sábado, 23 de enero de 2021

EL SHERIFF-La historia de un lugar al oeste en ninguna parte (Reseña)

EL SHERIFF-La historia de un lugar al oeste en ninguna parte 

Autor: Jordi Hortelano.

Sinopsis 

Está a punto de entrar a un lugar que guarda una historia diferente, con personajes extraños y acontecimientos absurdos. En cuanto acceda se va a sentir perdido, igual que el personaje, no va a entender casi nada. Pero a medida que vaya avanzando se le van a ir abriendo puertas inesperadas que irán aportando luz al argumento. Va a ir desenvolviendo una caja llena de sorpresas con todos los elementos que espera encontrar en una novela. Humor, intriga, amor, miedo, desconcierto, odio, amistad etc. Se adentrará en una vorágine de acontecimientos que explotarán en el momento en el que el personaje empiece a descubrir quiénes son los habitantes del lugar al que llega y cuáles son sus intenciones.

Encontrará en ella un tipo de narración inusual, pero mi intención es que no lea algo que haya visto en anteriores ocasiones.

Este libro empezó queriendo ser una novela corta de humor, pero a medida que fui escribiéndola me vi arrastrado por hechos y personajes que me llevaron a lo que está a punto de descubrir.

No se fíe de lo que va a ver al principio de la historia. Puede ser tan solo un escaparate, el envoltorio de un paquete extraño, una fachada cuyo interior esconde algo inimaginable. Todo puede ser. Nada puede ser.

Camine despacio y esté alerta. En cualquier momento y desde cualquier lugar puede aparecer algo que cambie por completo el devenir de esta historia.

Mi pretensión es que se tope con situaciones desconocidas y fuera de lo común y que vaya desentrañando el misterio que hay detrás de todo. De lo que estoy seguro es de que no ha leído nada igual. Ya me dirá.


Página del autor: Jordi Hortelano



👉Reseña👈 

 

Pues te digo...

¡Copón con Jordi!

Hace unos días decidí hacer un alto en el camino, dejar de enredarme en las redes, por diversas razones, que no vienen a cuento. Una de ellas, no haber leído todo lo deseado durante el 2020, empeñado en escribir como si no hubiera un mañana. Siendo que la lectura es el principal ingrediente de la escritura, mal esta, relegar más de la cuenta mi principal vicio, la lectura, acumulando unos cuantos «pendientes» en el joyero, pues de eso se trata de joyas pendientes de leer:

Aclarar que nunca me gustaron las películas del Oeste. Por tanto, no es de extrañar que, cuando vi el título, lo primero que pensé fue:

 ¿A qué loco se le ocurre escribir novelas del Oeste a estas alturas?

Escuché hablar por primera vez de Jordi en una entrevista a Soledad Palao, ¿quién es ese mago de las letras? Pensé, y de inmediato quise saber de él. Leí cosas muy interesantes que me gustaron mucho, pero, «EL SHERIFF-Un lugar al oeste en ninguna parte» … ¡Uff!

Al llegar a mis manos, le eché un vistazo por encima, tenía y tengo otros libros, que sé que me van a encantar con total seguridad. No obstante, después de las primeras páginas, conforme iba leyendo, me di cuenta de que realmente hay que estar muy loco o ser un genio, para escribir una novela así. A la semana cogí la novela, necesitando pararme para tomar aliento y «queriendo recuperar el tiempo perdido, sin ni siquiera detenerse a saborear la magdalena de Proust», reiniciar la lectura con un ritmo frenético, con el absurdo afán de terminar un libro que nunca quisiera que terminase.

En esta novela del lejano «Oeste», escrita por un catalán manchego, hay referencias muy cercanas al corazón de las tierras del sur de Castilla por el que cabalgó el caballero de la triste figura, disculpas pido al autor por plagiar en esta reseña, un pequeño extracto muy manchego de un   dialogo de su maravillosamente absurda novela:

«Bota de vino viene, bota de vino va, que si una miaja de zurra, que si un resolí…»

¿Cuántos recuerdos llegan a la cabeza de este exiliado del arado con ese pequeño extracto? Mas, disculpen vuestras mercedes, no es de mis añoranzas manchegas de lo que hemos venido a hablar, ni del buen vino, en zurra o sólo, tampoco del resolí tan apreciado en Cuenca, sino de la novela de Jordi Hortelano, así que Paco, a la faena que oveja que bala pierde bocado.  

Antes he dicho que era una novela absurda, ¡Copón! ¡Por favor! ¿Se puede llamar una novela absurda a algo que consigue todos los objetivos de una novela, la cual, entre sonrisa y risa, y a veces carcajada, te hace pensar, reflexionar, y además lo logra con una originalidad que no deja de sorprender?  Uno termina al contrario que le ocurre a Gloria, en la novela,  en lugar de encendida en llama candente, con la sensación de estar en la gloria, en esas glorias radiantes que te calientan los pies y te reconfortan el cuerpo en las frías noches de invierno conquenses.

He disfrutado, y mucho con mi primera novela del Oeste, llegando a la conclusión, de que una de dos, o este Jordi está mal de la azotea, o es un genio, la verdad, con la mano en el corazón, me inclino por lo segundo. Además, ¿quién soy yo para cuestionar la azotea de nadie, si desde que me caí del molino, no carburo muy allá.

Jordi, joder tío, te lo digo en serio, si te pillan las grandes editoriales, te va a caer un marrón que flipas, vas a tener que escribir también para ellos, como se enteren vas a flipar en colores. 

Mi más sincera enhorabuena. Gracias por estos ratos.

Paco Arenas 23 de enero de 2021

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Jordi Hortelano-Escritor

Novela disponible en Amazon 

viernes, 1 de enero de 2021

Uno de enero

 


Fue el uno de enero de hace muchos años el día que supe que debía mirar siempre donde pisaba.

Aquel día, Pinarejo presentaba un resplandeciente manto blanco de nieve esponjosa, bajo la cual se escondía traicionera una capa de hielo de un grosor respetable, oculto por los incesantes copos que caían livianos, cual plumón de pichón bailando en el aire con gracia.     

Yo, ahora charlatán de feria, por entonces, era un retraído adolescente que soñaba con amores imposibles al otro lado de las infranqueables fronteras de mi timidez. Amores de esos que leía en los libros, los cuales me llenaban el cerebro de fantasías. Fantasías que nada tenían con la realidad palpable a simple vista por cualquier observador, y lo que era peor, observadora.  En esas imaginaciones, yo era dicharachero y locuaz como ningún otro chaval de mi edad.  Sin embargo, eran sólo eso vanas quimeras de un apocado adolescente vestido de estreno que no tenía la menor posibilidad de resbalar entre los deslizantes labios de una muchacha en flor. Tampoco tenía la posibilidad de ser rechazado por ninguna, porque no tenía el valor para hacerles la propuesta necesaria o casual. No es que fuese un tema que me preocupase en demasía, yo era feliz, en mis castos inviernos, con mis fantasías invernales y mis amores literarios, de muchachas que se abrían dóciles y consentidoras, desnudando sus cuerpos en cada una de sus páginas a mis deseos platónicos y no siempre inocentes. mientras que en el verano, en Ibiza, disfrutaba de abrazos y besos dados por labios escandinavos o arios, para los cuales no eran necesarias las palabras y siendo que eran ellas las cazadoras de adolescentes latinos, no era preciso que yo despegase los labios para recibir sus besos y caricias.

 

Sí, era el día de Año Nuevo, y mi madre me había puesto de punta en blanco, con ropa «de vestir», porque en aquellos tiempos teníamos ropa de vestir, de diario y de trabajo.  Salí a cuerpo gentil con un jersey de lana, blanco como la nieve, debajo del cual llevaba una camisa una gruesa camiseta de felpa de manga larga y unos pantalones de tergal azul marino y zapatos a estrenar, como todo. Hacía frío, pero no quise ponerme mi chaqueta negra de cuero, con la pegatina del Che Guevara, para que se viese que iba de punta en blanco, a ver si así, como ocurría en verano, eran las chicas quienes se acercaban a mí.

Yo vivía en la casa donde nací, en el mirador de la Divina Pastora, desde donde se divisa, a pesar en el centro del pueblo, los campos de Castilla, y en el cerro de las eras, el viejo molino harinero.  El Mirador se encuentra en una pequeña plaza, a la cual dan sólo dos casas, una de ellas la mía, la plaza, entonces, tenía dos posibles salidas, la normal a una calle, y unas escaleras cavadas en la tierra por mi padre, y que, desde su muerte, diez años antes, nadie había retocado. Mi madre me lo advirtió:

—Paco, da la vuelta por la calle, no bajes por las escaleras, que con la nieve resbalan.

Sin embargo, entre mis virtudes, de entonces y de ahora, estaba la tozudez, y era más cabezón que tímido, y eso que era difícil. Recto y con mirada al frente, comencé a bajar los primeros escalones. En una ventana, tras los cristales con vaho descubrí una muchacha vistiéndose con parsimonia, mirando para la calle, la pude ver, o creí verla, acercarse a la ventana, desnuda sonriente. Fija en su silueta, seguí bajando escalones

Nunca sospeché que podría llegar a caerme, pero contra todos mis pronósticos, con mi cara de bobo, embelesado por lo que se adivinaba más que se veía, lo hice, y patiné veinte escalones como si en lugar de peldaños se tratase de un tobogán.  Fue tal el resbalón que me pegué, que cuando mi trasero llegó veloz a la calle Cantarranas, mi pantalón y mi jersey habían cambiado de color y los cachetes del culo me ardían tanto como me dolían.

 Rápido y veloz me levante, mirando a todos lados, escrutando todas las ventanas por si ella, o alguien me había visto.  Todas las ventanas estaban cerradas o al menos eso me pareció a mí, aunque en la ventana que ella estaba, habían quedado marcadas sus manos, sus labios y dos redondeces a la altura de sus pechos, y si bien no la vi, si la escuché reír a carcajada limpia.

Lo más rápido que pude, subí por donde debía haber bajado, por la calle Divina Pastora.  Me cambié, herido en mi orgullo, por otra ropa de domingo, que no era nueva, me puse mi chaqueta con la pegatina del Che Guevara, y me fui a la plaza de Pinarejo; pero, ahora por el camino seguro, bajando por la calle buscando bien no resbalar.

 

Aparte de mi madre, y esa muchacha, que debía de ser forastera, nadie supo de lo sucedido; pero aquella noche soñé que mi caída era contemplada desde todas las ventanas por las chicas del pueblo, riéndose de mis torpezas y miedos, para vergüenza mía. Mientras las veía danzar en mi imaginación, pensando en esos pechos contra el cristal, sonaban en mi cerebro estos versos de Pablo Neruda:

 

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte

la leche de los senos como de un manantial,

por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte

en la risa de oro y la voz de cristal.

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos

y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,

porque tu ser pasara sin pena al lado mío

y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.

 

 

 

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría

amarte, amarte como nadie supo jamás!

Morir y todavía

amarte más.

Y todavía

amarte más

y más.

 

Paco Arenas 1 de enero de 2012


miércoles, 14 de octubre de 2020

Reseña de Magdalenas sin azúcar, escrita por Bey Acosta (El pequeño rinconcito de Bey)

 


Muy agradecido a Bey Acosta (El pequeño rinconcito de Bey) por esta estupenda reseña sobre Magdalenas sin azúcar  

Escribir es desnudar cuerpo y alma, y cuando una vieja desnuda un cuerpo viejo y arrugado, siente más vergüenza que cuando se desnuda por primera vez ante su novio. No obstante, a esta vieja le gustaría que, después de muerta, sus nietos leyesen lo escrito en sus noches de insomnio, anhelando que la recuerden joven y hermosa. Porque tu bisabuela, que era muy hermosa de cuerpo y alma, con unos ojos verdes, tan hermosos como los tuyos, se desnudó en estos papeles lo mismo que yo en estos otros; pero, ni ella ni yo, queremos que nos veáis desnudas con los pellejos colgando. Cuando muera hacéis lo que queráis… 

Magdalenas sin azúcar es, antes que nada, un canto a la libertad, al respeto, a la amistad y al amor; en todas sus variantes. El autor crea, con una prosa exquisita, una trama que no dejará indiferente al lector, quedándose a su final, en un lugar muy profundo de su alma. Felipe y Braulio son los personajes que abren esta novela, hermanos, tan diferentes como el día y la noche. Uno, la oveja negra de su padre, el otro, el ojito derecho del mismo. Un hombre tan severo, machista y clasista no ve bien la bondad, la libertad y la inteligencia que emanan del primero. Esas diferencias entre hermanos, con el tiempo, no harán más que crecer y hacerse insostenible para ambos cuando el amor por una mujer los enfrenta. Una guerra que comienza en casa, pero que años después continúa en el frente, en el estallido de la Guerra Civil Española. Es la historia de tantas familias de este país que la sufrieron de una forma u otra, siendo los vencidos o vencedores. 

 

Las descripciones son brutales, la narración del autor consigue removerte las entrañas, incluso cortarte el aliento por momentos, ante la injusticia que viven los protagonistas. Miles de sensaciones se amontonan y luchan por querer salir a borbotones: rabia, indignación, desesperación. Paco Arenas da voz a quiénes la alzaron y por ello murieron, a los que por mucho menos callaron y encarcelaron. A unos entre barrotes, a otros en una jaula invisible. Lo hace sin reparo, directo a las emociones del lector. 

 

Tumbas sin una marca, sin una señal, sin el derecho a un recuerdo, sin nombre. 

 

El amor, la pasión y la sensualidad abundan también entre estas páginas; lo tenía que decir y bien alto, me ha sorprendido por la elegancia, ternura y realismo con la que están escritas. Paco consigue erizarnos la piel, asombrarnos, desarrolla las escenas sensuales con mucha clase y delicadeza. Entre tanto dolor y tanta tristeza también hay espacio para estos sentimientos, quizás es cuando más necesarios son. 


Magdalenas sin azúcar, disponible también en Amazon


Muy agradecido a Bey Acosta por su magnifica reseña: 

Podeis encontrarla en en su blog literario El pequeño rinconcito de Bey

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sábado, 10 de octubre de 2020

El tirachinas (Cuento nº 1)

 



Recomendaciones del padre al hijo al estilo Ayuso y Almeida

El padre sorbía la copa de Bourbon cuando escuchó el ruido de las tejas al romperse.

—Chiquillo, no seas tonto, que estás tirando piedras contra tu propio tejado —riñó a gritos un vecino que pasaba por allí.

 Al ruido de las voces, salió el padre presuroso, algo le pasaba a su hijo.

—¿Qué son esas voces? —Increpó al vecino el padre de manera desaforada, sin dar importancia de que su hijo estaba con el tirachinas en la mano.

—Tu hijo, que está con el gomero en la mano y le puede saltar un ojo a alguien —contestó el vecino, intentando no alterarse —. Yo que tú, se lo quitaría.

—¿Por qué he de coartar la libertad de mi hijo?

—Por lo que te he dicho y porque…—dudó en decir «es tonto...» —, yo se lo quitaría…

—Papá me ha llamado tonto… —se apresuró a intervenir el chiquillo.

—¿Es verdad eso?

—Sí, está tirando piedras contra tu tejado y el mío está al lado y si me rompe una teja, me la tendrás que pagar —contestó con aplomo el vecino.

—¿No pensarás denunciar a una criatura?

—Si rompe tus tejas, no. Si rompe las mías, aunque tú seas el alcalde, sí. Pero, mejor quítale el gomero, evitaremos disgustos.

—Haz lo que quieras, mi hermano es juez del Tribunal Supremo. Todo podría ser que al final fueses tú el inculpado...

El vecino calló, metiéndose en su casa, por si una piedra rebotaba y después de descalabrado, quien pagaba la multa era él.

—Hijo, no debes tirar piedras contra los tejados, y menos contra el nuestro —riñó a su hijo acariciándole el remolino de la cabeza —hay que ser responsable — y no le quito el tirachinas al chiquillo.

—Que tiquismiquis que es la gente. Total, por una teja rota —y se metió en su casa a seguir disfrutando del Bourbon, al fin y al cabo, lo pagaban los vecinos con sus impuestos.

—¿Quién era? —Preguntó la mujer.

—Un gilipollas que pretende coartar la libertad de nuestro hijo.

El gamberro continuó disparando piedras contra su propio tejado, y otros ajenos.

Por la noche se desató una gran tormenta y las goteras caían desde el altillo.

©Paco Arenas 

Moraleja: El problema no es que un tonto tire piedras contra su propio tejado, sino que, si hay goteras, nos mojamos todos, tenemos el tejado plagado de goteras: recortes en sanidad, en educación, y si eso no se remedia pronto, mal vamos.            

         Y además con algunos medios de comunicación y muchos jueces al servicio de quienes tiran piedras contra los tejado, al final los culpables seremos nosotros.


Paco Arenas autor de Magdalenas sin azúcar

 Los manuscritos de Teresa Panza

 Esperando la lluvia-Cuentos al calor de la lumbre 

y  Caricias rotas  

viernes, 9 de octubre de 2020

Reseña de “Los manuscritos de Teresa Panza”, escrita por Rocío Fernández López (Un libro un faro de sabiduría)

 




JUEVES, 8 DE OCTUBRE DE 2020·

Reseña deLos manuscritos de Teresa Panza”, escrita por 

Rocío Fernández López (Un libro un faro de sabiduría)


JUEVES, 8 DE OCTUBRE DE 2020·

Hoy vengo a hablaros de un libro y de un autor que me han sorprendido muy gratamente, el libro se llama “Los manuscritos de TeresaPanza”, y su autor es Paco Arenas. Ya veréis.

**  Sinopsis **

Un niño, por casualidad, encuentra en una cueva de un lugar de la Mancha un baúl, en cuyo interior se encuentra una virgen, una bacía, similar a la utilizada por don Quijote de la Mancha como yelmo, y, lo más importante: unos manuscritos, los cuales, tras ser analizados en la Universidad, se llega a la conclusión de que han sido redactados por Teresa Panza, hija del escudero de don Quijote, y coetánea de Miguel de Cervantes. La hija de Sancho nos demuestra que don Quijote y Sancho fueron personas de carne y hueso, a través de estos manuscritos. Lo hace en primera persona, porque es su vida la que narra, y su corta relación con Cervantes. Los manuscritos de Teresa Panza, según los críticos, es una novela plagada de sentido del humor, erotismo, amor, y cierta crítica social, que podría definirse como feminista.

** Opinión personal **

Hacía bastante tiempo que tenía este libro esperando a ser leído, y lo ajena que yo estaba a la maravillosa novela que me estaba perdiendo… desde luego hay obras que nos sorprenden tanto que luego te lamentas de no haberlas leído antes, pero bueno, le tocó el turno desde hace unos días y anoche ya la finalicé, quedándome hasta altas horas de la madrugada con ese nerviosismo propio del lector que quiere saber en qué acaba todo y cómo finaliza Teresa Panza de narrar todo lo que expuso en esos escritos encontrados. De una sentada me leí las últimas 80 páginas, sin frenos.

He de reconocer que cuando abrí el libro y comencé a leer, lo primero que me encuentro es una carta escrita por el autor que va dirigida al Vicerrector de la Facultad de Filología Hispánica de Cuenca, y así al pronto, me descolocó, no sabía qué quería decir y qué tenía que ver con la historia que nos iba a narrar luego (soy lectora impaciente a veces, ja,ja), pero cuando ya has leído los manuscritos de Teresa y das por acabado todo, encuentras de repente un Anexo del escritor donde te explica de dónde salen dichos manuscritos y cómo llegan a transformarse en un libro… y esto me pareció realmente precioso, y toda una proeza por parte del autor, me encantó descubrir esa lucha personal que experimentó hasta dar a luz a esta novela, y es aquí cuando ato todos los cabos y veo cuánto tenía que ver el comienzo que no entendía con el resultado final de lo leído y explicado. No entro en más detalles porque creo que el libro merece la pena ser leído.

En cuanto a los manuscritos, son las vivencias de Teresa Panza, una de las hijas de Sancho Panza, y están divididos en dos partes, la primera donde vamos a disfrutar de las historias de una Teresa casi adolescente, con unos dieciocho años, y luego en la segunda parte es ya una Teresa anciana, porque han pasado 40 años entre unos y otros escritos, pero eso sí, en ambos nos hablará de sus amoríos, casamientos y alguna que otra historia sorprendente que nos hará ser cómplice de muchos momentos íntimos, porque es aquí donde se sincera, ya que como ella repite mucho, no cree que lleguen a ser leídos nunca, para eso se guardó bien de esconderlos en una cueva.

Paco Arenas es un escritor de letras exquisitas, le gusta manejar bien la lengua y con este libro lo podemos comprobar, porque no sólo hace exposición de continuas metáforas, sino además de palabras y expresiones lugareñas, y de datos históricos que todos son explicados debajo de cada página donde van saliendo, como notas adjuntas, para que el lector no se pierda detalles de la narración, esto me parece todo un detalle y un gran trabajo elegante de documentación.


No voy a seguir comentado sobre la novela porque me gustaría que la leyeseis y le dierais esa oportunidad, es algo diferente a otras novelas históricas y además deja a la luz una respuesta que (parece bien clara) a una pregunta que siempre se realizó desde que Cervantes escribió el Quijote… ¿existieron realmente Don Quijote y Sancho Panza? Os animo a que leáis “Los manuscritos de Teresa Panza”.

Rocío Fernández López.

Ver o comprar Los manuscritos de Teresa Panza


Leer reseña original en Un libro un faro de sabiduría

Contactar: fmlarenas@hotmail.com


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