dos veces, y las dos he encontrado algo diferente que me ha encantado de verdad. Ha sido un placer desde la primera a la última página.»(Luisa Loren-Barcelona)
«Os recomiendo este libro, que os acercará bastante a los tiempos en que Miguel de Cervantes paso por nuestra tierra manchega.» (Pedro Robles-Mallorca)
«Los Manuscritos de Teresa Panza, de obligada lectura, ameno y divertido.» (Agustín Hinojosa-Málaga)
«Miguel de Cervantes, ja ancià, ensenya a la filla de Sancho Panza a llegir, escriure i pensar, en un món en què la dona no hi té accés.» («Miguel de Cervantes, ya viejo, enseña a la hija de Sancho panza a leer, escribir y pensar, en un mundo en el que la mujer no tiene acceso.» (Joan Cardo) profesor de arte-Valencia)
«Me lo vuelvo a leer. Es una pasada» (Francisco Lapuente-Cuenca)
«Disfrutar leyendo de esas ansias de superación de Teresa es toda una gozada. Pensar, reír, recordar, todo eso lo consigues leyendo este libro».   (Pilar Ortiz-Estados Unidos)
«Gracias a Los manuscritos de Teresa Panza he recuperado el placer de leer» (Jesús Fresneda-Cuenca)
«Cada vez que lo leo, encuentro algo nuevo» (Jesús Hernáiz del Barrio-Madrid-  Fundador del grupo: “Amigos del escritor Paco Arenas”
«Me ha traído tantos recuerdos, que he disfrutado por partida doble al conocer los lugares donde transcurre la historia»” (Luisa Melero Martínez-Ibiza)
«Para mí es tu novela revivir paisajes y vivencias de una tierra con sabor y sabiduría infinita unas llanuras con alma en la pluma de este escritor» (Ambrosio Bautista Lacasa-Valencia)
«Los Manuscritos de Teresa Panza, una obra al más puro estilo quijotesco, recreación de la vida familiar de Sancho Panza desde la visión de la hija y donde me llama la atención y me encanta el uso de las palabras manchegas que forman parte de nuestro lenguaje y que no se deberían perder.» (María del Carmen Romera López –Asociación de mujeres de Villarrobledo y Club de Lectura "Beguinas".
«Los Manuscritos de Teresa Panza" fue como un regreso a CERVANTES me quede enganchada de principio a fin» (Luisa María Loren-Barcelona).
«Los Manuscritos de Teresa Panza es un tesoro literario que hay que aquilatar, por ser una obra excepcional.  Y gracias al escritor Paco Arenas ha dado a conocer con bastante cuidado y esmero que lo hace único en la literatura española.  Es una excelente novela bien trabajada con mucho cuidado.
Conocer a Teresa Panza es conocer la obra del ilustre escritor Don Miguel de Cervantes Saavedra.  Es como entrar por una puerta para ir descubriendo toda esa joya literaria que encierra Los Manuscritos de Teresa Panza.  Sobresale por esa conjugación de sentimientos y estilo que denotan el gran dominio del escritor en su idioma.
Me gustó mucho la novela y la considero» (Lizette Medina Flores-Juncos- Puerto Rico).

  «Para mí Los manuscritos de Teresa Panza ha supuesto una lectura súper entretenida y a la vez histórica, la de una mujer con muchas ganas de aprender de superar esa distancia entre hombre y mujer a nivel cultural y social un libro obligatorio de leer me encanta» (Remedios Rodríguez-Chipiona-Cádiz)

Despacio, recreándome en las formas, releyendo algunos párrafos, analizando las citas…así es como he disfrutado esta inteligente, divertida y picara novela en la que trasciende un elegante homenaje del autor hacia su tierra, sus gentes y sus costumbres.» (Miguel Matas- Valencia)

«Los manuscritos de  Teresa Panza...gran trabajo, Paco. Me sumo a las muchas felicitaciones que has recibido de tus lectores. Me congratulo de tu capacidad y tesón que le has dedicado a esta  gran obra. Gratamente sorprendida ; un placer leerte. ¡Enhorabuena! (Dori Valcárcer Cabañero- Valencia)


Las ilustraciones: 

Las ilustraciones 












viernes, 13 de abril de 2018

Desde Juncos (Puerto Rico) llega una excelente reseña de Magdalenas sin azúcar




Desde Juncos, Puerto Rico, me ha llegado una muy excelente reseña literaria escrita por Brunny Fito, la primera persona que adquirió Magdalenas sin azúcar en todo el mundo. Debo decir que me ha llegado muy dentro. Es un gran regalo que me ha dejado sin palabras.
Muchas gracias Brunny.

La reseña:


¿Qué puedo decir? Jamás pensé en mi vida saborear tantas magdalenas ("muffins" en mi buen español boricua) en tan poco tiempo. Magdalenas de diferentes sabores y con nombres propios: Felipe, María, Clara, Antonia, Miguel, Jaime... Unas de igual sabor por fuera y por dentro. Otras con distinto sabor adentro que afuera. Unas más dulces que otras y algunas bañadas con algún licor para disfrazar la falta de azúcar, unas "incomibles" pero que la vida te obliga al menos a probar. Magdalenas que cambian de época, entorno y trasfondo histórico, porque aún en nuestros días siguen existiendo.
A esta excelente obra de DON Paco Arenas le debo haber vivido muchas emociones y sentimientos: alegría, tristeza, llanto, miedo, odio, impotencia, rebeldía, amor... Entendí que al igual que las advocaciones de la Virgen, el amor es uno sólo con muchas manifestaciones ninguna superior ni inferior a la otra. Aprendí que el miedo, el silencio y el permitir humillaciones no siempre es cobardía.
Aprendí y reflexioné mil cosas más. Gracias DON Paco por ello. Su narrativa logró hacerme sentir dentro de cada casa, camino, cárcel, personaje. Gracias también a DON Jaime Flores por hacer de su prólogo una puerta abierta que invita a saborear las Magdalenas sin azúcar que están dentro, bien dispuestas en el plato.
¿Y los muertos? Pues, el pantano ahogó sus restos, pero no impide que viva su esencia en el recuerdo y el corazón de quienes les amaron... No necesitan las flores, aunque bien pudiesen tirarlas al pantano.

¡Excelente obra! Felicitaciones.

Nota: El "don" en mayúsculas no ha sido un error, es porque así lo merecen.

Brunny Fito

lunes, 9 de abril de 2018

El poeta analfabeto (poema de adolescencia)



Con el debido respeto,
sin ser más;
pero tampoco menos, 
les digo a mi poco entendimiento,
que no se rían ustedes
con esa cara de bachilleres.
Tal vez,
se me emperejila a mi,
que se creen sabios y capaces,
por saber manejar la lengua
cual salmantinos estudiantes,
pudiera ser,
que se equivoquen de media la mitad. 
Mas, si así no fuera,
humildemente ruego a vuestras mercedes
que perdonen mi torpeza,
por no saber leer,
pues no fue mi culpa
no ir a la escuela,
y no saber hacer la o con un canuto.
 Aunque me llaman poeta,
no aprendí a recitar el verso
en los rectos surcos del cuaderno,
ni con palabras hermosas
desayuno en mis mañanas,
que cambie los dientes
pisando piedras y gasones
en las torcidas besanas,
desde antes del primer sol del alba.
No me llamen ignorante,
 ni se rían
de este pobre campesino analfabeto,
tengan ustedes en cuenta
que gracias a mis manos ajadas
comen cada mañana.


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