domingo, 3 de diciembre de 2017

Sueños disueltos en gotas de lluvia




Ver la primera luz de tu vida en silencio, solo roto por la callada sinfonía del agua contra los cristales y el discurrir del Huécar, debiera ser un placer que no solo los frailes de San Pablo (ahora parador) debieran tener.

Cuenca es el atardecer de cualquier día de otoño, de invierno o la primavera, cerca del abismo que supone estar rascando el cielo con los sentidos, al calor del hogar, al frescor de la lluvia, de la nieve.
Al nacer, al abrir los ojos por primera vez, mirando con un solo ojo desde el abismo de la curva de la teta, ves otro abismo desde la ventana tras la lluvia, y cada gota sobre el cristal es un sueño que tendrás, podrás verlos avanzar, resbalar tras el cristal, incluso avanzar llevados por la corriente del río, si tu madre se asoma a la ventana para que expulses los aires. Si entonces, entre palmada y palmada en la espalda, día tras día, año tras año, los verás disolverse y confundirse con el agua del río.

 Y un día, tus labios no querrán esa teta, y buscarán otros sueños, otros labios donde posar los besos, los sueños, que, como el agua de la lluvia tras el cristal, se resbalarán y confundirán con otras gotas, otros sueños, y se disolverán entre las aguas del Húecar, para pronto, confundirse con las del Júcar…
La lluvia siempre es vida, la vida que es carrera hacia la meta segura de la muerte, se olvida en su camino de su destino, por desgracia… ¿pero eso que importa ahora? En Cuenca llueve y la lluvia es vida alegría…


2 comentarios:

  1. Hola,Paco una historia muy buena.Todo tu blog me gusta mucho es muy interesante.

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    Respuestas
    1. Buenas noches Liliana, Muchas gracias. Me alegra que te guste ese pequeño relato o reflexión, escrita de madrugada, y más que consideres interesante mi blog. Te invito a que sigas explorando. Un fuerte abrazo.

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