domingo, 20 de enero de 2019

Magdalenas sin azúcar, reseña de la escritora Nuria Espert Más




En el día de hoy me ha llegado una nueva reseña, en esta ocasión de la escritora Nuria Espert* Más, a la cual me siento muy agradecido:

Magdalenas sin azúcar de Paco Arenas.

Os recomiendo, si os gustan las novelas sobre la guerra civil española, este libro.

Habla de un período de nuestra historia condenable y triste.

Habla de la guerra, de la represión que perpetúa su dolor.

Una guerra que podría ser cualquier guerra, los abusos de un bando que podría ser cualquiera bando, pero que por resultar tan cercanos duelen más.

Una guerra saca lo peor del ser humano, nos divide no en facciones sino en buenos y malos porque ante la adversidad, como muy bien refleja Paco Arenas, hay quien se crece y se solidariza, comparte y arriesga; y hay quien abusa, se regodea en la crueldad, humilla y maltrata, convirtiéndose en el monstruo que quizás nunca se hubiera imaginado ser.

Y todo esto el autor lo hace a través de personajes que a veces nos abren las puertas de su intimidad y otras se alejan, formando parte de una crónica histórica que denuncia y nos reclama para que la memoria no olvide a los que no deben ser olvidados.




Magdalenas sin azúcar está disponible



En cualquier librería citando nombre del libro y autor,
la distribuidora es Azeta,

A través de autor, si lo quieres dedicado

fmlarenas@hotmail.com




*Nuria Espert MásProfesora, especialista en Ciencias Sociales y Logopedia. Trabaja en un colegio, ayudando a niños con problemas de comunicación oral y escrita. Siempre que tiene oportunidad les cuenta cuentos, pues cree que es fundamental que crezcan rodeados de buenas historias. Hace ya un tiempo, de «cuentacuentos» pasó a escribir. Ahora intenta atrapar la vida y dibujarla con las palabras.

Se puede visitar su blog en el siguiente enlace:



viernes, 18 de enero de 2019

Filosofía de un desertor del arado: Vive, sueña, lucha, ama, lee, escribe, vive otra vez, y escribe todo, como si arases la tierra...

Pintura de Michelle Ranta


Vive, sueña, lucha, ama, lee, escribe, vive otra vez, y escribe todo, como si arases la tierra, con amor, para que así germine la semilla.

Vivir, siempre vivir, caminando con un objetivo cierto, o a la aventura. Pero siempre vivir, besando hasta el último suspiro, abrazando hasta el penúltimo esfuerzo, el último siempre debe ser para intentar seguir viviendo.

Sueña, siempre sueña, sueña por soñar, sueña; pero nunca te olvides que los sueños, sueños son, y en eso se quedan sino luchas por hacerlos realidad, y sobre todo, que los sueños más hermosos, son siempre los compartidos, mucho más hermosos si son colectivos.

Luchar, siempre luchar, incluso contra nosotros mismos si es preciso. Luchar contra injusticia y la tiranía, contra la intolerancia, también contra la sumisión, que es todavía peor que la cobardía. Tener miedo no es de cobardes, si no te rindes, la cobardía es aceptad como irremediable la derrota sin presentar batalla.

Amar, siempre amar, hasta el último orgasmo y mucho más allá, pues los orgasmos se acaban y el amor queda hasta después del último viaje. Amar, siempre amar, comenzando por uno mismo, de manera generosa, también egoísta. El amor comienza en ti, y vuelve a ti si lo derramas. Ama, siempre ama.

Piensa, siempre piensa, no lo que te digan que pienses, no lo que diga «tu líder», sino lo que te dicte el corazón, nunca las vísceras, las vísceras todo lo convierten en mierda. Piensa, siempre piensa, no en la forma de conseguir dinero, cuando te mueres no lo necesitas, sino en la manera de ser feliz. Piensa y camina, se peripatético, pensando se avanza, nunca dejes de caminar, nunca dejes de pensar, cuestiona todo, sé incomodo, piensa. Proponte subir escaleras, no para llegar a una meta, sino para caminar, piensa, camina.

Sé, si quieres, patriota, pero que tu patria no se limite a un trozo de tela en el balcón, a un territorio y sus fronteras, la patria no es eso, la patria son las gentes que pisan, suden, viven, trabajan, sueña, aman y luchan por esa tierra que pisan, mucho más allá de sus fronteras, quien se limita al ellas y desprecia al forastero, no es un patriota, es solo eso, nada, un trozo de trapo que con el sol pierde su color y lo que es más importante, su esencia. Y, sobre todo, no derrames ni una sola gota de tu sangre por un rey, él es mucho menos importante que tú, tú eres importante, vives, sueñas, trabajas, luchas, él es un parásito que vive de tu trabajo, que te roba tus sueños y tu sudor, y que, siendo la pieza más inútil e innecesaria, come cuando a tus hijos les falta el pan en la boca.

Ser felices, salud para todos y si es posible vivamos, escribamos, luchemos la República de las personas de todo el mundo, sin distinción de razas...Y a ser posible comienza por la República independiente de tu casa y viviendo, amando, soñando y luchando logres el sueño colectivo de la libertad.

Lee, siempre lee, no te quedes solo con la palabra que se lleva el viento, lee, como algo tan útil como el comer, y algo tan necesario como el cagar. Lee, lee siempre, para aprender, o desaprender, para pensar o para dejar de pensar, para viajar o tumbarte en la cama, lee, siempre lee, y si es posible, también escribe, sí escribe.

Y tú, que escribes, piensa que todo lo anterior es más importante que escribir, no obstante, escribe, siempre escribe, sabiendo que ni nuestras palabras nos pertenecen sino tienen como propósito nuestra felicidad y, tan importante como la nuestra, las de los demás, sin miedo y sin complejos, derramemos la tinta Hasta la última gota. Escribe sabiendo que la palabra es el arma más poderosa contra la injusticia, haz que cada palabra, no sea solo bella, hazla, sí, hazla herramienta de liberación, ponla al servicio, no del quien te pague, te convertirías en un mercenario, sino de aquel que no los pueda pagar. Se libre.


Paco Arenas

martes, 1 de enero de 2019

Buenos deseos para el 2019 y venideros.



Mi primer deseo es para desear que ninguna persona,  que ningún niño, que ninguna mujer sienta miedo a ir solo o sola por la calle, por donde quiera, de día o de noche, ni sea víctima de la violencia, ya son demasiadas las lágrimas derramadas por la violencia machista y otras violencias adyacentes y en algunos casos consentidas o disculpad as por algunos sectores de la sociedad y de quienes tienen la potestad de juzgar a los culpables,  no más manadas ni jueces cómplices.

Mis primeras esperanzas es que nadie tenga que derramar una sola lágrima sino es de alegría. 

Sueño, quiero y deseo que mis hijos vivan en un país que sea plenamente democrático, donde la tolerancia sea la regla y no la excepción.  Ojalá este 2019 sea el inicio y el final de esa transición necesaria hacia una democracia de verdad en la que quepamos todos, y nadie sea encarcelado ni por contar un chiste, ni tampoco por poner urnas. Y sean  las urnas quienes dictaminan el futuro de las tierras y sus gentes y no jueces prevaricadores. Que sea las gentes dueñas de su destino y puedan elegir desde el alcalde de mi pequeño pueblo manchego  del sur de Castilla, hasta la jefatura del Estado, pues lo contrario no es ni justo ni mucho menos democrático.  Y que estos mismos deseos que tengo para las Tierras de España,  se cumplan también en todas las Tierras del mundo,  especialmente en ese país en el que tantos amigos tengo, Puerto Rico.

Me gustaría que jamás nadie tenga que abandonar su tierra en contra de su voluntad, y si  esto ocurriera, que a donde llegue le traten como quienes los reciben quisieran que fueran tratados sus hijos o ellos mismos.

Nadie debe ser desterrado de ningún sitio. Si alguien o algo merece el destierro son esas personas o ideas que  se dedican al sembrar  odio entre los españoles o contra los extranjeros,  nadie es mejor o peor por haber nacido en un lugar u otro, quien piense que por ser español es mejor , es un imbécil integral,  y quien piense que amar a una bandera es lo que convierte a una persona en patriota,  tanto de lo mismo.

Por tanto, mis mejores deseos  para todas las personas que sueñan y luchan, no sólo por un futuro mejor para España,  sino por un futuro mejor para el mundo entero sin distinción de raza o nacionalidad. 

Libertad, Justicia, Igualdad, Fraternidad y amor para todo el mundo, y, por supuesto para España..., donde no haya dos sin tres, y seamos por fin ciudadanos libres de una República.

Paco Arenas

domingo, 30 de diciembre de 2018

«Quien no suda el pan que se come, no sufre el hambre del menesteroso» La reunión de don Quijote, con el cura, el bachiller y el barbero



Por fin, Sancho había aprendido a leer, uno de sus sueños, ya no soñaba con volver a cabalgar junto a su amo a pesar de que las cosas se estaban poniendo feas. El rey, en plena temporada de siega, reclutó a Sancho para llevárselo a luchar para defender sus derechos, que no los derechos de España, muriendo, como tantos otros, en una guerra que no era suya. No suficiente con ello el marqués le exigió el arriendo, y el convento el diezmo, eso después de quedar parte de la siembra si segar, y parte de la mies dejada perder en la era por falta de manos para trabajarla. Denunció el convento y el marqués, no pudo pagar Sancho y por ello raptaron a Sancha, su hija, que no había cumplido las dieciséis primaveras, para disfrute de la tropa.  No era el único afectado, un hijo del barbero también había muerto en la guerra, de dos sobrinos del bachiller, nadie sabía nada. El hambre era la única que reinaba en aquel lugar de la Mancha. La idea partió de don Quijote, ya enfermo y cansado; pero, con ganas de luchar contra la injusticia. A barbero, bachiller y cura, citó el caballero en casa del más afectado, del pobre Sancho, y a ella acudieron todos dispuestos a comenzar una nueva guerra de comunidades.


Por fin, Sancho había aprendido a leer, uno de sus sueños, ya no soñaba con volver a cabalgar junto a su amo a pesar de que las cosas se estaban poniendo feas. El rey, en plena temporada de siega, reclutó a Sancho para llevárselo a luchar para defender sus derechos, que no los derechos de España, muriendo, como tantos otros, en una guerra que no era suya. No suficiente con ello el marqués le exigió el arriendo, y el convento el diezmo, eso después de quedar parte de la siembra si segar, y parte de la mies dejada perder en la era por falta de manos para trabajarla. Denunció el convento y el marqués, no pudo pagar Sancho y por ello raptaron a Sancha, su hija, que no había cumplido las dieciséis primaveras, para disfrute de la tropa.  No era el único afectado, un hijo del barbero también había muerto en la guerra, de dos sobrinos del bachiller, nadie sabía nada. El hambre era la única que reinaba en aquel lugar de la Mancha. La idea partió de don Quijote, ya enfermo y cansado; pero, con ganas de luchar contra la injusticia. A barbero, bachiller y cura, citó el caballero en casa del más afectado, del pobre Sancho, y a ella acudieron todos dispuestos a comenzar una nueva guerra de comunidades.

Estaban sentados ante la mesa el canónigo y don Quijote, y de pie, por estar en su casa y estar cuidando unas collejas con ajos, Sancho. Aprovecho don quijote que esa tarde las mujeres estaban de novena por sus hijos y maridos jóvenes muertos en la guerra.

—Quien no suda el pan que se come —comenzó don Quijote—, no sufre el hambre del menesteroso.

—Vuestra merced me enseñó a leer, y al pie de sus flacos dedos aprendí mucho, y de sus sabios consejos creí conocer el mundo y la dignidad de sus gentes...

—Así es, pero debemos salir de nuevo, juntos fuimos más de dos, y ahora, con todos vuestros conocimientos, sabiendo la condición y razón de los poderosos y de los menesterosos, seremos más de cuatro, es preciso cambiar el mundo..., no como caballeros andantes, sino como los comuneros de Castilla...—dudo don Quijote —. No ha habido caballeros andantes, puesto que inclinaron su cerviz ante reyes y poderosos, y no se doblaron la espalda ayudando al menesteroso contra sus abusos...

—¡Acabemos! —Exclamó Sancho agarrando la bota de vino y echando un buen trago —Paréceme, señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a querer darme a entender que no ha habido caballeros andantes en el mundo, ni reyes honrados y que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores e inútiles para la república, habiendo hecho mal en leerlos, y peor en creerlos, y más mal en imitarlos, habiéndome puesto a seguir la durísima profesión de la caballería andante, que ellos enseñan, negándome que no ha habido en el mundo Amadises, ni de Gaula ni de Grecia, ni todos los otros caballeros de que las escrituras están llenas.

—Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va relatando —dijo a esta sazón el canónigo, que había permanecido en silencio, y que sin hábitos parecía un labriego más —.  ¿Acaso su majestad al declarar la guerra piensa en el hambre que provoca?

—¿Me lo ha de decir a mí, que por culpa del rey he perdido las manos de mi hijo, y por no poder pagar ni el diezmo al convento, ni el arriendo al señor, a mi hija se la han llevado para disfrute de la tropa y deshonra mía? —Se lamentó Sancho.

—Por ello debemos ponernos en marcha —remarcó el canónigo, sacando una daga oculta bajo la faja.

—¿Acaso todas vuestras enseñanzas de lealtad al rey y al noble han sido vanas? —Se dirigió al barbero, que terminaba de llegar, y a don Quijote Sancho.

—No, por Dios, que el primer engañado fui yo —asintió el caballero bajando la cabeza —. NO sabía lo que ahora he visto.  Quien no suda el pan que se come, no sufre el hambre del menesteroso.  No solo los caballeros andantes deben remediar el mal que los reyes con sus caprichos provocan, son y deben ser más importante para la patria, para nuestra república, que llegue el pan a la boca del hambriento que el llenar las arcas de nuestro rey, que bien sabemos lo poco que le importa lo que a sus súbditos les afecta, nos roba el pan, los mozos y nos exige el pago, y si no podemos nos roba la honra de nuestras mujeres..., bien lo sabéis amigo Sancho.

—Y Vos señor bachiller, ¿también levantareis vuestra espada contra los designios de su católica majestad? ¿Vos que le jurasteis lealtad eterna? —Pregunto Sancho al bachiller, al verlo entrar por la puerta con la espada desenvainada, también vestido de rustico.

— No me guía otra razón que hacer grande nuestra república…, y para ello, es preciso levantarse contra quienes llenan de estiércol su nombre —contestó sonriendo el bachiller —. Y ya sabéis buen Sancho, que mi brazo y mi espada se iguala a la de los grandes caballeros de la antigüedad...

—Que tiemblen los cimientos de los palacios y sobre sus escombros se construya la República —por fin pareció asentir Sancho.


©Paco Arenas

El molino de Pinarejo


Cuentan, y yo lo conocí, que hubo un molino que parecía un gigante, alrededor del cual todos los novios bailaban su primer baile, lo cual yo no lo recuerdo; aunque, alguna foto es testimonio de tales danzas nupciales. Lo que si puedo asegurar es que muchos de mis juegos infantiles trascurrieron subiendo por las paredes del desvencijado viejo molino de Pinarejo hasta la parte más alta de sus ruinas.
Cierto día, me caí de lo alto y me hice un buen chichón, perdiendo el conocimiento, si es que algún día tuve alguno. Cuando desperté mi mayor preocupación no era el chichón, sino la zapatilla de mi madre si llegaba a enterarse, y eso, a pesar de que nunca me medió las nalgas con ese contundente artilugio de servía para entrar en razón a la chiquillería. El chichón quedó oculto por mi pelo, el dolor me duró mucho tiempo, el temor a que mi madre se enterase más.
El actual molino, es un edificio decorativo que jamás ha molido ni media, ni ninguna fanega de trigo ni de nada. Sus aspas, ni el viento las mueve, tampoco bailan los novios en torno a él, pero que "bonico" está el molino de Pinarejo.
Paco Arenas
Foto de Zascandileando.

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