miércoles, 22 de noviembre de 2017

Hace frío


Llega el frío, no como una destemplanza climática, que también, no en el palacio real, que se puede caminar desnudo por las piedras enmoquetadas y caldeadas sin miedo a la factura.
Hace el frío en la alameda contaminada de negro humo que paraliza hasta el deseo de respirar, y hasta el cerebro se olvida de pensar.
 Llega el frío de finales del otoño, sin lluvias, seco de sonrisas, de esperanzas, como los ojos de quienes duermen al raso sobre los bancos mojados por el relente de la noche. ¡Maldita sea! Resulta irónico, que sin lluvia por las noches caiga ese relente que empapa todo menos los corazones que ausentes. Maldito relente que solo sirve para mojar los cartones, el débil abrigo de los mendigos.
Llega el invierno, no climático, que también, el invierno frío de la ausencia de sentimientos, de los corazones helados del mes de agosto, también de diciembre.
Hace frío, mentes perturbadas faltas de empatía con el que sufre manejan klos hilos de esta España triste y sin esperanza.
Transita el frío entre la multitud, ignorando a quienes quienes están solos.  Caminan presurosos como si la muerte no les hubiera ganado la carrera al nacer, van pensando en estúpidas modas importadas del imperio, en la tablet, en el viernes consumista que los vuelve todavía más estúpidos, si ello e posible…
Hiere el frío, y las ciudades, en esas que se corta la luz a quien no puede pagar la factura de empresas que controlan las mafias energéticas. Las ciudades se alumbran con millones de bombillas para mostrar una artificial y falsa alegría. “Se decreta la alegría en todo el reino”, como se decretan artículos de una peculiar constitución que permite robar a quienes controlan las leyes y roban a quienes las sufren.
Llega el frío, y en Pamplona se juzga a una muchacha que fue violada, parece ser, según parece, que no se defendió lo suficiente. Dificil defenderse, estaba drogada y atemorizada por solo cinco mierdas de hombres. Llamarlos hombres es un insulto para muchos hombres, mayor insulto sería llamarlos manada de lobos, puesto los lobos son infinitamente más nobles que los hombres, y muchísimo más que los mierdas que entre cinco acorralaron y violaron a esa muchacha.
Gana el frío la batalla, y en Madrid, todavía me duele y desgarra mi piel  lo que vi con mis propios ojos hace cuatro años, cuando gobernaba aquella infame alcaldesa que robo las viviendas sociales a los pobres para entregarlas a los fondos buitre.  Durante mis paseos matinales, a  las seis de la mañana vi a la policía y al servicio de limpieza con mangueras baldeando la Plaza Mayor (sí, aquella alcaldesa,  la del " typical and relaxing cup de café con leche in de Plaza Mayor", que tanta vergüenza nos hizo pasar. Este año, el gobierno de la nación, de la misma cuerda que aquella alcaldesa, ha paralizado el presupuesto destinado para dar cobijo a los “sintecho”.
Se apodera el frío del espacio, y esas calles tan hermosamente alumbradas, llenas de luz y color, tras esa variopinta y colorista fachada navideña de ángeles con sabor a miel, campanas de papás noeles de falsas barbas blancas, se esconde la gran mentira, la hipocresía, y la desvergüenza de pedantes gobernantes con alardes de eficaces hombres de Estado, que finguen ser patriotas, patriotas de trapo.
"En Navidad siente a un pobre en su mesa", se decía en aquellos grises tiempos de la dictadura.  Entonces, como ahora, sigue haciendo frío, siguen muchas personas con los labios congelados, al lado de las esculpidas palabras de las estatuas. Siguen en la calle, sufriendo la pobreza energética, y la otra también. Malditos miserables que se vanaglorian de sus hazañas, con trece millones de personas en riesgo de exclusión. No pasa nada, hace frío, errante la muerte camina rápida, con bolsas de comercios caros, ansiando disfrutar lo inútil, lo innecesario, la vano, lo que realmente no tiene ningún valor, porque se puede comprar con dinero,  caminan como si estuvierán vivos, intentando esquivar esos “bultos” que les extienden la mano y que procuran no bajar la mirada para no ver.  
Hace frío, y caminan pensando en el "Black Friday", cuando en realidad deberían revolverse las tripas. Y sobre todo las conciencias de tener que cerrar los ojos para no ver y taparse la nariz para no oler la putrefacción que desde las altas esferas riega las calles, no de lluvia, sino de estupidez.
Sí, hace frío, y tal vez, como me ocurrió a mí, hace ya más de cuatro años,  tu jefe en vísperas de Navidad, te felicite el día de tu cumpleaños la Navidad y te dará el finiquito del despido en diferido, porque a mí, me dieron el despido en diferido y en directo el día de mi cumpleaños, vísperas de Navidad, al mismo tiempo que la caja navideña...
Hace  frío y no llueve, pero los responsables, sonrientes, alegres en sus lujosas mansiones y palacios, no sienten la rabia de quienes perdieron la dignidad deslumbrados por las hermosas luces navideñas y, sobre todo, por la estacional, fingida e hipócrita voluntad de buenos deseos para toda la humanidad...
Hace frío y siento nauseas de ver que quienes nos robaron en el pasado, nos siguen robando en el presente, nos robaran en el futuro y cual bueyes de yugo, sumisos bajamos la cerviz…
Hace frío..., en los corazones y las conciencias.
Salud para todos aquellos que sienten que les hierve la sangre ante la injusticia, aunque, fuera en la calle, haga frío.


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