martes, 29 de octubre de 2019

Me voy



Me voy sin ver caer la lluvia,
sin saber el color del agua,
o si dormiré en mi almohada
al llegar el alba.
Me voy antes de que me arrepienta
y mi palabra sea tachada de mentirosa
por las circunstancias
de estos últimos días.
Me marcho allá donde el tiempo no cuenta
y la palabra se vislumbra cada mañana
a través de los cristales de los sueños rotos.
Os dejo mi silla de anea,
que tantas historias me contó
de un tiempo pasado,
que ni yo recuerdo.
Me voy por otros barrios,
otras ciudades y otros campos,
tal vez, otros desiertos.
Parto desnudo,
entre tinieblas,
para no saber, ni yo, el camino,
por si se me ocurre volver.
Os dejo mi silla,
como aquel poeta,
y me voy,
o al menos,
debería irme…

©Paco Arenas

viernes, 25 de octubre de 2019

Reseña: Magdalenas sin azúcar,( Francisco Grillo Martín)




 
Foto: Fran Grillo Martín

Recordando el momento en que terminé la lectura de Magdalenas sin azúcar, de Paco Arenas. Una lectura más que recomendable. Para mí, de esas lecturas que dejan huella. Mis impresiones después de leerla...

Ha sido un abanico de emociones las vividas durante la lectura.
Desde el comienzo, esas para mí sublimes tres primeras páginas que te atrapan y ya no te dejan escapar, hasta que no llegas al final. Un libro para llorar, para reír, para sufrir, para amar... Un libro Para APRENDER...

He podido sentir el polvo del camino, la angustia y el sufrimiento...el amor.

Toda ella es un grito a la libertad, a la fraternidad, a la solidaridad. Un homenaje a todas esas mujeres valientes que sólo por el hecho de serlo sufrieron más el horror, si cabe, en todas sus formas posibles.
Un canto al amor, en todas y cada una de sus expresiones.
Tiene también un componente pedagógico importantísimo, en este país en el que la memoria histórica es censurada y silenciada por la mayoría de sus gobernantes.

Un libro de esos que te llenan, los disfrutas a la vez que los sufres. Un libro que te muestra la vida tal y como la vivieron y sufrieron tantas y tantas personas de aquellos años. Un libro que te retuerce el alma. Un libro que te recuerda que las cosas no caen del cielo, que hay que luchar cada día, nada es eterno y lo que hoy tienes, lo puedes perder casi sin darte cuenta. Un libro para viajar, viajar por esa historia de España que no nos cuentan y han conseguido silenciar.

¿Quién llevará flores a los muertos, si están bajo las aguas del pantano?

Magdalenas sin azúcar es la historia de aquellos que lucharon, y fueron derrotados, pero nunca perdieron la esperanza de recuperar la legitimidad de algún día, recuperar la libertad arrebatada de manera injusta...

"Porque, siempre quedará unos desilachados hilos para tejer una nueva bandera y continuar la lucha."

Y muy importante... Te imprime sutilmente ese halo invisible de esperanza para que sigamos pensando que, como bien decía ese luchador incansable, Marcos Ana...

"Vale la pena luchar"

Francisco Grillo Martín

jueves, 10 de octubre de 2019

Dormir por la noche




(A todas las víctimas de la Reforma Laboral, todavía vigente)

Cierro los ojos,
con fuerza,
intento dormir,
y toda mi vida,
también la tuya,
pasa frente a ellos en la oscuridad de la noche.
Abres tus ojos,
Y yo lo intuyo,
te miro.
—¿Estás despierto?
—Sí, la culpa es del colchón.
No me atrevo a decirte,
que no podré alcanzar la estrella,
que nuestra casa,
de sólidos cimientos,
un buitre la amenaza.
—Compraremos uno nuevo…
Guardo silencio.
—Duerme.
Me dices dejando un beso en mis labios.
—No puedo, estoy desvelado.
Rechazo tus besos de consuelo,
que tú no sabes que son tales,
hasta que mis lágrimas,
saladas como el mar,
 dicen lo que mis ojos callan.
Los cementerios están llenos
de hombres desvelados.
El viento grita sus nombres,
uno a uno…

©Paco Arenas

Autor de Magdalenas sin azúcar (ya por la 4ª edición

martes, 24 de septiembre de 2019

La memoria en mis dedos




Cada vez que mis dedos,
de campesino viejo,
se arrastran por el teclado,
salen palabras;
que se confunden con antiguas primaveras,
olvidadas.
Caen las letras,
una a una,
como granos de trigo,
tal vez de cebada,
que el arado entierra en los surcos perdidos de mi memoria,
esperando con renovadas ansias
la lluvia
y el fulgor de la luna.
Las nubes, esas ansiadas nubes,
llegan generosas,
al menos eso piensa este sembrador de letras,
al que le faltan tantas palabras por escribir
que no sabe si lo aguantaran sus canas
o, por el contrario,
esas letras,
las que quedaron en sus recuerdos,
perecerán entre las llamas
perdidas de los caminos del olvido,
donde vuelen mis cenizas
entre viñas y olivares
de las tierras de Castilla.
No, no irán esas palabras olvidadas al cielo,
donde dicen que van los poetas,
a los campesinos nos gusta la tierra que pisamos.
Tampoco irán al infierno,
donde van los ricos mercaderes,
reyes,
vividores,
ladrones
y filibusteros de múltiples calañas,
todos con mucho dinero,
o que viven de sudores ajenos.
Los pobres,
los pobres no tenemos
para tan largos viajes.
Por no tener,
no tenemos siquiera vergüenza,
y si bien damos los buenos días,
es porque son de balde.
No respetamos ni al rey,
tampoco a la madre que lo parió,
y nos importa un bledo quién fue el padre que lo engendró,
y es que la vergüenza
se nos fue,
o se lo llevaron,
como todo,
los ladrones,
que, con la patria por bandera,
y la desvergüenza
de los hipócritas como dioses,
se llevan los pobres los sudores,
que caen
por los agujeros de nuestros bolsillos rotos.
Bien sé
que estoy loco,
no tanto como para reconocerlo,
o quizás estoy cuerdo,
lo suficiente como para saber que estoy loco.
No obstante,
las palabras levantan polvo
y lloran lágrimas,
tantas que pueden provocar inundaciones
y en medio de las más escandalosas tormentas
hacer germinan las semillas en los corazones,
calmando la sed
de los sedientos ruiseñores...
Y cuando se acaba el folio,
me quedan tantas palabras por escribir,
que sueño,
que son abejas que gritan
el sagrado nombre de la LIBERTAD.

©Paco Arenas

sábado, 24 de agosto de 2019

El viejo republicano, el nieto y el rey (cuento tradicional manchego)






En la puerta de su casa encontró el nieto llorando a su abuelo, un anciano de más de noventa años.

—¿Por qué lloras abuelo? —preguntó conmovido el nieto.

—Acabo de escuchar en la radio que se ha muerto el rey… —contestó afligido el anciano.

El nieto lo miró con cara de sorpresa, más conociendo las ideas democráticas, y por tanto republicanas de su abuelo. Además de tener escuchado al mismo de que el rey era un tirano en toda regla, un ladrón y sinvergüenza.

—Abuelo, no debes llorar por quien no te importa, ni le importabas a él. Podría ser, que, muriendo el rey viejo, y sabiendo de la preparación del joven, el pueblo despierte y llegue la República…

—Nada me gustaría más, pues todos sabemos que el mejor rey el que no existe. Sin embargo, no me fío de los políticos ni de los voceros del Régimen, aunque el príncipe sea tonto o incapaz, lo pondrán como el más preparado y capaz de todos los grupos gobernantes de la tierra, y seguiremos con rey, que siempre será mucho peor que sus antecesores, y lo que es peor, siendo súbditos babeantes y sumisos.

—Abuelo, no tiene por qué ser sí, el pueblo es culto, y este rey, puede que sea mejor que el padre..., dicen que está muy preparado para el cargo…

Fue ahora el viejo quien miro al muchacho con extrañeza y pesar.

—¿Te das cuenta? Ya te han contaminado los voceros del Régimen, hablas de la preparación de alguien a quien no conoces siquiera, solo porque la televisión, los periódicos y las emisoras al sueldo de la mafia, así lo repiten de manera machacona…

—Pero…

—Mira, soy ya muy viejo. Conocí al tatarabuelo, peor ser, creía yo y las gentes de bien, imposible. Lo tiramos por ladrón, seguro de que nos libraríamos de su estirpe para siempre. Un golpe militar lo restauró. A su tatarabuelo le sucedió su bisabuelo, fue peor todavía, hasta el punto que la gente terminó tirándolo también. Entonces babeantes militares dieron un golpe de Estado, y tras domesticar como borricos, los militares se saltaron a su padre, que no era bueno. Su padre, todavía peor, si no más inteligente, mejor aconsejado; pero, tan malo como sus antecesores, con sus mismos vicios y defectos, hizo tanto o más mal que los anteriores. Así, que por eso lloro, por eso. Porque a mis años he visto que a un rey malo le sucede otro que lo hace santo…

—¡Ay abuelo! Cuánta razón tienes…

—Por cierto, ¿dónde están los demás?

—Durmiendo —contesta el viejo.

—En estos tiempos de inopia, yo ya soy muy viejo para despertar a los dormidos...

©Paco Arenas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...