domingo, 10 de marzo de 2019

GASCAS Vs JUNCOS (Pinarejo, Santa María del Campo Rus, Valverde del Júcar y Sant Antoni de Pormany)


No fue por casualidad, Gascas desde el principio tuvo una gran atracción para mí, siempre escuché hablar de Gascas a mis padres, conocí también a una mujer que iba con su madre a visitar a su padre al Castillo de Cuenca, aunque ellas viajaban en burro, y María en autobús. Me imaginé ese peregrinar, que mi abuela llevó a cabo durante siete largos años para ver a mi abuelo Felipe López al penal de Chinchilla de Montearagón, también las penurias que pasó para mantener a sus hijos, que todos, salvo mi madre, eran niños o adolescentes. Fue fácil recordar historias tan verdaderas como dolorosas. Así surgió Magdalenas sin azúcar, una parte de nuestra historia, de la historia de muchas familias conquenses, españolas, y como me han dicho algunas personas de las muchas personas extranjeras que han leído la novela, también es, en cierta medida, la historia de los oprimidos de la tierra, de los muertos y de sus familiares. Una historia no para abrir heridas, sino para crear esperanzas en otro mundo más humano.

Gascas fue el pueblo en el que inicialmente transcurría la novela,  fue sustituido por Juncos, un pueblo imaginario, (que realmente existe en Puerto Rico, es la ciudad de donde es natural el profesor don Jaime Flores Flores, en su honor le cambié el nombre) siendo Valverde del Júcar el pueblo que sustituí, por un imaginario San Antonio de los Llanos, digamos que también en honor al lugar donde pasé años muy trascendentales de mi vida, (San Antonio Abad, hoy Sant Antoni de Portmany, en la isla de Ibiza) pueblo o ciudad al que guardo mucho cariño.

No obstante, recalcar, que los escenarios, en buena parte, están inspirados en Pinarejo y en Santa María del Campo Rus, también algunos de los personajes de la novela. 

Acomodarme a la idea inicial del pantano de Alarcón y de los lugares como Gascas y Valverde, me hubiese supuesto tener que narrar sucesos muy graves y escabrosos. En el pantano de Alarcón y en el de Contreras trabajó mi abuelo Felipe López, en ambos pantanos paso lo que en otros muchos pantanos. Son muchas las fosas comunes de víctimas de la barbarie que se encuentran en las tierras anegadas por las aguas de Alarcón, Contreras, Benageber, Iznájar, San Simón...

Esos famosos pantanos iniciados por la República e inaugurados por Franco, todos o la mayoría, fueron utilizados como fosas comunes. Todavía se me ponen los pelos de punta, cuando recuerdo a un viejo amigo que trabajó en el de Benageber. Este amigo, me contaba como llegaban camiones de personas fusiladas (hombres, pero también mujeres) y los echaban entre el hormigón...Nada de esto aparece en la novela, tampoco va de esto. No he querido hacer una novela que pareciese un intento de reescribir la historia; aunque fuese contando la verdad.

El pantano de Alarcón se inició en 1934, y se terminó en 1955 (inauguración) y 1957 finalización. En la novela, por el contrario, la construcción del pantano se inicia en 1956. Sin embargo, varios capítulos de la novela se desarrollan en 1955, cuando la construcción del pantano era ya una amenaza cierta. Es por tanto en 1956 cuando, en la novela, supuestamente se inicia la construcción del pantano, terminándose la construcción en 1988. En ambos casos, en la realidad de Gascas(1955-dictadura) como en la ficción de Juncos (1988-democracia) se desalojan a las personas salvajemente de sus casas.

¿Por qué este cambio de fechas y lugares? Porque esto me da pie a hacer de la novela una inmensa metáfora sobre el amor, la libertad, lo auténtico y lo falso. De haber circunscrito la novela a la dictadura no se podría poner en cuestión el apéndice que hereda de la dictadura su "legalidad", que no legitimidad, en una palabra, diferenciar lo legal de lo legitimo, la democracia de una imitación fraudulenta.

Al igual que el desnudo en una persona, resulta más sugerente la insinuación, dejar latente lo que se oculta detrás de la metáfora. Haciendo posible que cualquiera que tenga la mente abierta, con indiferencia de su ideología, pueda leer la novela, y al mismo tiempo interesarse por la verdad de lo que hay detrás.

He preferido hacer una novela de personas, no de sucesos, de sentimientos, no de odios, no recreándome en lo dramático y escabroso, sino en lo cotidiano, en el amor, en las inquietudes, los miedos y anhelos; y a pesar de todo, no evadiéndome de la realidad, pero en muchas ocasiones disimulándolas bajo la metáfora poética en prosa, nunca bajo viles eufemismos, tan recurrentes en la actualidad española.

Es preciso cerrar heridas, y las heridas se cierran con la verdad, la justicia y la reparación.

Al mismo tiempo, considero, que esto ayudará a darle difusión a la novela de manera más amplia y plural; pero también, no tengo ninguna duda, a honrar y provocar en los lectores el ansia por querer saber la verdad sobre esas miles de personas que yacen bajo las aguas del pantano. Personas que nunca se encontrarán, pero que; sin embargo, jamás debemos olvidar que están allí, que cada sorbo de agua que bebemos, aunque sea una minúscula gota de sangre, de esencia de libertad, debería germinar en cada uno de nosotros. Que no sea necesario hacernos la pregunta con la que se inicia y se finaliza la novela:

—¿Quién llevará flores a los muertos de Juncos, si están bajo las aguas del pantano?

Paco Arenas


sábado, 2 de marzo de 2019

Soledad a ras de suelo


Necesito...
no te asustes,
ni te escondas detrás de la puerta,
tampoco te cambies de acera,
ni te eches mano a la cartera,
ni riegues el pavimento con candente alquitrán
para establecer la frontera
entre lo que yo necesito
y tú no me quieres dar;
aunque me veas llorar,
y por traje lleve harapos,
no necesito tu dinero,
tampoco lo que guardas como tesoro
y no te sirve para nada...
No huyas
ni me salgas por peteneras,
si te digo
que necesito una mirada,
no lastimera,
no quiero darte pena,
ni que te pongas en mi lugar,
sería mucho rogar,
solo quiero que tu mirada
se detenga
en quien te mira desde la acera,
que más que tu moneda
necesita un abrazo.
©Paco Arenas marzo 1987


martes, 26 de febrero de 2019

Pasear por Cuenca




A ellos, a todos los «felipes» y a todas las «marías» *


Cuenca en la madrugada, sintetizada en una palabra: silencio, indiscutible herida de agua cómplice del murmullo sigiloso del Huécar que ni los gallos se atreven a romper. Vellos erizados por la emoción de recorrer las calles que tantos otros recorrieron con pasos cansados en dirección al penal donde la libertad estaba encarcelada. Pasos lentos, pero precisos, ansiosos de besar unos labios que no se podrán, porque el deseo, el amor y la libertad están encarceladas.

Pasos heridos de muerte, atravesando el puente de San Pablo, o tal vez, subiendo la cuesta de las Angustias, o cualquier calle que, desde la estación de autobuses, desde el mercado, suben al Castillo.  Pasos calculadoramente provocativos, engendrados de miedo y orgullo, miedo al llegar tarde, orgullo de quien sabe que el preso que ha de visitar es una estrella que brilla con luz propia en el castillo de Cuenca, que ansia ese beso fecundo en la distancia, que; aunque parezca locura, algún día ha de fecundar.

*Felipe y María, son los protagonistas de mi novela «Magdalenas sin azúcar». Felipe, como tantos otros conquenses, estuvo preso en el penal Castillo de Cuenca y María, como tantas conquenses, iba a visitarlo.

©Paco Arenas


miércoles, 13 de febrero de 2019

24 de enero de 1977


La vieja maleta de cartón da para mucho, este poema de juventud lo escribí en el 6º aniversario de la matanza de Atocha.


No pasaría nada
si yo confiara,
pero no confío,
siendo que la herida está abierta
y todavía
mana sangre a borbotones, sin delicadeza.
Es la oscuridad entrelazada
la que lanza sus proclamas
en el silencio de la noche,
con tiros de pistolas bendecidas.

No pasaría nada
si yo confiara,
pero no confió,
siendo que la herida está abierta
y la locura la que riega de sangre las aceras
en días de risas apagadas,
sin otras luces
que no sean las de cuatro velas
alumbrando el féretro
 de eso que llaman patria.
Cuarenta años no  son nada...

24 de enero de 1983

sábado, 2 de febrero de 2019

La pluma como arma transformadora de la sociedad... ¿existen los escritores comprometidos?




Durante dos días estaré ausente, o casi, asistiré al Salón del autor 360º. El año pasado me gustó mucho. Sinceramente considero que es una gran iniciativa, que además han llevado a cabo amigos míos, a los cuales aprecio mucho, y pienso que todo escritor debería asistir, vale la pena.

En el Salón del autor 360º tratan temas muy interesantes para los autores, con ponentes de gran talla literaria, baste decir como Santiago Posteguillo o Rosario Raro, a ambos los escuché el año pasado y realmente fue un placer escucharlos.

En el Salón del autor 360º se tratan casi todos los temas relacionados con la literatura, incluida la promoción, edición, agentes literarios, asuntos jurídicos...

Se habla de poesía, de novela ensayo..., de casi todo, repito, de casi todo; pero, hay algo que eché en falta el año pasado, que echaré en falta este año, y que siempre se habría tratado hace unos años: el compromiso social del escritor. No está de moda expresar opiniones incomodas, resta en ventas, lo que importan son las ventas. Hay escritores que se "mojan" en las cuestiones peliagudas, pero muy pocos, la mayoría de autores y editoriales. Unos y otros renuncian al poder transformador de la pluma, algo que antes no ocurría. Pienso que están equivocados, no creo que le vaya tan mal a Almudena Grandes, para mí la mejor escritora de habla hispana de la actualidad…

Almudena Grandes es una persona comprometida que dice lo que piensa. Yo no es que pretenda compararme con ella, ya me gustaría. NO se trata de hacer literatura "ideológica", sería estúpido por parte de cualquier escritor, los escritores deben hacer literatura creativa, lo cual no quiere decir que deban renunciar al compromiso transformador por no molestar y así atraer a un mayor número de lectores. Todos los escritores deberían o deberíamos tener ese compromiso de lucha, utilizar la pluma o el teclado como arma, como espada contra la injusticia. NO podemos callarnos por miedo a dejar de vender un libro, callar ante la injusticia nos convierte en cómplices de la misma.

Claro que me gustaría que mis libros los leyese gente de todas las ideologías, no hay ningún impedimento para ello. Mis libros están escritos para todo tipo de personas, si los escribiese de otro modo, serían panfletos, y de eso es de lo que debe huir todo escritor. Podría poner como ejemplo Los manuscritos de Teresa Panza, alabados por personas de distintas ideologías, el tema suscita interés, lleva mucha más crítica social que Magdalenas sin azúcar, sin embargo, mientras que el primero resulta fácil que llegue a todo tipo de público, sin que perciban siquiera esa crítica social, el segundo, con el que he tenido exquisito cuidado en huir de cualquier atisbo ideológico, por el tema que trata, son muchos quienes jamás la leerán.

Dicho lo cual, sin caer en el panfleto y llevando a cabo una creación literaria de calidad e inteligente (no digo con esto que la mía sea de calidad y mucho menos que yo sea inteligente, si lo fuese, haría lo que hacen la mayoría, callar) se puede utilizar dicha creación literaria como arma al servicio de la gente que realmente necesita ser escuchada.
Sería ideal, para la edición del año próximo tuvieran en cuenta esta propuesta que, desde aquí, ahora, y mañana en el acto les comunicaré. A mucho más fantástico que los escritores alzaran su palabra no solo a la hora de escribir novelas o poesías contra la injusticia, también que esa fuerza transformadora sea incómoda por encima de cuestiones mercantilistas.

Paco Arenas

Mis libros:

Magdalenas sin azúcar

Los manuscritos de Teresa Panza

Caricias rotas

Esperando la lluvia-Cuentos al calor de la lumbre
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