martes, 1 de enero de 2019

Buenos deseos para el 2019 y venideros.



Mi primer deseo es para desear que ninguna persona,  que ningún niño, que ninguna mujer sienta miedo a ir solo o sola por la calle, por donde quiera, de día o de noche, ni sea víctima de la violencia, ya son demasiadas las lágrimas derramadas por la violencia machista y otras violencias adyacentes y en algunos casos consentidas o disculpad as por algunos sectores de la sociedad y de quienes tienen la potestad de juzgar a los culpables,  no más manadas ni jueces cómplices.

Mis primeras esperanzas es que nadie tenga que derramar una sola lágrima sino es de alegría. 

Sueño, quiero y deseo que mis hijos vivan en un país que sea plenamente democrático, donde la tolerancia sea la regla y no la excepción.  Ojalá este 2019 sea el inicio y el final de esa transición necesaria hacia una democracia de verdad en la que quepamos todos, y nadie sea encarcelado ni por contar un chiste, ni tampoco por poner urnas. Y sean  las urnas quienes dictaminan el futuro de las tierras y sus gentes y no jueces prevaricadores. Que sea las gentes dueñas de su destino y puedan elegir desde el alcalde de mi pequeño pueblo manchego  del sur de Castilla, hasta la jefatura del Estado, pues lo contrario no es ni justo ni mucho menos democrático.  Y que estos mismos deseos que tengo para las Tierras de España,  se cumplan también en todas las Tierras del mundo,  especialmente en ese país en el que tantos amigos tengo, Puerto Rico.

Me gustaría que jamás nadie tenga que abandonar su tierra en contra de su voluntad, y si  esto ocurriera, que a donde llegue le traten como quienes los reciben quisieran que fueran tratados sus hijos o ellos mismos.

Nadie debe ser desterrado de ningún sitio. Si alguien o algo merece el destierro son esas personas o ideas que  se dedican al sembrar  odio entre los españoles o contra los extranjeros,  nadie es mejor o peor por haber nacido en un lugar u otro, quien piense que por ser español es mejor , es un imbécil integral,  y quien piense que amar a una bandera es lo que convierte a una persona en patriota,  tanto de lo mismo.

Por tanto, mis mejores deseos  para todas las personas que sueñan y luchan, no sólo por un futuro mejor para España,  sino por un futuro mejor para el mundo entero sin distinción de raza o nacionalidad. 

Libertad, Justicia, Igualdad, Fraternidad y amor para todo el mundo, y, por supuesto para España..., donde no haya dos sin tres, y seamos por fin ciudadanos libres de una República.


domingo, 30 de diciembre de 2018

«Quien no suda el pan que se come, no sufre el hambre del menesteroso» La reunión de don Quijote, con el cura, el bachiller y el barbero



En un lugar de la Mancha, donde el polvo se confunde con el sudor y el hambre con la esperanza, el sol caía como plomo sobre los campos sin segar.

Las cigarras cantaban su letanía de fuego, y el viento, que antes traía olor a pan y a tomillo, ahora traía polvo, sangre y silencio. En la casa de Sancho, humilde y de adobe, se reunían los últimos hombres libres de aquel reino que ya no era reino, sino baldío de promesas rotas.

Estaban sentados ante la mesa el canónigo y don Quijote, y de pie, por estar en su casa y estar cuidando unas collejas con ajos, Sancho. Afuera, las mujeres rezaban novenas por sus hijos muertos, y el cielo, encapotado de polvo y pena, parecía guardar luto.

—Quien no suda el pan que se come —comenzó don Quijote, con voz grave y mirada perdida en la lumbre— no sufre el hambre del menesteroso, ni conoce el precio de una espiga ni el valor de una gota de sudor.

—Vuestra merced me enseñó a leer —respondió Sancho, dejando el mortero—, y al pie de sus flacos dedos aprendí mucho. Creí conocer el mundo y la dignidad de sus gentes... pero ahora veo que la letra no basta si el hambre aprieta y la justicia duerme.

—Así es, amigo mío —dijo el caballero—. El trabajo es la lanza del pueblo, y el arado su escudo. Pero cuando el rey toma al hijo, el marqués la cosecha, y el convento el alma, ¿qué queda al labriego sino la rabia?

—¡Y la rabia no se come! —exclamó Sancho, golpeando la mesa—. A mi hijo me lo llevó el rey para defender sus derechos, que no los de España. A mi hija me la robaron los soldados por no poder pagar el diezmo ni el arriendo. ¿Y aún quieren que rece?

—No hay misa que redima la injusticia —dijo el canónigo, que sin hábitos parecía más hombre que clérigo—. El trabajo es sagrado, pero lo han profanado los poderosos. Es hora de alzarse, no con espadas de fantasía, sino con la verdad del pueblo.

En ese momento entró el barbero, con la cara curtida por el sol y la rabia, y tras él el bachiller, con la espada desenvainada y el corazón encendido.

—¿También vos, bachiller, levantaréis la espada contra el rey? —preguntó Sancho.

—No contra el rey, sino contra su olvido —respondió el bachiller—. Porque más vale un campo sembrado que un trono vacío de justicia. Y más vale un jornalero con pan que un noble con corona.

Don Quijote se levantó, y aunque su cuerpo temblaba, su voz era firme:

—No ha habido caballeros andantes, Sancho, sino hombres que fingieron serlo para no doblar la espalda ante el dolor ajeno. Pero ahora, en esta nueva andanza, no iremos tras gigantes ni princesas, sino tras justicia y pan. Seremos comuneros, no por gloria, sino por necesidad.

Sancho miró al cielo, que comenzaba a oscurecerse con nubes de tormenta.

—Pues que tiemblen los cimientos de los palacios —dijo—, y que sobre sus ruinas se siembre trigo, no oro. Que se construya la república del trabajo, donde el sudor valga más que el linaje.

Y así, bajo el cielo encapotado de la Mancha, comenzó una nueva cruzada. No de caballerías, sino de hombres cansados de arar para otros, de llorar a sus hijos, de callar su hambre. Una cruzada por el pan, la honra y la justicia.


Paco Arenas
Estoy a vuestra disposición en:
el correo electronico: fmlarenas@hotmail.com



Mis otros libros:

El molino de Pinarejo


Cuentan, y yo lo conocí, que hubo un molino que parecía un gigante, alrededor del cual todos los novios bailaban su primer baile, lo cual yo no lo recuerdo; aunque, alguna foto es testimonio de tales danzas nupciales. Lo que si puedo asegurar es que muchos de mis juegos infantiles trascurrieron subiendo por las paredes del desvencijado viejo molino de Pinarejo hasta la parte más alta de sus ruinas.
Cierto día, me caí de lo alto y me hice un buen chichón, perdiendo el conocimiento, si es que algún día tuve alguno. Cuando desperté mi mayor preocupación no era el chichón, sino la zapatilla de mi madre si llegaba a enterarse, y eso, a pesar de que nunca me medió las nalgas con ese contundente artilugio de servía para entrar en razón a la chiquillería. El chichón quedó oculto por mi pelo, el dolor me duró mucho tiempo, el temor a que mi madre se enterase más.
El actual molino, es un edificio decorativo que jamás ha molido ni media, ni ninguna fanega de trigo ni de nada. Sus aspas, ni el viento las mueve, tampoco bailan los novios en torno a él, pero que "bonico" está el molino de Pinarejo.
Paco Arenas
Foto de Zascandileando.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Luna llena sobre Cuenca



A medida que caminas intentas imaginar aquel viejo puente gótico por el cual trotaban hasta caballos con sus jinetes, carretas tiradas por mulas o bueyes, ahora solo turistas despistados que huyen del sol estival del mediodía, que buscan la foto del icono que algún despistado todavía llama casas «colgantes».   Cual barbaros del norte arrasaran las tiendas buscando el «suvenir», que al igual que los locutores de la televisión, en su estúpida ignorancia, llamaran manchego. No es sobre las tierras de la Mancha donde se yergue la «Mesopotamia» de Castilla, que es en tierra serrana, sin que por ello menosprecie a la comarca hermana de la Mancha. Dicen que, también hubo un día en el que anidaron golondrinas, y que hacían sus nidos durmiendo con placidez a su sombra, ahora, a no ser que estuvieran sordas...

Ahora, en el invierno, hasta la noche se vestirá de blanco, pero ya, ni caballos, ni las trepadoras cabras caminaran por el Puente de San Pablo, dando la espalda a lo que ahora es un lujoso establecimiento hostelero.   

martes, 4 de diciembre de 2018

Magdalenas sin azúcar, traducida al francés



Hace un par de semanas recibí, (mientras firmaba libros en la Feria del Libro de Valencia), una tentadora propuesta de cuatro mujeres. Traducir al francés Magdalenas sin azúcar. No es preciso decir que desde ese mismo instante, los libros que firmé los dediqué con pulso tembloroso, hasta el punto de que un anciano con Parkinson hubiese tenido el pulso mucho más firme que yo. No era para menos, la propuesta era, ni más ni menos, que traducir la novela al francés. 

Me quedé incapaz de reaccionar, más cuando un par de horas después recibí la propuesta de viva voz, por parte de Susana Alfaro, profesora de lengua y literatura hispano-americana en Besanzon, que dos días antes escribió una bella reseña que me llegó muy dentro y que está en este blog 




DISPONIBILIDAD: En cualquier librería de España a través de Azeta distribución, y de Gandhi en México.   En portales de Internet: Amazon 
Reseña de Yurinis Prieto- Kairos Traductions

Magdalenas sin azúcar (2018) nos está moviendo el piso. Una vez que pisamos la puerta de su primer capítulo no podemos soltarla hasta cerrar la contratapa con el corazón palpitando de emoción, tristes pero contentos de vivir una aventura narrativa estremecedora. La agilidad y la maestría narrativa de este escritor nos deja insomnes. Los acontecimientos son vividos por personajes de carne y hueso que luchan hasta perder sus últimas fuerzas sin que se les escape la esperanza de conquistar sus sueños. A pesar de la dureza de los hechos, el narrador nos deja entrever la ternura por sus personajes pero también la fuerza con la que los ha esculpido."Toda memoria enamorada tiene sus magdalenas", pero la memoria que evoca las magdalenas de esta historia es la de los vencidos. Son Magdalenas sin azúcar.
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