domingo, 1 de abril de 2018

Juncos, un lugar de la Mancha que jamás olvidaré…, ¿de la Mancha o de Boriquén? (Galimatías manchego)



Tal vez, podría ser, que un inmenso mar separe las tierras por las que anduvo el hidalgo don Quijote y su fiel escudero, el campesino Sancho Panza de esas otras de la isla de Boriquén; pero, también, que esa sensación de distancia se escape entre los dedos  como el agua de ese inmenso mar Océano, que separa tan distantes lugares, como son la Isla del Encanto que las Tierras de Álarcón, y al calor del sol se esfume la distancia como esa otra agua del embalse de del mismo nombre que el embalse, del lugar de la Mancha donde he ubicado al nuevo Juncos, dejando la tierra seca que dio nombre árabe  a estas tierras de las llanuras del sur de Castilla: «Manxa», o traducido al castellano: Tierra Seca. Y entonces, el Juncos caribeño se fusione con ese otro Juncos manchego imaginario.
Don Jaime Flores galardonado por la alcaldía de Juncos

 Siempre surge la duda razonable de si fue primero el Juncos de la Isla del Encanto o el nuevo Juncos imaginario de las Tierras de Alarcón. Quizás a alguno le asalte la duda, de si cabalgo el hidalgo caballero por las secas tierras de la Mancha en aquellos lejanos tiempos de daga en ristre y lanza en astillero, o por el contrario lo hizo por aquel otro Juncos caribeño, armado de pluma en ristre y birrete de maestro boricua, tomando posesión del cuerpo y mente de cierto profesor de lengua castellana de la Universidad de Puerto Rico, conocido como Jaime Flores.

Ya, ya, lo sé, que el profesor Jota, fue posterior a don Quijote, dirán ustedes, ¿quién lo puede asegurar? ¿Acaso en estas tierras del sur de Castilla hay alguien más quijotesco que el mentado profesor boricua? Yo sinceramente, tengo mis dudas.  No es que yo tenga muchos conocimientos esotéricos, ni crea en fantasmas ni posesiones, pero a buen seguro que algunas de las dispersas cenizas de Miguel de Cervantes llegaron hasta Juncos para extender el manto del universo quijotesco por aquellos lejanos lares. 
No es otro que él, el profesor Jota, el culpable de que, en estas tierras del sur de Castilla, en la Mancha, surgiese junto a unos de sus ríos, un nuevo Juncos, un Juncos manchego, un Macondo nuevo. Resultaba arriesgado emplazar en Gascas la novela, implicaba una servidumbre histórica que limitaba el relato y sobre todo la metáfora que pretendía transmitir con mi novela, y Gascas, el pueblo fundado por Gascones franceses, pasó a llamarse Juncos, ¿qué nombre más apropiado para un pueblo que está al lado del río? Del mismo modo, don Manuel Haro, el maestro encargado de abrir la escuela en Juncos, pasó a llamarse, en honor del profesor Jota, don Jaime Flores.

Juncos siempre estará en mi corazón.  Gracias a don Jaime Flores he conocido tantas cosas de Puerto Rico, de su cultura e idiosincrasia, de sus anhelos de libertad…, que he decidido, que si un día soy capaz de volver a reescribir la novela con la cual participé en el Premio Nadal hace más de treinta años, «Réquiem por una noche de amor», también transcurrirá en Juncos.

Mientras tanto, «Magdalenas sin azúcar» es y será una novela que transcurre en Juncos, un pueblo de la Mancha a las orillas del río Júcar. Decir, además, que el primer lector de la novela fue mi amigo el profesor don Jaime Flores, y que los primeros lectores de la misma, también  han sido junqueños. 


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