jueves, 10 de octubre de 2019

Dormir por la noche




(A todas las víctimas de la Reforma Laboral, todavía vigente)

Cierro los ojos,
con fuerza,
intento dormir,
y toda mi vida,
también la tuya,
pasa frente a ellos en la oscuridad de la noche.
Abres tus ojos,
Y yo lo intuyo,
te miro.
—¿Estás despierto?
—Sí, la culpa es del colchón.
No me atrevo a decirte,
que no podré alcanzar la estrella,
que nuestra casa,
de sólidos cimientos,
un buitre la amenaza.
—Compraremos uno nuevo…
Guardo silencio.
—Duerme.
Me dices dejando un beso en mis labios.
—No puedo, estoy desvelado.
Rechazo tus besos de consuelo,
que tú no sabes que son tales,
hasta que mis lágrimas,
saladas como el mar,
 dicen lo que mis ojos callan.
Los cementerios están llenos
de hombres desvelados.
El viento grita sus nombres,
uno a uno…

©Paco Arenas

Autor de Magdalenas sin azúcar (ya por la 4ª edición

martes, 24 de septiembre de 2019

La memoria en mis dedos




Cada vez que mis dedos,
de campesino viejo,
se arrastran por el teclado,
salen palabras;
que se confunden con antiguas primaveras,
olvidadas.
Caen las letras,
una a una,
como granos de trigo,
tal vez de cebada,
que el arado entierra en los surcos perdidos de mi memoria,
esperando con renovadas ansias
la lluvia
y el fulgor de la luna.
Las nubes, esas ansiadas nubes,
llegan generosas,
al menos eso piensa este sembrador de letras,
al que le faltan tantas palabras por escribir
que no sabe si lo aguantaran sus canas
o, por el contrario,
esas letras,
las que quedaron en sus recuerdos,
perecerán entre las llamas
perdidas de los caminos del olvido,
donde vuelen mis cenizas
entre viñas y olivares
de las tierras de Castilla.
No, no irán esas palabras olvidadas al cielo,
donde dicen que van los poetas,
a los campesinos nos gusta la tierra que pisamos.
Tampoco irán al infierno,
donde van los ricos mercaderes,
reyes,
vividores,
ladrones
y filibusteros de múltiples calañas,
todos con mucho dinero,
o que viven de sudores ajenos.
Los pobres,
los pobres no tenemos
para tan largos viajes.
Por no tener,
no tenemos siquiera vergüenza,
y si bien damos los buenos días,
es porque son de balde.
No respetamos ni al rey,
tampoco a la madre que lo parió,
y nos importa un bledo quién fue el padre que lo engendró,
y es que la vergüenza
se nos fue,
o se lo llevaron,
como todo,
los ladrones,
que, con la patria por bandera,
y la desvergüenza
de los hipócritas como dioses,
se llevan los pobres los sudores,
que caen
por los agujeros de nuestros bolsillos rotos.
Bien sé
que estoy loco,
no tanto como para reconocerlo,
o quizás estoy cuerdo,
lo suficiente como para saber que estoy loco.
No obstante,
las palabras levantan polvo
y lloran lágrimas,
tantas que pueden provocar inundaciones
y en medio de las más escandalosas tormentas
hacer germinan las semillas en los corazones,
calmando la sed
de los sedientos ruiseñores...
Y cuando se acaba el folio,
me quedan tantas palabras por escribir,
que sueño,
que son abejas que gritan
el sagrado nombre de la LIBERTAD.

©Paco Arenas

sábado, 24 de agosto de 2019

El viejo republicano, el nieto y el rey (cuento tradicional manchego)






En la puerta de su casa encontró el nieto llorando a su abuelo, un anciano de más de noventa años.

—¿Por qué lloras abuelo? —preguntó conmovido el nieto.

—Acabo de escuchar en la radio que se ha muerto el rey… —contestó afligido el anciano.

El nieto lo miró con cara de sorpresa, más conociendo las ideas democráticas, y por tanto republicanas de su abuelo. Además de tener escuchado al mismo de que el rey era un tirano en toda regla, un ladrón y sinvergüenza.

—Abuelo, no debes llorar por quien no te importa, ni le importabas a él. Podría ser, que, muriendo el rey viejo, y sabiendo de la preparación del joven, el pueblo despierte y llegue la República…

—Nada me gustaría más, pues todos sabemos que el mejor rey el que no existe. Sin embargo, no me fío de los políticos ni de los voceros del Régimen, aunque el príncipe sea tonto o incapaz, lo pondrán como el más preparado y capaz de todos los grupos gobernantes de la tierra, y seguiremos con rey, que siempre será mucho peor que sus antecesores, y lo que es peor, siendo súbditos babeantes y sumisos.

—Abuelo, no tiene por qué ser sí, el pueblo es culto, y este rey, puede que sea mejor que el padre..., dicen que está muy preparado para el cargo…

Fue ahora el viejo quien miro al muchacho con extrañeza y pesar.

—¿Te das cuenta? Ya te han contaminado los voceros del Régimen, hablas de la preparación de alguien a quien no conoces siquiera, solo porque la televisión, los periódicos y las emisoras al sueldo de la mafia, así lo repiten de manera machacona…

—Pero…

—Mira, soy ya muy viejo. Conocí al tatarabuelo, peor ser, creía yo y las gentes de bien, imposible. Lo tiramos por ladrón, seguro de que nos libraríamos de su estirpe para siempre. Un golpe militar lo restauró. A su tatarabuelo le sucedió su bisabuelo, fue peor todavía, hasta el punto que la gente terminó tirándolo también. Entonces babeantes militares dieron un golpe de Estado, y tras domesticar como borricos, los militares se saltaron a su padre, que no era bueno. Su padre, todavía peor, si no más inteligente, mejor aconsejado; pero, tan malo como sus antecesores, con sus mismos vicios y defectos, hizo tanto o más mal que los anteriores. Así, que por eso lloro, por eso. Porque a mis años he visto que a un rey malo le sucede otro que lo hace santo…

—¡Ay abuelo! Cuánta razón tienes…

—Por cierto, ¿dónde están los demás?

—Durmiendo —contesta el viejo.

—En estos tiempos de inopia, yo ya soy muy viejo para despertar a los dormidos...

©Paco Arenas

miércoles, 24 de julio de 2019

¡Al carajo!




Al carajo te mando,
y no es casual
ni producto de un berrinche,
no para que vuelvas y pidas perdón,
sino como una despedida definitiva.
No, no eres mi parásito soñado,
ni siquiera la garrapata de mis pesadillas
en mis noches de insomnio,
pero te mando al carajo.
Al carajo te mando,
cual Rodrigo de Triana,
no para que descubras América,
que no estás tan preparado,
sino para que te quedes en ella.
Te mando al carajo
sin alzar la voz,
ni alterar el ánimo
Y si no te lo canto,
no es por miedo a los grillos,
sino por cantar mal
y no querer provocar tormenta…,
a pesar de ello,
sí, te mando al carajo.

©Paco Arenas

sábado, 13 de julio de 2019

Galina, la chica de portada ¿María o Clara?

Galina y Valery en Gagra, península de Crimea


Mientras la tormenta de bombas caía sobre su pueblo o ciudad, y sus padres luchaban en España por la libertad, él llegó a donde el frío tiene su residencia, a la fría Rusia, a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; sin embargo, a pesar del frío fueron recibido de la manera más cálida posible. 

Atrás quedaron las bombas y las lágrimas de sus padres, con el tiempo la esperanza del regreso, porque sí, la guerra terminó en España, pero el regresó fue imposible en la mayoría de los casos, sus padres, muchos habían muerto o habían sido asesinados o encarcelados, y en el mejor de los casos, sin posibilidad de vivir en ese inmenso campo de concentración que era España. Allí les dieron estudios y cariño, algunos, los más pequeños, casi perdieron la identidad, a pesar de que se intento que no fuese así. Uno de ellos, quien pasaría a llamarse Valery Khmelnitsky, lo que nunca olvidó fue su amor a España, amor que trasmitió a Galina Strashnova, la bella chica de la portada de Magdalenas sin azúcar, que me enamoró nada más verla para que fuese algo más que la chica de portada.

Resulta curioso, que yo cuando vi la foto que se convertiría en portada, la vi como representando a María; sin embargo, después, los lectores y yo mismo, la he identificado con Clara, la hermosa y valiente Clara, siendo María la principal protagonista de la novela, es Clara un personaje nada secundario, al contrario, es el personaje que nunca se rinde, capaz de luchar hasta el final, o de dejar de hacerlo por amor. María o Clara, Galina, siempre enamora, ¿o no?

Galina con dos ejemplares de Magdalenas sin azúcar en San Petersburgo
Le he preguntado a Galina   sobre esta foto, y ella, como siempre, muy amable, entre otras cosas esto me ha contestado:

«Clara es delgada con una cara infantil redondeada, muecas caprichosas de niños en sus labios y ojos marrones redondos con una expresión infantil sorprendida».

A mi pregunta de dónde se hizo la foto, Galina me dice:

«¿Dónde se hizo la foto? Estamos de vacaciones, Crimea (Khrushchev aún no la había cedido a Ucrania), en la ciudad de la ciudad de Gagra, que se encuentra en la ribera del Mar Negro. Al regresar a San Petersburgo, nos detuvimos en Valerkin, el primer orfanato de Dmitriev, donde estuvo en sus primeros años Valery, con la esperanza de descubrir su identidad; pero no se nos dijo nada, tan solo no prometieron que el nombre de sus padres podría encontrarse en los archivos, sin tener en cuenta que la ciudad había sido ocupada por las tropas alemanas y que las mismas se habían encargado de destruir todos los archivos del orfanato.»

Paco Arenas
©Paco Arenas,   autor de Magdalenas sin azúcarla novela  que según  algunos profesores de historia deberían leer los jóvenes y todos quienes quieran conocer la verdad. 

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