
Muchos días pienso que tal vez sería bonito ser
creyente, tener fe y creer en un Dios justiciero que premié a los justos y
castigue a los malvados, pero no es así, en eso estamos en desventaja los
ateos, agnósticos e incrédulos. Ellos
tienen sus dioses, su multitud de vírgenes, sus infinitos santos y beatos, a
quienes rezar y creer, debaten unos otros con otros que si una virgen es más
milagrosa que otra, más guapa o más linda, sin pensar que es un trozo de
escayola, piedra o escayola, que virgen solo hubo una, si la hubo, que quiero
pensar que sí, y se llamaba María, nació pobre y murió pobre, por culpa de los
ricos. O hablan y adoran a miles de
cristos, con nombres diferentes, cuanto más ricos, más creyentes interesados,
que se persignan cada vez que van a llevar a cabo una operación mercantil, en
la que tal vez o seguro llevarán a la muerte o miseria a miles de familias, sin
pensar que Jesús dijo eso de “bienaventurados los pobres porque de ellos será
el reino de los cielos” o “es más difícil que entre un Camello por el ojo de
una aguja que un rico en el reino de los cielos”. Sería divertido que Dios
existiese y ver a reyes, tiranos, banqueros, especuladores y obispos,
cardenales, violadores de derechos humanos, traficantes de armas…Todos personas
de rosario, misa dominical y golpes de pecho, ver arder en los infiernos, sería
muy edificante que eso lo pudiesen ver antes de comenzar sus actividades
criminales contra los pobres y muy alentador para los pobres verles desde un
trocito de cielo con vistas al infierno donde arderían los malvados.