jueves, 8 de junio de 2017

Conversación de dos jóvenes muchachas en la subida de la calle Los Tintes (Cuenca) el domingo 13 de abril de 1902 (el día que se derrumbó el Giraldo de la catedral)


 
Calle de los Tintes.(Cuenca) Principios del siglo XX
ANGUSTIAS—No, no y no, seas cansina, que yo no cruzo por el Puente San Pablo ni con una chispa más grande que el Giraldo…
DOLORES—Pero mujer, si no pasa nada. No te das cuenta de que antes se cae el Giraldo que el puente de San Pablo…
ANGUSTIAS—Serás tontaca, ¿cómo se va a caer el Giraldo que lleva cuatrocientos años dando la hora, hay que ser simple para pensar una sandez de tal calibre…
DOLORES—Tontaca tú. ¿Cómo se va a caer el puente, mujer? No ves lo lustroso que está, si está nuevecico…
ANGUSTIAS—Pues a mí me dijeron que Abundio se cayó con su borriquilla desde lo alto y se espanzurró…
DOLORES—¡Anda! Que quien has ido a decir. ¿No has encontrado a otro más tonto? Además, con una chispa que llevaba de resolí que poco más y deja sin existencias a las destilerías de Ortega…
ANGUSTIAS — ¡Ea, que no! Que no me convences cansina, que yo por el puente no paso, y la borrica menos, que esta preñada y si ve tal precipicio le da un pasmo y mal pare y sino malpare se le corta la leche y en lugar de borruchos mal pare cualquier adefesio…
DOLORES—Tontunas dices…
ANGUSTIAS —¿Tontunas, dices? Tú pasa por el puente, aunque tenga que dar toda la vuelta al Huécar…, me dan unas angustias…
DOLORES—¿No estarás tú también preñada como la borrica?
ANGUSTIAS —¿Yo? Si no tengo marido…
DOLORES—Pero tienes choto y te confiesas mucho con el señor don Bartolomé…
ANGUSTIAS —Eso sí, además noto retortijones en la panza…, unas angustias que me dan…, desde un mes después de que comenzase a confesarme el señor don Bartolomé…
DOLORES— ¿Angustias, unas angustias? ¿A ti también te confesó en la sacristía?
ANGUSTIAS — ¿Pues claro? ¿Dónde iba a ser? ¿En el confesionario como a las viejas?
DOLORES—¡Ay, Dios santo! Que va a ser que sí. A mí también me confesó para librarme de todo pecado y sacarme los demonios que me había metido mi Julián después de la boda, y ya sé cómo confiesa y quita los demonios don Bartolomé… ¿Pero tú no tienes nadie que te meta los demonios? ¿Para qué te confiesas?
ANGUSTIAS —Por los malos pensamientos, me dijo que para prevenir y calmar los ardores que me entran cada vez que veo a Tomás, y vaya que si me calma…
DOLORES—Pues a ver cómo calmas tú a tu Tomás cuando se entere que lo que no le dejas a él se lo das en confesión a don Bartolomé en la sacristía, que bien a raya lo tienes… ¡pobrecito mío!
ANGUSTIAS —¿Y tú cómo sabes que lo tengo tan a raya? ¿pobrecito tuyo?
DOLORES—¡Uy, uy! ¡Ea! Mira, que tengo prisa…me voy por el puente…
ANGUSTIAS—Mal me huele…, mala pécora ¿Qué pasa entre mi Tomás y tú?
DOLORES—Nada, nada…
ANGUSTIAS—¿Nada, nada? ¡Uff! Como sea lo que me imagino, te caes por el puente sin necesidad de subir…
DOLORES— Te lo juro, que se caiga el Giraldo si es verdad lo que te imaginas…

La tierra tembló bajo los pies de las dos muchachas, ambas se estremecieron, tirándose al suelo, dicen que hasta la borrica se espatarró con cada una de sus extremidades para cada lado, cuando de repente un enorme estruendo resonó en toda la ciudad de Cuenca y en varias leguas a la redonda, el Giraldo después de cuatrocientos años de historia se derrumbaba aquel domingo 13 de abril de 1902, pillando bajo sus escombros a 19 personas.

Cuando la catedral de Cuenca tenía Giraldo


©Paco Arenas


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...